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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2007

Europa y sus contradicciones

Juan Francisco Martn Seco
La Estrella Digital


A finales de la semana pasada se celebr en Bruselas la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unin Europea. Como a todas las cumbres, se la tild de trascendental. Como en todas las cumbres, se mantuvo el suspense hasta el ltimo da, alcanzndose tan slo el acuerdo en las altas horas de la madrugada y tambin, como en todas las cumbres, el Reino Unido dio guerra hasta el postrer momento, hasta salirse con la suya, y descafeinar cualquier acuerdo o lograr un trato de excepcin para su pas.

Lo que quizs ha sido ms novedoso en esta reunin es el papel desempeado por un pas, como Polonia, de reciente incorporacin, que hizo peligrar el acuerdo y mantuvo en jaque a todos los participantes hasta el final. Este hecho es, sin duda, bastante expresivo de las contradicciones a las que est sometida la Unin Europea y de cmo stas se han incrementado exponencialmente hasta hacer prcticamente inviable el proyecto tras la ampliacin a 27 pases. Si dos fascistas como los hermanos Kaczynski logran ser los protagonistas de la cumbre y obtienen casi todo lo que se proponan, poco porvenir le cabe a la UE.

Pese a todo, los mandatarios internacionales, y supongo que los intereses que se mueven tras las bambalinas, estn empeados en mantener esa terica unin. No es que se planteen en serio la unin poltica, ni que entre sus objetivos se encuentre la creacin de los Estados Unidos de Europa. Si estas cosas se dicen es tan slo para animar al personal, pero conscientes de que constituye una total utopa. El mismo proyecto de Constitucin est muy lejos de merecer ese nombre, tan slo tena la apariencia de tal y, como despus se ha visto, inclua mucha hojarasca capaz de resumirse en un Tratado de unos pocos folios. Lo que los gobernantes estn dispuestos a mantener como sea es la integracin conseguida en el mbito comercial, financiero y monetario.

Ese voluntarismo se concreta en la postura antidemocrtica que ha caracterizado todo el proceso, realizado al margen de los ciudadanos. En las escasas ocasiones en que se ha consultado a las sociedades, los referndum han ido precedidos invariablemente de una campaa de intoxicacin, y si as y todo el resultado era negativo, se estaba siempre presto a burlarlo repitiendo la consulta tantas veces como fuese necesario.

El camino escogido tras el parn constitucional ha sido an ms radical. Lo ms eficaz, por lo visto, era prescindir por completo de consultar a los ciudadanos, tirar por la calle del medio y trasladar a un Tratado todo lo esencial de la Constitucin. Tratado que poda ser ya aprobado exclusivamente por los polticos sin necesidad de someterlo al veredicto popular.

Lo ocurrido con la Constitucin no se ha interpretado correctamente, tal vez porque no se ha querido, y era preferible esconder la cabeza debajo del ala. El resultado negativo de Francia y Holanda (dos de los seis miembros fundadores), el desistimiento de algunos pases de someterla a referndum ante el miedo de que pudiese triunfar el no y la enorme abstencin en aquellos Estados que tuvieron un resultado positivo desembocan en una misma conclusin: la reticencia que hoy tienen las sociedades al proyecto europeo tal como hasta ahora se ha realizado.

El rechazo a la Constitucin no era propiamente a este documento sino a todo lo anterior. Hay quien mostr su sorpresa ante el no de estados como Francia u Holanda. Al fin y al cabo, decan, el 80% de la Constitucin se limita a recoger lo que ya est vigente en la Unin. Pues precisamente por eso, se les poda contestar, he ah la razn del rechazo, que no se modifica sustancialmente la situacin actual. Es ms, ni en la Constitucin ni en el Tratado se abre para el futuro la posibilidad de un cambio, desde el mismo momento en el que Tony Blair exigi y consigui que la unanimidad y la tcnica del bloqueo continen funcionando en materia laboral, social y fiscal, lo que en presencia de 27 pases tan dispares hace inviable cualquier avance en la economa del bienestar; ms bien, lo que ocurrir y ya est ocurriendo es que sta desaparezca en aquellos pases que la poseen, de manera que todas estas materias se terminen homogenizando e igualando a la baja, es decir, en los niveles de los pases de menor proteccin social y laboral y en el de los sistemas fiscales ms injustos. Puede alguien extraarse de que los ciudadanos voten no? Lo sorprendente es que haya quien vote que s. Para ello slo hay una explicacin, la falta de informacin y la intoxicacin a la que est sometida la mayora de los ciudadanos.

La hipocresa y la constante pretensin de engao que presiden las actuaciones europeas se han hecho evidentes en la propuesta de Sarkozy de que en el Tratado no figure como objetivo primordial la libre concurrencia, sustituyndola por la economa social de mercado y el pleno empleo. Sin duda, tal decisin conforma un buen ejemplo de nominalismo, de intento de que las palabras oculten los hechos. Sarkozy pretende vender a los franceses una milonga: ante su posicin crtica les quiere hacer creer que algo ha cambiado cuando en realidad todo permanece igual. Jurdicamente, no significa absolutamente nada, aparte de que lo de libre concurrencia se mantiene en protocolos anexos.

Desde su creacin, la Unin Europea se ha fundamentado exclusivamente en la libre concurrencia. Todo su andamiaje institucional y jurdico gira alrededor de esta realidad y, por el contrario, cualquier condicionamiento social est absolutamente ausente, del mismo modo que entre sus objetivos el pleno empleo mantiene un carcter muy secundario. Para percatarse de ello tan slo hay que considerar la estructura, los fines y las actuaciones del Banco Central Europeo.


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