Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2007

Boicot a Coca Cola y al estado de Israel

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Askapena, organizacin popular vasca para la solidaridad internacionalista, ha iniciado una campaa de boicoteo a los productos de Coca Cola y al Estado de Israel. Aparentemente ninguna, excepto la que pueda darse en el mercado israel en el que Coca Cola necesita de los permisos del Estado para fabricarse y venderse. Qu relacin existe entre Coca Cola e Israel que explique la razn del boicot? Aparentemente ninguna pero en la realidad la relacin es mucho ms estrecha. La primera es una transnacional norteamericana necesitada de un mnimo de orden para poder fabricar sus productos, transportarlos y abastecer los mercados, venderlos y volver con los beneficios a la empresa cuna, matriz, sita en los EEUU. Lo de menos es cmo se consigue y se mantiene ese orden, lo fundamental es el beneficio. Israel es un Estado militarizado que sirve de portaaviones terrestre al imperialismo norteamericano, y que garantiza la paz y el orden suficientes para que Coca Cola, y todo el capitalismo, obtengan beneficios en un rea muy importante del planeta. Por tanto, si Coca Cola gana, tambin la burguesa israelita gana. Pero adems de este inters imperialista comn, existe el correspondiente inters civilizacional, es decir, la defensa de la civilizacin burguesa eurocntrica en medio de la civilizacin musulmana explotada y saqueada cada vez ms. Coca Cola es una de las imgenes referenciales ms poderosas de la civilizacin eurocntrica, aunque el mensaje publicitario est en rabe o laosiano, y el soldado israel bebiendo Coca Cola es la imagen oficial del expolio de Oriente Medio.

Para comprender mejor las razones y objetivos de la campaa, dividimos este texto en cuatro partes. La primera trata sobre qu es el boicot en el capitalismo actual, qu efectividad puede llegar a tener. La segunda, cmo debe enfrentarse al poder manipulador del sistema. La tercera trata sobre qu es Coca Cola. Y la cuarta, sobre qu es el Estado de Israel. Concluir con un pequeo resumen.

1. SOBRE EL BOICOT:

El boicot es una forma de lucha y denuncia pacfica que integra varias prcticas cotidianas que podemos resumir en, uno, negarse a comprar, consumir y publicitar determinados productos; dos, denunciar el producto boicoteado siguiendo los criterios y objetivos de la campaa y, tres, integrar el boicot en la lucha ms general contra el consumismo actual. Las dos primeras son consustanciales e imprescindible a toda campaa de boicot, pero la tercera va cobrando cada vez ms importancia conforme se expande la forma consumista y mercantilizada de vida, inherente al capitalismo. Ms an, las grandes corporaciones deliberadamente han convertido a sus marcas, a sus logos, en verdaderos smbolos no slo de su poder empresarial, sino tambin de sus Estados correspondientes y, en general, de la civilizacin burguesa a las que todas pertenecen.

Hasta hace unos aos, la empresa Mercedes, por ejemplo, simbolizaba la calidad tcnica alemana occidental y la supuesta forma de ser de su poblacin, y la Toyota lo mismo con respecto al Japn, mientras que la Ford era uno de los emblemas norteamericanos, por ceirnos a los coches. Otro tanto podemos decir de Coca Cola, McDonald, la Factora Disney o el logo de Hollywood, tambin para los EEUU y ms ampliamente, para la civilizacin burguesa. Ahora la concentracin y centralizacin de capitales en la UE busca un logo, una marca y smbolo adecuado y los especialistas en manipulacin y marketing psicopoltico lanzan el smbolo del euro y el gigante avin de pasajeros Airbus, mientras que los EEUU reaccionan con el Boeing y su conquista del espacio, ya que el dlar est retrocediendo. Podramos haber puesto otros muchos ejemplos ms, pero estos son suficientes. Sin embargo, lo que realmente acrecienta la importancia de la tercera prctica, la ms reciente, es la necesidad de que el boicot sea un rechazo activo de la civilizacin burguesa en su esencia, es decir, la que ha reducido la naturaleza humana a simple mercanca, a una cosa que se vende y se compra, mientras que ha elevado a las cosas, a las mercancas que se compran y se venden a la categora de autnticos seres humanos. Pongamos un ejemplo real, de ahora mismo, y que atae directamente a Euskal Herria.

En la crcel francesa de Fresnes se venden productos dulces fabricados en Israel, a la vez que refrescos relacionados con la transnacional Coca Cola. Toda crcel es la sntesis del poder represivo estatal, de la cultura dominante en su territorio y de los intereses de las clases ricas que en su interior mandan. El Estado francs tiene directas conexiones con el Estado israel y norteamericano, y el mercado francs vende grandes cantidades de productos de Coca Cola e israelitas, a la vez que ambos Estados tambin compran al capitalismo francs. A la vez, las presas y presos vascos, palestinos, musulmanes en general, o de cualquier otra nacin y Estado, deben consumir esos productos que estn directamente relacionados con la opresin que ellos y sus pueblos padecen. Los familiares y amigas y amigos que visitan a las presas y presos, frecuentemente no son conscientes del crculo de fuego en el que estn ya que absolutamente todo lo que les rodea proviene, simboliza y refuerza las estructuras de dominacin que oprimen a sus familiares presos. Lo mismo sucede en el conjunto de la sociedad capitalista.

Por tanto, el boicot consiste en la prctica de lucha pacfica contra determinadas formas de dominacin caracterizadas por su difcil visibilidad a primera vista. Quin va a sospechar que Coca Cola es un eficaz instrumento del poder capitalista a escala mundial? Quin sospecha que unos deportistas israeles boicoteados en Euskal Herria estn relacionados con el genocidio del pueblo palestino y con toda la dominacin planetaria? Estas interrogantes surgen de la simple constatacin diaria, cuando apreciamos la capacidad de manipulacin del sistema dominante. Por qu existe una difcil visibilidad a primera vista de la funcin objetiva que cumplen las grandes marcas y logos, los aparatos del Estado burgus no directa y explcitamente relacionados con el dominio poltico como son, entre otros, los deportivos u otros, etc.? Pero slo se trata de eso? Qu efectividad puede tener el boicot en un capitalismo como el actual? Recordemos que ms del 75% del mercado mundial de cereales est monopolizado por slo cinco grandes transnacionales. Que las cien empresas monopolsticas ms grandes del mundo representan el 15% de la produccin total. Cmo podemos presionar a estos monstruos que se dedican a expoliar no slo las riquezas materiales sino culturales y simblicas, como es el caso reciente de 150 patentes y 2.300 marcas registradas relacionadas con el yoga realizadas en los EEUU, y que ha llevado a la India a denunciar el expolio cultural yanqui de una tcnica practicada desde, como mnimo, hace 3.500 aos?

Concretamente cmo podemos hacer fracasar el expolio privatizador de la biodiversidad a la que estn lanzadas las grandes empresas monopolsticas por todo el mundo, como es el caso de la planta estevia, originaria de Sudamrica, apropiada por Coca Cola y otras dos transnacionales, una de ellas el diario The Wall Street Journal, con el apoyo de los EEUU? Desde luego, la mejor forma de detener el eco-imperialismo es disponer de un Estado que no dude en prohibir ese saqueo, como la voluntad de Bolivia de patentar los derechos intelectuales de la coca andina para evitar el expolio norteamericano, e incluso exigir a Coca Cola el pago de royalties por el uso del vegetal y de su nombre en la bebida. Pero en ausencia de un Estado que se atreva a defender el patrimonio de su pueblo, bueno e imprescindible es empezar por una resistencia pacfica asumible por los sectores sociales menos concienciados, como el boicot.

La efectividad del boicot ha de medirse por los objetivos buscados al inicio de la campaa. Est claro que los consumidores vascos activos y potenciales de Coca Cola no pueden daar seriamente a esta transnacional si dejan de consumir sus productos. Pero si saben que son partcipes de una campaa mundial que va creciendo, la cosa empieza a cambiar. Adems, si su boicot tambin se plasma en una denuncia de lo que es Coca Cola, es decir, una denuncia poltica que se suma al no consumo, divulgando las razones de fondo especficas del rechazo de Coca Cola, pues mucho mejor. Pero si adems de esto, el boicot activo y de denuncia poltica es a la vez una prctica contra la forma de vida y civilizacin que propaga Coca Cola y que se muestran a diario en su propaganda y en su marketing, pues mucho mejor. Y aunque sepamos que individualmente o en cuanto un pueblo pequeo como el nuestro no podemos hacer mucho dao econmico a la gigantesca transnacional, tambin sabemos que somos una gota imprescindible en un ocano que crece contra la irracionalidad burguesa. Otro tanto sucede, en esencia, con respecto al boicot al Estado de Israel, poseedor del ejrcito ms tecnificado del mundo --que ha sufrido una humillante derrota en el sur del Lbano a manos de guerrilleros peor armados--, con una economa slida y unida a fuego con la del capitalismo mundial. Cmo luchar contra este monstruo? Ponindoles piedritas en el camino, denuncindolo, apoyando a los palestinos, etc. Los resultados se vern con el tiempo, pero al menos ahora mismo quienes nos oponemos a sus crmenes diarios, ya somos ms que antes de empezar el boicot y eso ya es una victoria.

2. SOBRE LA MANIPULACION:

Sin embargo, la experiencia muestra, como hemos dicho, la dificultad que tienen las propuestas de boicot para superar la barrera consumista, la ideologa burguesa y la eficacia de la ciencia de la manipulacin. Se estima que Coca Cola, que es la multinacional que ms ha gastado en publicidad en la historia, invierte alrededor del 25% de su considerable presupuesto anual en mejorar su propaganda para aumentar las ventas y los beneficios, y el Estado de Israel dispone de un enorme apoyo de la industria meditica capitalista ocultar sus atrocidades o legitimarlas de algn modo si no se pueden silenciar. Por esto, antes de seguir, es imprescindible proceder a la crtica de la manipulacin social. Segn M. V. Reyzbal (Acento Editorial 1999) la propaganda y la manipulacin eran practicadas en Mesopotamia, Egipto y China, estando presentes hasta ahora, aunque el gran salto cualitativo se produjo con la aparicin de la mercadotecnia poltica en la campaa electoral de 1952 de Eisenhower, de modo que la mercadotecnia poltica abarca un campo de accin permanente y coordinada, de un plan perfectamente trazado, un serio y continuado estudio que se nutre de datos empricamente obtenidos.

Segn D. Rushkof (La Liebre de Marzo 2001): El fundamento histrico de la comunicacin de masas se encuentra en siglos de coercin cultural imperialista. Financiados principalmente por sus gobiernos, antroplogos bienintencionados -y unos cuantos no tan bienintencionados- desarrollaron mtodos de anlisis y direccin mientras estudiaban pueblos primitivos con culturas extraas. Conscientes o no de las intenciones de sus patrocinadores, estos antroplogos prepararon el terreno a las posteriores invasiones militares () Invariablemente, el proceso de dominacin cultural segua los tres mismos pasos que hoy utilizan los especialistas en relaciones pblicas: primero, descubrir los mitos dominantes de la poblacin y, durante el proceso, conseguir su confianza; segundo, encontrar supersticiones o lagunas en sus creencias; y tercero, reemplazar las supersticiones o incrementarlas con hechos que modifiquen las percepciones o la lealtad del grupo.

V. Packar (Edit. Sudamericana 1978) afirma que Maquiavelo se destac en estas tcnicas y que Napolen cre la por l llamada Oficina de Opinin Pblica destinada a fabricar tendencias polticas a pedido, pero no fue hasta la mitad del siglo XX cuando se inici la manipulacin poltica efectiva en base al estudio sistemtico de diversas disciplinas cientficas como: los descubrimientos de Pavlov y sus reflejos condicionados, de Freud y sus imgenes paternales, de Riesman y su concepto de los modernos electores norteamericanos como consumidores-espectadores de la poltica, y de Batten, Barton, Durstine y Osborn y su ciencia del comercio de masas. Por su parte, M. Collon (Hiru 1995) describe cmo en la dcada de 1930, E. Bernays, padre de las relaciones pblicas persuadi a las empresas norteamericanas de que era ms eficaz cambiar la opinin del pblico sobre las luchas obreras, indisponindolos contra ellas, que contratar matones que golpearan a la gente1. Y por no extendernos R. Coll-Vinent (Dopesa 1975), desde una perspectiva ms abarcadora y sinttica sostiene que Los individuos, despersonalizados e indefensos, fcilmente excitables, han sido sujetos pasivos de una propaganda promovida por minoras incontroladas () no se ha dado, todava, una propaganda poltica en un contexto realmente democrtico. No hace falta demostrar que en el tercio de siglo transcurrido desde entonces hasta ahora no se ha avanzado mucho al respecto, excepcin hecha de las luchas sociales que han conquistado parcelas ms o menos grandes de poder popular y democracia socialista.

Uno de los primeros problemas a los que se enfrent la ciencia de la manipulacin poltica, obligando a un planteamiento en profundidad de sus supuestos previos fue, en palabras de V. Packard (Idem), que: el creciente nmero de pruebas de que no se poda esperar que los electores se comportaran de manera racional. Pareca haber un fuerte elemento ilgico o algico en su conducta, ya fuera como individuos o como masa. Resolver esta cuestin impuso la exploracin del inconsciente ms que del consciente, especialmente de todo lo relacionado con la frustracin porque gran parte de lo que se denomina opinin pblica puede entenderse de hecho como una serie de reacciones frente a la adversidad, segn el imprescindible texto de J. A. C. Browm (Alianza Editorial 1984), que sintetiza en siete las tcnicas de modificacin de las actitudes colectivas e individuales: 1. Racionalizacin, que consiste en convencerse que las cosas siempre podran ir peor y que es mejor contentarse con lo que ya existe; 2. Substitucin, que consiste en reemplazar el fin frustrado por otro al que se desplaza la emocin de odio y, a veces, de amor; 3. Proyeccin, que consiste en atribuir a otros los impulsos que la gente no quiere reconocer como propios; 4. Identificacin, que re complementa con la proyeccin pero en sentido contrario; 5. Compensacin, que consiste en crear un seuelo que satisface una frustracin imposible de solucionar; 6. Conformismo, que consiste en ensear desde la primera infancia a la gente que la mejor manera de sentirse segura es aceptar el orden existente; y 7. Sugestin, que consiste en obedecer automticamente a una orden sencilla como una palabra, un tono de voz, un gesto, etc., disciplina irracional introyectada desde la primera infancia. Todos los mensajes propagandsticos suelen producirse en tres fases: la fase de llamar la atencin y suscitar inters; la fase de estmulo emocional y la fase de demostrar cmo se puede eliminar la tensin as creada (esto es, aceptando el consejo del locutor), afirma W. Pckard (Idem).

Los avances en la ciencia de la manipulacin permitieron a la burguesa un gran paso en el manejo de la complejidad psicosocial y a la que reforzaba el mito de su democracia, aumentaba sus beneficios mediante la mercantilizacin de la miseria psicolgica de masas, su tensin y frustracin cotidiana, creando una industria especfica para multiplicar: la venta de ocho necesidades ocultas que realiza el capitalismo con efectos demoledores que W. Packard (Idem) sintetiza as: 1. Vender seguridad emociona; 2. Vender afirmacin del propio valer; 3. Vender satisfaccin por el propio yo; 4. Vender escapes creadores; 5. Vender objetos de amor; 6. Vender sensacin de poder; 7. Vender sensacin de arraigo; y, 8. Vender inmortalidad; y simultneamente, el desarrollo expansivo de la industria de vender necesidades ocultas se orient a obtener el s mecanizado para lo que estas grandes empresas cedieron a la tentacin de dedicarse a moldear mentes en gran escala.

Como en todo proceso industrial, los empresarios de la produccin de tcnicas manipuladoras bien pronto simplificaron el proceso productivo hasta reducirlo a cuatro grandes estrategias propagandsticas: regla de la simplificacin, reduciendo la informacin al mnimo; regla de la exageracin, exorbitando lo que beneficia al emisor; regla de la orquestacin o de la reiteracin pero adaptada a cada circunstancia, y regla del contagio, recurriendo a la amistad, solidaridad, fama, prestigio, etc., como sostiene M. V. Reyzbal (Idem). Conviene precisar que estas dos estrategias de manipulacin refuerzan su efectividad al incidir en una personalidad colectiva ya previamente alienada por la quntuple caracterstica de la ideologa burguesa en su versin democraticista, que G. Therborn (Siglo XXI 1987) expresa de esta forma: la adaptacin de los dominados a las rdenes de los dominadores; la creencia en la inevitabilidad de la dominacin al desconocer las posibilidades de la lucha; el sentido de la representacin, que hace que los dominados se crean representados y defendidos por dominadores; la deferencia de los dominados hacia los dominadores al creerlos superiores; y, la resignacin y el miedo.

Uno de los avances fundamentales oportunamente descrito por J. Berrio (Edit. Mitre 1983), y que facilit la rapidez del proceso expansivo de la industria de la manipulacin, fue descubrir que la comunicacin se puede hacer y, de hecho, se hace con todos y cada uno de los rganos de la sensibilidad. La industria de la manipulacin, especialmente la audiovisual, comprendi de inmediato los beneficios que poda obtener y se lanz a crear programas que segn J. E. Oviedo (Prometeo Libros 2001) se caracterizan por: Sangre, dolor, llantos, histerias colectivas, desastres, accidentes, todo sirve a los efectos dramticos para despertar la sensibilidad del teleespectador, ayudado por una esttica televisiva que privilegia la crispacin espasmdica, los planos que van y vienen en pulsaciones nerviosas, los encuadres desestructurados y un ritmo permanentemente trepidante.

Pero adems de explotar y despertar el inacabable yacimiento de la sensibilidad, la industria de la manipulacin fabrica otras nuevas sensibilidades disfrazadas de libertad, como demuestran J. Varela y F. lvarez-Ura (FCE 1989): Esta destruccin progresiva de la solidaridad social uno de cuyos instrumentos y efectos es el triunfo de la ideologa meritocrtica-- conduce a una visin del mundo psicologizada y despolitizada que permite hacer creer que la identidad personal no depende de las relaciones sociales, que cada uno puede elegir libremente el modo de vida que ms le guste, ya que todo es cuestin de estilo, gusto, esttica y cosmtica. El mito consumista de la propia imagen consistira pues en que ser uno mismo radica en no estar sujeto a imperativos, compromisos y condicionamientos sociales, sino en ser capaz de representar bien mltiples papeles, en elegir identidades ilimitadas. Y como advierte J. de la Gndara (Cauce Editorial 1996): durante el consumo de la propia imagen: se pierde la consciencia de la autoposesin, se cosifica el yo individual depositndolo en el cuerpo fsico, para a continuacin externalizarlo, hacerlo pblico, someterlo a todo tipo de limitaciones y exigencias. El cuerpo es utilizado como posesin, del mismo modo que lo es el vestido, la simbiosis cuerpo-vestido-imagen es ofrecida ante la sociedad esperando que caiga bien, ser aceptados, deseados, comprendidos. Se trata de poner en el mercado de compra-venta la imagen de nosotros mismos. El cuerpo y, de su mano, el individuo, entra as en el mercado, se comercializa, y se hace parte del mismo. Es lgico entonces que el vendedor y el comprador se confundan en la misma persona.

N. Klein (Paids 2001), sin saberlo del todo, ha criticado radicalmente el proceso de mercantilizacin de las identidades a partir de la gran expansin desde 1992 del marketing de las grandes marcas: una vez que comenzamos a buscar nuevas fuentes de imaginera de vanguardia, las identidades sexuales y raciales extremas por las que luchbamos fueron remplazadas por estrategias de contenido de marca y de marketing sectorial. Si lo que queramos era la diversidad, parecan decir las marcas, eso es exactamente lo que pensaban darnos. Y con eso, las empresas y los medios se precipitaron, con aerosoles en mano, a dar el ltimo toque a los colores y a las imgenes de nuestra cultura. Las identidades diversas, las luchas por las emancipaciones de sexo-gnero, etnia y nacin, y otras muchas ms, fueron as integradas en la reproduccin de la democracia burguesa mediante su mercantilizacin.

D. Rushkoff (Idem) estudia cmo la industria de la manipulacin lanzada a explotar los yacimientos de la sensibilidad humana y crear otras sensibilidades, necesita disponer de toda una serie de investigaciones, encuestas, sondeos, mercadotecnia, etc., que le permita orientar sus inversiones, abrir mercados, influir en los consumidores, etc. Se trata de convertir los hechos en cifras, y las cifras en conocimiento privado de las empresas y gobiernos que pagan las encuestas y sondeos, logrando que los resultados de esos estudios slo sirven para modificar las formas en como se presenta la poltica de una empresa o de un gobierno, y a menudo, slo unas semanas o meses despus de la realizacin una encuesta, surge algo parecido a lo que genuinamente se conoce como opinin pblica. Se desarrolla as toda una ciencia del control social, del estudio de los deseos, apetencias, sentimientos y voluntades de las gentes que resulta esencial para el buen funcionamiento de la democracia burguesa porque Igual que los expertos en relaciones pblicas estudian a su pblico objetivo para ms tarde manipularlo, los especialistas en marketing comenzaron a realizar encuestas, investigaciones de mercado y grupos focales sobre los segmentos de poblacin a los que esperaban influir. Y para establecer claras fronteras entre los grupos demogrficos, los investigadores basaron casi siempre sus investigaciones en cuatro factores: raza, edad, sexo e ingresos () Por esta razn el marketing cede a menudo ante el clasismo, el racismo y el sexismo.

Troceada la sociedad en diferentes segmentos de control y de mercado, la industria de la manipulacin crea ofertas mercantiles especficas para cada grupo de compradores que buscan satisfaces sus necesidades ocultas. Cuanta ms variedad de pseudo alternativas e identidades artificiales y fugaces, ms apariencia habr de democracia burguesa. Por eso hay que crear ms y ms ofertas, alternativas, soluciones, etc., para responder a las tensiones, frustraciones, angustias, temores, etc., porque, en palabras de M. Collon (Idem): Una forma particularmente sutil y perversa de la publicidad es la fabricacin de acontecimientos. El espectador cree recibir una informacin decidida por un periodista, cuando en realidad encaja una publicidad decidida por una empresa. En ciertas cadenas privadas, algunos periodistas incluso pagan a las personas que entrevistan.

Llegados a este nivel, hay que recurrir a R. Roig (Libertarias 1995) que en su investigacin sobre los efectos de la publicidad comercial y sus relaciones con la prensa, sostiene que: Una buena parte del quehacer periodstico se dirige a la emocin y que, deforma similar a la publicidad, hay en ello una motivacin de venta, mercantil. El pblico, en efecto, ha sido convertido tambin en un consumidor de informacin. De esta forma, la actividad persuasiva no contribuye al desarrollo del anlisis racional de los acontecimientos, porque los ciudadanos ven la televisin como consecuencia de un afn evasivo respecto a sus problemas, a sus fobias, derivadas en buena parte de la confusin, la inseguridad y el miedo que le inspira la sociedad tecnocrtica actual. Ms an. mientras el Sistema consiga que el ciudadano est fsica y cognoscitivamente aislado y que pueda acceder en buen porcentaje a los centros de consumo, su supervivencia est asegurada y, con ella, la de los medios de comunicacin transmisores de su ideologa.

La soledad cognoscitiva y fsica, agravada por la permanente presin diaria de violencia audiovisual, genera una serie de comportamientos de todo tipo, que no podemos exponer aqu, constituyendo muchos de ellos: sntomas inequvocos de la soledad de los hombres as como de la comercializacin de sus angustias. Son los sntomas de una sociedad insolidaria que genera frustraciones para inyectar a partir de ellas demandas individuales de liberacin, al decir de J. Varela y F. lvarez-Ura (Libertarias 1986). Pero, como advierte M. Collon (Idem) que nadie imagine que la prensa democrtica ayudar a romper los cercos de aislamiento que asfixian el pensamiento crtico, al contrario: Al ser la informacin una mercanca, el vendedor no tiene gran inters en vender la mejor calidad, puesto que la calidad no es necesariamente lo que ms beneficios le va a aportar. Al igual que un fabricante de neveras o de lava-vajillas no tiene inters en fabricar modelos que duren treinta aos, el negocio de la informacin no antepone la mxima calidad, sino el crear una fascinacin, un hbito () Como los media compiten por hacerse con el mercado, los periodistas tienen que trabajar rpido antes que bien. Porque verificar, investigar y reflexionarcuesta caro.

Reflexionando sobre lo arriba visto, no sorprenden las ideas de I. Somin sobre la democracia actual, reseadas por A. Moncada (Icaria 2000): La ignorancia afecta tanto a los temas constitucionales, de ordenacin y funcionamiento de la democracia y el gobierno hasta los temas concretos que se airean en pblico y se discuten en las elecciones. La forma en que la gente forma su criterio, desde el primer aprendizaje cvico en la escuela hasta las campaas electorales est contaminada de prejuicios, verdades a medias, carencias pedaggicas, manipulaciones interesadas de tal manera que, en su opinin, las cosas del gobierno y del poder han cambiado muy poco desde los tiempos en que la gente no votaba. Y ms adelante aade de motu propio que: los estudios sobre la motivacin del voto siguen probando que la mayora de la gente vota por consideraciones muy simplistas, su percepcin de la situacin econmica, las lealtades ideolgicas o personales. Por otro lado, quienes nos representan no son, hipotticamente, los ciudadanos ms calificados y responsables, hombres y mujeres que sacrifican algunos aos de su vida para servir desinteresadamente al comn, sino gentes inducidas a la poltica por un complejo sistema de lealtades y corrupciones, muchos de los cuales aspiran a eternizarse en una carrera ejercida unas veces dentro y otras fuera de los rganos de representacin y gobierno, que favorecen los peores perfiles humanos () un proceso electoral tan propicio a la influencia del poder econmico y la creciente manipulacin meditica del mismo priman la presencia de personajes y personajillos que se acoplan a las circunstancias con tal de ganar y seguir.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el entrecruzamiento de soledades y angustias, miedos, dependencias y deseos insatisfechos, obediencia mecnica, creaciones de identidades artificiales y pasajeras, falsas necesidades que se venden en el mercado de la sensibilidad humana nunca satisfecha y de los smbolos alienantes, etc., no es de extraar que Coca Cola est desarrollando mediante las telecomunicaciones ms modernas una comunidad virtual en la que la juventud del mundo entero pueda deambular a sus anchas sin tener que pisar el suelo real de su miseria cotidiana. Una comunidad virtual a la que la juventud acceder mediante sus telfonos mviles con conexin a Internet, y, creyndose libre, no haga sino aumentar su alienacin al aceptar el restringido y controlado espacio virtual de la propaganda de Coca Cola. Dentro de muy poco, todas las Amricas y China estarn integradas en este sistema que se crecer por el resto del mundo. De este modo, Coca Cola se suma al esfuerzo del imperialismo por crear una ficticia identidad global complementaria con la identidad local de manera que las mercancas materiales y simblicas, especialmente sus productos, tengan dos grandes mercados de venta: el global y el local pero dentro de la gran alienacin y fetichizacin capitalista y su civilizacin eurocntrica versin anglosajona. Aqu, nos viene a la memoria la excusa puesta por un mximo responsable del Grupo Prisa cuando, ante las preguntas de los periodistas portugueses sobre si la penetracin del Grupo espaol en Portugal no debilitara la identidad nacional lusa favoreciendo al Estado espaol, y que dijo que no, que al contrario, que el Grupo Prisa, el diario El Pas, etc., respetaran la identidad portuguesa y la identidad global. Es la misma lgica la que une a Coca Cola y al Grupo Prisa pero con la diferencia tcnica de que la primera escoge en telfono mvil por Internet y la segunda los audiovisuales.

Frente a todas estas tcnicas de manipulacin y teledireccin, que ocultan e invisibilizan la realidad, o la manipulan tanto que queda irreconocible en sus contradicciones determinantes, el boicot debe desarrollar, como mnimo, los tres niveles arriba expuestos: negarse a comprar, consumir y publicitar determinados productos; denunciar el producto boicoteado siguiendo los criterios y objetivos de la campaa, e integrar el boicot en la lucha ms general contra el consumismo actual. Y tras lo aqu expuesto tan brevemente sobre la ciencia de la manipulacin, el consumismo adquiere ahora toda la gravedad posible ya que es, a la vez, consumo de mercancas normales, pero tambin polticas, electorales, costumbristas, afectivas, identitarias, sexuales, eurocntricas, o lo que es lo mismo absorcin en la lgica del sistema y en su reproduccin, lo que Marx defini como subsuncin real.

2. SOBRE COCA COLA:

Coca Cola es una de las transnacionales norteamericanas ms extendidas en el planeta pues y una de las ms antiguas pues fue fundada en 1883, vende sus cerca de 400 marcas en un mercado formado por 190 pases. La mitad del mercado mundial de gaseosas es suyo y, adems, vende otros refrescos, zumos, caf y t, y agua. Sus ganancias oficiales en 2005 llegaron a los 15.000 millones de dlares. Son muy pocos, aunque cada vez ms, los pueblos que estn libres de su penetracin comercial, y por tanto libres de los efectos de sus productos, y libre de los efectos de su propaganda. Tambin libres de sus presiones y "consejos" a los gobiernos que mandan "oficialmente" en los mercados de los que Coca Cola obtiene sus beneficios. Al igual que en toda empresa capitalista, manda la burguesa. En este caso se trata de una burguesa muy poderosa que en 2004 subvencion 385.000 dlares-$ la campaa republicana y con 165.000 la demcrata, y que ha subvencionado con 610.000 dlares la campaa presidencial de Bush y le apoya en todas sus decisiones. Pero los servicios al imperialismo norteamericano son ms profundos y estructurales que las ayudas financieras a las fuerzas polticas. Pese a su expansin mundial, Coca Cola mantienen su identidad yanqui, a la que no renuncia bajo ningn motivo. En la crisis del imperialismo yanqui con la dimisin del presidente Nixon por el espionaje poltico ilegal, con la derrota de Vietnam en 1975 y con el retroceso en otros muchos sitios, la transnacional comenz una campaa publicitaria basada en identificar sus productor con el resurgir de Amrica del Norte, y el lema era Mira hacia arriba, Amrica, acompaado por imgenes con los iconos tradicionales de la historia yanqui.

Al poco tiempo, comenzara la reconquista del orgullo norteamericano tras los efectos de esa severa crisis, llevada a cabo por R. Reagan, el neoliberalismo, los nuevos conservadores y el resurgir del fundamentalismo cristiano, cuyas consecuencias an padece la humanidad. Fue entonces, al empuje de esa marea reaccionaria dirigida desde la cpula del Estado yanqui, cuando en la segunda mitad de los 80 Coca Cola lanz otra campaa publicitaria bajo el lema de Agarra la ola, destinada a todos los pblicos y dotada de una fuerte ideologa competitiva, triunfalista y oportunista en el sentido de aprovecharse individualmente de las circunstancias que ofrece la vida --agarra la ola y triunfa en la vida-- segn los principios sagrados de la ideologa burguesa del individuo lder, astuto e implacable en una sociedad definida segn los parmetros del darwinismo social y de la sociobiologa ms reaccionaria. Mientras que la burguesa yanqui se preparaba para certificar el fin de la historia y la llegada del supuesto Nuevo Orden Mundial dirigido por los EEUU a partir de 1991, en esos aos previos y despus, las tres cuartas partes de los norteamericanos encuestados consideraban que Coca Cola simbolizaba la forma de vida yanqui, las virtudes que le haban llevado a dirigir el mundo.

El nacionalismo yanqui de la transnacional, acorde con su nacionalismo imperialista, es la de no asumir ninguna responsabilidad por las ilegalidades cometidas por sus filiales en el mundo, a las que da libertad absoluta para que hagan cualquier cosa porque la sede central no asumir sus consecuencias. Tampoco acepta establecer cdigos de conducta que limiten su absoluta impunidad. En este sentido, Coca Cola se adelant a las decisiones idnticas que tomadas por los EEUU de no firmar ningn acuerdo internacional sobre DDHH, justicia, lucha contra el calentamiento global, como la barbarie de Guantnamo y otras muchas ms. Pero las empresas subcontratadas en el exterior saben que gozan de cierta proteccin si son descubiertas y sin son perseguidas sus tropelas ilegales, cosa infrecuente. Coca Cola es muy poderosa, pero ms lo es el poder de intimidacin directa e indirecta del gobierno norteamericano y de sus instituciones mundiales --FMI, BM, OMC, etc.-- de modo que muchos gobiernos tteres se niegan a proceder contra la transnacional. El caso de Colombia es paradigmtico, como veremos. La transnacional sabe que esa apreciable impunidad, cada vez ms contestada, le facilita contratar a altos ejecutivos y burgueses de los pases en los que tiene empresas y vende sus productos. Tecncratas y especialistas dependientes, sumisos y serviles que saben que trabajan para un gran poder, y que dependen de una empresa extranjera que se puede ir como ha llegado. Tambin existen los suministradores de lo que no se puede llevar desde los EEUU, etc. Se crea as una red de dependientes que extienden el poder e influencia de Coca Cola en el pas en el que opera. Todas las grandes empresas hacen lo mismo, y cuanto mayor sean sus redes de servidores y personas en nmina, ms influencias adquirirn sobre las autoridades y los gobiernos. Por ejemplo, a Vicente Fox se le conoca cuando era presidente de Mxico como un simple gerente provincial de Coca Cola. Y esto se explica porque FEMSA, la filial de Coca Cola en Mxico, se ha convertido en un poder tremendo que vende un tercio de todas sus marcas en Amrica Latina y un dcimo de la venta mundial.

Los productos de Coca Cola los fabrican los trabajadores de la transnacional, que no sus propietarios en los EEUU, por eso las ganancias deben ir a manos de sus productores. Pero esto no est permitido en ningn pas capitalista, por lo que los obreros se movilizan para aumentar sus salarios, mejorar sus condiciones de trabajo, etc. En determinados pases, Colombia por ejemplo, Coca Cola recurre a los peores instrumentos para vencer a los trabajadores, como la tortura e intimidacin contra los sindicalistas de SINALTRAINAL. Desde 1990 ocho trabajadores han sido asesinados por sicarios a sueldo, 48 se han tenido que esconder y otros 65 han sido amenazados de muerte. En Pakistn los obreros fueron despedidos en 2001 por protestar por la falta de personal, pero Coca Cola tuvo que ceder a las decisiones judiciales, readmitindolos. En Atenas las luchas obreras contra esta empresa han tenido mucha repercusin popular llegndose a enfrentamientos de gran dureza con las fuerzas represiva. Tanto los trabajadores griegos, la subcontrata de Coca Cola en Atenas y la propia burguesa del pas y, lgicamente, la sede norteamericana eran conscientes de la importancia del conflicto porque adelantaba un plan general de despidos y reestructuraciones a aplicar en otras empresas europeas, especialmente en Blgica, Gran Bretaa y el Estado francs, en el que pensaba despedir a 2.330 trabajadores y cerrar dos plantas. La dureza del plan de Coca Cola para multiplicar sus beneficios aumentando la explotacin obrera era tal que la EFFAT, o federacin sindical alimenticia, que representa a 120 sindicatos de 35 pases europeos, organiz una gran manifestacin de protesta cerca de la sede de Coca Cola en Pars.

En 2005 las luchas se extendieron a Turqua, en donde 14 trabajadores y sus familiares denunciaron haber sido torturados y presionados por la polica cumpliendo rdenes de Coca Cola; en Nicaragua, la sucursal de la empresa yanqui se neg a reconocer los derechos sindicales, amenazando y despidiendo a varios trabajadores. En pleno 2007 los 223 trabajadores de Andina, la subcontrata argentina de Coca Cola, han salido a la huelga en protesta por el empeoramiento de sus condiciones de trabajo, logrando el apoyo de otros muchos compaeros de otras empresas. Recientemente, Coca Cola ha sido declarada como una de las cuatro transnacionales ms irresponsables en materia social de entre las 25 grandes corporaciones ms dainas para la humanidad, siendo las otras tres Gap, Bayer y Nestl. Hasta ahora hemos puesto algunos ejemplos de luchas en pases ms o menos dotados de una legislacin burguesa que, con enormes dificultades, puede ser utilizada por el movimiento sindical. All donde el capitalismo funciona sin apenas legalidad, la situacin es inhumana como, por ejemplo, en frica, continente en el que Coca Cola explota a 100.000 trabajadores de los cuales slo 1500, los que ocupan cargos directivos y de responsabilidad, frecuentemente blancos, tienen derechos bsicos que les garanticen la sanidad suficiente; es decir, slo en 1,5% de la plantilla total de Coca Cola, mientras que el 98,5% restante, mayoritariamente negros, carecen de todo derecho.

La transnacional guarda celosamente su frmula magistral para que no haya ninguna competencia. Existen muchos rumores sobre ella, sobre la versin oficial de que ya no contienen una pequea dosis de cocana desde comienzos del siglo XX, etc., pero se mantiene el secreto oficial. Los consumidores beben un lquido del que desconocen sus propiedades, excepto que crea adicin, tiene dosis de algn excitante y engorda mucho. La formula se adapta en cada pas segn el grado de impunidad de la marca y segn la capacidad de protesta de los consumidores. Por ejemplo, recientemente varios Estados de la India han prohibido su produccin y venta al detectar altos niveles de plaguicidas en su composicin, mientras que en frica la impunidad es total. Otro ejemplo, en 2004 y 2005 se demostr que la marca de agua potable DASANI, de Coca Cola, era simple agua de grifo tratada con bromato, que produce efectos cancergenos. En Latinoamrica las protestas de los consumidores apenas fueron recogidas por los medios y por los gobiernos, pero en Gran Bretaa se demostr que agua provena del Tmesis y no era pura. La empresa tuvo que cerrarse. Adems, usa maz transgnico en muchos pases para aumentar la cantidad de azcares en la frmula, y si bien la cantidad de cafena no es excesivamente alta en algunos pases, s lo son esos azcares en abundancia que tienen el efecto de aumentar la insulina con riesgo de producir hipoglucemia dependiendo del consumo. Hay regiones en el mundo, varias de ellas en Mxico por ejemplo, en donde es ms fcil y barato beber Coca Cola que agua potable. Lo que s se sabe es que Coca Cola est lanzada a comprar grandes reservas de agua dulce en el planeta porque algunos informes sostienen que para obtener un litro de su producto estrella ha de consumir entre 175 y 200 litros de agua dulce.

Semejante expolio irracional del elemento vital y primero para la vida, est originando ya las protestas de los pueblos, de las masas campesinas, tanto que recientemente Coca Cola ha dicho que intentar reciclar la mayor cantidad de agua potable posible, intentando llegar al 100%, pero muchos crticos opinan que se trata de una reaccin desesperada. Se ha calculado un total de 290.000 millones de litros de agua potable gastados slo en 2006, la inmensa mayora para limpieza, enfriamiento y calefaccin. Pero el problema de la contaminacin es mucho ms complejo porque, por un lado y como se ha demostrado en Panam en 2003, los tintes que se usan para colorear las marcas, incluidos los zumos, tambin tienen efectos dainos; y por otro lado, hay que tener en cuenta tambin los millones de embases de aluminio, plstico y vidrio que se producen en el mundo. Se calcula que cada segundo se beben 12.500 unidades embasadas, y en el Estado espaol el 34% de los productos van en latas de aluminio, uno de los materiales ms resistentes a la capacidad de absorcin de la naturaleza, sin olvidarnos de los plsticos y de los vidrios.

Pero a diferencia de otras empresas, Coca Cola tiene la ventaja de ser una de las marcas ms emblemticas de la civilizacin burguesa eurooccidental porque su registro, su logotipo, se ha extendido por casi todo el mundo de forma tan arrolladora como el imperialismo al que representa simblicamente. En este sentido, junto a las grandes industrias poltico-culturales, a los multimedia y agencias de manipulacin, que dirigen la produccin de cultura burguesa, bsica para el mantenimiento de la civilizacin del capital, Coca Cola es una factora de alienacin generalizada, de creacin de mitos, mentiras y engaos sobre una supuesta vida mejor, ms alegre y llena de colores, en una existencia empobrecida, y desestructurada por el capitalismo. Y esa maravilla de futuro es tan fcil de realizar en el presente como el simple acto de beber una coca cola pequea, y cuantas ms se beban al da ms feliz ser su existencia en un mundo infeliz. La campaa la chispa de la vida refleja perfectamente el objetivo de crear una felicidad virtual en un mundo duro y feroz por su egosmo competitivo y su precariedad existencial en aumento. El dicho de que Coca Cola es el amor lquido sirve para llenar a otro sector de consumidores afectivamente aislados, solitarios, o simplemente incapaces de dar afecto y calor a los dems en sus relaciones interpersonales. El amor lquido cumple esa funcin, como la cumple cualquier regalo o atencin extraordinaria y poco frecuente destinada a implorar atencin o pedir perdn de forma indirecta, activar respuestas afectivas, cariosas y hasta de complicidad interpersonal, pero con la ventaja de que es relativamente barato invitar a una Coca Cola en comparacin con otros regalos ms selectos. Cuando respondiendo a la fetichizacin de la mercanca y a su alienacin correspondiente, las cosas adquieren cualidades humanas difciles o imposibles de practicar por los humanos, entonces es que la sociedad se ha sumergido en la fra nada de la adoracin al ttem que todo lo resuelve. Los humanos hemos perdido, en estas condiciones, nuestra capacidad de identificarnos en la praxis crtica colectiva, diluyndonos en meros adoradores pasivos e individuales de la marca de turno, del logo ttem que resuelve nuestra dependencia angustiada y perdida.

La gran ventaja de Coca Cola sobre el resto de empresas que hacen lo mismo es que, primero, una lata o botella cuesta mucho menos que un televisor o un coche, por ejemplo, y que, segundo, crea adicin, dependencia, esclavizacin. Lo esencial es que el ser humano ha transferido sus cualidades a la marca ttem, al dolo, elevndolo al rango de salvador, faro y gua de nuestra existencia. Pero como semejante ilusin se desvanece tras el primer choque con la realidad, como la realidad siempre termina poniendo en duda de algn modo, siquiera en forma utpica o ucrnica, todo el tinglado ideolgico, por esto mismo, se producen dos respuestas inmediatas, una la del consumidor individual o colectivo que busca una nueva dosis del elixir milagroso, superior probablemente a la anterior; y otra, la de la propia marca que funciona como ttem, en este caso Coca Cola, que siempre est investigando nuevas formas de venta, de publicidad y de engao, y que, en determinados momentos especiales, lanza campaas sorpresivas buscando la respuesta pavloviana, el impacto emocional, el choque inconsciente e irracional que activa el reflejo mecnico de la compra ansiosa y nerviosa con el objetivo ltimo de recuperar sus ventas o buscar nuevas vctimas y nuevos mercado, o todo a la vez.

Llegados a este punto, debemos fijarnos en una diferencia muy significativa entre la lgica crudamente mercantil y dineraria de la mayora de las formas de expresin impuestas por el fetichismo, y la lgica afectiva y emocional que emplea Coca Cola en sus reclamos alienadores y fetichistas, totmicos. L. Gill (Trotta 2002) tiene toda la razn cuando dice que el fetichismo de la mercanca impulsa la transposicin generalizada del vocabulario mercantil a todas las esferas de la vida poltica, social, cultural y afectiva () Expresiones como sacarle jugo al dinero o valer su peso en oro se han convertido en simples sinnimos de la satisfaccin traducida en trminos mercantiles () a las cualidades morales como la honestidad, la generosidad, etc., se les confiere un valor mercantil o un precio, es decir, un atributo que as lo adquieren en comn con las mercancas; son valorizadas en trminos mercantiles por una sociedad en la que todo est dominado por la mercanca. Sin embargo, Coca Cola, y otras marcas aunque en menor medida, usan el mtodo opuesto consistente en no nombrar el dinero, el oro, el precio de las cosas, es decir, no hacen ninguna referencia al valor mercantil; al contrario, presentan las cualidades morales, la generosidad, la honestidad, etc., como virtudes puras y limpias, desligadas del vil metal y, por tanto, accesibles a cualquiera al margen de su situacin social. Paradjicamente, la efectividad alienante del mtodo de Coca Cola es superior a la de los mtodos que se centran en el dinero, o a la de los mtodos que simultanean ambos extremos, como haca la Factora Disney, porque tiene una imagen menos materialista y egosta.

Un ejemplo de la eficacia de la publicidad de Coca Cola, y de su permanente bsqueda de nuevos mercados, lo tenemos en la campaa iniciada a finales del siglo XX de penetracin en el rea religiosa musulmana, sin tener en cuenta las enormes diferencias nacionales, culturales y lingsticas, centrndose slo en los valores musulmanes de caridad, perdn, amor, amistad, etc. Los expertos de la transnacional analizaron el desarrollo del Ramadn en pases tan distantes como Malasia y Marruecos, y otros ms, hasta llegar a las citadas bases comunes expresadas en el lema: Siempre con buen espritu, siempre Coca Cola. Fijmonos que este lema sirve por igual para la religin islmica como para el resto de religiones y creencias porque la caridad, el perdn, el amor, etc., son principios abstractos que reflejan la pervivencia de criterios precapitalistas a lo largo de los siglos, aunque en la prctica cotidiana estn cediendo rpidamente bajo la invasin capitalista. Dichos principios tambin son asumidos demaggicamente por el fundamentalismo cristiano ms reaccionario y criminal, racista e insolidario; de hecho son los mismos que dicen defender las sectas evangelistas de extrema derecha que arraigan entre la poblacin empobrecida y pauperizada de las Amricas, frica y sectores de Asia. Peor an, las burguesas de religin musulmana, abrumadoramente neoliberales y pro yanquis, no tienen ninguna pega contra el buen espritu porque dada su abstraccin e indefinicin social, sexo-econmica y nacional, puede utilizarse perfectamente para justificar los componentes reaccionarios de la tradicin musulmana en detrimento de sus componentes progresistas.

Por ltimo, el amor y la caridad nunca han detenido el avance de los demoledores efectos de la dictadura del mercado. La doble historia de, primero, la aceptacin de la usura por el cristianismo protestante, y, segundo, de la inevitable claudicacin del cristianismo catlico ante la victoria del capital, expresada en el olvido de la condena de la usura y en la aceptacin silenciosa del libre mercado en sus formas ms inhumanas como es el capital financiero --y la Banca Vaticana sabe mucho de la especulacin en las finanzas de alto riesgo--, esta experiencia histrica debiera servir como advertencia mortal para la religin musulmana, sobre todo cuando una transnacional como Coca Cola facilita la entrada imparable de las relaciones sociales capitalistas y, lenta pero imparablemente, forzar la occidentalizacin de las burguesas de religin islmica en todas aquellas cuestiones esenciales para facilitar la acumulacin de capital.

4. SOBRE EL ESTADO DE ISRAEL:

El mando sionista existente en Palestina durante los aos 30, dise un plan para construir el Estado de Israel, que tom forma definitiva en 1937, cuando se precisaron los objetivos, fases y mtodos necesarios para expulsar a los palestinos de sus territorios histricos quitndoles sus bienes y excedentes acumulados. Un ao ms tarde, en 1938, cuando se discutan los primeros planes de particin, Ben Gurin afirm que los judos ocuparan todo Palestina cuando adquirieran la fuerza suficiente. En 1947 los judos eran un tercio de la poblacin en Palestina y tenan slo algo menos del 6% de la tierra. Mucha de sta se haba comprando con dinero de judos exteriores recurriendo a todas las trampas y echando a los palestinos pobres de las tierras compradas. Una ley del Fondo Nacional Judo prohiba tajantemente volver a vender esas tierras a los palestinos, tierras que deban ser puestas a disposicin de los nuevos trabajadores judos que llegasen del exterior. Se trataba, por tanto, de un plan general de colonizacin a largo plazo basado en la expulsin de sus tierras del pueblo autctono, el palestino, que llevaba all hace ms de mil aos. El plan de particin elaborado por las potencias capitalistas, y asumido por la URSS, estableca una injusta ventaja para los judos a los que se les otorgaba, de entrada, el 55,5% de las tierras siendo el 32% de la poblacin y que hasta entonces slo haba tenido el 5,5% de la tierra. Obviamente, los palestinos rechazaron la particin.

En este contexto, Israel proclam su independencia con bastante antelacin a la fecha oficial designada por la ONU y las burguesas rabes de la zona, que no queran una guerra dura, enviaron a Palestina una pequea tropa mal armada, con poca moral de lucha y sin un buen mando militar, que fue vencida sin dificultades por un ejrcito judo mejor armado, bien mandado, con una total decisin de lucha y formado en las mejores tradiciones militares occidentales. Una gran parte de la poblacin palestina no particip en la guerra de 1948 porque esperaba entablar buenas relaciones con la creciente emigracin juda, lo que facilit no slo la victoria juda sino sobre todo la limpieza tnica que le acompa. Se calcula que de los 860.000 palestinos slo pudieron quedarse 133.000, siendo expulsados 727.000, pero otras fuentes redondean esta cifra hasta los 750.000. La mayora de los expulsados, aproximadamente 470.000 fueron a campos en Cisjordania y en Gaza, y el resto se dispers por otros pases. Los judos se haban apoderado del 77% del territorio, con todas sus aldeas, y tambin todos los recursos, infraestructuras, cuarteles y armas, etc., que los britnicos no destruyeron al abandonar el pas, sobre todo las fuentes y reservas de agua, uno de los objetivos vitales de esta primera guerra y de todas las dems, especialmente la de 1967 o Guerra de los Seis Das o Guerra del Agua, en la que Israel se apoder de todo el abastecimiento de Palestina y del Ro Jordn que generan 330 millones de metros cbicos.

La posesin de las fuentes de agua permite a Israel abastecer con 450-500 litros al da a cada colono israel en zonas ocupada, y slo con 40 litros al da a cada palestino. Adems de esto, muchas zonas palestinas no disponen de redes de suministro, y los pozos que se excavan slo dan agua salinizada. La limpieza tnica realizada por los judos contra los palestino, y que se est acelerando en la actualidad, fue justificada mediante la reescritura de la historia pasada y presente por especialistas judos y occidentales, y mediante la incitacin al racismo anti-rabe, de modo que con a los pocos aos resultaba normal escuchar frases como la que sigue: No son seres humanos, no son gente: son rabes, dicha en 1973 por David Harcohen, entonces alto cargo de Parlamento Israel. Para hacernos una idea de la certidumbre de omnipotencia israel en esta poca decisiva para el saqueo del agua y el asentamiento del racismo antipalestino, conviene recordar que entre 1967 y 1971 las ayudas norteamericanas pasaron de 24 millones de dlares a 634 millones.

Ahora mismo, el Estado de Israel es el portaaviones terrestre del imperialismo yanqui en un rea geoestratgica de creciente importancia para todo el capitalismo, que no slo para los EEUU. Israel es un Estado militarizado al extremo en el que el Ejrcito tiene poderes polticos, econmicos y cientficos que condicionan la vida entera de su poblacin ya que sin sus fuerzas armadas el Estado de Israel desaparecera en muy poco tiempo, y con l el control imperialista de una amplia zona. Resulta tan estratgico este portaaviones terrestre que el imperialismo le permiti realizar junto con Sudfrica una prueba nuclear en la Antrtida en 1979, y le permite disponer de un arsenal nuclear estimado a mediados de 2006, en siete centros nucleares y 400 bombas atmicas. Qu zona debe proteger Israel? La formada por la parte occidental del cinturn militar que los EEUU va construyendo - imponiendo alrededor de China Popular, Corea del Norte, Extremo Oriente, Caucasia, Rusia, Turqua y el Bsforo, y los Balcanes. La funcin de este cinturn militar es triple: el control energtico, el control del agua de la cordillera que va del sur de China a Afganistn y de las reservas biogenticas de sus selvas; tener bases militares para una guerra contra Rusia y China Popular, y tener bases militares para defender a las burguesas fieles al imperialismo en esta extensa rea. En su parte occidental, Israel y Turqua tienen una funcin clave para controlar Oriente Medio, el Bsforo y la parte occidental de Caucasia. Pero el Estado de Israel tiene, adems, una importancia propia por sus esenciales conexiones con una fraccin muy poderosa de la burguesa eurocntrica; su peso cientfico-militar y represivo, y su enclave simblico para la civilizacin judeocristiana. Se explica as la enorme diferencia de trato que recibe Israel por las instituciones imperialistas en comparacin a otros pueblos, denigrados, vigilados, cercados, presionados de mil modos, o directamente invadidos.

La base de este poder no radica slo en las fundamentales ayudas yanquis y europeas como veremos, sino sobre todo en la explotacin de las masas trabajadoras de muchos pueblos la que sostiene al Estado de Israel, y en primer y decisivo lugar, la inhumana explotacin global del pueblo palestino, al que se le ha expropiado de casi todos sus recursos, empezando por el agua y por la tierra cultivable. Actualmente el 65% de los palestinos malviven por debajo del nivel de pobreza, y un 30% sufren inseguridad alimentaria que es cualitativamente peor que el empobrecimiento estructural. Pero la explotacin de los palestinos no se realiza slo dentro del Estado israel, que tambin, en donde cobran sueldos inferiores y apenas tienen derechos, sino que se ha extendido a los territorios ocupados en donde las empresas israeles, especialmente de textiles, producen mucho ms barato que en Israel. Una de las formas ms efectivas de invadir un pas es la dominacin econmica llevada a tal extremo que el pas econmicamente dominando se vuelve dependiente, colonizado, del ms rico. Israel ha logrado que el 80% de las importaciones palestinas sean israeles y que casi el 95% de sus exportaciones vayan a Israel. Semejante dependencia cuasi absoluta hace que cuando Israel decide cerrar las fronteras, Palestina se paraliza y la amenaza del desabastecimiento y la hambruna se multiplique. Pero a la vez, la plena independencia palestina, es decir, su soberana econmica asegurada por un poder popular estatalmente centralizado, supondra un golpe dursimo para el capitalismo israel. Esto explica que una fraccin de la burguesa juda prefiera antes un rgimen colaboracionista palestino, regionalista, obediente y que facilite la explotacin israel del pueblo palestino a cambio de una pequea limosna juda como pago.

Tras esta explotacin primera, viene luego la explotacin de las masas trabajadoras israeles, menos brutal e intensa, y despus estn las ganancias directas que obtiene la burguesa israel por sus ventas en armas y servicios represivos en muchos pases, y de otros productos. Pese a la bonanza econmica israel, el 25% de la poblacin vive bajo el umbral de pobreza mientras que menos de medio centenar de familias controlan el grueso de la riqueza de un pas en el que la tasa de pobreza infantil es la ms alta de entre los pases capitalistas desarrollados. El empobrecimiento de las clases trabajadoras va en aumento en la medida en que las empresas se desplazan a los territorios ocupados o a otras zonas de Israel, abandonando el sur y la zona de Galilea. No hace falta decir que son las mujeres las ms afectadas por estos cambios, sobre todo las rabes, las drusas y las judas orientales, por este orden. La enorme corrupcin que infecta a Israel facilita la explotacin interna y externa, aumenta la impunidad de la burguesa e impide el timorato control sobre el trfico internacional de armas, uno de los negocios ms rentables.

Esto nos lleva a la tercera causa del poder israel, la ayuda imperialista, de forma directa, mediante fondos cientfico-militares y mediante ayuda econmica explcita de los lobby judos que dominan o condicionan ramas productivas fundamentales del capitalismo yanqui, desde la prensa hasta las finanzas especulativas. Tampoco debemos olvidar las ayudas de otros Estados capitalistas y en especial de las organizaciones judas mundiales que, adems de dinero e informacin, garantizan el envo a Israel de judos de la dispora para aumentar la poblacin y la fuerza de trabajo, poblar nuevos territorios invadidos, garantizar las levas militares, etc. Sin este permanente aporte exterior, el capitalismo israel tendra que reducir al mximo las ya limitadas condiciones de vida de su poblacin, aumentar salvajemente su explotacin e intentar exterminar definitivamente al pueblo palestino. Desde finales de la dcada de los 70, Israel es el pas que ms ayudas recibe del imperialismo yanqui, cifradas en un mnimo de 3000 millones de dlares al ao, ayudas que se han volcado en lo militar abandonando la asistencia civil. Adems, mientras que los EEUU ponen como condicin para recibir sus ayudas que el pas receptor no las reinvierta en otros pases, esta regla desaparece en el caso israel que tiene el privilegio de poder colocar el 25% sin avisar a los EEUU. Las concesiones yanquis de todo tipo son facilitadas por las presiones de dos lobby judo-norteamericanos, la Zionist Power Configuration (ZPC) y la American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), que a la vez son fuerzas de presin poltica dentro de los EEUU.

La cuarta causa del poder israel radica en la militarizacin de los sectores punta de su economa. A pesar de sus reducidas dimensiones y poblacin, el Estado de Israel es el sexto exportador de armas del mundo, tras Rusia, EEUU, Estado francs, Alemania y Gran Bretaa. Si bien los vendedores de armas judos recorren todo el mundo, tienen especial preferencia por los Estados dictatoriales, los regmenes antidemocrticos y reaccionarios que necesitan armas polivalentes, que sirvan tanto para una guerra exterior como para aplastar al propio pueblo. Israel ofrece mercancas criminales que tienen buena relacin calidad/precio, y tambin ofrece su muy acreditada experiencia terica en la guerra contrainsurgente. La corrupcin rampante, como hemos dicho, facilita estos negocios que se nutren de los oficiales que entran en la reserva, muy bien preparados, para ensear y aconsejar a los compradores. El crculo de retroalimentacin del poder israel se acelera con las relaciones estrechas entre tales empresas y los servicios secretos judos. La estrecha conexin con el complejo cientfico-militar norteamericano, y una correspondiente divisin del trabajo en el I+D+i, hace que la industria israel pueda desarrollar los ms sofisticados instrumentos represivos tanto en su forma material centrada en la microelectrnica y biotecnologa, como psicolgica, es decir, torturas, aislamiento sensorial, guerra psicolgica y de contrainformacin, etc. A partir del 11 de septiembre de 2001, esta rama econmica se mantiene claramente al alza.

La burguesa sionista es de carcter internacional aunque oficialmente su nacin sea Israel, controla enormes recursos financieros, industriales y mediticos, delega su poder operativo estatal en su hermana afincada en Israel, formada por entre 20 y 50 familias de la alta burguesa, a la que ayuda y aconseja en todo lo necesario, respetando su gran autonoma de funcionamiento interno, sobre todo en lo relacionado con el podero militar israel, es decir, con su independencia frente a los enemigos del imperialismo y de Israel. Tras esta simbiosis operativa en la que existe una especializacin del trabajo entre la burguesa sionista exterior y la interior, estn las diversas fracciones secundarias de la mediana y pequea burguesa israel, con sus partidos desde la autoproclamada izquierda (?) laborista hasta la extrema derecha ortodoxa y fantica que, segn los resultados electorales, pactan alianzas de gobierno. Un poder especial tiene el amplio aparato militar, profundamente ensamblado con otras instituciones estatales, para y extraestatales que se ramifican penetrando en la existencia cotidiana, ya que la seguridad nacional es la prioridad ciega a la que se supeditan todas las decisiones gubernativas. Conforme descendemos en la estructura piramidal de mando, llegamos a las amplias franjas de trabajadores judos oficialmente iguales ante la ley pero desiguales en la prctica tanto segn su posicin en la sociedad como, sobre todo, segn su origen etnocultural y geogrfico, es decir, de origen europeo occidental y americano, europeo oriental y eslavo e incluso de origen etope o de otras zonas, que son la base ltima, sin olvidarnos de los palestinos estatalizados como judos.

Junto a los Estados Unidos, Israel es el Estado terrorista con ms impunidad del mundo. Hace y deshace sin ningn respeto a nada, excepto a sus propios intereses y a los de su protector mundial, los EEUU. Tambin cuenta con la colaboracin directa o indirecta del resto de los Estados que no se atreven a enfadar a los yanquis si se enfrentan a Israel. Adems, muchas burguesas necesitan del asesoramiento terico y tcnico israel para reprimir a sus propios pueblos. El Estado de Israel tiene cuatro grandes bazas en su haber en esta crucial cuestin: su sofisticada red de espionaje internacional, una de las ms implantadas; su conocimiento acumulado tras ms de medio siglo de exterminio palestino; su enorme capacidad propagandstica y manipuladora al contar con el apoyo de la industria meditica eurocntrica, y la creciente preocupacin del capitalismo mundial por la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos. La alianza cada vez ms estrecha entre sectores judos fanticos y sectores fundamentalistas cristianos, incluidos algunos catlicos, especialmente en los EEUU pero con ramificaciones que se expanden a otras partes del mundo, sirve para crear nuevo mesianismo que se levanta en defensa de la civilizacin judeocristiana atacada por los enemigos eternos. De este modo, el imperialismo oculta las verdaderas races de sus atrocidades, invierte los efectos por las causas, se presenta como defensor de la civilizacin frente a la barbarie y, simultneamente, abre nuevos mercados para sus industrias militares y mediticas.

Cuando, por ejemplo, en Euskal Herria u otra parte del mundo se boicotea la participacin de un equipo deportivo israel, se est denunciando, adems del exterminio palestino, tambin todo lo visto anteriormente, e incluso el colaboracionismo institucional del pas recepto de ese equipo. La normalizacin de su presencia internacional es uno de los objetivos primeros de la poltica exterior israel, mientras impide que el pueblo palestino alcance un mnimo de unidad nacional y reconocimiento internacional que le permitan siquiera estar presente en eventos deportivos, por seguir con el mismo ejemplo; pero podemos poner cualquier otro porque, a estas alturas del capitalismo, ninguna decisin de los Estados responde al azar o a la voluntad caprichosa de un solo responsable, y menos de los Estados terroristas y militarizados. Son tales y tan permanentes las atrocidades sionistas que una de las mejores ayudas que puede recibir el pueblo palestino, y todos los que de forma indirecta o directa padecen de algn modo el terrorismo israel, es la de demostrar con boicots que ese Estado empieza a encontrar cada vez ms denuncias, crticas y resistencias en el mundo.

RESUMEN:

La prctica del boicot realizada en base a lo aqu propuesto, tiene la virtud de mostrar a la humanidad normal y corriente lo fcil que es empezar a debilitar al monstruo en sus pies de barro, en sus entraas y en su cabeza, mediante una prctica cotidiana sencilla, pacfica y digna, moralmente impecable y ticamente asentada en los valores ms democrticos y progresistas. Empezar esta accin de responsabilidad y dignidad humanas contra Coca Cola y contra el Estado de Israel es una manera fcil y asequible de llamar la atencin, concienciar y facilitar el progresivo aumento de las movilizaciones nacionales e internacionales contra ambos poderes significativos del imperialismo capitalista. Tambin es una forma de combatir el poder de manipulacin del sistema, su capacidad de dirigir a distancia o al menos orientar las decisiones colectivas hacia los intereses de la minora dominante.



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