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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2007

El futuro del sindicalismo europeo se juega en la huelga de Telekom

Robert Kurz
Freitag


Aparentemente, todo como de costumbre: banderas sindicales, transparencias, tambores, huelgas puntuales localmente limitadas y la esperanza de un compromiso soportable. Pero lo que funcion una vez ms con los metalrgicos gracias a la actual alza exportadora, es desde hace mucho nostalgia en otros sitios, no slo en Telekom. A la borrachera alcista (Die Zeit), y a la vista de la lbil coyuntura mundial, puede seguir en cualquier momento la gran resaca. Y ya con total independencia del actual boom exportador, en muchas ramas prosigue, ininterrumpido, el desmonte social. El intento sin precedentes de Telekom de trasladar las empresas hermanas a 50.000 de sus empleados, con recortes salariales drsticos y no menos drstico aumento de la jornada laboral, marca un punto de inflexin cualitativo en el proceso en curso de ruptura del compromiso social de postguerra.

Un triunfo de esos ataques sera una seal con efectos sobre el conjunto de la sociedad. Las corporaciones empresariales estn ya en lnea de salida para imponer medidas oportunas de ese calibre. La tendencia principal no es la que dejara adivinar el relativo xito, muy coyuntural, de los metalrgicos, sino la externalizacin de la produccin, los bajos salarios y la prolongacin de la jornada laboral. Que ni siquiera lo que otrora se consideraba personal bsico de la empresa queda excluido de eso, se ha visto ya en VW y en Siemens. El nacional-corporativismo econmico de gestin empresarial, poltica y sindicatos se est deshaciendo aceleradamente. La privatizacin forzada de las infraestructuras pblicas en los ltimos 15 aos ha contribuido tambin. Consecuencia: un empeoramiento y una caotizacin de los servicios; lo que no es de sorprender en el caso de Telekom, habida cuenta de las no menos de 17 reestructuraciones a que ha sido sometida y de la reduccin a la mitad de su plantilla. Vuestro servicio es intil, pero al menos tenis uno, espet un frustrado cliente.

Pero precisamente: no se trata ya tanto del contenido objetivo, cuanto de las ventajas de la economa de la burbuja financiera resultante de las limitaciones en la valorizacin del capital productivo. En el caso de Telekom, es el inversor financiero Blackstone quien programa sin demasiadas mediaciones las actividades del jefe de la corporacin, Obermann. Resulta irnico que ahora tambin los sindicatos se hayan limitado a reaccionar a la alteracin de relaciones con una retrospectiva orientacin nacional-keynesiana y con retrica ideolgica de saltamontes contra el capital codicioso, en vez de ponerse a la altura del capitalismo en crisis globalizado. En el caso de Telekom, el despido galopante de personal fue acompaado y sostenido mediante estructuras de compromiso con el contrato social, lo que incluy una prevista moderacin de los salarios alcistas. Ahora se han acabado todos los viejos rituales. No se trata ya de detalles negociables, sino de la existencia; tanto de los empleados, como del sindicato. Un inconveniente es el anterior estatus de funcionarios de muchos empleados, que no les permite ir a la huelga.

Mas la disposicin a la lucha es grande. Con todo, se plantea la cuestin de si [el sindicato] Verdi [de transportes y servicios] tendr valor para aguantar el previsible gritero de los medios de comunicacin y de la poltica establecida y paralizar efectivamente, y en serio, las arterias de comunicacin del pas; con terminantes consecuencias para los bancos, para los consorcios empresariales, y tal vez para la cumbre del G-8. Para eso necesitar algo ms que mera solidaridad pasiva. La prensa econmica no lo cree posible; los expertos de costumbre esperan slo pequeas perturbaciones. Obermann, inseguro, anuncia ya la venta de las partes conflictivas de la empresa. Pero si la confrontacin terminara con una capitulacin apenas disimulada, los diques protectores del sector de la comunicacin se veran seriamente amenazados. Los sindicatos se desangraran mucho ms rpidamente de lo visto hasta ahora, porque ya nadie creera en su capacidad de intervencin. Esta huelga no es una negociacin colectiva habitual, sino todo un augurio de estructuras sociales venideras.

Robert Kurz es un conocido terico social alemn, que escribe regularmente en el semanario de izquierda Freitag.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Amaranta Sss

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