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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2003

Rebelin entrevista en exclusiva a Omar Gonzlez, Presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos (ICAIC)
La mejor contribucin de un artista a su pueblo es el aporte inestimable de su obra

Manuel Talens
Rebelin


Omar Gonzlez es un hombre de aspecto afable y hablar pausado. Medita las cosas antes de responder, como si buscase que su interlocutor comprenda bien las ideas que quiere transmitir. Nunca alza la voz, pero cuando uno escucha sus palabras siente el calor humano que las alimenta: son como lava que fluye del corazn de un volcn benevolente o, si se me permite la metfora, como aquellos claveles que brotaron del fusil de los militares portugueses antes de que se apagara la esperanza. Hay algo de contradictorio en esta dicotoma entre su aspecto de padre de familia maduro y apacible y la juvenil radicalidad de su discurso, pero creo haber resuelto el enigma: Omar Gonzlez es de esos seres que llevan la procesin por dentro. Su trayectoria intelectual en el mundo de la cultura es larga: en 1978 gan el prestigioso Premio Casa de las Amricas en la categora de literatura infantil y juvenil con su obra "Nosotros los felices". Un guin suyo, sobre la vida del poeta alemn George Weerth, fue llevado al cine, y libros y textos literarios de su autora han sido publicados tambin en Cuba y en otros pases. Adems, ha practicado el periodismo y fue director asistente del Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier, hoy Fundacin; director general del Canal 6 de la Televisin Cubana y presidente del Instituto Cubano del Libro y del Consejo Nacional de las Artes Plsticas. Para aquellos que vivimos en pases de la Unin Europea, donde quienes ocupan un cargo pblico de cierta importancia se convierten en distantes reyezuelos, es un placer conversar con personas como este cubano, que se toma con suma modestia su actual funcin en el ICAIC y que dedica sus horas libres a escribir poesa y ensayos acerca del impacto de la globalizacin en el mbito familiar de la cultura. He aqu las preguntas que respondi en exclusiva para Rebelin:

En una poca como la actual, de ausencia generalizada de ideologa, cul puede o debe ser la relacin entre el arte y la vida social, es decir, la res pblica?

Entiendo tu pregunta como una legtima provocacin. Definitivamente, no creo que sta sea una poca de ausencia generalizada de ideologa, sino todo lo contrario. Esa extendida visin apocalptica se la debemos a cierto tipo de pensamiento posmoderno, a su liturgia meditica y academicista en momentos de gran desconcierto; al colapso del llamado socialismo real, cuyas polticas en torno a las Ciencias Sociales, salvo excepciones, fueron por lo general desalentadoras y, sobre todo, al auge del neoliberalismo, que es mucho ms que una corriente econmica o financiera centrada en la apoteosis del mercado; es la expresin ideolgica del imperialismo camino de su fase superior y muy probablemente ltima, el fascismo. Pero no un fascismo a lo Hitler y Mussolini, si se quiere todava primitivo y trgicamente experimental, aunque modlico a los fines del ya inminente si no reaccionamos con ms fuerza y convergemos en una barricada del tamao del mundo; se tratara de un fascismo mucho ms elaborado, que conserva elementos de aqul y lo supera en ambicin, destruccin de la naturaleza y opresin de los pueblos, dado su ilimitado carcter global y su correspondencia con el desarrollo tecnolgico de la poca en que vivimos. ste es o pudiera ser un fascismo corporativo y enfticamente ideolgico, que se gesta en una sociedad dizque democrtica, pero que se comporta an peor que la peor de las totalitarias conocidas;en un pas que proclama la libertad como medida de todas las cosas y vive secuestrado por una cpula insaciable de dinero y poder; una nacin multitnica aunque con demasiado espacio para el racismo y la xenofobia; un territorio tan industrializado como desigual, que se dice abierto al mundo y anula o margina las oportunidades de sus ciudadanos para interactuar con otras culturas; una sociedad con el mayor acceso a los medios de comunicacin que se conozca, pero desinformada, donde a pesar de disponer de una moderna infraestructura educacional y sanitaria, vastos sectores viven en la ignorancia y la insalubridad ms pasmosas; un pas del G-7 que alberga un tercer mundo en sus calles y un cuarto mundo en Pine Ridge Reservation; una nacin que es muchas otras y cuyos sucesivos gobiernos han sido y son arrogantes y, al mismo tiempo, tan dbiles que slo logran exaltar el patriotismo valindose del pnico y la paranoia; un pas rico y econmicamente parsito; un pueblo trabajador y noble y alegre, pero engaado en su intimidad ms solitaria, tan cristianizado como desconcertante e indiferente, con una identidad esquilmada durante siglos y finalmente difusa y extraviada, con una intelectualidad de vanguardia y una sociedad trivializada por obra y gracia de los medios masivos, que privilegian la estulticia; en fin, un imperio donde la seguridad estriba en su propia inseguridad; un pas-paradoja, donde ahora mismo un gobierno ilegtimo y construido piedra a piedra por la ultraderecha, libra una cruzada en nombre del Bien y contra el Mal, en cuyo caso nadie, absolutamente nadie, estara en condiciones de garantizar que lo primero no signifique lo peor.
El terrorismo, como ayer lo fue el comunismo y mucho antes el Islam para la Europa cristiana, ha sido slo el pretexto para escenificar el mayor proyecto de dominacin poltica, econmica, militar y cultural que ha conocido la historia: Estados Unidos contra el resto del mundo. Nunca sabremos pues de seguir como vamos, el peligro de que desaparezca la especie humana es real, cunto favor a esta causa hicieron los fanticos que estrellaron aquellos cuatro aviones el 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, el Pentgono y el manso suelo de Pensilvania. Tanto ha sido su tributo a este imperio en ascenso y retroceso, que no sera descabellado dar fe, aunque slo fuera a escala especulativa, a quienes sustentan las sobrecogedoras hiptesis de una conspiracin desde el poder para ejecutar o dejar hacer crmenes que, en cualquiera de los casos, resultaran abominables. Mientras tanto, ah est Dick Cheney frotndose las manos, a la sombra y en todo, con el real mando sobre los hombres y las cosas. Y ah estn los peleles. Pobre Espaa, mi madre!, con Aznar por martirio.

Has delimitado muy bien el ambiente social del mundo en que nos ha tocado vivir, pero todava no me has dicho nada sobre el papel del arte, o de sus practicantes, en dicho ambiente social.

Si vamos a hablar de un tema tan serio, que dara para un libro, prefiero verlo en su contexto. Ahora me acercar un poco ms: en cuanto a la relacin del arte (y de los artistas e intelectuales en general) con la vida social, mucho se ha escrito y opinado como para empearse en aadir nada nuevo. Hoy el momento es otro. Desde la izquierda a falta de una mejor definicin y no obstante su descrdito, apelo a la dicotoma que la antepone a la derecha, recuerdo, por slo citar algunas, la frmula del eterno compromiso, tan recurrente en los aos sesenta, y de la que Sartre y otros (con aquello de no estar comprometido es una forma de estarlo), fueron sus abanderados de culto, y tambin los postulados de Gramcsi a propsito del intelectual orgnico, asumidos como una alternativa coherente y racional ante la condicin acrtica y obviamente dogmtica de los presupuestos del realismo socialista. Sin embargo, desde entonces ac ha llovido bastante, y los derrumbes han sido estructurales, devastadores e, incluso, silenciosos, que suelen ser los que dejan una huella ms honda en el mbito de las ideas.
La cosecha actual de intelectuales ilustra la confusin resultante. La derecha, que desde hace ms de ciento cincuenta aos no se repone tericamente de la aparicin del Manifiesto comunista, pues en este largo perodo nada ha estremecido tanto al mundo como la sabidura multiplicada de Marx y Engels en aquel documento, ha sacado provecho de la ola de decepcin e incertidumbre (tambin de reagrupamiento) en que ha vivido su antpoda durante los ltimos quince aos, y lo ha hecho de tal modo que, al radicalizarse en sus posiciones, ha conseguido travestir a no pocos simuladores e incautos. Y como domina los medios y se vale del miedo, compra y pervierte las conciencias y, ante ese espejo roto, terminamos por no saber quin es quin. Y esta otra izquierda, la que fue o pudo ser, la solcita, la light, la instalada y con diezmo, cambia de casaca y se nos desmedula hasta la apostasa. Y nuevos dogmas nos llegan y, como era de suponer, lo hacen en nombre de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Y tanto coinciden entre s que Bush se casa con Blair y Felipe con Aznar.
Sobreestimar el papel de los intelectuales y del arte en su relacin con la vida social que, por otra parte, no es un corpus ajeno a su desenvolvimiento, sino el lugar de sus posibles pertenencias e identificaciones, pudiera conducirnos a nuevos y viejos errores. Yo no soy partidario de la veneracin fantica e incondicional a determinadas celebridades, por muy imprescindibles que nos resulten a la hora de bosquejar una cartografa del pensamiento contemporneo. En particular en esta poca, cuando todo vale a efectos del mercado, incluso los intelectuales iconoclastas. Un intelectual no es un profeta infalible. Los de mayor hondura han renegado siempre de esa condicin. Quienes van a determinar el curso de la historia son los pueblos, a cuya orientacin pueden contribuir mucho los pensadores, los filsofos que estn dispuestos a correr no la suerte de sus tratados y reflexiones, sino la de las masas en sufrimiento. Y en este punto, para acercarme an ms a la definicin que pides, echo mano de Tolstoi: Cada uno llega a la verdad por su propio camino; pero una cosa debo decir: lo que escribo no son slo palabras, sino que vivo de acuerdo con ello, en ello est mi felicidad y con ello morir.
Debemos tambin respetar el ejemplo y la distincin de los clsicos, pero sin que esto implique que nos declaremos escolsticos. Creer en la utilidad prctica del sentido comn comporta sus ventajas, como cuando, a contrapelo del rgido rigor de los nostlgicos, nos sugiere que es preciso beber de todas las fuentes para hacernos de un pensamiento y una visin propios. Tan pernicioso es el fanatismo poltico como el filosfico o el ideolgico. Hay que recuperar el principio de la duda y el derecho a la seleccin consciente, entre otras razones porque nunca nada es igual (Herclito vivo) a lo que fue. Y para pensar y discernir, es preciso saber. Y para saber la educacin es, entre todas, la primera y mejor de las puertas.

Cul debera ser, pues, el dilogo entre quienes hacen del arte un oficio y la realidad que los rodea?

Entre el arte y la realidad debe existir permanentemente un dilogo crtico, pues de no ser as se paralizan el pensamiento y la cultura, o se divorcian, que tambin es nocivo para la aplicacin de las ideas. Si la cultura es vida, no veo por qu desconfiar del debate, que la dinamiza. La fortaleza de una ideologa, sea cual sea, se verifica en la confrontacin sistemtica con las dems. Por eso debe sospecharse tanto de quienes adulan a los intelectuales con fines pueriles como de aquellos que los excluyen debido a un pensamiento anticultural. En esto el capitalismo tiene una larga historia, al igual que la tuvo el llamado socialismo burocrtico. Pero aqul aventaja a ste en recursos y mtodos sucios. Su orfandad espiritual ha sido histricamente incuestionable, y su persistencia en el valor del dinero para alcanzar sus propsitos le es consustancial y siempre lo envilece. Son pocos, muy pocos, los creadores de vala que han asumido ese sistema como centro de su pensamiento y su hacer. Provocara desprecio, y en el mejor de los casos estupefaccin el encontrarse con un poema o una cancin que elogiaran el neoliberalismo, el bloqueo yanqui a Cuba, el terrorismo de Estado, los otros terrorismos o los bombardeos contra los pueblos de Irak y Afganistn. A lo sumo, el capitalismo salvaje (sigo pensando que no hay otro) slo dispone de algn artculo de opinin escrito por intelectuales mediticos (y mediatizados), que justifican y aplauden lo que conviene a Estados Unidos y a sus aliados reales,
principalmente en la llamada gran prensa norteamericana. Una prensa, por cierto, que encumbra y destruye, segn el curso de los vientos slo tenemos que recordar el Watergate; una prensa que es sostn y esclava de los intereses hegemnicos. El nazismo, valga el ejemplo, hizo lo indecible por granjearse la simpata y los servicios de artistas y pensadores y, aunque consigui algunos resultados, no es menos cierto que nadie recuerda aquellos nombres, como no sea para denostar de ellos y repudiarlos siempre. La innovadora cineasta Leni Riefenstahl, conocida como el ojo de Hitler, jams consigui librarse del estigma de su pasado pro-nazi. Hasta su muerte, ocurrida el 9 de septiembre de 2003, trat de minimizar sus actos aduciendo que no fue ella la que llam al Fhrer para ofrecerle sus servicios, sino a la inversa. Poco importa, la gran historia no repara en esta clase de matices. Por eso es fundamental que el artista se plante su misin desde la tica y con absoluta responsabilidad social. En su afn por negar todo posible mrito al socialismo, la derecha se ha propuesto equiparar la conducta de algunos intelectuales comunistas con tales actitudes, pero ha fracasado. Desde la legtima izquierda, la insobornable, se comenten errores, pero jams se perdonan los crmenes ni se comulga con la mentira.
De tus palabras parece deducirse que la derecha no ha logrado xitos en el terreno de las ideas. No ser que confundes tus deseos con la realidad?
No, que los hay, los hay, pero una postura abierta y pblicamente derechista merma las ventas. En lo que el imperialismo s ha logrado determinados rditos es en el trfico de conciencias, con el consiguiente silencio y la complicidad de algunas voces. Dinero a raudales, becas, cargos simblicos y vitalicios (en Cuba los llamamos botellas), viajes, espacios pblicos para el reconocimiento y, por qu no, para la disensin aparente, constituyen algunas de sus frmulas ms socorridas. Es la seductora coaccin del mercado, su dictadura, que pareciera que lo regula todo, si no supiramos que tambin lo mutila y corrompe. Los casos de Mxico ahora y en tiempos del PRI y de Venezuela cuando adecos y copeyanos se repartan el poder, pudieran ser ilustrativos de los mtodos empleados en Latinoamrica por la clase gobernante para acallar la rebelda de cierto tipo de intelectual dependiente e indeciso, y convertirlo en una especie rara, en algo as como una ameba en su limbo. Y de Europa no digo, bastara profundizar en la ruta y la nmina de algunos pronunciamientos y manifiestos de ltima hora para llegar a la conclusin de que slo bajo una presin insoportable, la del dinero y la fama (ostracismo a la vista), sera comprensible la actitud de unos pocos intelectuales que, hasta hace unas horas, se llamaban de izquierda. Da pena verlos haciendo equipo con histricos y renegados, con esos pobres de alma que ganan premios, pero no saben utilizar correctamente un gerundio. Y qu decir de los fantasmas de un pasado culpable, de los desgarramientos de cualquier vestidura? Que no duden de m, pareciera que gritan, yo estaba equivocado, perdn por las lealtades. Y no saben qu ser, y cada vez son menos. Pero mucho ms trgico que el trasiego de conciencias, que por lo general es pattico, ha sido y es la represin ms despiadada contra los genuinos intelectuales de izquierda. Amrica Latina tambin pudiera mostrar un largo rosario de crmenes en este sentido. A quin culpar de tantsimas muertes, de todas las torturas, sino al imperialismo y al sistema capitalista mundial, incluyendo a gobiernos que en Europa, Asia y Norteamrica las consintieron y las prolongaron con sus actuaciones. Quin va a pagar por el asesinato de Vctor Jara, si Kissinger ya es Premio Nobel y Pinochet sigue durmiendo imperturbable su siesta y, adems, pretenden que nos creamos ese cuento infantil de que el viejo est loco? Y como Vctor, miles. Y no slo de Amrica. Quin mat a David Kelly? Qu le pasa a esa izquierda que perdi la memoria? A esa izquierda que es otra, a esa izquierda-derecha que ahora vive sin nombre. En los llamados pases del socialismo real desde luego que tambin se recurri a frmulas deleznables para conseguir el favor o el aislamiento de ciertos intelectuales. En tiempos del estalinismo, los recursos empleados fueron paralizantes e imperdonables en un sistema poltico que, aunque sometido al peor de los hostigamientos, nunca fue pensado para agredir al pueblo y esculcar la cultura, sino justamente para fomentarla. La ruptura que se produjo entre la vanguardia artstica y la vanguardia poltica, cuya confluencia diera tanto esplendor a la revolucin de 1917, devino un cisma del que jams se recuper el Estado sovitico. Aquellas heridas, por mucho que se omitiesen de la historia oficial, jams cicatrizaron. Ninguna alfombra, ni siquiera las interminables alfombras del Kremlin, poda ocultarlas. Eran fantasmas en cuerpo y alma en el recuerdo de muchos comunistas, y no slo soviticos, sino del mundo entero. La hipocresa fue matando en vida aquella sociedad, heroica como ninguna en su esfuerzo titnico de construir el socialismo y derrotar la agresin fascista. Y, mientras, el imperialismo esperaba agazapado detrs de la puerta, horadando el dintel, empujando hacia adentro y empujando hacia afuera. Debi ser muy difcil convivir con aquello y pensar en el maana.

Conociste en persona, de primera mano, los pases del Este europeo y su supuesto socialismo real? Me gustara saber qu opinas del tratamiento que aplic la antigua Unin Sovitica a las diferentes culturas que la constituan.
Por diversas razones viaj en ms de una ocasin a los pases del Este europeo tanto como a Espaa, Italia y Mxico, y tuve la suerte, incluso, de visitar varias repblicas de Asia Central y de charlar con sus intelectuales, en especial con uno de los ms importantes, el escritor kirguizio Chinguiz Aitmatov, con quien compart una noche en la estepa kazaja, mientras l hablaba de su fobia incurable a los aviones, de la poesa y el cinematgrafo en Asia Central y del recuerdo brumoso o imaginario que tena de La Habana. Las circunstancias en que vivan aquellos territorios eran completamente distintas a las de Mosc, Leningrado, Kiev, Vilnius, Riga o Tbilisi, aun cuando las noticias que nos llegan hoy nos hagan ver tales momentos como das de gloria. Su grado de desarrollo y la densidad del tiempo histrico eran otros; las diferencias y las desigualdades cobraban cuerpo y se acentuaban en la misma medida en que uno se adentraba en los confines de su naturaleza y en los misterios de su sabidura. Esto se daba, sobre todo, en las formas ancestrales de su cultura nmada, donde el realismo socialista tena muy poco que hacer. Si extrao era en Lituania, imaginemos lo que suceda cuando los comisarios dictaban su catecismo a un pueblo de pastores. El viejo problema de las nacionalidades nunca fue resuelto en la URSS, a pesar de que Stalin decretara su solucin en escritos y discursos tan tempranamente como en las postrimeras de los aos veinte, y Jrushov, Brezhnev y todos los lderes fugaces que les sucedieron lo dieran por superado. La prueba al canto estara en la rapidez con que se desintegr la Unin Sovitica a partir de que apareciera la perestroika. Ha sido ste un proceso aleccionador que no termina an, y para verificarlo bastara remitirse a la cuestin chechena y a otras menos divulgadas por la prensa occidental. La perestroika fue un fracaso, pero destap, con la alegra de un circo, la olla de las vicisitudes que se derivaron de la aplicacin de una poltica que exclua el respeto a la diversidad como elemento esencial de la cultura. Ni ms ni menos, lo mismo que le ocurrir (le ocurre ya) a la globalizacin neoliberal en su intento por estandarizar la espiritualidad humana. Su descalabro ser/es tan estrepitoso como vastas han sido y son las dimensiones de su proyecto usurpador. En aquellos pases y territorios jams afloraba pblicamente una disonancia por insignificante que fuera, y uno saba que las masas estaban insatisfechas y que los dirigentes y analistas polticos no siempre tomaban en cuenta su opinin. Sabamos ms, sabamos que aquellas inquietudes tambin eran manipuladas y alentadas desde el exterior. Pero la distancia entre los principales responsables y las bases de la sociedad era an ms abismal, lo que se agravaba en los pases donde el Socialismo no fue el resultado de un proceso histrico y revolucionario. A tono con esto, recuerdo que me correspondi realizar una visita a Polonia en vsperas de las elecciones en las que Solidaridad se hizo por primera vez con el gobierno. En una funcin de ballet, deb sentarme junto a un alto dirigente del Partido Obrero Unificado Polaco y un ministro del gobierno. Como saba que las cosas no andaban nada bien para ellos, les pregunt por separado, entre acto y acto de El lago de los cisnes, cmo imaginaban el futuro de su pas. El funcionario del Partido me respondi lacnicamente, como si yo lo importunara con aquella ocurrencia: Debemos ganar ampliamente las prximas elecciones, y el ministro, que era un intelectual de relieve, si mal no recuerdo un romanista, sonri y me dijo: Me he postulado para senador. La prxima vez que visite Polonia, lo recibir en la Cmara y tendr ms tiempo para dedicarme a escribir y hablar de literatura. Ninguno de los dos acert en absoluto. Vivan tan enajenados de la realidad que terminaron creyndose sus propias fantasas y las de sus aclitos. Ambos presuman de ser intelectuales, y con toda seguridad lo eran, pero carecan del ms elemental sentido prctico. Para ellos, y para muchos otros que tambin sucumbieron y ahora son prsperos empresarios o polticos de carrera, las masas eran una abstraccin inanimada, un rebao silencioso y nunca una fuerza capaz de poner en peligro su posicin. Y, por si fuera poco, existan la URSS y el Pacto de Varsovia como garantes de su seguridad. No quiero decir que as fuera la generalidad de los antiguos funcionarios polticos y administrativos de Europa del Este, pero era un mal bastante extendido, al menos entre los que yo conoc. Aquello no poda continuar como estaba, tena que derrumbarse por efecto de su propio desgaste. Hubiera hecho falta una REVOLUCIN, pero la perestroika ni siquiera fue una aspirina. An ms, hay quienes afirman que fue una expresin de su agona, y que Reagan y la Tatcher, con quienes Gorbachov comparta secretos y bacanales, tiraron de la cuerda. Bien le va, por cierto, a ste ltimo: hace historias de su propia leyenda y opina de todo, y ya es millonario.
Pero aquel pasado es historia; de ah que podamos analizarlo en detalle. Me pregunto cul hubiera sido su desenlace de haber evolucionado de otra manera. No hay por qu pensar que los fracasos excluyen irremediablemente la victoria, ni viceversa. En todo caso, prefiero concluir esta idea apropindome de una frase del controvertido Ernst Bloch, idea que George Labica califica de provocacin: El peor de los comunismos vale ms que el mejor de los capitalismos. Otra cosa no vemos.
En cuanto a los intelectuales orgnicos, muchos dejaron de serlo y su relacin con los partidos, incluso estos, se tornaron rutinarias, formales, sin margen para la participacin ni el debate. A tal punto llegaron las inconsecuencias que, a pesar de la magnitud de la debacle que se produjo a partir de finales de los ochenta, no se suscit una sola accin de resistencia que haya merecido el reconocimiento de la historia, a no ser aquella ridcula escaramuza que catapult a Yeltsin hasta el Kremlin y que careci de mrito alguno, pues fue ms fruto de las veleidades acumuladas por Gorbachov que de la consistencia ideolgica de su sucesor. La consternacin que provocaron aquellos acontecimientos fue tan anonadante que George Bush padre, por entonces ducho en menesteres de la otra inteligencia, confesara en sus memorias, varios aos despus, que nunca lleg a imaginar que los cambios previstos (y fomentados por el imperialismo) transcurrieran con tal pasividad y armona. Aquel camino no es precisamente el que deben proponerse quienes de verdad aspiran a transformar la realidad imperante en la actualidad. Aunque hay que sealar que tampoco fue el camino elegido por los honrados de toda una vida, no slo aqu, en el asptico Occidente, y sigo en lnea con la sentencia de Bloch, sino all, en la propia Europa Oriental; de ah que sea injusto hacer tbula rasa y culpar de todos los errores posibles a los viejos intelectuales comunistas cuando de este lado del mundo todos los das se cuecen habas y se cultiva la injuria y el bochorno que nos depara la traicin. Si de rescatar lecciones se tratara, opino que la respuesta estara mucho ms en asumir la actitud de Mayakovsky, Alberti, Nicols Guilln y Pablo Neruda que la de Evgueni Evtuchenko, porque, al fin y al cabo, es mejor morir con la conciencia limpia y el humilde mrito del deber cumplido, que ser eternamente un bufn ni siquiera capaz de encontrar su corte.

Tu comentario a propsito de la deriva de un intelectual antao alabado y hoy bufonesco como Evgueni Evtuchenko me lleva a preguntarte por tu visin de los intelectuales en la actualidad.
En resumen, y sin otra pretensin que facilitar este anlisis, estaramos hablando de cuatro tipos de intelectuales (tres de ellos tomados de la caracterizacin que hace Ignacio Ramonet en sus dilogos con Jorge Halpern) y de su relacin con la realidad social: los orgnicos, que algunos descalifican por una parte de la experiencia histrica; los mediticos, que, a pesar de su encumbramiento, no cuentan a los efectos del cambio, pues son hijos predilectos del sistema hegemnico; los indiferentes, que tampoco cuentan y cada vez son menos, y los que pudiramos denominar hacedores de un pensamiento crtico, que se distinguen por su heterogeneidad y su oposicin abierta y militante a la globalizacin neoliberal. Pero sera necesario escanciar el vino. No veo por qu no ha de ser posible ser un intelectual orgnico, digamos en un caso como el de Cuba, y estar al mismo tiempo contra el capitalismo salvaje y participar permanentemente de una reflexin crtica desde la esencia misma de la Revolucin, que entre nosotros significa tambin el Partido. De cualquier forma, lo que menos debe importarnos en esta hora son los distingos etimolgicos de genealoga, pues soy de la opinin de que todo lo que nos divida y distraiga de lo esencial (la impostergable unidad) favorecer al imperio (que se comporta todopoderoso), sin que esto nos conduzca a obviar internamente el debate y las diferencias tiles.

Y en qu consistiran ese debate y esas diferencias tiles en lo que concierne a la Cuba actual?
En Cuba se debate de todo y a toda hora, incluso acerca del propio debate. Nosotros no slo somos analticos, sino particularmente extrovertidos, y no por la influencia del trpico, que es lo que alegan los extraos cuando no nos comprenden, sino porque encarnamos una mezcla de culturas heterodoxas, como las que dieron lugar a la Espaa premoderna y al frica fundadora de pueblos y civilizaciones, y porque poseemos conciencia histrica y formamos parte de una sociedad que no podra existir si no propiciara ese reflujo permanente de inteligencia y alegra. Los cubanos somos un parlamento en expansin; de ah que en esta isla resulte muy difcil encontrar un ciudadano leal a su patria que no haya tenido la oportunidad de participar, de una u otra forma, en el proceso histrico de la Revolucin. De no haber sido as, no me explicara el herosmo colectivo frente a las agresiones, que contra nosotros son permanentes y de todo tipo, ni la abnegacin con que asumimos el desarrollo de un proyecto social que hizo del mejoramiento humano su razn de ser.
Ac, los intelectuales no observan los acontecimientos desde la barrera, son copartcipes de la obra social, y en su actuar cotidiano se comprometen y ejercen su derecho a opinar y a decidir, algo que, sobre todo en lo que atae a esto ltimo, les resulta imposible en otras latitudes, donde, dicho sea de paso, pensar es cada vez ms privativo de quienes detentan el poder o lo amplifican como portavoces. Desde los albores de la Revolucin, se instituy entre nosotros una prctica que no ha cesado nunca, y que comporta el dilogo y la discusin en todos los niveles y con todas las instancias de la sociedad. Recordemos aqu lo que signific el encuentro de Fidel con los intelectuales en junio de 1961, en la sala-teatro de la Biblioteca Nacional. Aquella experiencia no qued ah, sino que devino programtica, y desde entonces han sido innumerables los congresos y reuniones que la han prolongado en el tiempo. Y es que el propio Fidel es la anttesis de esos jefes de Estado, tan comunes en las anmicas democracias liberales, que se contentan con leer cuatro metforas provistas por algn amanuense, cortar una cinta, y sonrer y sonrer y sonrer, mientras piensan en cmo escapar a tiempo para que nadie les espete la verdad en la cara. Fidel es en s mismo el pensamiento y la accin, y jams lo he visto eludir un tema en sus reuniones con los intelectuales o con los representantes de cualquier otro sector de nuestra sociedad. Desde hace la friolera de ms de treinta aos vengo asistiendo a encuentros en los que se debate acerca de asuntos de la mayor trascendencia para el presente y el porvenir de mi pas e, incluso, del mundo, porque los cubanos tambin tenemos conciencia de nuestro tiempo y de nuestro lugar en la historia, Y en ese ver y hacer ininterrumpidos, he conocido a escritores y artistas preocupados (y ocupados, que es lo ms importante) por el destino de las nuevas generaciones; la identidad nacional; la repercusin de los fenmenos que acompaan a la globalizacin y la necesidad de afrontarlos desde la sociedad en su conjunto; los peligros de la corruptela; la frivolidad contagiosa de los medios de comunicacin, incluido el cine; la salud; el azote mundial del SIDA; el mejor uso de nuestros recursos intelectuales; la universalizacin del saber (en un pas como ste, que es un aula total); las diferencias y desigualdades econmicas; la ineficiencia de esta o aquella institucin y, tambin, cmo no si hablamos de cultura, los he visto abundar en la especificidad del arte; en el valor patrimonial de un inmueble; en el cuestionamiento de un proyecto arquitectnico que niega o empobrece nuestra identidad y en cuya decisin de erigirlo intervino cualquier cosa menos el conocimiento... Y esas opiniones, generalmente alentadas por una receptividad que las propicia, siempre han sido expresadas con absoluta libertad, pues su afn no es el descrdito, sino la perfeccin de una obra que amamos porque sabemos nuestra. Qu es esto, sino un signo inequvoco de madurez y democracia, y una expresin concreta de la relacin que debe existir entre el arte, sus hacedores y la vida social? Por ltimo, permteme referirme a la contradiccin irreconciliable y verdaderamente estratgica que nos impone el imperialismo con sus polticas incivilizadas de acoso y terrorismo de Estado. Me refiero, por supuesto, al ser o no ser de los cubanos, no slo en las actuales circunstancias, sino como parte de un dilema que tiene races histricas: en Cuba, estar a favor del imperialismo, equivale a estar contra la Revolucin. Es algo que no admite concesiones, ni siquiera en "un tantito as", como sealara el Che con su proverbial elocuencia. No hay otro modo de ver un asunto como ste, en el que la permanencia de la Revolucin implica la existencia y continuidad de la nacin cubana. Si se parte de esta premisa y se coincide en lo esencial y determinante, yo dira que todo lo dems es secundario, por muy trascendente que sea o nos parezca.

Y cul sera la misin de los intelectuales en esta hora? Y la del arte? La gran misin de los intelectuales y el arte de nuestro tiempo, en su relacin con la vida social, es la de constituirse en parte indisoluble de las alternativas al modelo socio-econmico prevaleciente. Y tales alternativas deberan confluir cada vez ms en una opcin coherente y firme frente a la embestida imperialista. No es conformndonos con remiendos ocasionales como vamos a detener el auge neofascista, la ignorancia, la insalubridad, la pobreza, la falta de libertades, la guerra y el saqueo generalizado. Esta lucha se ha de asumir como de vida o muerte, pues de eso se trata. Y aunque tambin es verdad que los intelectuales por s solos no van a transformar el mundo, s pueden hacer mucho por dotar a las masas de la claridad y la capacidad necesarias para alcanzar ese imperativo ineludible que es la victoria. No envilecerse, peda Jos Mart, sino trascender hasta los que crean y fundan. Y habra que estar dispuesto a sacrificarlo todo en una batalla que es primordialmente ideolgica, pero que no excluye ni el plomo ni el fuego, segn la latitud en que se libre y los fundamentos que la sustenten. Hay que dotar de conceptos a la ira, nos ha dicho Noam Chomsky, y la misin del intelectual contemporneo debera pasar siempre por este desafo a su inteligencia y a su perseverancia. Vivimos en un mundo viejo que se nos manifiesta como nuevo. Somos parte de la gran paradoja. Y para explicar este mundo, es prerrequisito vivirlo con intensidad, como alguna vez nos advirtiera el gran novelista y pensador cubano Alejo Carpentier, cuyo ejemplo de fidelidad a la cultura de los pueblos de Amrica an est a la espera de mejores estudios. Si sabemos que el arte no es propaganda, eso significa que tal especificidad no puede ser soslayada ni instrumentalizada desde el poder o la poltica. La mejor contribucin de un artista a su pueblo es, precisamente, el aporte inestimable de su obra.

Rechazas, pues, la nocin del arte por el arte?
La idea peregrina de vivir incontaminado en una torre de marfil que, por otra parte, siempre ha sido un punto de vista decadente y reaccionario, ha sido superada por la prctica y por la historia universal de la cultura. Los puristas tienen poco que hacer cuando se sabe que el mismo da en que tuvo lugar el despreciable ataque al World Trade Center en Nueva York, donde murieron ms de tres mil ciudadanos indefensos, en el Sur del mundo fallecan diez veces ms nios por inanicin y enfermedades prevenibles. De estos ltimos, ahora que acaba de transcurrir septiembre, casi nadie habla, mientras que de aquellos, inocentes tambin, sabemos poco menos que todo. Definitivamente, Manuel, vivimos en una poca tan ideologizada, pero tan ideologizada, que hasta el olvido es culpable. Y a quienes hemos convertido el trabajo intelectual en un oficio, entre otros deberes, nos tocara no perder la memoria.


 



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