Resulta doloroso vivir sabiendo que hay seres que sufren por caprichos patológicos de gente que tiene la
fuerza bruta como única argumentación válida. No hay discusión posible ni explicación verídica, hacen lo que
hacen porque lo quieren y listo.
Lo dicho no implica que no den argumentos, pero saben
que sabemos que son mentiras. No es difícil adivinar que me refiero a los EE UU y a su
“guerra” contra el terror.
El asunto que quiero analizar no es ése, sólo quiero
recordar su existencia e imaginar juntos cómo están viviendo los iraquíes y los
afganos. Agreguemos los presos en Guantánamo y en las cárceles clandestinas que
se han creado a lo ancho y largo del mundo. Agreguemos la humillación, la
matanza y la desesperanza del pueblo palestino.
Por supuesto que la lista de ataques a los Derechos
Humanos en este mundo pequeño habitado por gente la mayoría con mentalidad
pequeña y egoísta que provoca sufrimientos a otros seres humanos merecería mucho
más espacio, pero al menos remarcamos su existencia para ir al tema
central.
Usted sabe, amigo lector, que hoy los EE UU hacen lo que
quieren junto con su aliado Israel. Decretaron que el Derecho Internacional no
se les aplica, que las Resoluciones de la ONU no se le aplican a Israel y que
pueden atacar a quién quieran y cuando quieran.
Eso es muy grave. Acá en Paraguay tenemos el acuífero
Guaraní [1, 2], que dentro de pocos años tendrá más
valor estratégico que el petróleo. Ya hay tropas estadounidenses acá, “aplicando
vacunas” y “ayudando” a la población con médicos y dentistas y, sobre todo, con
una base aérea militar a pocos kilómetros de Asunción (en Mcal. Estigarribia) perfectamente
mantenida para operar cuando se les antoje.
No soy egoísta y pienso también en ustedes. El acuífero
se extiende también a Brasil, Uruguay y Argentina, aunque en Paraguay tiene la
principal área de recarga. Cada país tiene algún “juguete” que los chicos malos
alguna vez pueden desear. En pocas palabras, los EE UU hoy son un peligro enorme
para toda la humanidad.
¿Existe alguien que los pueda poner en su lugar? No,
efectivamente, nadie puede hacerlo. Pero ¡Alto ahí! ¿Alguien podría haberlo
intentado?
¿Alguien podría haberlo puesto en evidencia ente la
comunidad internacional con un escándalo mayúsculo?
Sí, existió la posibilidad, pero la persona que podría
haberlo hecho es un cobarde.
Me refiero a Benedicto XVI.
Sólo bastaba que el Vaticano emitiese un comunicado con
el siguiente tenor:
El Papa se entrevistó con Bush
y le exigió que les explicase, a él y al mundo:
¿Por qué no se retira de Iraq siendo que no encontró
armas de destrucción masiva y que el pueblo estás siendo asesinado, torturado,
desplazado de sus hogares, con los servicios básicos deteriorados y al borde de
una guerra civil entre facciones islámicas que ustedes provocaron, ya que antes
no había matanzas entre chiíes y suníes y que el argumento que ahora esgrime es
la ridiculez de que les están llevando la democracia?
Explíqueme, Sr. Bush, soy el
representante de Dios en la tierra por lo menos para algunos millones de
creyentes y eso me da una autoridad moral para exigirle que me responda de
manera veraz y convincente.
¿Por qué tiene detenidos a seres humanos hechos a imagen y
semejanza de Dios en Guantánamo y otras cárceles desparramadas por el mundo, sin
ningún derecho ni los mínimos fijados por las convenciones de Ginebra?
¡Explíqueme, por favor, cómo se atrevió a enjaular niños de 12 años y torturarlos,
como confirmó la Cruz Roja
Internacional en 2003!
Si sus respuestas no me satisficieren, le ordenaré, Sr.
Bush, en nombre de Dios Todopoderoso, del cuál soy el
representante en la tierra, que se retire de Iraq, que se retire de Afganistán,
que cierre Guantánamo y las cárceles ilegales. Le exijo que haga cumplir punto por punto a sus
aliados israelíes las 65 Resoluciones del Consejo de Seguridad
que no están cumpliendo y que indemnicen como corresponde a los palestinos
afectados por las Resoluciones no cumplidas.
Yo me imagino el clamor mundial que hubiese causado y
estoy más que seguro de que algún efecto contundente hubiera tenido.
Pero faltaron agallas, el curita las tiene para condenar la
Teología de la Liberación, el intento de muchos valientes patriotas de
empezar a mejorar la vida de esta mísera América Latina, que siempre
fue explotada, expoliada y lo sigue siendo. Lástima, Benedicto, con tu
prédica reaccionaria y cobarde te quedarás solito y aburrido en el
Vaticano, si no es que al texano se le ocurre robarse las esculturas de
Miguel Ángel y de Botichelli, si no quiere apropiarse de los frescos de
la Capilla Sixtina. Benedicto, ¡qué tristeza! … ¡qué pesadumbre! Tu
Dios debe haber caído en una profunda depresión.
Que Dios te perdone, curita cobarde.
Notas
[1] http://www.prodiversitas.bioetica.org/des47.htm
[2] http://www.rel-uita.org/agricultura/ambiente/agua/acuifero/home.htm
Fuente: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=2958&lg=es
Guillermo F.
Parodi es escritor, profesor universitario, miembro del Observatorio
Internacional de la
Deuda y de los colectivos de Rebelión, Cubadebate y
Tlaxcala, la red de
traductores por la diversidad lingüística.