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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2004

Les ganamos a los nazis

Osvaldo Bayer
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Etchecolatz [ex director de Investigaciones de la Polica Bonaerense y condenado por genocidio] empez a sentirse mal, estaba en su casa y sinti dolor de cabeza y dijo que era un perseguido poltico. Sinvergenzadas argentinas. El peor de los asesinos estaba en su casa y se hace el perseguido. Poltico, nada menos. El verdugo ms cobarde de nuestra historia se autodenomina poltico. La poltica del tiro en la nuca. Lleva siempre la escarapela argentina en la solapa. Azul y blanco. Trasfondo de nuestra filosofa social. Los asesinos estn entre nosotros. Es el autor de la accin ms alevosa imaginable. La prisin, tortura, muerte y desaparicin de los adolescentes de la Noche de los Lpices. De adolescentes. Y lo que todava no se ha dicho: los militares y uniformados argentinos les ganaron a los nazis. En una accin muy parecida, los argentinos mostramos mucho ms poder, autoridad, la ms absoluta ilegalidad en la represin.

En febrero de 1943, en plena guerra, un ncleo de estudiantes alemanes de la ciudad de Munich edit volantes contra la guerra. Su moral no les permita soportar ms eso de matarse unos a otros, bombardear ciudades asesinando madres y chicos, con la destruccin absoluta de la vida. Esos volantes los arrojaban desde los pisos de arriba al patio de la universidad. Fueron observados por el portero que los denunci de inmediato. Los estudiantes cinco varones y una chica recin comenzados los veinte aos, fueron sometidos a un juicio, encontrados culpables de traicin a la patria y guillotinados al tercer da. Todo sali en los diarios, despus fueron ejecutados otros estudiantes y tambin el profesor Huber, quien los haba apoyado. Sus bellas cabezas cayeron rodando en un tacho. Haban ledo demasiada poesa, haban ledo el sufrimiento en los ojos de los dems y en sus propios ojos. La guerra, no podan ni queran seguir siendo bestias. Sus cabezas fueron separadas de sus cuerpos. Pero los nazis oficializaron todo y publicaron todo, hasta el nombre del juez y del verdugo. El juez Roland Freisler quien posteriormente conden a la horca a los rebeldes del 20 de julio. Todos con su responsabilidad en el crimen.

En La Plata ocurri algo muy similar. Pero los hroes de la resistencia civil argentina eran ms jvenes, apenas adolescentes. Haban luchado por la rebaja del boleto estudiantil. Para que los que vivan lejos pagaran igual que los que vivan cerca. Justicia, camaradera, solidaridad, la bella palabra. Se reunan y cantaban por la calle: Luchar, luchar, por el boleto popular, Eso, eso, eso, boleto de un peso. Cuando lleg la dictadura pasaron a ser sospechosos. Activistas. Terroristas. Fueron secuestrados por la polica comandada por un general de la Nacin, el general Camps, un enfermo mental que aplic con un entusiasmo total las reglas de la muerte argentina: secuestro, robo de las pertenencias, humillacin, tortura hasta la aniquilacin, hambre, y por fin desaparicin. Cada vez peor, cada vez mejor. Destruir al ser humano integralmente. Aplastarlo como a un insecto. Y total silencio ante los familiares y amigos. Desaparecido. No estn ni vivos ni muertos, estn desaparecidos, como se expres ante los periodistas extranjeros el seor presidente de la Nacin Argentina, teniente general Jorge Rafael Videla. Etchecolatz, Camps, Videla. Figuras de exposicin en una muestra argentina que comienza con Roca. Es toda una lnea. Lo que pasa es que los mapuches son chilenos. Ah est la clave. Es decir, los militares argentinos se quedaron en la sombra, no admitieron nunca el crimen. Hasta hoy, Etchecolatz nunca lo reconoci. No s, desaparecieron. Se habrn ido a Suecia. No, no me enter.

En su libro, de precisin jurdica, Mara Seoane y Hctor Ruiz Nez establecen que seis jvenes prisioneras embarazadas fueron arrojadas a los calabozos de los muchachos de La Noche de los Lpices para que stos las atendieran sin tener elementos ni conocimientos. Aqu s los argentinos les ganamos a los nazis. Los prisioneros alemanes de Munich, tras seis das de calabozo alimentados con una racin mnima, fueron llevados a la guillotina y ah ejecutados. Aqu, entre nosotros, fue todo ms florido: picana, ltigo, hambre, escupitajos, manoseo y violacin para Mara Claudia y Clara, todo mezclado con desconocidas embarazadas humilladas hasta el hartazgo. Es que somos catlicos apostlicos romanos. Los representantes de la Iglesia Catlica en La Plata les dijeron a los desesperados padres: No busquen ms a sus hijos. Recen. Monseor Plaza.

Sophie Scholl, la joven mujer alemana de La rosa blanca ese bello nombre tena la organizacin antinazi de Munich puebla hoy con su foto todos los rincones universitarios sensibles a su lucha y a su joven muerte.

Poco a poco los jvenes rostros de los queridos Mara Chiocchini, Mara Claudia Falcone, Francisco Lpez Muntaner, Claudio de Acha, Horacio Angel Ungaro, Daniel Racero y Pablo Alejandro Daz van surgiendo del horizonte estudiantil y aparecen uno por uno en las aulas de los mbitos secundarios. La semana pasada me llamaron para hablar de ellos en el patio del Colegio Nacional Pueyrredn. Ms que mis palabras se oyeron los aplausos de las manos jvenes. Hubo lgrimas. Emocin. Dolor. Pensaron en las muertes. De sus compaeros. Desaparecidos. Ese mismo da Etchecolatz se consider un preso poltico.

La pregunta es: por qu tanta brutalidad, tanta impunidad? Cules fueron los maestros y profesores de nuestros militares y policas? Hoy, salvo los que se jubilaron, siguen siendo los mismos docentes en los colegios militares y policiales. Dnde asimil Camps el instinto de hacer desaparecer? Dnde aprendi Etchecolatz tanta impunidad y crueldad? Y la cobarda de negar que lo hicieron. La aprendieron o les viene de familia? Buscaron esa profesin porque les calmaba los instintos? La pregunta no es porque s, viene de estudios que se hicieron sobre los nazis famosos y sus instintos desde la vida familiar.

Los crmenes nazis estaban documentados por ellos mismos. Aqu hasta Videla los niega. Un aspecto del cinismo y la mendacidad que debemos tener en cuenta para medir la personalidad de quienes establecieron la Muerte argentina, la desaparicin. Hasta la Inquisicin de la Iglesia Catlica quemaba vivas a sus vctimas en plazas pblicas y con la presencia de la Cruz. Nuestros verdugos escondieron todo. Esa es su mxima cobarda. Que los dos partidos polticos argentinos siempre reinantes trataron de disimular con las palabras obediencia debida y el batacazo del indulto. Pero no es tan fcil esconder la basura debajo de la alfombra. Estn los alucinados del coraje, que jams abandonan la escoba, a pesar de las ametralladoras y las picanas elctricas.



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