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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2007

El primer ministro britnico deja el poder
Blair, la guerra y tres sentencias de la Justicia del Reino

Claudio Fabin Guevara
Rebelin


El mircoles 27 de Junio Tony Blair se despedir de su silln de primer ministro en Gran Bretaa. Los medios de todo el mundo realizan meditados balances de su paso por el poder durante una dcada, evitando el uso de adjetivos pesados y tratando de no poner demasiado nfasis en aquello por lo que la historia lo recordar: la invasin de Irak. Parece difcil odiarlo como a Bush. Blair luce culto y correcto, tiene un aire "progre" que confunde a los poco informados y hasta ha llegado a tartamudear que la guerra "pudo haber sido" un error. Su despedida ha sido presentada con tanta elegancia en los medios corporativos que David Cameron, el jefe de la oposicin conservadora, ironiz que el largo adis del primer ministro parece "la gira de un pop star". Sin embargo, los sectores tradicionales del Laborismo -que se desafiliaron en masa con la invasin de Irak- y buena parte de la ciudadana lo aborrecen como al perfecto hipcrita que meti al pas en el atolladero de la "guerra contra el terrorismo" a partir de una montaa de mentiras. Blair deja el poder en virtud de un acuerdo previo con su principal ministro Gordon Brown. Pero Tony rompera este pacto de no ser porque la catstrofe iraqu ha provocado un derrumbe indito del Laborismo en las ltimas elecciones, y su figura ahora tiene un altsimo ndice de rechazo. Blair es claramente el segundo cadver de la Cumbre de las Azores, aquella en la que el primer ministro britnico, junto a su par espaol Jos Mara Aznar y George Bush sellaron su alianza para invadir Irak. Aznar fue rpidamente sepultado por la marea de la historia. Las slidas estructuras polticas inglesas le dieron a Blair slo algunos aos ms de vida poltica. Pero sta es una guerra que se deglute rpidamente a sus mentores. Hacer el trabajo sucio necesario para sostenerla desgasta rpidamente ante la opinin pblica. Tres casos paradigmticos, con sus respectivas sentencias judiciales, ilustran la agenda poltica y las prioridades de la "guerra contra el terrorismo", a la vez que marcan los lmites de nuestras "democracias" occidentales.

1. El muerto tiene la culpa

El primer caso -y tal vez el ms escandaloso- fue la muerte del doctor Kelly. David Kelly fue un cientfico acusado de haber sido la fuente informante de un periodista de la BBC -Andrew Gilligan- que afirm que el Gobierno de Londres exager la amenaza iraqu para justificar la guerra. Gilligan, en un famoso reporte del ao 2003, acus al gobierno de haber sabido que el meneado peligro de que Saddam Hussien pudiera lanzar un ataque un 45 minutos era falso. El resto del informe de Gilligan giraba en torno a la inexistencia del arsenal de armas de destruccin masiva, un tema del cual Kelly era especialista. Luego del impacto de este informe, el Gobierno present una queja a la BBC y el nombre de Kelly fue filtrado annimamente a los medios como la fuente de la noticia. El cientfico apareci a los pocos das sospechosamente ahorcado en un bosque de los suburbios londinenses. Ms escandaloso que esta serie de episodios fueron las conclusiones de la investigacin, que el Gobierno encarg a Lord Hutton. La famosa "Hutton Enquiry" -obviamente, una investigacin oficialista- levant las iras de la familia Kelly y provoc la renuncia de Gilligan y otros ejecutivos de la BBC. En su reporte publicado en enero de 2004, Lord Hutton eximi de responsabilidades al Gobierno por la muerte de Kelly y la filtracin de su nombre a los medios. Tampoco cuestion la veracidad de los informes de inteligencia fraguados para justificar la guerra, pese a que para entonces su falsedad ya estaba en evidencia. En cambio critic el informe periodstico de Gilligan por "infundado", y declar al muerto. "culpable" por haber infringido las normas de confidencialidad que deba observar como sirviente del Reino.

2. Por qu muri de Meneses?

El 7 de Julio de 2005, 57 ciudadanos londinenses murieron al estallar una serie de bombas terroristas en el transporte pblico. Pocos das despus, el 22 Julio, un electricista brasileo de 27 aos, Jean Charles de Menezes, fue literalmente ejecutado en el metro de Londres. La versin oficial dijo que de Meneses estaba siendo vigilado por un equipo policial debido a que la direccin de su apartamento estaba en la agenda de uno de los hombres-bomba que se haba inmolado das antes. Siempre segn la primera versin, los policas dieron la voz de alto a Meneses, que se dispona a entrar a un vagn portando una mochila. Este no se detuvo, y dos efectivos se arrojaron sobre l y le dispararon ocho veces. Siete impactos dieron en la cabeza y lo mataron instantneamente. Un ao despus la propia versin oficial cambi dramticamente. Se admiti que de Meneses era inocente, que no portaba ms que un peridico, y que ya estaba sentado en un vagn cuando los policas vinieron a su encuentro, lo detuvieron e instantneamente lo ejecutaron pese a no ofrecer resistencia. Al parecer, se trat de un error de comunicacin. La oficial a cargo del operativo, Cressida Dick, orden "pararlo" antes de que aborde el tren, es decir, antes de que ingrese a la estacin. Los agentes no estaban en su lugar cuando el vigilado lleg, y llegaron apresuradamente cuando el hombre estaba ya sentado en el tren. Un "error de interpretacin" de los "protocolos" los llev a creer que deban eliminarlo antes de que se detonara a s mismo, y as lo hicieron. Obviamente, luego de una investigacin, ningn miembro de la Polica fue acusado por el incidente. Tampoco los mandos superiores a cargo del operativo. Con buen tino, el periodista James Galbraith afirm en The Guardian que la responsabilidad por este crimen es de aquellos que autorizaron las polticas de "tirar a matar" en su "guerra contra el terrorismo". Pero estas polticas criminales siguen intactas, y sus autores, fuera de toda responsabilidad.

3. El enigma de la locura de Bush

En el mismo da en que Blair anunci su retiro, dos antiguos agentes estatales ingleses -David Keogh y Leo O'Connor- recibieron sendas sentencias judiciales por violar la ley que en Gran Bretaa protege los secretos de Estado. No se trata de agentes de potencias extranjeras. Keogh era un miembro del gabinete britnico del rea de comunicaciones que encontr entre los papeles oficiales un memorando de apenas cuatro pginas resumiendo conversaciones que Blair mantuvo con George W. Bush en 2004 y en la Casa Blanca sobre la invasin a Irak. Keogh agoniz durante das sobre qu hacer con su hallazgo y finalmente decidi entregarlo a su amigo, OConnor, un investigador legislativo que trabajaba para Anthony Clark, un miembro laborista del Parlamento que mantuvo una firme oposicin a la guerra en Irak. Keogh asegura hoy que despus de leer el memo qued convencido de que Bush "era un loco" y que el documento deba ser hecho pblico por razones de inters nacional. OConnor le entreg el documento a su jefe, Clark, y dej a ste la decisin de hacerlo pblico. Clark no quiso hacerlo. Devolvi el memo a Blair, quien le respondi con una clida nota en la que deca "s que sobre el tema no opinamos lo mismo pero te agradezco que hayas hecho lo correcto." Hasta el presente las cuatro pginas que revelan la presunta "locura" de Bush siguen vedadas al conocimiento pblico y el juez que castig a Keogh con seis meses de prisin y a OConnor con tres, oblig a vaciar la sala del tribunal cada vez que algn testimonio hizo alusin concreta al contenido del papel.

Conclusin: Cambiar este panorama con el recambio en el liderazgo? Difcilmente. El perfil del "trabajo a realizar" por el futuro primer ministro ya est tan predeterminado que no parece haber mayor ngulo de maniobra. Gordon Brown, el sostn en la sombra del reinado de Blair durante una dcada, gusta de mostrarse ms a la izquierda que Tony. Durante su gestin como Chancellor, ha llamado a condonar la deuda de los pases pobres. Recientemente ha anunciado la creacin de decenas de "pueblos verdes" para combatir el calentamiento global. Pero sobre Irak, su propuesta es poco realista: prometi ir a estudiar "sobre el terreno" cmo salir del pantano. Su idea es que un "shock econmico" de creacin de empleo e inversiones bastar para "evaporar la insurgencia". Es esto creble? George Galloway, el nico parlamentario britnico que enfrent realmente la invasin de Irak, renunciando al Partido Laborista y fundando su propio partido, defini a la dupla con un sarcasmo: "Gordon y Blair son dos cachetes del mismo culo".

CITAS

Para ms informacin sobre el caso, incluidos el reporte completo de Lord Hutton y la carta de renuncia de Andrew Gilligan, vase http://news.bbc.co.uk/1/hi/in_depth/uk/2003/david_kelly_inquiry

2 James Galbraith, "Crime and protection". The Guardian, 24 de Julio de 2006. 3 Oscar Ral Cardozo. "Tony Blair, los secretos y el mandato de conciencia", Clarn, Jueves 10 de Mayo de 2007







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