Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2007

Una conversacin con Miguel Nez sobre Manuel Sacristn
Con maleta de doble fondo

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Miguel Nez, dirigente histrico del PSUC y del PCE, con torturas y largos aos en crceles franquistas a sus espaldas, tuvo la amabilidad de responderme, en octubre de 1997, a un cuestionario sobre su relacin poltica y personal con Manuel Sacristn. La entrevista ha permanecido indita hasta ahora. Aos ms tarde, en 2005, Nez respondi tambin amablemente cuando solicitamos entrevistarle para Integral Sacristn, el con junto de documentales dirigidos por Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2006).

De Miguel Nez puede verse: La revolucin y el deseo. Memorias. Pennsula, Barcelona, 2002, edicin de Elena Garca Snchez, con prlogos de Manuel Vzquez Montalbn y Luis Goytisolo.

*

 

Usted conoci a Sacristn en 1956 y fue su responsable poltico en el PSUC durante unos aos

Efectivamente, conoc a Manolo Sacristn en 1956. Me explic que haba regresado de estudiar en Alemania y que haba pasado por Francia. All le dijeron que la organizacin clandestina del Partido le buscara en Barcelona. Yo fui ese contacto. Ellos le haban facilitado una consigna para una cita conmigo.

Cuando nos vimos, enseguida me dijo que haba sido oficial de milicia del ejrcito franquista como universitario, que haba militado en Falange, e incluso me habl de amigos suyos falangistas que eran excelentes personas, pero que, claro, l se haba dado cuenta finalmente de la situacin.

Vi que vena muy influenciado por el marxismo, dominndolo mucho, al menos tericamente. El marxismo le haba ilusionado. Adems, como era muy trabajador, me empez a hablar de un montn de libros que yo no haba ledo, excepto alguno de ellos. En cambio l, los conoca todos.

Me caus tambin una extraordinaria impresin su gran preparacin poltica.


Qu recuerda de aquellos primeros contactos?

Una ancdota que creo muy significativa. Como dije, desde Francia me informaron de que un joven profesor universitario haba pasado por Pars, haba contactado con la organizacin y se haba trado una maleta de doble fondo fue Jos Gros quien se la facilit- con propaganda comunista de la poca, Mundo Obrero, Treball y algunos folletos de intervencin poltica.

Hice algunas gestiones para dar con l. Creo que lo consegu por mediacin de un editor amigo. Cuando nos vimos, le pregunt por los materiales de la maleta. Manolo me cont que haba decidido repartirlos l mismo para que no perdieran actualidad y durante varios das, a primeras horas de la maana, a primersimas horas ms bien, l haba ido a las puertas de las fbricas de la zona industrial de Poble Nou en Barcelona y haba entregado en mano el material del Partido a los trabajadores de esa antigua zona fabril. Lo reparti todo, no quedaba nada por repartir. Tpico de Manolo Sacristn! Afortunadamente no se produjo ningn percance.

Era admirable. Eso si, Sacristn tenda a mitificar a la gente obrera. No se comportaba del mismo modo con los intelectuales.


Cmo fueron sus primeros aos de militancia?

Enseguida empez a trabajar en la Universidad, creo que como profesor ayudante, y desde el primer momento actu como un decidido propagandista y organizador, aunque, por lo que me han contado diversas personas, no hiciera nunca proselitismo poltico en sus clases como errneamente a veces se ha comentado.

Yo segua manteniendo el contacto con l y por su mediacin fuimos creando grupos de estudiantes que se interesaban por el marxismo, que se queran comprometer en la lucha antifranquista, y estableciendo tambin relaciones con otros profesores de la Universidad.

La principal tarea de Manolo era, en aquellos momentos, las charlas, las conversaciones algo informales, pero muy tiles, con estudiantes y algunos profesores y el pasar de mano en mano libros marxistas que l ya tena o que yo le iba proporcionando.

Muy pronto sus charlas, ms que clases, tuvieron un gran eco y a ellas acudan no slo los alumnos de su materia, sino otros muchos de diferentes disciplinas pero que se interesaban por los planteamientos filosficos y polticos de Manolo.


Por qu fue tan importante como se ha dicho su incorporacin al Partido?

Porque entonces ramos muy pocos, por su altura intelectual y por su entrega.

Adems, con su ejemplo se demostraba que los hijos de los vencedores se podan situar al lado de la democracia. La poltica de la reconciliacin nacional del partido iba en esa direccin. Adems, Sacristn se convirti en un polo de atraccin: rigurosidad, valenta. Tena adems vocacin de enseante, se esforzaba siempre en explicar las cosas.

Nuestro movimiento necesitaba figuras. Yo no tena la talla intelectual adecuada y era muy clandestino en esos momentos. Una persona que deslumbra produce una atraccin extraordinaria. No hay duda de que uno de los polos principales de reclutamiento de militantes para el partido fue Sacristn. Teniendo esa gran influencia, tuvo una gran habilidad para conocer y destacar gente. Pienso, por ejemplo, en Francisco Fernndez Buey, en Octavi Pellisa, en verdaderos valores del Partido.

En fin, Manolo construy un armazn de la inteligencia del PSUC alrededor de nuestros planteamientos. Tuvo una enorme influencia.

Adems, era un minucioso conocedor de las normas del partido y las aplicaba escrupulosamente. Se las tomaba en serio, vamos.


Y usted pudo asistir a algunas de esas charlas de las que hablaba?

S, pude hacerlo. Asist a algunas de esas conferencias y eran un verdadero espectculo. Con el tiempo he pensando que, mirado objetivamente, la labor acadmica de Manolo era uno de los principales focos de trabajo del PSUC por el enorme prestigio que l tena.

Eso s, empezaron muy pronto los inconvenientes con otros profesores reaccionarios y seguramente con algunas policas de la brigada poltico-social infiltrados entre los estudiantes. Fueron en aquellos aos, finales de los cincuenta, cuando se formaron las primeras clulas universitarias del partido.

Manolo, junto con otros amigos y compaeros suyos, inici una labor de organizacin. Se fue dando forma a un comit de estudiantes del PSUC y a un comit de intelectuales que diriga el propio Manolo, en los que se agrupaban jvenes que, como le deca, posteriormente, han sido y son personalidades reconocidas en Catalunya y Espaa por su vala.


Tuvieron ustedes alguna discusin en aquel perodo?

Algunas y, sobre todo, en otras pocas. Sacristn fallaba un poco, en mi opinin, porque ideologizaba toda la poltica de un modo muy radical. Luego, creo, fue cambiando.

Recuerdo que un da discutimos y que yo me enfad mucho. Le llegu a decir: Mira Manolo eres un analfabeto poltico. Se qued parado, y luego me dijo: Saltor -ese era mi nombre de guerra entonces- me parece que tienes razn. Y eso, claro est, le llevaba a ver cmo corregir esa supuesta incompetencia.

Adems, para l, no se poda separar el comportamiento personal del poltico. Creo que ha sido demasiado exigente consigo mismo, sobre todo consigo mismo, y tambin con los dems. En nuestra sociedad eso no es posible. l fue muy criticado e incomprendido por gentes que se comprometan en un 40%, digamos, con la lucha, con las ideas del partido.

Para decirlo en pocas palabras, la diferencia entre nosotros en algunos momentos fue la siguiente: yo deca venga ese 40% de entrega; en cambio l exiga un cumplimiento total de todas las cosas.

Insisto, eran aos de dura lucha clandestina. La gente se la jugaba comprometindose.


Pero se poda discutir con l? Admita las crticas?

Cuando alguien le hacia frente, lo digo por propia experiencia, cuando se discuta con l, te obligaba a ponerse al nivel de discusin adecuado.

Claro que aceptaba el debate. Y mereca la pena. Yo le combat polticamente en varias ocasiones. Pero vali siempre la pena.


Usted ha comentado en algunas ocasiones, como acaba de decir, que Sacristn era muy exigente en la actividad poltica. Se ha comentado tambin que tena poca cintura poltica, que Sacristn era poco flexible.

l exiga un cumplimiento total, pleno, de todas las tareas. Eso le llevaba, por un lado, a tener actitudes injustas. Creo que l, verdaderamente, fue injusto con mucha gente a causa de ello, porque les ha juzgado. En lugar de comprender, juzgaba a la gente. Hace mucho tiempo que yo he aprendido que es ms importante comprender que juzgar, y l juzgaba, siempre juzgaba.

Eso s, juzgaba con elementos de juicio, con criterio, con argumentos que no eran tonteras, pero al mismo tiempo olvidaba aspectos y perspectivas diferentes en sus anlisis. Creo que a veces no tena en cuenta las condiciones en que se producan esas cosas, esos comportamientos.

l tuvo mucha influencia, y podra haber tenido mucha ms, si hubiera sido, cmo podemos decirlo, ms flexible, ms comprensivo. Ha podido ser injusto, pues, sobre esa base, sobre la consideracin que estoy realizando, sobre la falta de flexibilidad para comprender algunas actuaciones, pero no, desde luego, sobre la base de los principios.


En cuanto a su comportamiento militante. Cmo era Sacristn?

Leal, l era tambin muy leal. Es decir, si en algn documento del partido haban cosas que no le gustaban, enseguida lo pona sobre la mesa y lo discuta. No se quedaba nada en el tintero, no esconda sus posiciones por quedar bien. Pero generalmente, en aquellos aos, en sus primeros aos de militancia, estbamos siempre de acuerdo. Sacristn era un minucioso conocedor y ejecutor de las orientaciones del partido. Lo haca muy bien.


De hecho, l form parte de la direccin del Partido.

Manolo pas a formar parte de la direccin del PSUC en el interior y ms tarde se integr en el comit central, elegido en el I Congreso. Durante este perodo, su trabajo fue muy intenso y valioso siempre; en mi opinin, como ya he insinuado, ms acertado en lo ideolgico que en lo poltico. Para m, su honradez era cualidad esencial en l de tal manera que cualquier debate, por dura -y a veces testaruda- que fuese su opinin, si los argumentos que le contradecan le aclaraban el tema, nunca tena la menor duda en reconocer su error. Y eso, sin duda, es una virtud, y una virtud, adems, poco frecuente en aquellos aos, e incluso ahora.

Sacristn era capaz de rectificar ante argumentos esgrimidos por camaradas que eran trabajadores con escasa formacin cultural y eso, para m, es un gran cualidad en un intelectual de su talla.


Lleg usted a conocer a su primera compaera, a la hispanista Giulia Adinolfi?

Conoc a su compaera Giulia Adinolfi poco tiempo despus que ella llegase a Barcelona. Nos vimos ella, Manolo y yo, en un caf de la parte alta de Barcelona. No lo he olvidado nunca. Me caus excelente impresin.

Tengo una ancdota de aquel encuentro. La ingenuidad y la conviccin poltica de Giulia la llevaron a sacar de su bolso, mientras charlbamos, con toda naturalidad, el carn del Partido Comunista Italiano (PCI ) y a proponerme que se lo cambiara por el carn del PSUC!. Formaban, no hay duda, una pareja estupenda.

Ms tarde, no tuve rato frecuente con ella, pero siempre la consider como una mujer valiosa y decidida. Sacristn y Giulia eran una pareja muy particular: inconformistas, inadaptados, con sus propias ideas, con sus propias concepciones de las cosas.

Particip Sacristn en las publicaciones del partido?

Son conocidas, y reconocidas, sus colaboraciones en Nuestras Ideas, Realidad, Horitzons, Nous Hortizons, Quaderns de cultura catalana.

En aquellos aos en que nos conocimos, se publicaba Cultura catalana, una revista de orientacin nacionalista contraria a la dictadura. En 1954 empez a publicarse Cultura Nacional, en la que ya colaboraron intelectuales del PSUC, del partido. Recuerdo haber discutido con l sobre esta publicacin y sobre su colaboracin en ella. Pero no s si, finalmente, lleg a escribir. S que poco despus se publicaron los Quaderns, y Horitzons un poco ms tarde.


Creo que Sacristn hizo un regalo a su hija en aquellos aos, su traduccin de El Banquete de Platn.

Efectivamente, ella lo conserva an. Mi hija Estrella conserva el librito que le regal Manolo con la siguiente dedicatoria de su puo y letra: Para la hija de Pepe y Peque, a la que llamaremos provisionalmente Pequepepita (cuando llegue a los quince aos).

Estrella tena entonces alrededor de nueve aos. El libro titulado, como usted ha dicho, El Banquete de Platn, dice: Prlogo, traduccin, notas y vocabulario de Manuel Sacristn Luzn. Impreso por editorial Fama, Barcelona, 1956.

El libro tiene dos notas. En una dice Estn corregidas las erratas. Y en la otra El libro barato espaol no tiene derecho a no tener erratas. Magnfica expresin del humor, siempre intencionado, de Manolo. La dedicatoria firmada por Manolo lleva la fecha del 30 de noviembre de 1956.

Mi hija ha conservado este libro con todo cario y devocin, por lo que ahora me ayuda a recordar


Hay gentes que dicen tambin que Sacristn era demasiado serio en la accin poltica, que no tena sentido del humor.

Lo pareca, pareca que no lo tena, pero s que lo tena. Cuando discutamos a m a veces me deca. Lo siento, eso no est en los libros. No puedo decirte ms.

Me parta de risa, nos partamos de risa.


Despus de la detencin de Gabriel Ferrater por miembros de la Brigada poltico-social creyndole autor del artculo publicado en una revista terica del PCE (Nuestras ideas, n 1, mayo-junio 1957, pp. 85-90), Sacristn se entreg a la polica. El artculo, como usted recordar, llevaba por ttulo Humanismo marxista en la Ora martima de Rafael Alberti y apareci impreso con la firma V. F. y fue en el ndice de la revista donde apareca como autor Vctor Ferrater. Qu recuerda del comportamiento de Sacristn en aquellos momentos?

Sobre la conocida ancdota de que Manolo se presentase en la Va Laietana, donde estaba, no se olvide, la Jefatura Superior de Polica, reconocindose autor del artculo publicado en Nuestras Ideas y firmado como V. Ferrater y declarndose igualmente marxista-leninista, tengo mi propia opinin. No s si los que han emitido juicios negativos contra l, tienen conocimiento de cosas que yo desconozco.

Para m, la cuestin, siendo aparentemente incomprensible, es comprensible en la formacin que entonces, estamos en 1957, tena Manolo: cruce de valores falangistas como honor y lealtad y su sentido de responsabilidad de no consentir que otro pagase por l.

Manolo, creo yo, actu con un impulso moral ms all de cualquier otra reflexin.


Impulso moral? Cmo debera haber actuado entonces desde un punto de vista ms poltico?

Sacristn se olvid de que era un dirigente poltico clandestino y de que se deba a la organizacin y sali, sin ms, para liberar al inocente. Adems, creo yo, estoy seguro vamos, Manolo no se plante que l pudiera poner en peligro a la organizacin, porque l estaba seguro de que, llegado el caso, no le arrancaran ni una palabra contra ningn camarada. Si se comprometa por una persona, que no era un camarada del partido, jams entr en su consideracin, cmo iba a comprometer a otros, a los camaradas?

Conocindole, as interpret yo las cosas en aquel momento. Cuando, tomando las sabidas precauciones, pudimos vernos, l reconoci que su noble comportamiento haba podido poner en peligro a la organizacin.

Pens entonces, pienso ahora que, tal vez, su manera de actuar fue tan inslita que la polica le consider ms bien un marxista-leninista terico, no pens que fuera un militante comunista organizado. No s si otras personas tendrn otros datos que modifiquen mi criterio.


Y en cuanto a la peticin de militancia de Jaime Gil de Biedma en el PSUC?

El tema no fue la homosexualidad como se ha dicho. El tema principal era sentir o no segura a una persona que quera militar en un partido clandestino, que se la jugaba permanentemente. En el caso de una persona homosexual, el riesgo era doble, como militante y por su orientacin sexual, que entonces, como es sabido, era muy perseguida en Espaa.

Mi impresin es que, adems, en el caso de Gil de Biedma, a quien creo que admiraba como poeta, contaba su trabajo en Tabacos de Filipinas.


Volvieron a verse cuando usted sali de la crcel a finales de los aos sesenta?

Cuando sal de la crcel a finales del 68, l ya estaba en otras posiciones. Sigui jugando un papel intelectual muy importante a la contra, con razn o sin ella. Estuvo adems su posicin en el caso de la invasin de Praga que fue muy valiente y decidida.


Aos ms tarde, Sacristn se separ de la direccin del partido y ms tarde de la misma organizacin.

El no situarse en el terreno de juego de la poltica, del compromiso y del consenso, llev a Sacristn a una posicin de enfrentamiento con la lnea del Partido.

Sacristn critic la posicin del partido en la transicin. Con razones, lo admito. El nico punto en el que seguramente no tena razn es que no haba fuerzas para hacerlo de todo modo. Simplemente, la correlacin de fuerzas no permita seguir por el camino que a l, y a muchos, nos hubiera gustado.

Pero, posiblemente, el juicio adecuado de lo que poda haber sido y no fue, lo tenan l y algunas gentes que pensaban como l.



Notas.

Publiqu en El viejo de topo, marzo 2003, n 176-177, pp. 120-121, una resea del libro de memorias de Miguel Nez, La revolucin y el deseo. Memorias, anteriormente referenciado, con el ttulo: Unas memorias, una presentacin y un curioso prlogo. Es sta:

Me atrevo a sugerir iniciar la lectura de La revolucin y el deseo (o, si se prefiere, el deseo de revolucin) por los dos anexos finales. En el primero de ellos, Nez ha recogido su intervencin en el acto de presentacin de Asalto a los cielos, de Irene Falcn, la colaboradora -que no secretaria, como apunta Nez- de Dolores Ibrruri. Aqu, el autor sintetiza sus actuales posiciones polticas bsicas: denuncia sentida dolorosamente de las miserias, dureza y comportamientos poco compasivos, y no siempre comprensibles, del comunismo hispnico e internacional, vindicacin de los principios bsicos ilustrados, no sectarios y anticapitalistas de la tradicin enrojecida y llamamiento explcito a la actitud crtica, permanente y antiservil como atributo esencial de la militancia en todos los contextos e instituciones, incluida las propias en primer lugar.

Dado que la narracin no es lineal, el breve y til anexo II que ha trazado la editora -dudo que la admirable modestia de Nez le haya permitido esta nota-, donde se ha dibujado cronolgica y sucintamente los principales avatares poltico-histricos del autor, es de ayuda inestimable para seguir cmodamente lo narrado. Nacido en 1920, Nez Gonzlez combati en la guerra civil (quinta del bibern), se afili al Partido Comunista de Espaa (mejor en Espaa), fue responsable poltico de la organizacin guerrillera del partido y, en la clandestinidad, fue uno, entre pocos ms, de los artfices de la reconstruccin del PSU de Catalunya (mucho mejor: en Catalunya). En medio, condena en las prisiones de Atocha (prisin convento), Yeseras, Ocaa, Aranjuez, Prisin Celular (Modelo (!)) de Barcelona y, finalmente, desde 1959 hasta 1967, en la prisin central de Burgos de cuyo comit de prisin form parte. En total, unos 14 aos de crcel (la sexta parte, hasta ahora, de una vida que sigue activa, muy activa), con torturas y comportamiento ejemplar y modlico para generaciones de comunistas y prximos. Sabido esto, recordar que no hay intencin alguna de concelebrar comunitariamente, como fiesta de la ciudadana democrtica, el da del combatiente antifranquista, y que esa merecida jornada pueda ser el 14 de abril o el 16 de febrero, por ejemplo, y, que en cambio, el da en que un Papa, Po XI (por cierto, tan reaccionario como su siguiente nominal), edit una bula en la que declaraba, por dogma acrtico de fe, libre de pecado original a la esposa del carpintero Jos, sea, en cambio, fiesta de obligado e inamovible cumplimiento en un Estado laico, es prueba apodctica, y casi inapelable, no slo de una injusticia alfica sino de una curiosa, aunque no nica, aportacin hispnica a la barbarie civilizatoria.

La revolucin y el deseo (RD) est estructurado en siete apartados: 1. Races (infancia y juventud de Nez); 2. La guerra civil; 3. La victoria franquista (con especial atencin a la represin inmediata a la guerra); 4. Las crceles; V. La resistencia a la dictadura; VI. La legalizacin y VII. La cooperacin solidaria: 1982-2002. Los recuerdos, como se sabe, suelen transcurrir por escenarios subjetivos y no exhaustivos y, como ya apunt Borges, la memoria humana no suele acuar moneda alguna, ni la propia. Por ello, se pueden encontrar algunos extraos olvidos (o incluso erratas) en estas memorias y se puede discrepar de algunas de las consideraciones de Nez. As, por ejemplo, apenas hay noticias sobre lo que los comunistas espaoles pensaron sobre las invasiones de Hungra y Praga o sobre el mayo parisino, las varias crisis internas del PCE-PSUC son descritas con excesiva cautela (por ejemplo, la de Claudn, Semprn y Vicens), la posicin poltica del autor es discutible, y muy concreta, en algunos puntos (por ejemplo, cuando se refiere a lo acontecido en el V Congreso del PSUC o al supuesto intento de superacin de las diferencias en el VI), su percepcin de la transicin poltica es sin duda singular (Poda hacer sido el cambio de otra forma? Quizs no..., p. 324); lo apuntado sobre la actuacin del PSUC en el caso de Puig Antich es conjetural, con riesgo de alta tensin; no hay apenas noticias (aparte de lo apuntado en el anexo I) de lo que signific la desintegracin de la URSS y la cada del muro, pero, por una parte, justo es reconocer que de todo no se puede hablar y, por otra, que algunos otros pasos compensan con creces posibles desacuerdos. Por ejemplo, lo sealado sobre Fraga y el 23-F (p.336), su aproximacin a Miguel Hernndez (pp.146-147), pero, sobre todo y especialmente, el pulso irnico, veraz y sabiamente modesto con que Nez narra sus propias e impresionantes vicisitudes derrumban cualquier arista crtica o discordante. Donde algunos hubieran filmado, a cmara impdicamente lenta, con plano fijo y Rquiem de Mozart para impresionar al lector, l ha tenido la gentileza de hacerlo con la rapidez, la irona y, en ocasiones, rabia contenida del Wilder de Primera plana. El lector debera agradecer su eleccin, aunque, como suele ocurrir, uno pueda extralimitarse en alguna escena.

RD, en sntesis, puede ayudar y ayuda a la construccin de la permanentemente revisable (que no revisionista) verdad histrica sobre nuestro pasado prximo. Si como Machado peda, y Montalbn recuerda, lo que importa es buscar la verdad, no la de cada uno, no se ve como conseguir aqulla sino es a partir de las subjetividades parcialmente veraces y sopesadas de cada uno.

En contra de lo que suele ocurrir con los prlogos de ocasin, las pginas de presentacin de Vzquez Montalbn (Nosotros los comunistas, pp. 9-22) merecen lectura atenta y producen efectos gratificantes, con aguda reflexin sobre el voluntarismo de los combatientes antifranquistas y el perverso cuento de una transicin inspirada por un rey bueno y ejecutada por un valido sagaz. A este prlogo, se aade, digmoslo as, una breve nota de Luis Goytisolo (pp. 23-24). El deseo de que una revolucin adrenalnica no altere las constantes vitales de lector me empuja a aconsejarles, sin atisbo alguna de censura, que, llana y simplemente, se lo salten. Si obran as se evitarn chocar (inelsticamente) con pasos tan sutiles como los siguientes: a) qu hubiera pasado en Espaa si, por haber discurrido las cosas exactamente al revs de como discurrieron, el PC hubiera llegado al poder?... al menos durante los aos que yo recuerdo -la segunda mitad del franquismo-, nadie en Espaa, salvo la direccin del Partido Comunista y la Direccin General de Seguridad [sic. algo as como la direccin de la gestapo o de la Dina chilena], crea que eso fue posible. Y los apoyos que hallaba el Partido Comunista se basaban en ese supuesto () (probablemente Goytisolo (Luis) generaliza aqu lo que acaso es propia y exclusiva percepcin), y b) (...) Pondr algunos ejemplos relacionados con personas y hechos que tambin yo he conocido. As, la imagen que ofrece de Manuel Sacristn, persona de trato difcil en la medida en que su inflexibilidad ideolgica iba unida a una preocupante ausencia de sentido de la realidad. Mejor juicio le merecemos los universitarios de la poca, y en especial Octavi Pellissa, con su irona socrtica, en el polo opuesto de Sacristn... El ataque de inmodestia apenas es un grano de sal si se compara con la indelicadsima oposicin Pellissa-Sacristn y con la absoluta contradiccin de lo apuntado y los pasos que Nez dedica a Sacristn (pp.256-257) que ni siquiera un deconstruccionista derridiano de ltima hornada podra leer de forma consistente con lo sealado por el prologuista: lo que el seor acadmico comenta de Sacristn es de cosecha propia, en absoluto atribuible a Nez. En sntesis y con nimo agotado: el admirado autor de Antgona y de Teora del conocimiento no tuvo su tarde-noche al escribir este nota. O tal vez s?

 

Igualmente, en El viejo topo de mayo de 2003, n 179, publiqu un comentario ms detallado sobre el prlogo de Goytisolo al libro de memorias de Nez con el ttulo El prlogo de un acadmico, que se iniciaba con un aforismo de Vicente Nez:No me interesa tu flecha, sino el sentido de tu flecha

Miguel Nez ha publicado recientemente unas memorias1 a las que ha sumado dos prlogos: uno, algo extenso e impecable de Vzquez Montalbn (Nosotros los comunistas); el otro, breve, muy breve, de Luis Goytisolo lleva por ttulo Mereci la pena tanto sacrificio? (pp. 23-24). Goytisolo construye la respuesta a su algo retrico interrogante en los siguientes puntos:

1. Sealando, en primer lugar, que la lectura de obras como la de Nez invitan a plantear cuestiones ajenas a la obra si tenemos en cuenta que su autor fue, junto con Gregorio Lpez Raimundo, uno de los dirigentes ms destacados del Partido Comunista en Barcelona durante los aos del franquismo. Como se ver, no se acaba de entender que las cuestiones planteadas sean ajenas a las memorias de Nez, pero, sin duda, puede haber aqu una errata de edicin (Pennsula no siempre cuida con el detalle suficiente sus publicaciones. Pinsese, por ejemplo, en su reciente xito El atizador de Wittgenstein). Pero, ms all o ms ac, por qu el autor habla del Partido Comunista en Barcelona? Probablemente, porque el trmino comunista puede producir humores desagradables en algunos lectores, que, en cambio, tal vez no produzca el nombre del partido del cual ambos fueron realmente dirigentes: el PSUC. Sin duda, el PSUC fue el partido de los comunistas catalanes (o, para decir con ms precisin, de parte sustancial de los comunistas catalanes y no catalanes) pero la eleccin nominal de Goytisolo, nos tememos, no es inintencionada. Aqu, el nombre de la rosa aproxima o aleja a la flor del rosal.

2. La primera de las preguntas formuladas por Goytisolo en su prlogo dice as: a la vista de la evolucin seguida por el partido comunista espaol y el hundimiento generalizado de los regmenes comunistas, mereci la pena tanto sacrificio?. Posicin LG: La respuesta no puede ser ms que afirmativa, toda vez que las decisiones, como la leyes, no tienen carcter retroactivo. Las decisiones se tomaron entonces, no ahora y de no haberse tomado, tal vez la situacin presente no sera la misma. En primer lugar, qu sentido tiene este tal vez? Es estricta prudencia epistmica o acaso afirmacin apuntada, aunque no creda, de que los aires democrticos de la historia hubieran empujado mgicamente por s mismos en la misma direccin?

Supongamos lo primero, esto es, que lo sealado aqu es sofisticado saber gnoseolgico de los complicados y sofisticados senderos de las ciencias sociales y del acontecer histrico. Entonces, por qu apelar a la retroactividad? Supongamos igualmente que, a diferencia de las leyes jurdicas, las decisiones pudieran serlo. Entonces qu? Cul sera entonces la actitud racional a la vista de lo acontecido? No haber combatido el franquismo en las filas y columnas de los partidos comunistas? Si hubiera sido as, hay alguna duda de que la oposicin hubiera sido testimonial en el, digamos, 99,999...% de los casos?.

3. La segunda pregunta tiene ms calado: Qu hubiera pasado en Espaa si, por haber discurrido las cosas exactamente al revs de como discurrieron, el Partido Comunista hubiera llegado al poder?. Debo confesar que por mucho que lo intento no logro entender qu puede significar la expresin haber discurrido las cosas exactamente al revs. No es bsico: problemas de mi neocrtex. Antes de contestar, LG seala que se trata de una pregunta que, formulada o no explcitamente, todo el mundo se ha hecho alguna vez. A qu mundo refiere todo el mundo? El lector/a se ha hecho, se hizo, alguna vez esa pregunta? Este comentarista, desde luego nunca, pero deben ser tambin problemas neuronales propios no transmisibles.

Lo interesante, en todo caso, es la respuesta a su interrogante del propio LG:

(...) lo cierto es que, al menos durante los aos que yo recuerdo -la segunda mitad del franquismo-, nadie en Espaa, salvo la direccin del Partido Comunista y la Direccin General de Seguridad, crea que eso fuese posible. Y los apoyos que hallaba el Partido Comunista se basaban en ese supuesto.

No estn precisados los lmites de lo que el autor entiende por perodo franquista pero supongamos, y sin duda es suponer mucho, que ese perodo abarca tan slo desde 1939 hasta 1975. La segunda mitad seran pues los aos 1957-1975. Cmo sabe LG que tan slo la direccin del PC y la DGS tenan la creencia de que el partido comunista hubiera podido llegar al poder? Que algunos miembros de la direccin del PC han confesado precisamente lo contrario es saber pblico, pero que LG hermane en el plano de las creencias a la direccin de ese partido con la DGS, que es algo as como la direccin de la Gestapo o de la DINA chilena, no es, desde luego, un regalo amable. Adems, sostener a estas alturas de la historia que la direccin de la represin policial del franquismo pens que el PC de los sesenta y setenta poda llegar al poder, se sobreentiende, va revolucionaria (no haba mecanismo democrtico alguno que permitiera una va distinta) es tan inverosmil como sostener que el ncleo duro de la oposicin al franquismo estaba situado en los salones de la Real Academia de la Lengua espaola.

4. LG seale, a continuacin, que el libro de Nez suscita estas reflexiones por su valor de testimonio directo en su enunciado y acertado en sus observaciones. Ilustra su afirmacin con algn ejemplo. El siguiente:

As, la imagen que ofrece de Manuel Sacristn, persona de trato difcil en la medida en que su inflexibilidad ideolgica iba unida a una preocupante ausencia de sentido de la realidad. Mejor juicio le merecemos los universitarios de la poca, y en especial Octavi Pellisa, con su irona socrtica, en el polo opuesto de Sacristn?.

Aunque dejemos pasar por alto la indelicada oposicin establecida por Goytisolo entre dos ausentes, por lo dems amigos (Pellisa-Sacristn), las cuestiones se agolpan. En primer lugar, qu puede significar la afirmacin de que Sacristn no gozaba del atributo de la irona socrtica? Qu entiende Goytisolo por irona socrtica? No es acaso la parte interrogativa del mtodo socrtico, alumbradora de la ignorancia previa y necesaria, previa a la mayutica? Si apunta hacia all, uno, que desde luego, es muy provinciano y limitado, no ha conocido a nadie, hasta la fecha, que gozara de ese atributo en mayor grado. Pero no es slo opinin marginal. Todo un conseller de Universidades, como Andreu Mas-Colell2, e igualmente todo un reconocido editor como Xavier Folch3 han sostenido tesis estrictamente similares. Sabido es que los argumentos de autoridad apenas tienen valor, pero mucho menos los testimonios imprudentes.

Est lo de la inflexibilidad ideolgica, pero, aqu, como es evidente, todo depende de donde uno se site. Si uno entiende por flexibilidad de ideas, la evolucin poltica seguida por el propio Goytisolo (y afines) entonces, sin duda, lo de Sacristn era inflexibilidad, pero si uno entiende por inflexibilidad, dogmatismo, falta de cintura, el defenderla y no enmendarla, la afirmacin no puede ser menos veraz. Baste con recordar que el inflexible y escasamente irnico socrtico Sacristn tena como aforismo de mesa de estudio la creencia de que todo pensamiento decente deba estar en crisis permanente, por lo que, preguntado por la ensima crisis del marxismo en los aos ochenta4, respondi sin atisbo de duda y con satisfaccin no contenida que por l poda durar todo el tiempo del mundo y algo ms.

No slo eso. Hay adems, algunas incorrecciones de lectura impropias de un acadmico de su talla. Cuando Goytisolo, en un ataque de inmodestia, sostiene que mejor juicio le merecen a Nez los universitarios de la poca, la afirmacin, si seguimos el texto de las Memorias, slo es vlida para el caso de Pellisa, pero en absoluto puede generalizarse (p. 257), a no ser que LG caiga en la ingenuidad de tomarse al pie de la letra lo de extraordinaria vala que, como es obvio, es una figura retrica de educado uso. Ms an: lo sostenido por Nez sobre Sacristn (pp.256-257) es, precisamente, un ejemplo de manual de un caso de negacin lgica: no- A, lo sostenido por LG, es la negacin de A, lo afirmado por Nez. Como es sabido, en casi todas las lgicas, divergentes o no, dos enunciados contradictorios no pueden ser veraces a un tiempo. Tan slo era concebible esa posibilidad en el Diamat, en la mal entendida y asignificativa lgica dialctica. Debe tratarse, por tanto, de algn resquicio no controlado del LG marxista-ortodoxo an presente en la cosmovisin del actual acadmico no-marxista Goytisolo.

5. Situar, como hace LG en su punto final de su prlogo, a Castellet, a Salvador Giner y a l mismo en la izquierda revolucionaria es, como mnimo, chocante y no s si del gusto de los citados. Sea como sea, es sabido que Castellet jams fue militante del PSUC.

Sostiene Goytisolo en este mismo apartado, que de los asistentes a unas conversaciones entre la izquierda laica y el progresismo catlico, al cabo de los aos, slo Alfonso Carlos Comn segua vinculado al PC. No es el caso. Tambin lo estaba Octavi Pellissa, al que cita. Lo de que Comn supo ver en el marxismo el mensaje evanglico y en Lpez Raimundo y Nez los representantes de ese mensaje (acaso sus profetas?), puede ser una maldad o una bondad, segn se lea. Lo de que Nosotros, en cambio, sus antagonistas en las conversaciones de La Garriga, ramos demasiado paganos para entregarnos a este tipo de consideraciones, refiere a un extrao paganismo que tuvo muchos contraejemplos en el arriesgado movimiento comunista de la poca.

6. Cabe aadir acaso algo ms sobre inflexibilidades y comportamientos. Francesc Vicens, como es sabido, fue expulsado del PSUC-PCE cuando la crisis Claudn-Semprn. Despus de dos aos de malvivir en Pars sin documentacin (l fue un sin papeles), decidi con riesgo controlado volver a Barcelona. La ciudad de los prodigios, y de la especulacin inmobiliaria, era entonces mucho ms abarcable que en la actualidad. En uno de sus paseos por el Eixample barcelons, Vicens se encontr con Sacristn. El autor de simples Panfletos y materiales no slo salud, con indisciplina militante y con cierto riesgo policial, al antiguo compaero de lucha, sino que le invit a cenar a su casa. Esa noche Vicens la guarda en su memoria con todo detalle y, desde mi modesto entender, con alguna incomprensin. Vicens no acepta el educado silencio de Sacristn ante su largo monlogo que dur hasta la maana siguiente ni tampoco la supuesta frialdad de una dedicatoria, por l solicitada, escrita en un libro (Lecturas I. Goethe, Heine) con el que Sacristn le obsequi: Ejemplar de Francesc Vicens. Manolo. Desconoce Vicens la antipata inconmensurable de Sacristn por las dedicatorias en general. He visto y tengo ejemplos (fotocopias) de ello. En ejemplares de su tesis (Las ideas gnoseolgicas de Heidegger) regalados a seres ntimos, y para l imprescindibles, puede leerse: MA NO LO. 60. No es plausible interpretar esta dedicatoria como muestra de frialdad emotiva; analgicamente tampoco la anterior puede ser interpretada de ese modo.

El silencio puede entenderse: Sacristn no quera polemizar con Vicens sobre una crisis que, sin duda, afect a lo que para l era decisivo, el movimiento real, las gentes combatiendo contra el franquismo, conflicto, por otra parte, sobre cuya resolucin tenan posiciones discordantes y, adems, no hay que olvidar, que por aquel entonces Sacristn segua siendo miembro activo (y activsimo) de la direccin ejecutiva del partido.

No importa. El inflexible Sacristn, el nada irnico Sacristn, el personaje de carcter difcil, que, desde luego, como todos, era polidrico y se equivocaba en ocasiones, salud, invit y recibi al compaero. Otros, y no pocos, no slo no saludaron a Vicens sino que, segn su propio y dolido testimonio, le rehuan como un apestado. Entre ellos, el admirable autor de Antgona y de Teora del conocimiento, pero no tan excelso autor del prlogo comentado que, en este caso, y como bastantes otros, ha tendido a ver una paja inexistente en el ojo izquierdo de Sacristn y, en cambio, se le ha pasado por alto una viga no menor en el propio.


(1) Nez, M (2002), La revolucin y el deseo, Barcelona, Pennsula.

(2) Lpez Arnal, S y De la Fuente, P (1996), Acerca de Manuel Sacristn, Barcelona, Destino, pp. 548-558.

(3) Lpez Arnal, S: Una conversacin con Xavier Folch. Recordando a Sacristn, El viejo Topo n 140, pginas 31-43.

(4) Una broma de entrevista!, Acerca de Manuel Sacristn, op. cit, p. 232.



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