Porque siempre lo humano prevalece es que, a veces, la tierra pesa más que el cielo y andamos, cuando andamos, de prosaicos, desprovistos de cultos y quimeras y sin poder albergar siquiera un asomo de optimismo, de soplo redentor o lo que sea, que nos permita creer en la esperanza. Vamos, cuando vamos, de costado, resoplando las dudas y los miedos, recelando las voces y los tiempos, doblados de tanto escudriñar el suelo y sabiendo que, en el fondo, la verdad sólo nos vuelve presos y que es, precisamente, la mentira, la impune crónica diaria de vilezas absueltas, la repetida náusea de asistir a la misma canalla desvergüenza, la que nos deja libres y, a veces, millonarios.
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