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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2007

Sobre la libertad de expresin

Miguel Riera Montesinos
El Viejo Topo


En mis ocasionales y escasos viajes a Caracas en estos ltimos aos pude comprobar la grosera brutalidad con que algunas emisoras televisivas atacaban al gobierno de Hugo Chvez, y muy especialmente al presidente. No exagero: en la ahora clausurada RCTV vi como se referan reiteradamente a Chvez como el mico mandante, en una gracieta miserable que revela la baja catadura moral de quienes manejaban los programas y la direccin de la emisora. Otras veces, en esa emisora o en Globovisin, a alguien se le escapaba calificar al presidente de mono, loco, perturbado peligroso u otras lindezas semejantes.

Pero no se trataba slo de eso: la actividad de esas cadenas televisivas, en los horarios en los que yo poda contemplarlas, tena un nico objetivo: acabar con el gobierno bolivariano utilizando las consabidas armas de la agitacin y la propaganda.

Se supone que los medios de comunicacin estn al servicio de la verdad, y que su honestidad informativa est fuera de toda sospecha. En la prctica, eso nunca es as, y los medios, cada vez ms, hacen poltica. Eso pasa en todas partes, no tiene remedio. Pero una cosa es favorecer a determinadas formaciones polticas, incluso manipular partidariamente la verdad, y otra muy distinta llamar a la insurreccin, reclamar un golpe de estado, participar en los preparativos del golpe, mentir descaradamente una y otra vez, insultar reiteradamente a presidente y ministros, etc., etc., etc. Eso era lo que haca la RCTV venezolana, y lo sorprendente no es que no se le haya renovado la licencia; lo sorprendente es que se le haya permitido emitir en estos ltimos aos.

El gobierno de Jordi Pujol anunci, hace unos aos, la posibilidad de no renovacin de la COPE en Catalua. En esta revista, entonces, yo firm una columna rechazando esa medida, a pesar de ser la COPE una emisora odiosa, y a pesar de la acumulacin de mentiras que ya en aquellos aos la caracterizaba y que fueron la causa del amago de no renovacin. La libertad de expresin, en efecto, requiere cierta manga ancha, una mayor tolerancia que otras libertades. Pero de ah a permitir que se fomente el enfrentamiento civil media un buen trecho.

Los medios de comunicacin espaoles, como es habitual, slo han contado las cosas a medias. En general han ignorado el papel subversivo (que no crtico) que cumpla la emisora, as como los tiroteos y atentados que supuestos manifestantes por la libertad de expresin han cometido. Pecata minuta. Han resaltado, claro, las manifestaciones legtimas que contestaban el cierre de la emisora, pero no han puesto demasiado nfasis en informar sobre las multitudinarias manifestaciones de apoyo a la medida de no renovacin. Ya se sabe que consideran a Venezuela un pas totalitario, una dictadura, y de ese burro no hay quien les apee.

Para resumir, y para dejar las cosas claras: seores y seoras, queridos lectores, yo tambin hubiera cerrado la emisora. Yo, y cualquier gobierno de cualquier pas civilizado. Yo y cualquier gobierno democrtico.

Porque en algn momento, alguien tiene que decir basta.



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