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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2007

Para sacar de terreno enemigo el debate sobre RCTV
Medios de comunicacin y libertad de expresin: el argumento ausente

Javier Mestre
Rebelin


La decisin del Gobierno de Venezuela de revocar la licencia de emisin de Radio Caracas Televisin (RCTV) ha azuzado un cierto debate acerca de la libertad de expresin, ms que nada porque los dueos de la cadena afectada y sus infinitos valedores mediticos dicen hablar en su nombre cuando protestan.

Hasta ahora, la mayor parte de las voces de la izquierda han defendido la legitimidad de la medida del ejecutivo de Chvez argumentando que no slo es legal, sino perfectamente normal en todo el mundo, no renovar una concesin administrativa, mxime cuando se demuestra que RCTV tena un comportamiento que dejaba mucho que desear en su respeto a las reglas del estado de Derecho. Por lo dems, estas ideas a menudo se complementan invocando algo as como la necesaria responsabilidad social de los medios privados, como es el caso del artculo Sobre la libertad de expresin, de Miguel Riera Montesino, extrado del nmero 233 de la revista El viejo topo y publicado el pasado 21 de junio en Rebelin.

No es de extraar que todas estas argumentaciones se presenten, desde la derecha, como meros tecnicismos para justificar un presunto ataque a la libertad de expresin, un golpe a la pluralidad, un indicio de totalitarismo. Vienen a decir algo as como: puede que la medida sea correcta legalmente, pero encubre una poltica que agrede los fundamentos del estado de Derecho porque ataca las bases de la libertad de expresin.

En mi modesta opinin, el debate se ha desplazado a un campo en el que, en cierto modo, se reafirman algunas falsedades constitutivas de lo que Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero han denominado ilusin de ciudadana en su ensayo Comprender Venezuela, pensar la democracia (Hiru, Guipzcoa, 2006). Antes que nada, es preciso hacer ver que articular la libertad de expresin alrededor de la idea de que los medios deben ser privados es confundir un derecho con exactamente lo contrario, a saber, un privilegio.

El estado de Derecho y la democracia representativa exigen de un espacio pblico de intercambio de argumentos. Algo as como la versin moderna del gora griega en su acepcin ms de plaza pblica donde hablan los ciudadanos que de mercado. El escrutinio pblico del gobierno, la exposicin de demandas sociales, el posicionamiento poltico de los ciudadanos, se construyen en un lugar donde las ideas deben fluir libremente y donde lo que ms vale es un razonamiento. Debemos o no entender que la libertad de expresin se sustancia en el derecho de cualquier ciudadano por igual a participar libremente en los dilogos pblicos? La libertad de expresin en una democracia en estado de Derecho no se limita a perdonar la vida de quien intenta decir algo. Consiste en mucho ms, en hacer posible que cualquiera pueda decir lo que sea en igualdad de condiciones, siempre que lo haga libremente y entienda que lo que ms vale es un razonamiento. Para garantizar esto ltimo estn precisamente las exigencias del Derecho y la constitucin que est vigente.

De modo que lo que en verdad debe discutirse es si la existencia de medios privados no digamos ya la hegemona- es compatible con la democracia en estado de Derecho. Funcionan democrticamente los espacios pblicos privatizados y garantizan la libertad de expresin, es decir, el derecho a que se nos oiga a todos por igual? Garantizan los medios privados que el dilogo no excluya ningn argumento y que slo se opongan razones a las razones y no amenazas desde el poder o maledicencia con altavoces gigantescos? An ms, garantiza la propiedad privada de los medios sociales de difusin que se informe con veracidad y objetividad y sin dobles raseros a la poblacin?

Desde mi experiencia como periodista en medios privados s desde hace mucho tiempo que no hay mayor censura que la que imponen estas empresas a sus trabajadores. Los operadores privados de radio y televisin, los propietarios de los oligopolios de prensa escrita, utilizan sus medios privados de produccin de discursos para evitar el menor atisbo de igualdad de condiciones en la expresin. Tal es el caso de las emisoras privadas venezolanas de televisin, empezando por la propia RCTV: no dan respiro al gobierno y a la figura del Presidente de la Repblica. Si el sesenta por ciento de los votantes apoyaron a Chvez, sus argumentos no alcanzan, si dejamos a un lado la obligacin que el Estado les impone de emitir de cuando en cuando contenidos institucionales, ni el uno por ciento del tiempo de emisin de esas cadenas, que copan la mayor parte del espacio radioelctrico. Las cosas no son muy diferentes en Espaa o en cualquier otro pas capitalista: un puado de propietarios deciden las condiciones en las que podemos ejercer la libertad en el espacio pblico...

Si conseguimos trasladar la discusin a este terreno es frecuente escuchar argumentos que vienen a decir algo de este estilo: Pero la comunicacin es, a la postre, un mercado, y es el pblico el que decide qu es lo que ve y qu lo que no ve, de modo que prosperan las empresas que son del agrado de la audiencia y desaparecen las que no le gustan a nadie. Lo que este tipo de planteamientos olvida es que los clientes del mercado de la comunicacin de masas no son los ciudadanos, son los capitalistas que compran espacios publicitarios. Cada vez se reparten ms diarios gratuitos, cuyos nicos ingresos provienen de la publicidad, y el precio de, por ejemplo, El pas en Espaa apenas da para que la empresa pague los gastos de distribucin. Las radios y las televisiones privadas en abierto se sostienen en exclusiva con los fondos publicitarios. Hay notorios ejemplos de medios que, con una audiencia considerable, han ido a la quiebra por falta de anunciantes, que no podan consentir que determinadas ideas accedieran al espacio pblico en igualdad de condiciones. Alguien se acuerda del caso del peridico Liberacin en Espaa, hacia 1985? Cuntas empresas importantes han mostrado su inters en anunciarse en el quincenal espaol Diagonal, que tiene una tirada considerable?

Cuando el espacio pblico se privatiza, el volumen de voz no se regula por la fuerza de los argumentos, sino por el grosor de la cartera. Ms euros, ms potencia. Si un ciudadano tiene un nmero suficiente de euros, es un ciudadano de pleno derecho porque su voz adquiere los decibelios necesarios para que alguien la oiga... Porque de qu sirve la libertad de expresin si el ruido de los que tienen los medios te condena al silencio?

En este sentido, no es suficiente defender la idea de que el Estado tiene la potestad de ordenar el espacio radioelctrico, que es limitado, y para ello otorga concesiones a operadores privados que deben cumplir con las condiciones que la Administracin establece. Hay que poner en duda el hecho mismo de que el espacio pblico pueda ser concedido a manos privadas cuando lo que est en juego es la libertad de expresin. Si una entidad particular se hace con un fragmento del espectro de radiodifusin, lo hace en detrimento de todos los dems ciudadanos, que no dispondrn de ese canal para ejercer su libertad. Ms all de la arbitrariedad que sin duda se da en las concesiones (extraa casualidad que siempre se trate de medios de derecha o de extrema derecha), debe ser puesta en tela de juicio la concesin de un privilegio en nombre de un derecho, sea quien sea el beneficiado.

Aun as, se dir, la prensa escrita puede ser privada porque no existe la limitacin de la banda electromagntica. Pero no hay que olvidar que el papel son rboles, y no hace mucho El Pas vino a mis manos con un suplemento de ms de trescientas pginas en papel brilloso de alto gramaje que slo contena incitaciones al consumo de sper lujo. Cuntos bosques habr que talar en nombre de la libertad de expresin? Cunto CO2 debern emitir las papeleras a la atmsfera, cuantos residuos qumicos a la biosfera? No sera razonable limitar de algn modo el consumo brutal de papel, que no hace ms que crecer? Lo mismo cabra decir de la televisin por cable, ya que el nmero de canales que admite un tendido telefnico o de fibra ptica, con ser alto, es limitado, y tampoco sera cuestin de tender ms y ms cables, con lo que eso conllevara de contaminacin y gasto de recursos naturales y humanos.

En cualquier caso, incluso si supusiramos que pudiera haber recursos casi ilimitados de papel o de televisin, el carcter privado de los medios implica que el capitalista tiene casi todas las posibilidades, mientras que el asalariado lo tiene muy, pero que muy difcil para entrar en el espacio mercado- de la comunicacin. Esta cuestin esencial de clase explica mucho acerca de cmo, con frecuencia, la tan repetida libertad de expresin esconde, en manos de los oligarcas, una tendencia insuperable al llamado pensamiento nico.

Slo hay, en realidad, un medio en el que lo privado puede llegar a ser perfectamente compatible con el inters pblico, la libertad, la democracia y el derecho de todos a la libre expresin en igualdad de condiciones. No hay duda de que me refiero a Internet. Claro que sucede que es el entorno en el que la libre iniciativa de los ciudadanos se empea en poner en cuestin la propiedad privada intelectual. Precisamente los internautas suelen defender el carcter esencialmente pblico del medio, que propicia un concepto comunitario de los productos de la creacin intelectual y de los procesos de dilogo y debate.

Por ahora, Internet es un privilegio de una parte pequea de la Humanidad, pero puede llevar el germen de una comunicacin social que garantice la libertad de expresin en igualdad de condiciones sin que sea un obstculo que prime un alto nivel de iniciativa privada, de libertad de empresa, dado el mnimo coste de capital que supone establecer un sitio web. Pero que exista la posibilidad de Internet no nos exime de la responsabilidad de buscar el modo en que se pueda garantizar la libertad de expresin y el derecho a la informacin veraz en televisin, radio y prensa escrita. La respuesta pasa por recuperar el carcter necesariamente pblico de los medios de comunicacin social.

Esta idea tan sencilla se combate, desde la defensa de los actuales privilegios, con el argumento de que los medios pblicos siempre favorecen al gobierno de turno y hacen imposible la pluralidad y, por tanto, la libertad de expresin. Llevando este pseudo razonamiento emprico hasta extremos tan absurdos como frecuentes, se termina por identificar medios pblicos con totalitarismo. Y la alternativa al totalitarismo ser siempre, claro est... el privilegio comunicacional de la oligarqua.

Sin embargo, hay experiencias mediticas que sealan que no es difcil una regulacin constitucional del uso del espacio pblico de la comunicacin que garantice el acceso de cualquiera en igualdad de condiciones y con plena libertad, as como el derecho a una informacin veraz, no atravesada de intereses espurios. Casos como el de Radio 3 en Espaa en sus aos magnficos entre mediados de los ochenta y comienzos de los noventa- muestran que si el periodista o comunicador es un funcionario vitalicio que no teme que lo echen, no reconoce jefes ideolgicos ni presiones polticas, y se convierte en un cauce idneo para que cualquier argumento pueda utilizar el medio sin prejuicios interesados. Un buen sistema de oposiciones reguladas por tcnicos, con el mismo nivel de limpieza y falta de control poltico como el que rige el acceso al cuerpo de profesores de enseanza secundaria en Espaa, marcara la base estructural para que los medios pudieran ser verdaderamente pblicos, es decir, de todos. Hace falta, pues, una garanta absoluta del equivalente meditico de la libertad de ctedra y un sistema bien regulado, honrado y equitativo, de acceso de los colectivos culturales, sociales y polticos a los espacios mediticos, junto con un sistema informativo plenamente profesional, sin nombramientos a dedo y sin presiones de los diferentes poderes... Todo sostenido con una financiacin completamente estatal, que excluya la interferencia de ningn poder econmico privado.

La Revolucin venezolana quiere ser una lucha profunda por la democracia. De ah que antes o despus tenga que ir atacando el problema de la usurpacin oligrquica de los espacios pblicos de la comunicacin social. En consonancia con el carcter alternativo del socialismo bolivariano, se han fomentado los medios llamados comunitarios, pero su alcance e implantacin, sobre todo a escala nacional, es limitado. De ah que, quizs, la nica crtica, en nombre de la libertad de expresin, que se le podra hacer a la revocacin de la licencia de RCTV es que resulta escasa para devolver al pueblo la palabra.



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