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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2007

Discurso pronunciado en un concierto en Rostock el 3 de junio, en el contexto de las protestas contra el G8.
Nuestro Lugar, Nuestro Tiempo

John Holloway
Rebelin


Nuestro lugar. Este es nuestro lugar. No suyo, nuestro. El nuestro es un espacio sin fronteras, sin definiciones. Ellos tienen su propio lugar, ah, detrs de las vallas metlicas, del alambre de pas, cercado por miles de policas. Ah est el lugar para los asesinos masivos, en la crcel que nosotras y nosotros hemos creado para ellos. Los lderes polticos del mundo se mueven solamente cuando estn cercados de policas y guardaespaldas, detrs de vallas altas, protegidos por armas y helicpteros. No se pueden mover libremente porque nos tienen miedo.

Nuestro tiempo. Este es nuestro tiempo. No suyo, nuestro. Un tiempo de intensidad, un tiempo de pasin, un tiempo de sueos, un tiempo de romper el tiempo. Un tiempo en l que negamos toda continuidad, un tiempo para hacer un mundo nuevo. Bailaremos hasta el alba y ms all si queremos. El tiempo de ellos es el tiempo del reloj que marca los segundos de la muerte, el tiempo de la continuidad que dice obedece hoy, obedece maana. Su tiempo es la agenda de su plan para la destruccin de la humanidad.

Nuestra msica, nuestro baile. Esta es nuestra msica, este es nuestro baile. No suyo, nuestro. Ellos no tienen msica, la nica msica que conocen es la msica que ponen fuerte para ahogar los gritos de las personas que estn torturando en Guantnamo y los campos de concentracin en todo el mundo. El nico baile que conocen es la marcha de sus soldados que pisotean el mundo.

Nuestro lugar, nuestro tiempo, nuestra msica, nuestro baile. Somos el centro del mundo.

Es importante tener esto presente. Sobre todo en estos tiempos miserables. Sobre todo cuando ellos han lanzado la cuarta guerra mundial contra nosotras, la guerra de todos los estados contra toda la gente. Sobre todo cuando el capital est festejando sus orgas. Sobre todo cuando la represin violenta de todos los que queremos crear otro mundo ha llegado a ser la prctica rutinaria de todos los Estados. Nos quieren subordinar. Convertirnos en robots sin mente. Hacernos como ellos.

Quieren que seamos como ellos. Imagnense, ser como ellos, pedazos malolientes de inhumanidad! La sola idea da ganas de vomitar. Eso es la ltima cosa en el mundo que queremos. Por todos los medios posibles, por brutalidad, seduccin, soborno, intentan hacer que nosotros seamos como ellos, que actuemos como ellos. Este es el enemigo real: no ellos sino ser como ellos. Cuntas revoluciones han terminado as, con los lderes revolucionarios convirtindose en nuevos gobernantes! Cuntas movimientos revolucionarios se han quedado atorados en el sinsentido violento de un ejrcito confrontado con otro, con toda idea de emancipacin olvidada desde hace mucho! Si llegamos a ser como ellos, ya perdimos.

La asimetra, entonces, es la clave de nuestra lucha. Ninguna simetra. Sobre todo, ninguna simetra. Nuestra arma es que no actuamos como ellos, que no hablamos como ellos, que no nos parecemos a ellos, que no somos comprensibles para ellos.

Contra sus bardas y vallas ponemos nuestro espacio sin fronteras. Contra su reloj nuestro tiempo de intensidad y relajamiento. Contra el ruido de su vacuidad nuestra msica. Contra su marcha nuestro baile.

Contra su jerarqua nuestra horizontalidad. Contra su Estado nuestras asambleas. Contra su democracia representativa nuestra autodeterminacin. Contra sus instituciones nuestro organizar. Contra la brutalidad de su violencia, la creatividad de nuestra autodefensa arraigada en el apoyo popular. Contra su polica nuestros payasos ( o?).

Contra su autosatisfaccin nuestra rabia. Contra su muerte nuestra vida. Contra su dinero nuestra dignidad. Contra su destruccin nuestra creacin. Contra su trabajo nuestro hacer.

Contra su dimorfismo sexual nuestra perversidad polimorfa. Contra sus definiciones nuestro desbordar. Contra su prosa nuestra poesa. Contra sus sustantivos nuestros verbos. Contra su pomposidad nuestra risa. Contra su arrogancia nuestra consciencia de que ellos dependen de nosotras. Contra su permanencia nuestra comprensin de que nosotras los hacemos y que si no los hacemos maana no van a existir maana. Contra su mando nuestra insubordinacin. Contra su control nuestro mundo que no pueden controlar, que nunca podrn controlar.

Nuestro lugar, nuestro tiempo, nuestra msica, nuestro baile. En este momento nosotras somos el centro del mundo. Disfrutmoslo!

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Gracias a Dorothea Hrlin, Lars Stubbe, Nstor Lpez , Raquel Gutirrez y Vittorio Sergi .



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