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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2007

Carta abierta a Jos Luis Rodrguez Zapatero

Iaki Errazkin
Insurgente


Si de verdad desea pasar a los libros de Historia como el estadista que consigui acallar las armas y gobernar en buena hora durante la prximas legislaturas, no centre su poltica en las decisiones de ETA

Excelentsimo seor don Jos Luis Rodrguez Zapatero: Soy Iaki Errazkin, un ciudadano vasco de los muchos que, por un motivo u otro, viven alejados geogrficamente de Euskal Herria. En mi caso, fueron una conjuncin de causas econmicas y cardacas las que me llevaron a afincarme en Andaluca. Buen pueblo. Buena gente. Aqu sobrevivo ejerciendo mi profesin de periodista. Aqu como, aqu duermo, aqu amo, aqu pienso, aqu escribo...

Hoy me dirijo a usted, seor Rodrguez Zapatero, porque, tras el ltimo comunicado de ETA, toca -vuelve a tocar- hablar de mi querido Pas Vasco, y de las lisis y crisis del proceso de paz por cuyo buen final algunos hemos apostado y al que, al menos yo, no pienso renunciar mientras mi corazn siga latiendo.

Le escribo, deca, porque he ledo una declaracin suya sobre el tema que nos ocupa en la que usted asegura que ha hecho todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz. Y lo siento mucho, seor Presidente, pero no le creo.

No vea en m a un enemigo intransigente. Le adelanto que estudi interno en un colegio de los jesuitas y, consecuentemente, soy una de esas personas prcticas que, puestas en el trance de tener que deglutir sin remedio una dosis de excremento, prefiere ingerir la deposicin de un colibr a la de un elefante. No ser yo, pues, quien promueva su derrota, habida cuenta de la alternativa, pero, sin duda, usted comprender que tampoco le baile las aguas, aunque sean menores.

Digo que no le creo, seor Rodrguez Zapatero, porque si usted verdaderamente hubiese hecho todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz, el proceso no se habra interrumpido. Es as de sencillo.

Me hago cargo de las presiones que soporta y de las dificultades que tiene que vencer, pero es usted el primer ministro de un gobierno que, por definicin, gestiona los intereses del Estado y no es posible eximirle de sus responsabilidades polticas.

Usted lleg a la Presidencia como mal menor, gracias a una buena porcin de votos prestados por gentes de la izquierda espaola que vieron en su persona -y en su prometido buen talante- una herramienta en garanta con la que apear de su trono al ultraderechista Jos Mara Aznar, poltico belicista, autoritario, antiptico e indeseable como no ha habido otro en la historia de Espaa desde su creacin a sangre y fuego.

Reconozco que arrib usted a La Moncloa con una energa envidiable, llegando a ilusionar, incluso, a ms de un contribuyente escptico y descredo. Su pro- grama, sin ser radical ni revolucionario, era paliativo, al mejor estilo de la socialdemocracia europea. Qu le voy a contar que usted no sepa! Se trata de endulzar la amarga pldora del capitalismo mitigando sus perniciosos efectos hasta hacerlos ms o menos llevaderos. Excipiente se llama la figura.

Desgraciadamente, ni su corazn ni su cerebro funcionan con bateras alcalinas y se vino usted abajo bastante antes que el conejito del anuncio. Debe de ser deprimente saberse un presidente de baja intensidad, incapaz de mantenerse a la altura de las circunstancias. La oposicin, externa e interna, lo ha transmutado en un toro picado, desproveyndolo de su inicial entusiasmo y arrinconndolo en las tablas del circo nacional a la espera de recibir la puntilla electoral.

Por eso le digo que no le creo, seor Presidente, cuando usted afirma que ha hecho todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz. Concedindole el beneficio de la duda, voy a suponer que ha cometido usted la ingenuidad de considerar factible la gestin simultnea de los intereses del Estado y de los pueblos que ste constrie. Si hubiera sido as, ya va siendo hora de descender del guindo.

An tiene unos meses por delante para reflexionar y actuar en consecuencia. Si de verdad desea pasar a los libros de Historia como el estadista que consigui acallar las armas y gobernar en buena hora durante las prximas legislaturas, no centre su poltica en las decisiones de ETA. Limtese a obrar con justicia y con la autoridad que le confieren los votos recibidos, reconociendo los derechos de Euskal Herria pese a quien pese. Sea honesto y valiente. Cumpla sus compromisos y satisfaga las expectativas creadas. Ya ver cmo, entonces, ETA se disolver como un terrn de azcar en una taza de caf caliente.

Sin acritud.



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