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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2007

Crnica desde Valencia
En los 70 aos del Congreso de Escritores Antifascistas

Enrique Falcn


Literatura en tiempos extraordinarios.-

 

Especialmente para tiempos de desprecio, nuestras escrituras no carecen de memoria: ni la literatura es una estructura inocente ni en la actualidad existe posibilidad alguna de poner en marcha una prctica emancipatoria significativa si no es sobre la base de una simultnea transformacin cultural. Tarea de transformacin que exige, crticamente, por lo menos dos cosas: la primera, aprender a mirar de una forma nueva el espesor de un tiempo herido el nuestro con claves diferentes a las dominantes; la segunda, establecer a partir de esas nuevas claves un autntico combate cultural, una confrontacin de legitimaciones en las que fascismo y reaccin estn desplegando hoy nuevas estrategias. Nuestras escrituras no carecen de memoria: sabemos que las transformaciones polticas del mundo se logran, retardan o fracasan, no a pulsos de literatura, sino en gran medida gracias al empeo de la accin social organizada.

Hace justo setenta aos se celebr en Valencia uno de los acontecimientos ms sobresalientes de la historia cultural europea, hecho del que ahora un tiempo despus algunos preferiran no recordar, ya no s si por pura amnesia histrica o si por los efectos colaterales y narcotizantes que producen la determinacin del orden del da y su espectacularizacin en la vida social. En aquel 1937 republicano se celebraba el II Encuentro de Escritores en Defensa de la Cultura (pasara a la historia con el nombre de Congreso Internacional de Escritores Antifascistas), y en l el mundo de la cultura, de las letras y de la intelectualidad ms lcida del momento haca sonar desde Valencia una contundente palabra de alarma ante el avance, imparable, de la barbarie poltica y el recorte de las libertades que en aquel entonces atenazaban Europa. Con la convocatoria reciente de una serie de actos conmemorativos de aquello, un grupo de personas nos hemos estado preguntando en este ltimo tiempo si hoy, 70 aos despus de todo aquello, merecera renovarse el compromiso de escritores e intelectuales frente al establecimiento sutil unas veces, descarado otras de nuevos tics totalitarios que, con nuevos rostros y postmodernas maneras, parecen habitar desde hace tiempo los espacios de quienes detentan el poder en nuestras actuales sociedades.

Contando con la iniciativa del Frum de Debats y la coordinacin de Alfons Cervera, se convoc para los das 8-11 de mayo una serie de actos conmemorativos de este 70 aniversario del CIEA. En un compromiso renovado por las libertades, hasta Valencia se desplazaron escritores e intelectuales de la talla de Francisco Fernndez-Buey, Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, David Gonzlez, David Franco Monthiel o Carlos Taibo e intervinieron tambin en las sesiones Marc Granell, Jaume Prez Montaner, Susana Fortes, Manel Rodrguez-Castell, Enrique Falcn, Miguel ngel Garca Calavia y Antonio Mndez Rubio, entre varios autores valencianos.

Intelectuales, compromiso y poder (setenta aos ms tarde).-

 

Es importante sealar (por lo que atae tanto al perfil de las personas que participaron finalmente en las sesiones como al ambiente previo de las expectivas planteadas en torno al Congreso) que, justo un da antes del comienzo de estas jornadas, determinadas voces asociadas al PSOE en Madrid haban denunciado lo que para ellos era "ms que un encuentro de intelectuales y escritores antifascistas, un encuentro antiglobalizacin" (sic), desde una perspectiva que habra concebido el antifascismo cito de nuevo literalmente "como un amplio y rico espectro de organizaciones, personas, ingredientes culturales, sociales, polticos que van del centroizquierda a la izquierda ms radical, pero que no se sitan en exclusiva en la visin que, dado el perfil de los panelistas, parece expresar este Encuentro".

La acusacin de haberse convocado unas jornadas exclusivamente para escritores e intelectuales de la izquierda radical" fue desactivada de inmediato al tenor de algunas intervenciones en el Congreso, desde las que determinadas voces articularon visiones del mundo sin dudas conectadas con posiciones socialdemcratas moderadas (el famoso "centroizquierda" que los madrileos haban prejuiciado como deliberadamente ausente en la convocatoria de estas jornadas) y que, a mi juicio, no fueron ni una ni dos, sino algunas ms. Sin embargo, por casi todos los costados que envolvieron el ambiente de las sesiones plane sin cesar el reto, ya planteado por Bourdieu hace algunos aos, de que los escritores y los artistas podran desempear, en la nueva divisin del trabajo poltico y, sobre todo, en la nueva manera de hacer poltica que debemos inventar, un doble papel absolutamente insustituible: otorgar fuerza simblica a los anlisis del pensamiento crtico actual y dar forma sensible a las consecuencias (a menudo invisibles) de las medidas polticas inspiradas en las filosofas neoliberales de nuestro tiempo (y que, desgraciadamente, tambin se dan cita en numerosos ejemplos de la vida literaria e intelectual de nuestro pas).

En cualquier caso, la convocatoria en Valencia de un nuevo Congreso de Escritores Antifascistas (en adelante, CEA) habra bastado por s sola para plantear a una nueva ciudadana preguntas ms que graves acerca de si estamos viviendo tiempos acuciados por renovados tics totalitarios. Sinceramente, no estoy seguro de si este CEA de 2007 realmente lo ha conseguido, en la medida en que creo se ech en falta ms tiempo para el debate y para la confrontacin de ideas en torno a, por lo menos, tres focos para la discusin: el primero hara referencia a las estrategias retricas de las prcticas literarias socialmente resistentes, y en gran parte se establecera en los posicionamientos que cabe adoptar entre las ventajas y las limitaciones de los diversos realismos; el segundo hara referencia a los efectos deseados sobre la conciencia del lector, y en gran parte se tensionara entre las posibilidades ideolgicas de la sugestin y las del extraamiento, entre identificacin y distanciamiento; el tercero hara referencia a los modos de produccin y socializacin del objeto "literatura", en su vocacin de denuncia poltica, y en particular se preguntara por la idoneidad de qu espacios favorecen la comunicacin, entre escritores y ciudadanos, en tiempos de fuerte pacificacin social. Teniendo en cuenta que las conexiones del poder con lo real, y de lo literario con la ciudadana, habran de haber constituido la base de los tres debates anteriores, repito que no estoy del todo seguro de que las personas que participamos en el CEA de 2007 hayamos conseguido ponerlos sobre la mesa, con la suficiente holgura al menos como para poder constrastarlos hasta sus ltimas consecuencias.

En cualquier caso sera de injusticia no reconocer a estas alturas que este CEA de 2007 consigui adelantar por la izquierda aquel otro Congreso conmemorativo que cincuenta aos despus del de 1937 se celebr tambin en Valencia en el ao 1987. Recordemos (sobre todo para aquellos que hacen gala de una alucinante falta de memoria histrica) que hace 20 aos fue Octavio Paz quien inaugur aquel otro CEA proclamando la finiquitacin del tiempo de las ideologas y lo que l mismo celebraba como la muerte del socialismo. Recordemos que desgraciadamente slo unos pocos asistentes en aquel CEA del 87 (recuerdo ahora a Manuel Vzquez Montalbn y a Joan Fuster) se negaron publicamente a aplaudir y alguno hasta protest abandonando la sala en la que transcurran las sesiones la afirmacin de Paz de que nadie en particular haba ganado la guerra civil espaola sino que "los verdaderos vencedores fueron la Democracia y la Monarqua Constitucional". Como recientemente ha recordado Alfons Cervera, unos das despus de inaugurado aquel Congreso del 87, pidi la palabra Vzquez Montalbn para decir muchas cosas sobre la sesiones desarrolladas hasta entonces, pero sus primeras palabras fueron stas: "el primer da, en el brillantsimo discurso de inauguracin, Octavio Paz aport una esplndida licencia potica segn la cual los vencedores de la guerra civil haban sido la monarqua y la democracia. Sin embargo, yo, recuperando de pronto mi memoria sacudida por el impacto y la belleza de las palabras, record que durante treinta y seis aos tuve la sospecha de que quien haba ganado la guerra haba sido Franco". En efecto, ni entonces en 1987, ni ahora en 2007, deberamos permitir ninguna "victoria pstuma" al fascismo histrico.

Las nuevas figuras del fascismo.-

Desde las pginas de uno de sus ltimos libros, Antonio Mndez Rubio (que intervino en las sesiones del CEA) ha reconocido con suficiente fuerza que en nuestras sociedades persiste lo que ha llamado, sin dudar, fascismo de baja intensidad, reconocible en las tendencias polticas que tratan de inhibir el pensamiento crtico y hacer apologa del orden establecido como nica realidad posible. Sin necesidad de tener que releer Les nouvelles lignes dalliance, son muchas las seales de nuestra poca (algunas de ellas fueron recorridas a lo largo de las sesiones del Congreso) que de hecho apuntan a la posibilidad de que el fascismo histrico no fuera ms que un esbozo previo para un tiempo como el nuestro en el que "la figura postfacista es la de una mquina de guerra que toma directamente la paz por objeto" (Negri y Guattari). Como dejara por escrito Jos Luis Arntegui a raz precisamente de su paso por las sesiones del CEA, el fascismo, as se le considere estetizacin de lo poltico como Walter Benjamin, o imposicin de una peculiar forma de hablar como Karl Kraus, es en todo caso si es que es forma antes que contenido.

El fascismo es el desprecio. Nos lo recordaba, remontndose a Camus, otro de los escritores que se desplazaron a las conmemoraciones del CEA, Jorge Riechmann, quien en otro lugar ha afirmado que aceptar para la poesa el papel de ornamento en un mundo inhumano es indigno. En efecto, desde una perspectiva ms global, este artculo se volvera fatigosamente largo si listramos aqu las atrocidades que a lo largo y ancho de nuestro macdonalizado mundo se cometen al amparo de la llamada "guerra contra el terrorismo". Pero en un plano ms local, el del contexto directo de las sesiones, mucho de desprecio hay en los intentos del PP por prohibir la distribucin pblica de la pelcula colectiva con la que medio centenar de cineastas y artistas valencianos han denunciado los desmanes inconcebibles de la gestin de los populares en Valencia (el intento se volvi decisin firme, por cierto, durante la misma semana en que se desarrollaban los actos del CEA). Mucho de desprecio hay en la falta de reconocimiento de la existencia de verdaderos barrios de accin preferente en ciudades como Valencia, en un contexto social como el nuestro en el que una de cada cuatro personas malvive por debajo del umbral de la pobreza. Mucho de desprecio hay en el populismo faranico de nuestras administraciones, ms pendientes en subvencionar las preferencias de los ricos que en atender eficazmente las necesidades sociales, educativas, sanitarias y laborales de sectores cada vez ms grandes de la poblacin (aquellos que poco cuentan y apenas votan). Y mucho, en fin, hay de desprecio en las operaciones de limpieza social activadas sobre los campos de refugiados que bajo el doble signo de la inmigracin y de la miseria existen bajo los puentes del cauce del ro Turia a cinco kilmetros apenas del lugar donde se desarroll el Congreso (tres das antes del arranque del CEA, dos agentes de la polica golpeaban salvajemente a cuatro mujeres y tres varones inmigrantes que malviven desde hace meses en ese mismo campo urbano de refugiados).

Republicanismo e intelectualidad comprometida.-

 


El Congreso fue abierto el da 8 de mayo con una doble intervencin de Miguel ngel Garca Calavia y de Francisco Fernndez-Buey, quien no hace demasiado tiempo ya haba sealado ante la reciente entrada en escena de un nuevo sujeto global de protesta ciudadana la existencia de dos maneras de ubicarse en el mundo en que vivimos. Una, muy socorrida, consistira en verlo con categoras polticas, desde la izquierda o desde la derecha. Otra (sin duda ms atenta a las desigualdades sociales que a las declaraciones y promesas de los polticos institucionales) sera verlo desde arriba o desde abajo. Desde esta segunda perspectiva Fernndez-Buey articul su intervencin ("Republicanismo y laicidad") y asent las bases necesarias para la reconstruccin crtica de una ciudadana atenta a valores republicanos y laicos que paradjicamente determinados baluartes de la intelectualidad republicana actual suelen minimizar con un sentido excesivamente pragmtico de la accin poltica. Acabada su intervencin, y a raz de la interpelacin de uno de los representantes all asistentes del movimiento social de base, el debate se centr en la identificacin del espectro concreto que, desde posiciones antifascistas, podra articular hoy a colectivos culturales y movimientos sociales que concurren en la accin poltica de nuestro presente.

Dos das despus del arranque del CEA se concentr la mayor parte de las intervenciones del Congreso. Especialmente imprescindible fue, a mi juicio, la de Carlos Taibo (Intelectuales, intereses y compromisos), en la medida en que supo exponer pblicamente (con una ms que firme claridad) las razones de fondo de un fenmeno que muchos escritores e intelectuales no se atreven hoy ni a formular o a reconocer abiertamente: la relacin directa que media entre la mercantilizacin de la actividad intelectual de nuestro tiempo y el obvio descompromiso de numerosos escritores e intelectuales de nuestro entorno, incluso de aquellos que dicen situarse en un ms que supuesto "posicionamiento de izquierdas". Sucesivos ejemplos sobre dinero y derechizacin de la conciencia, sobre dinero y descompromiso, sobre dinero y pragmatismo ideolgico, sobre dinero y prcticas concretas en el estilo de vida de ciertos intelectuales, fueron desmenuzados por la denuncia pblica que Carlos Taibo despleg en la primera de las sesiones de la tarde y que luego result tener fructferas conexiones con el debate que despus seguira a las intervenciones de los escritores Antonio Orihuela, Susana Fortes, Jaume Prez Montaner y Jorge Riechmann.

Literatura y trazo ideolgico.-

Fue la intervencin de Antonio Orihuela la que desactiv de inmediato la apuesta de Susana Fortes por deslindar el compromiso del escritor "en tanto ciudadano" de su compromiso "en tanto productor de escritura". La mesa de las sesiones llevaba ahora por ttulo general el de "El compromiso del escritor" y para Susana Fortes ste no debera visibilizarse necesariamente en la escritura concreta de las ficciones literarias. Se caa de nuevo en el mito de la fundamental inocencia de los textos literarios (supuesta y lastimosamente ajenos, entre otras cosas, a la invasin de las visiones del mundo propias de la lgica capitalista). Se recaa, una vez ms, en la ms que discutible "neutralidad ideolgica" de la literatura, desoyendo entre otras denuncias como la que hace un par de aos la escritora Beln Gopegui ya haba expuesto pblicamente con meridiana claridad: de que quiz haya ya llegado el momento de combatir el capitalismo tambin desde el lugar en que se producen las ficciones literarias y ofrecer as una resistencia coordinada a la invasin ("mi planteamiento haba escrito Gopegui es que el arte que se hace en el capitalismo es un arte invadido, un arte que est siendo diariamente invadido"). La intervencin del poeta Antonio Orihuela suscribira esta denuncia al resaltar pblicamente la importancia del lenguaje en el orden de los discursos de poder del capitalismo tanto a nivel representacional como en los mecanismos inhibitorios de resistencias y movilizaciones sociales.

A lo largo de su intervencin (la titul precisamente "La falsa palabra")  Orihuela fue insistiendo en cmo el trabajo inagotable de la falsa palabra del capital estriba en construir narraciones de acuerdo con sus intereses, escogiendo los hechos sociales y econmicos para reducirlos a acontecimientos lingsticos y escamoteando la realidad social que quede totalmente fuera del actual paradigma dominante. De este modo la "falsa palabra" (que sabe que es falsa pero tambin que no es dbil) legitimara, finalmente, sus propias narraciones a travs de los microrrelatos transmitidos por los medios masivos que dotan de sentido y orientan la vida de generaciones enteras hacia la banalizacin de los contenidos, la frivolizacin de la vida, la desaparicin de todo conocimiento que se considere perjudicial para sus intereses y la dosificacin de informacin imprescindible para seguir infundiendo el temor colectivo y el ruido en el que es imposible or las voces del sufrimiento annimo y colectivo de las vctimas de la "guerra por la realidad".

Sobre la mesa de las sesiones del CEA, Antonio Orihuela lanz una grave pregunta (ser posible la conspiracin en medio de este estado de cosas?) siendo fundamentalmente consciente de que el tiempo del compromiso ha dejado paso al de la lgica de la evasin de responsabilidades y de que no deja de ser curioso que de todos los aspectos de la experiencia contempornea sea la literatura uno de los ms recurrentes a la hora de proponer a pequea escala modelos de emancipacin, y que sea tambin desde la literatura desde donde estos proyectos de liberacin sean ms duramente combatidos. Concretando esto en el campo especfico de la poesa actual, sera ya imposible concebir la prctica potica como un ejercicio de neutralidad: Orihuela denunci con suficiente fuerza las prcticas literarias que hoy vacilan entre el epicureismo y el hedonismo, el cinismo, el utilitarismo y la razn instrumental (todas ellas configuraran el espacio tico de los gozadores sin corazn, los que han eliminado todo coste entre el deseo y la satisfaccin del deseo, los que han cosificado al otro). Y slo ms all de ellas, por los mrgenes de lo tolerable, discurrira hoy en Espaa pero invisibilizada una prctica literaria radical, crtica, consciente, colectivista y libertaria que se construye con los sin-parte, los excluidos, los dbiles, las vctimas (en suma, con el nuevo sujeto poltico del precariado). Una prctica potica que asume que acta en y para un mundo compartido con otros, donde nuestras propias identidades se relacionan y crean mutuamente, como pluralidad y dilogo con la alteridad, que ofrece alternativas al inmundo, tensionada entre lo particular y lo universal, atenta a las desigualdades y comprometida con la suerte del mundo y el pensamiento nmada que la aleja de las categoras totalitarias. Una prctica potica para la que la tica es sencillamente la reivindicacin de lo vivo que rechaza sobrevivir a costa de incorporarse a los caminos de la muerte. Una prctica literaria decidida a combatir eficazmente las ilusiones ideolgicas de la normalidad. "Nosotros reconoci Orihuela nos sentimos orgullosos de estar librando este combate".

El fin de la normalidad y el fascismo como esbozo.-

 

Desde el convencimiento de que no estamos viviendo tiempos normales sino excepcionales, la intervencin de Jorge Riechmann muy esperada puso en relacin "crisis ecosocial" y "antifascismo", en el marco de una desordenada transicin hacia un sistema histrico nuevo, cuyos rasgos no podemos conocer por adelantado, pero cuya estructura podramos ayudar a modelar. Hacindose eco de los planteamientos ya esbozados por Martin Rees, Riechmann afirm que tal vez no sea una hiprbole absurda (ni siquiera una exageracin) afirmar que el punto ms crucial en el espacio y en el tiempo (aparte del propio big bang) sea aqu y ahora: la probabilidad de que nuestra actual civilizacin sobreviva hasta el final del presente siglo no pasara del 50% y, segn el lder de la ultraderecha britnica Nick Griffin, la convulsin socioeconmica mundial resultado de un mundo "post-cenit" sera dentro de poco una oportunidad para que el partido que l preside alcance el poder. Los partidos de extrema derecha estaran, as, preparados para este momento de crisis y la situacin de escasez exigira una tirana de mbito planetario de una brutalidad inimaginable: en una situacin de aguda escasez, los excluidos pasaran a ser un estorbo para los privilegiados.

En este punto de su intervencin, Riechmann avanz la tesis ms contundente de las planteadas en las sesiones de aquella tarde-noche: la posibilidad de que Hitler no hubiera sido una excepcionalidad histrica, sino un precursor, en la medida en que el programa del III Reich prometa al "pueblo superior" poder y bienestar a travs de una agresin permanente, al tiempo que contrarrestaba la limitacin de recursos del planeta mediante el correspondiente sometimiento y diezmo de los pueblos esclavos. El proyecto de Hitler podra entonces describirse como lo ha hecho ya Carl Amery en trminos bastante modernos: lucha por los recursos escasos (en un mundo finito) y sostenibilidad de la raza superior a costa de los dems seres humanos (convertidos en "infrahombres"). El aviso para navegantes de Riechmann acab enumerando las condicones necesarias para que pudiera reactualizarse un proyecto poltico de signo fascista: una situacin de crisis que incluya tanto la caresta material como la vivencia del sinsentido y la desorientacin existencial; la imposicin planetaria de la nocin de que "no hay bastante para todos"; el descarte consiguiente de la posibilidad de solucionar la crisis con un programa quiz arduo, pero de base igualitaria y humanista. El grupo o formacin social dominante que se sienta llamado a "salvar la civilizacin" acometera una seleccin y sta, lgicamente, anular el carcter intocable de la dignidad humana.

"Parece una barbaridad cuando lo escribo: pero vuelvo sobre ello, reflexiono y recapacito, y no puedo sino reafirmarlo", reconoci Riechmann. Globalizacin quiere decir entre otras cosas: acceso ilimitado, para los ricos, a los recursos de un planeta limitado. Si a esto se le aade la doctrina del Manifest Destiny de los militarmente poderosos por ejemplo, en la versin de los neocons y teocons estaounidenses, lo que tenemos es ya casi hitlerismo. Para finalizar su intervencin, Riechmann volvi a insistir en la idea de que no vivimos tiempos normales, y que lo imposible en tiempos ordinarios se torna factible en tiempos extraordinarios. Entre pasar directamente de la negacin completa del problema ("aqu no pasa nada") a la absoluta desesperacin ("todo est ya perdido"), habremos de reestructurar la economa a velocidad de tiempos de guerra, cobrando conciencia de un peligro que es similar al de la peor catstrofe blica concebible. "Necesitamos romper la ilusin de normalidad conclua Riechmann, necesitamos fuerza para cambiar, para una transformacin revolucionaria de nuestras estructuras sociales".

Once poetas crticos.-

El fascismo, que hace de todo un campo de pruebas para la aniquilacin del mundo (Karl Kraus), es prosa con prisa por conquistar la poesa, ha escrito Jos Luis Arntegui en su reflexin a raz del CEA de 2007. Tanto en la noche del da 10 como en la tarde del da 11 de mayo, el Congreso se cerr precisamente con un doble recital colectivo en manos de un grupo significativo de poetas actuales, en el que se present por vez primera la antologa Once poetas crticos en la literatura espaola reciente. Convocando a centenar y medio de personas (algo sin duda inhabitual para la mayora de los recitales de poesa que, aqu y all, se celebran en el autocomplaciente panorama literario de nuestro pas) estos actos finales dejaron abierta la sospecha de que, lejos de resoluciones meramente panfletarias y de escrituras literarias ideolgicamente tranquilizantes, el criterio de fecundidad de un arte comprometido no estribe en la solucin de crisis y conflictos, sino como lo ha advertido Arnold Hauser en combatir crticamente la ilusin de que, bajo el signo de la catstrofe, todava se sigue viviendo en un mundo sin peligro alguno. De esa prdida de la ingenuidad y de esa toma decidida de compromiso se hizo eco el buen puado de poemas que sus autores recitaron pblicamente en el cierre de las sesiones. Poemas como "Soar lo suficiente para penetrar la realidad" (de Jorge Riechmann), "Historia de Espaa: nudo" (de David Gonzlez), "El fin de la era del sueo" (de Antonio Orihuela), "Vientres de Madrid y de Bagdad" (de Enrique Falcn), "Ran de terra" (de Manel Rodrguez Castell), "Lavoro Nero" (de David Franco Monthiel), "Teora de la revolucin: 1" (de Antonio Mndez Rubio) o "Els desapareguts" (de Marc Granell) no dejaron intacto, nuevamente, el mundo.

Si todo poema conlleva una postura de lenguaje y un determinado gesto en el mundo, los que se recitaron en la clausura del CEA lo miraron con las lenguas del cario y de la ira, de la protesta y del compromiso, de la denuncia y de la esperanza y enfrentndose a la realidad del tiempo que hubo de herirles no quisieron doblar sus rodillas. Ni ante la resignacin de la injusticia, ni ante el derribo de nuestra esperanza.

Enrique Falcn *

Barrio del Cristo (Valencia), 20 de mayo de 2007

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* Enrique Falcn (Valencia, 1968) ha publicado hasta la fecha los libros de poesa El da que me llam Pushkin (Ediciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1992), La marcha de 150.000.000: El Saqueo (Rialp, 1994), La marcha de 150.000.000: El Saqueo y Los Otros Pobladores (Germania, 1998), AUTT (Crecida, 2002), 9 poemas (Universitat de Valncia, 2003), Amonal y otros poemas (Ediciones Idea, 2005) y El amor, la ira: escritos polticos sobre poesa (Ediciones del 4 de Agosto, 2006). Coordinador de Once poetas crticos en la literatura espaola reciente (Ediciones Baile del Sol, 2007).



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