Portada :: Cultura :: Manuel Sacristn, "Miradas filosficas"
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2007

Una conferencia indita de Manuel Sacristn sobre Giordano Bruno y Galileo Galilei

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Hace algo ms de cuarenta aos, el 13 de febrero de 1967, Manuel Sacristn Luzn (1925-1985) imparti una conferencia en la Residencia (o Escuela) San Antn con el ttulo Bruno y Galileo: creer y saber. Existen dos esquemas muy similares de su intervencin depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona. Se incorporan aqu los textos seleccionados por el propio Sacristn para acompaar su intervencin.

Sacristn particip con un breve escrito, fechado el 3 de diciembre de 1967, en una revista de los estudiantes de Filosofa de Barcelona. Su texto llevaba por ttulo: Un problema para tesina en filosofa. Ha sido reimpreso en Papeles de filosofa. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 351-355. El lector har bien en repasarlo como complemento de esta conferencia.

No era la primera que Sacristn se aproximaba a la figura de Galileo. Una de sus conferencias ms recordadas, dictada en la facultad de Medicina de Barcelona en 1964, llev por ttulo: Detrs de una medicin de Galileo (el esquema de su intervencin se conserva igualmente en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, Fondo Sacristn). De hecho, Sacristn hizo diversas y documentadas referencias a Galileo en sus clases de Fundamentos de Filosofa tras su vuelta de la Universidad de Mnster, y en sus apuntes editados de 1956-57 y 1957-58 hay diversas referencias a la obra y al mtodo galileanos.

Tiene inters recordar algunas aproximaciones de Sacristn a la obra de Galileo Galilei:

I) Matemtico, astrnomo y fsico italiano, revolucion la concepcin del mundo de su tiempo adhirindose a la tesis de que la tierra gira alrededor del sol. Su trabajo pionero en gravitacin y movimiento le cost la vigilancia ininterrumpida del tribunal de la Inquisicin en Roma. En 1633, a los 70 aos de edad y despus de haber estado sometido a veinte das de interrogatorios y acusaciones, Galileo abjur. Cuenta la tradicin que, al levantarse, golpe con furia el suelo y exclam Eppur si muove (y sin embargo se mueve). Su contribucin al pensamiento moderno recoge, adems, su intento inicial de combinar el clculo matemtico y la experimentacin. Por eso se le considera no slo padre de la mecnica moderna, sino tambin de la fsica experimental.


II) [] Pues Galileo no prob ni poda probar el heliocentrismo. Tampoco se ha probado,... la ley de cada libre de los graves, por ejemplo: el escolstico Cremonini pudo sostener con toda razn contra los galileanos que esa ley no se cumple nunca en la realidad accesible a los hombres en la superficie de la Tierra...

Ocurre, en sustancia, que el criterio de la cientificidad de una proposicin no es su demostrabilidad en sentido absoluto: el criterio es ms bien una cierta racionalidad crtica, intersubjetiva e interna a la teora, vinculada a supuestos y mtodos, razn por la cual la racionalidad de cada proposicin se manifiesta en la eficacia global de la teora (que las contiene a todas) sobre la realidad.

Por otra parte, no est en absoluto claro que las verdades objetivas no produzcan jams esfuerzo moral: Coprnico y Galileo no han muerto, como Bruno, en la hoguera, pero han luchado y sufrido por verdades as. Y es que, al no haber demostrabilidad absoluta, tambin es necesaria una decisin para imponerse el modo de pensar -y an ms el de vivir- racional.


III) El mundo de la matemtica es ya el mundo en que vivimos, y lo ser en mayor medida para las prximas generaciones. La frase de Galileo segn la cual el libro de la naturaleza est escrito con caracteres matemticos ha resultado tener la permanente verdad de las metforas poticas ms autnticas. Seguramente nadie tiene hoy presente la inspiracin platnica de la frase al reconocerla, luego de tres siglos, una vigencia aun ms completa que en el momento en que la escribiera Galileo. Vigencia ms completa porque la conviccin de que la matemtica es una raz principal de nuestras posibilidades de comprender las cosas no se refiere slo a las cosas de la naturaleza. Una naturaleza segunda, la tcnica, penetra hoy, por obra en gran parte de la matemtica, en la vida cotidiana, con profundidad creciente, configurndola e influyendo cada vez ms en la consciencia de cada da. E incluso en la misma consciencia terica de la vida social, en las ciencias sociales, se tiene un proceso de penetracin del pensamiento matemtico que, segn toda apariencia, no previeron nunca ni los pensadores ms entusiastas de la matemtica en el pasado.


IVa) Ms en general, el anlisis reductivo practicado por la ciencia tiende incluso a obviar conceptos con contenido cualitativo, para limitarse en lo esencial al manejo de relaciones cuantitativas o al menos, materialmente vacas, formales. Esto se aprecia ya claramente en los comienzos de la ciencia positiva moderna. As, por ejemplo, lo que hoy llamamos presin atmosfrica fue manejado durante algn tiempo por la naciente ciencia moderna con el viejo nombre de horror de la naturaleza al vaco, sin que el uso de esta nocin tuviera grandes inconvenientes, pues lo que de verdad interesaba al anlisis reductivo del fenmeno (desde Galileo hasta su discpulo Torricelli) era la consecucin de un nmero que midiera la fuerza en cuestin, cualquiera que fuera la naturaleza de sta.

El anlisis reductivo practicado por la ciencia tiene regularmente xito. Es un xito descomponible en dos aspectos: por una parte, la reduccin de fenmenos complejos a nociones ms elementales, ms homogneas y, en el caso ideal, desprovistas de connotaciones cualitativas, permite penetrar muy material y eficazmente en la realidad, porque posibilita el planteamiento de preguntas muy exactas (cuantificadas y sobre fenmenos elementales) a la naturaleza, as como previsiones precisas que, caso de cumplirse, confirman en mayor o menor medida las hiptesis en que basa, y, caso de no cumplirse, las falsan definitivamente. Por otra parte, el anlisis reductivo posibilita a la larga la formacin de conceptos ms adecuados, aunque no sea ms que por la destruccin de viejos conceptos inadecuados. As, aunque todava no en Galileo, en Torricelli y Pascal aparece ya el concepto de presin atmosfrica, una vez que Galileo ha relativizado y minimizado el contenido cualitativo del concepto tradicional del horror de la naturaleza al vaco.

IVb) La decisin con que Galileo va a la bsqueda del integrante matemtico de los fenmenos, para generalizarlo luego en leyes que tambin son matemticas, se patentiza de modo notable en el siguiente ejemplo, que vale la pena considerar por su radicalismo en este sentido: Galileo analiza matemticamente a base de ese experimento algo de cuyo concepto careci durante toda su vida: la presin atmosfrica.

Los interlocutores del dilogo acerca de dos nuevas ciencias estn discutiendo acerca de si el vaco (es decir, lo que la tradicin llam horror de la naturaleza al vaco u horror vacui) es bastarte de por si solo para mantener unidas las partes separables de los cuerpos slidos. Galileo quiere demostrar que esa fuerza del vaco no basta para explicar la unin de partes fsicas de un cuerpo. Y como primer paso para demostrarlo, se propone analizar, resolver esa fuerza. Pero analizar es para Galileo medir, matematizar. Arbitra el siguiente procedimiento:

1. Se toma un cilindro hueco de vidrio ABCD, dentro del cual puede funcionar un mbolo FGHI, perforado por la varilla JK. El orificio para el paso de la varilla es holgado.

2. Por el orificio se vierte aceite hasta llenar el espacio HIBO. (El aire puede salir por ser el orificio del mbolo holgado para la varilla).

3. Hecho esto, se tapona hermticamente el mbolo tirando de la varilla KJ, mediante el reborde de sta, que es de mayor dimetro que el orificio Se invierte el aparato y se coloca en el gancho K de la varilla pesos hasta conseguir vencer la fuerza del vaco, es decir, hasta que el aceite se separe del fondo del cilindro. Repitiendo el experimento para eliminar errores, ser conocida la fuerza del vaco.

As mide Galileo lo que hoy llamamos presin atmosfrica. Con su mtodo, Galileo ha empezado por llegar a conocer matemticamente una entidad establecida por induccin: la fuerza del vaco. Luego, en el curso ulterior de su razonamiento, probar si esa fuerza es suficiente para separar, por ejemplo, trozos de mrmol. Comprueba que no lo es, y concluye que los trozos de los cuerpos fsicos (no ya slo del mrmol) estn unidos por alguna fuerza mayor que la mera presin atmosfrica, u horror al vaco, como crea el fsico escolstico con quien polemiza en ese momento.

El mtodo de Galileo est basado en una induccin matemtica. La induccin galileana puede prescindir de conceptos esenciales, y hasta usar conceptos fantsticos, sin que eso inutilice su resultado, que es matemtico, relacional y no conceptual.

Esa es la autntica y transcendental diferencia entre la induccin galileana y la aristotlica, y no la presunta inepcia que se atribuye al gran clsico griego cuando se le hace padre de un imposible mtodo inductivo que exigira enumerar todos los casos particulares de una predicacin antes de hacer la predicacin universal. Las obras de Aristteles abundan en inducciones incompletas, pero no basta con que una induccin sea incompleta para que sea galileana: para ser galileana tiene que ser, adems de incompleta, matemtica, y debe venir apoyada en una metodologa experimental auxiliar.

Aristteles tambin buscaba, como Galileo, lo universal por induccin incompleta. Pero para Aristteles lo universal era cualitativo, conceptual: los universales eran esencias. As lo haba aprendido Aristteles de la tradicin socrtica. En cambio, lo que la induccin galileana descubre, el universal de Galileo, no es esencia, sino ley, relacin.


V) Ahora bien: estos importantes progresos determinan un profundo desprecio por la ciencia escolstica, y vctima de ese desprecio es, junto con muchas cosas que lo merecan, algo que era, en cambio, digno de mejor suerte: la lgica formal de la Baja Escolstica y en general, la tradicin lgica aristotlica. Desprestigiada por su desorbitado uso como tcnica de investigacin emprica... la lgica pierde su espritu terico-formal. El desprestigio llega a extremos que slo pueden comprenderse teniendo en cuenta lo deslumbrador que debi ser para los hombres de los siglos XV, XVI y XVII el descubrimiento de los mtodos de investigacin emprica y de la filolgica: la observacin libre, no sometida a autoridades, la experimentacin, la forja de hiptesis audaces, la creacin de teoras independientes, la matematizacin, y el estudio directo y crtico de los clsicos. El humanista Lorenzo Valla, parece haber credo que la tercera figura aristotlica no concluye...

Ese momento de abandono de la idea de una ciencia de lo formal no parece haber durado mucho. El propio Galileo no ha cado nunca en tales extremos, y en vez de renegar de la inspiracin aristotlica deseaba, como dice en una de sus cartas al astrnomo Kepler un Aristteles redivivo, libre del dogmatismo de los filsofos y telogos escolsticos.

 

VI) En uno y otro caso, con una y otra lectura, podemos ver que el artista expresa aqu una delicada verdad, que compraremos, en cuanto sea posible, con ideas secas. La moneda ruda con que compramos esa verdad dice as: el hombre no ve cosas sino en el mundo, es decir, en el sistema de todas las cosas que ve. Si algo no tiene sitio en el mundo, no es visto por las personas en general. Adems, la perduracin del mismo mundo, con sus pocas cosas visibles, hace que el ver de todos los das pueda ser, al cabo del tiempo, rutinario y ausente y que mire las cosas como un tonto. Pero quien dispone de una sensibilidad penetrante puede lanzarse tras algo que no tiene sitio en el mundo tan simple que los padres ensean a sus hijos; y si su sensibilidad es, adems de penetrante, industriosa, la persona sensible puede, luego de mucho trabajo, colocar aquello que descubri en un mundo suyo y nuevo, en el que caben ms cosas. Eso hizo Galileo en Pisa y eso hace el Alfanhu en el campo de Castilla; busca el sitio de las cosas que descubre, construir el mundo de las cosas, que es tambin el de los hombres.


Referencias: I. Temps de Gent 1985. II. Un problema para tesina de filosofa, Papeles de filosofa, op. cit, pp. 352-353. III. Presentacin a la edicin castellana de Sigma. El mundo de la matemtica, p. XVI. IVa. La tarea de Engels en el Anti-Dhring, Sobre Marx y marxismo, pp. 35-36. IVb. Fundamentos de Filosofa, pp. log. 55-57. V. Lgica elemental, pp. 316-317. VI. Una lectura del Alfanhu de Rafael Snchez Ferlosio, Lecturas, p. 75.


Un apunte de Sacristn de las clases de Metodologa de las ciencias sociales 1983-1984 (pp. 10-12) en torno al papel de la experiencia (o de los experimentos) en la contrastacin de las teoras cientficas que, obviamente, no intenta defender la creencia de que todo trabajo terico elaborado y artificioso es bueno per se, independiente de toda empiria, pero s hacer plausible la tesis de que el rechazo de una construccin terica por su carcter rebuscado, artificioso o sofisticado puede tener efectos paralizadores. El ejemplo dado por Sacristn toma el caso de Galileo como ilustracin:

Varios fsicos de la universidad del Pars del siglo XIV, y belgas, haban llegado prcticamente a nociones que seran poco tiempo despus caractersticas de la nueva fsica. Por ejemplo, la nocin de inercia (que no llamaban inercia, la llamaban impetus, pero la nocin es muy anloga). Era la idea -completamente nueva, revolucionaria entonces, y contrapuesta a la fsica antigua y medieval- de que el estado de movimiento era una cosa tan natural como el estado de reposo, de que un cuerpo en movimiento puede seguir indefinidamente en ese estado -que es la base de la idea de la inercia, que el cuerpo permanezca en su estado sea cualquiera ese estado del principio y dejando aparte cuestiones de roce, etc. Esos fsicos del XIV (Nicols de Oresme, Buridn) llegaron a esa idea simplemente por crtica de la teora del movimiento antiguo, de la teora del movimiento mecnico aristotlico y escolstico. Por ese camino llegaron a deducciones ya galileanas. Por ejemplo, muy cerca de la ley de cada libre de los graves, que es quiz el punto angular del nacimiento de la ciencia moderna, la tesis de Galileo segn la cual en el vaco todos los cuerpos, cualesquiera que sea su densidad, caen a la misma velocidad.

Los fsicos parisienses del siglo XIV llegan a resultados muy parecidos y a clculos sobre la base de esta idea de impetu (esta premonicin de la idea de inercia), pero su aparato experimental les arroja constantemente una diferencia de resultados empricos respecto de los resultados previstos por la teora, y entonces, muy sensibles al carcter artificioso de la teora, se atienen al dato numrico obtenido empricamente y renuncian a la teora que estaban desarrollando. Eso ocurre en el XIV, desde 1340 hasta 1400.

Dos siglos ms tarde, prosigue Sacristn, cuando el mismo Galileo desarrolla la ley tambin observa discrepancias entre los datos empricos y los calculados a partir de la teora, pero ste considera que esas discrepancias sern fruto de factores que intervienen y que l no controla; en vez de sentir la teora como artificiosa la siente como esencial, puesto que es una teora deductiva y cuantificable, para l -que cree ms o menos msticamente en la naturaleza matemtica del universo- tiene todas las seguridades, y si los datos de los sentidos y las mediciones empricas no concuerdan exactamente, ser que las mediciones tienen algn defecto.

Esta conciencia terica llega hasta el extremo de que cuando un gran fsico tradicional, un fsico escolstico, un dominico, repite las mediciones de Galileo (la cada por el plano inclinado de las bolas de plomo, de mrmol, de madera) y no le sale el mismo resultado y escribe a Galileo diciendo que ha repetido su experimento y no sale (tiene una discrepancia), Galileo ni siquiera se digna contestar. Encarga la contestacin a un discpulo, Toscanelli, el cual escribe una carta, una breve carta, que puede que suene como una provocacin maleducada pero que lleva dentro toda la idea de teora. Es una sucinta carta que dice: si sus bolas de plomo, de mrmol, de madera, de hierro, no cumplen la ley del seor Galileo, peor para ellas.

Se pregunta entonces Sacristn: qu es lo que hay por debajo de esta impertinencia? La conviccin de que lo que importa realmente es la teora. La conviccin terica y el reproche a este hombre de no haber entendido eso, de no haber entendido que lo esencial es el lado explicativo de la teora, que las discrepancias empricas no son mayores que con la teora anterior. Al contrario -esto est empricamente a favor de los galileanos-, sus discrepancias eran de todos modos menores, su margen de error, y su margen de diferencia en resultado terico y resultado emprico era una diferencia menor que con la teora anterior, la teora aristotlica que propona que cada cuerpo cayera a una velocidad proporcional a su densidad, o sea su peso; esa teora es ms discrepante de la realidad como es obvio.

Conclusin: si muchas veces la especulacin terica puede ser, sin duda, ociosa e incluso vaca, en otras, en cambio, rechazarla por su aparente artificiosidad o sofisticacin puede tener efectos paralizadores.

Sacristn remataba su argumento recordando la postulacin fuertemente especulativa de Pauli, sin anclaje experimental, de la existencia del neutrino para salvar el principio de conservacin de la energa (Puede completarse este anotacin con el anexo Ficha para la proyeccin del Galileo).


En cuanto a Giordano Bruno, esta breve seleccin de textos de Sacristn:

I) Pie de pgina (1970)

Giordano Bruno, defensor del heliocentrismo y de otras doctrinas condenadas por la Iglesia catlica, fue quemado vivo el ao 1600 en la plaza del Campo dei Fiori (Roma).


II) Creer y saber (1967)

La contraposicin entre saber y creer es un viejo tema filosfico. En el curso de los estudios de filosofa se tropieza con l varias veces (...) y, luego, probablemente (aunque eso depende de cmo conciba el profesor la filosofa moderna) en quinto, al hablar de Bruno y Galileo. Las conductas de Bruno y Galileo encarnan de un modo ya suficientemente moderno la contraposicin entre creer y saber. Por eso uno de los tratamientos ms tpicos de este tema en este siglo (el de Jaspers en Der philosophische Glaube (La creencia filosfica) Zrich 1947) arranca de una comparacin entre esos dos grandes perseguidos. Giordano Bruno crea y Galileo saba. Externamente se encontraban los dos en la misma situacin. Un tribunal de la Inquisicin exiga bajo amenaza de muerte la abjuracin. Bruno estaba dispuesto a retractarse de muchas proposiciones, pero no de las que eran decisivas para l: muri de muerte de mrtir. Galileo reneg de la doctrina de que la Tierra gira alrededor del Sol (...). (Jaspers, op. cit., p. 9)...

Por otra parte, no est an absoluto claro que las verdades objetivas no produzcan jams esfuerzo moral: Coprnico y Galileo no han muerto, como Bruno, en la hoguera, pero han luchado y sufrido por verdades as. Y es que, al no haber demostrabilidad absoluta, tambin es necesaria una decisin para imponerse el modo de pensar -y an ms el de vivir- racional. Puede, por cierto, observarse de paso que la tajante contraposicin de Jaspers no alcanza tampoco el caso de Bruno. Uno de los estudiosos de Bruno que gozan de ms prestigio, Rodolfo Mondolfo, ha argido convincentemente que el mrtir estaba dispuesto a abjurar precisamente de sus tesis teolgicas, no de las cosmolgicas, y que fue la fidelidad a estas ltimas tesis, filosficas, en general, la que le cost la vida...

La contraposicin saber-creer esconde, en realidad, la contraposicin verdadera que es la que se da entre la creencia racional y la irracional. Es verdad que racional es un adjetivo muy problemtico que no ha recibido an aclaracin satisfactoria y que acaso no la reciba nunca, sino que sea una de esas nociones reguladores a las cuales no podemos sino acercarnos asintticamente, segn la til metfora de Engels. Pero aun en este caso es un hecho que este movimiento asinttico ha recorrido bastante camino, como prueba el que racional mismo, o ms frecuentemente, plausible, sean trminos aplicados a expedientes utilizados con xito heurstico en disciplinas tan constrictivas como la matemtica, por no hablar ya de las ciencias empricas naturales y sociales.

 

III) Hiptesis matemticas e heliocentrismo (1960)

Los telogos que quemaron a Bruno -el hombre que, con escasa prudencia positivista, infera de los hechos explicados por Coprnico la posibilidad de otros mundos habitados- haban descubierto desde hacia ya tiempo la forma de esterilizar la razn y la experiencia por medio de la castracin positivista: como es sabido, hasta que la crisis estall ya indisimuladamente con los casos de Bruno y Galileo, la Iglesia permiti la enseanza de la astronoma heliocntrica slo como una hiptesis matemtica, sin significado fsico. Con este inocente estatuto epistemolgico, el copernicanismo fue enseado durante el siglo XVI en Universidades tan poco sospechosas de cientificismo moderno como las espaolas de la poca, lumbreras de Trento.


Referencias: I. Antologa Gramsci, p. 230, n. 98. II. Un problema para tesina de filosofa, Papeles de filosofa, pp. 351-354. III.Tres notes sobre laliana impia, Horitzons 2, p. 15.


El siguiente es, pues, el esquema desarrollado de la conferencia impartida por Sacristn en 1967 en torno a Bruno y Galileo, y a las nociones de creencia y saber.

*

0.

1. Esta intervencin aislada [de 45 minutos] en un curso de tantas lecciones como el que estn dando ustedes no puede proponerse hacerlo adelantar, contribuir directamente al mismo. Por el contrario, slo puede ser un parntesis dentro de l.

2. Ocupa ese parntesis un tema que es un lugar comn de la historia de la filosofa y del pensamiento cientfico: es corriente poner a Bruno y a Galileo como ejemplos, respectivamente, del saber y el creer1.

2. La forma ms reciente y difundida de ese lugar comn es la que le ha dado Jaspers en Der philosophische Glaube [La creencia filosfica], 1948:

Giordano Bruno crea y Galileo saba. Externamente se encontraban los dos en la misma situacin. Un tribunal de la Inquisicin exiga bajo amenaza de muerte la abjuracin. Bruno estaba dispuesto a retractarse de muchas proposiciones, pero no de las que eran decisivas para l; muri de muerte de mrtir. Galileo reneg la doctrina de que la Tierra gira alrededor del Sol; y se invent luego la aguda ancdota segn la cual Galileo habra murmurado a continuacin las clebres palabras: Y sin embargo se mueve (Jaspers, K., Der philosophische Glaube, Zurich 1947, pp. 9-10).


I.

0. La comparacin tpica de Bruno con Galileo se basa en la semejanza supuesta entre las situaciones y la contraria resolucin de las mismas por ambos personajes. Vale la pena examinar ambos supuestos.

1. La semejanza de la situacin externa, como la llama Jaspers, es a primera vista llamativa:

1.1. Ambos, Galileo y Bruno, han tenido previas dificultades con la Inquisicin:

1.1.1. Galileo por el Decreto de 24-II-1616, que declaraba absurda y falsa en filosofa, y por lo menos errnea en la fe" la tesis copernicana.

1.1.2. Bruno desde que huy, colgando los hbitos dominicos, del proceso de 1576 -para caer en el proceso calvinista de 1579.

1.2. Ambos han credo haber superado esas primeras dificultades por estar fuera del territorio pontificio.

1.2.1. Bruno en Venecia, ante cuya Inquisicin consigue defenderse discretamente.

1.3. De tal modo que durante aos han credo poder salirse en paz

1.3.1. Galileo durante los aos que van del Edicto de 1616 hasta la publicacin del Dilogo sobre los dos mximos sistemas del mundo (febrero de 1632).

1.3.2. Bruno durante sus 9 aos de crcel (1592-1600).

1.4. En cuanto a las tesis condenadas de uno y otro, la coincidencia es profunda, aunque no es identidad.

1.4.1. En Galileo se trata de la inmovilidad del Sol y el movimiento de la Tierra en torno suyo.

1.4.2. En el caso de Bruno, el proceso es menos conocido porque los documentos siguen siendo secretos. Se sabe que eran ocho tesis principales, pero slo se conocen exactamente cuatro:

1.4.2.1. El repudio del dogma de la Transubstanciacin (Borrador de sentencia del 8-II- 1600).

1.4.2.2. La hereja novaciana (Sumaria del 24-VIII-1597).

1.4.2.3. La pluralidad de los mundos (Sumaria del 24-III-1599)

1.4.2.4. El alma-piloto (Sumaria del 24-VIII-1597).

1.4.3. La tesis de la pluralidad de los mundos est emparentada con la heliocntrica, es consecuencia de la obra del magnnimo Coprnico2.

2. La contradictoria actitud:

2.1. La abjuracin de Galileo

Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galileo de Florencia, a los setenta aos de mi edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vos, eminentsimos y reverendsimos cardenales, Inquisidores generales en toda la Repblica Cristiana contra la hertica maldad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre he credo, creo ahora y con la ayuda de Dios, creer en el futuro todo aquello que sostiene, predica y ensea la Santa Catlica y Apostlica Iglesia. Pero como por este Santo Oficio, luego de haberme sido jurdicamente intimado con precepto del mismo que deba abandonar totalmente la falsa opinin de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no sostuviera, defendiera ni enseara de ninguna manera, ni de viva voz ni por escrito, dicha falsa doctrina, y tras haberme notificado que dicha doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, he escrito y dado a la estampa un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y aporto razones con mucha eficacia en favor de ella, sin aportar ninguna solucin, he sido juzgado como vehemente sospechoso de hereja, es decir, de haber sostenido y credo que el Sol es el centro del mundo e inmvil, y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve.

Por tanto, queriendo yo quitar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esa vehemente sospecha, justamente concebida sobre m, con corazn sincero y fe no fingida abjuro y maldigo y detesto dichos errores y herejas, y en general cualquier otro error, hereja o secta contra la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no dir nunca ms ni afirmar de viva voz o por escrito cosas tales por las cuales se puede tener de m semejante sospecha; y si conociera algn hereje o sospechoso de hereja lo denunciar a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre

Yo, Galileo Galilei, antedicho, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado como queda dicho; y en fe de la verdad, con mi propia mano he firmado la presente cdula de abjuracin y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de la Minerva, este da 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda dicho, de mi propia mano.


2.2. La actitud de Bruno

[Bruno ante los jueces

- Chi cadr morto a terra ben maccorgo;

Ma qual vita pareggia al morir mio? (Transillo).

- Majori forsitan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam].


II.

1. La heterogeneidad de las actitudes finales de los dos ha sido el fundamento de la distincin tpica entre el creer del uno y el saber del otro.

1.1. La verdad de Galileo no sufrira por abjuracin.

1.2. La de Bruno s.

Esa es la diferencia: una verdad que sufre por la abjuracin, y una verdad cuya abjuracin no la afecta. Ambos hicieron algo adecuado al sentido de la verdad que representaban (Jaspers, K: Der ph. Gl., p. 10).

 

2. Llegados a este punto hay que ponerse en guardia porque el filsofo nos est deslizando, sin que nos demos cuenta acaso, una doctrina de la verdad que quiz no estemos obligados a aceptar. Con ella adems -y esto es lo ms grave- va a introducir a priori un concepto de creencia3 y otro de saber. No habr investigacin, ni siquiera honrada fijacin convencional de esos trminos. (Este es el vicio caracterstico de la filosofa clsica).

3. En efecto, a continuacin escribe Jaspers

La verdad de la cual vivo no es sino en la medida en que me identifico con ella; es histrica en su aparicin, no es universalmente vlida en su formulabilidad objetiva, pero es incondicionada. La verdad cuya correccin puedo probar subsiste sin m; es universalmente vlida, atemporal, pero no incondicionada, sin ms bien vinculada a presupuestos y mtodos del conocimiento en conexin con lo finito. Sera inadecuado querer morir por una verdad que se puede probar (Jaspers, K., Der ph. Gl, p. 10).

 

4. Esa doctrina parece clara, pero no lo es y hay mucho que decir:

4.1.1. Hasta Einstein, no ha habido 'prueba' fsica del heliocentrismo. Y la prueba supone muchos conceptos tericos.

4.1.2. La ley, de cada libre de los graves no se ha demostrado ni se demostrar" nunca en el sentido de Jaspers. El caso Cremonini.

4.1.3. El criterio de racionalidad no es la demostrabilidad, sino la prctica crtica intersubjetiva, colectiva.

4.2.1. No est en absoluto claro que verdades objetivas (pero que no son demostrables" en el tranquilizador sentido de Jaspers) no necesiten ni merezcan, ni de hecho produzcan, el esfuerzo personal.

4.2.1.1. Coprnico y Galileo no han muerto, pero han luchado y sufrido.

4.2.1.2. Y es que, al no haber demostrabilidad absoluta, tambin es necesaria una decisin para imponer el modo de pensar -y an ms de vivir- racional. Se puede no poder vivir sin cientificidad, y ste va a ser el caso cada da ms.

4.3. Por ltimo, en el caso concreto de Bruno, la tesis no aclara los hechos: las verdades por las que es oportuno morir, tal como las describe Jaspers -y tal como las concibe, en general, el tpico son propiamente verdades de fe. Deberan ser las proposiciones teolgicas de Bruno.

4.3.1. Ahora bien: Bruno estaba dispuesto, en Venecia y luego en Roma, a abjurar precisamente de sus tesis teolgicas. Uno de los mejores conocedores de Bruno, Rodolfo Mondolfo, ha explicado del modo siguiente el cambio de Bruno en la fase final de su proceso:

"Ignoramos s entre las restantes cuatro proposiciones herticas haba otras de contenido netamente filosfico; sin embargo, las dos mencionadas eran de importancia capital en la filosofa de Bruno; especialmente la pluralidad de los mundos, que mientras poda preocupar a sus jueces por implicar an problemas teolgicos (como el de la Encarnacin que tendra que realizarse en cada uno de los mundos innumerables), significaba para l las doctrinas filosficas de la infinitud y unidad universales y de la correspondencia entre potencia y acto divinos...

Lo cual explica la sensacin inmediata que tuvo Bruno de una diferencia sustancial entre el tribunal romano y el vneto, a cuyas exhortaciones a retractarse haba accedido. El tribunal vneto le exiga nicamente una retractacin sobre el terreno de la fe religiosa, a la cual poda someterse en virtud de su conviccin y afirmacin constante de la misin prctica (moral y social) de la religin. En cambio el tribunal romano le peda adems un repudio de su misma filosofa, por considerarla condenada por toda la tradicin catlica, y sobre este terreno l no poda retractarse sin renegar de todo lo que haba tomado ms a pecho" (Rodolfo Mondolfo, Tres filsofos del Renacimiento, Buenos Aires, 1947, p. 31).


4.4. La situacin resulta todava mucho ms complicada si se tiene en cuenta que aqu no puede recurrirse a una distincin tajante entre ciencia positiva y filosofa: en la poca - tambin para Galileo- ciencia es filosofa y viceversa.

4.5. Con todo eso no se trata de negar la diferencia entre Galileo, que es un gran cientfico, y Bruno, que no lo es.

4.6. Pero es evidente que hay que revisar la tesis, aparentemente tan clara, de las dos verdades heterogneas.


III.

1.1. La demostrabilidad es interna al sistema cientfico terico, ms o menos terico, por lo dems.

1.1.1. Y la relacin a presupuestos y mtodos tambin.

1.2. Pero la decisin de hacer ciencia y creerla en algn sentido, considerndola bsica para la conducta, es externa a todo eso. Por tanto, tan incondicionada como cualquier otra.

1.3. Lo mismo vale para el sentido comn razonable. La frase de Einstein4 sobre la bomba.

1.4. Por tanto, tambin el comportamiento racional, o incluso el cientfico, se basa en creencia. Slo los teoremas formales son ajenos a la creencia, pero en cuanto tales carecen de significacin.

2.1. La contraposicin (jaspersiana, por ejemplo) saber-creer esconde la verdadera: creencia racional-creencia irracional. Es verdad que "racional' es muy problemtico y no ha recibido an aclaracin, ni quiz la reciba nunca del todo, y sea asinttico. Lo cual hara ms slida esta argumentacin. Pero la tesis contraria es peor:

2.2. La falsa contraposicin es ideolgica:

2.2.1. Construye un concepto de saber idealizado y falso, por extrapolacin al exterior del sistema de lo que es interior (no hay saber racional, hay conocimiento racional).

2.2.1.1. De este modo hace creer que es inadecuado comprometerse y luchar por verdades racionales, porque la seguridad de stas sera obvia: cosa, como hemos visto, falsa.

2.2.1.1.1. El teorema es certeza interna al sistema. La aplicacin del teorema es asunto tan moral como la de dogmas. Por eso hay responsabilidad moral del cientfico.

2.2.2. Y as puede contraponerle una creencia absoluta y personal

2.2.2.1. Que no puede existir ms que renunciado a la crtica.

2.2.2.2. Y sera accesible por otros supuestos procedimientos (el mtodo filosfico, etc.) que no existen sino con la misma condicin.

2.2.3. Todo lo cual tiene una funcin conservadora de la irracionalidad de la cultura, al hacer de la conducta racional algo de resultados tan claros y obvios cuanto sin importancia.

3.1. Ahora bien: por debajo de todas las diferencias, Galileo y Bruno coinciden en afirmar precisamente la conducta racional y crtica, frente a la autoridad, la tradicin y el lugar comn.

3.1.1. Galileo lo dice con su hermoso estilo tranquilo de trabajador de la razn. Tan contrario a toda autoridad que hasta desconfa de la suya propia.

Mi inquieto espritu no puede evitar el ir dando vueltas como rueda de molino y con gran gasto de tiempo, porque el ltimo pensamiento que se me ocurre a propsito de alguna novedad me hace mandar al agua todos los descubrimientos anteriores


3.1.2. Bruno con la violencia del propagandista:

No valga como argumento ninguna autoridad de varn, por excelente e ilustre que sea

Es inicuo sentir por obediencia a otro, es mercenario, servil y contrario a la dignidad de la libertad humana sujetarse y someterse; es estupidsimo creer por costumbre, irracional admitir algo por la muchedumbre de los que as opinan...

Hay que escuchar el clamor de la naturaleza

Bruno, Articuli 160 adversos mathematicos. Dedicatoria Ad divum Rodolphum II imperatorem.


3.2. Ambos son en ese sentido tpicos renovadores de la razn en la Edad Moderna, proclamadores de lo que Ortega llam la naturaleza luciferina de sta, que proclama su 'non serviam' frente a cualquier autoridad.

3.2.1. Porque la experiencia ensea (no demuestra) que para servir, la razn tiene que no ser sierva.

3.2.1.1. Para servir al progresivo descubrimiento de verdades y a la progresiva destruccin de viejas falsedades.

3.2.1.2. Lo cual supone decisin, vivir-en.

3.3. Contra lo que dice Jaspers, Bruno y Galileo han vivido de lo mismo: del renacimiento de la razn en los comienzos de la Edad burguesa. -Tesis de la doble verdad.

4. Con eso hemos despejado el terreno de interpretaciones ideolgicas disimuladas. El caso de Bruno y Galileo nos confirma que toda actitud racional -salvo en las ciencias formales puras- es creencia. No es verdad que la actividad intelectual racional sea un mero juego infalible, frente al cual exista, con sus fuentes, otro modo de conocer y conducirse que sea tambin filosfico. Eso es afirmacin ideolgica. No es que lo uno sea saber y lo otro creer. Son dos creencias.

Ahora, por redondear, vamos a recuperar la diferencia Bruno Galileo.


IV.

1. Muchas diferencias

1.1.1. Galileo era un viejo de 70 aos cuando abjur

1.1.2. Bruno tena 53 aos cuando muri en la hoguera, 44 cuando empez

1.2.1. Galileo es cientfico en acto, aunque sus grandes descubrimientos arranquen alguna vez de razonamientos incorrectos.

1.2.2. Bruno es ms un propagandista de la libertad de investigacin de enseanza.

2. Pero esta ltima diferencia, que parecera explicarlo todo, no explica nada.

2.1. El caso Bacon

Que el nimo se acomode prudentemente a las ocasiones y oportunidades, en vez de hacer las cosas dura y obstinadamente (Bacon, De dignitate et augmento scientiarum).


2.2. Bruno en cambio

Si alguna razn, por nueva que sea, nos estimula y obliga, sea lcito a todo el mundo opinar libre y filosficamente en filosofa y manifestar su doctrina (Bruno, Acrotismus camoeracensis. Forma epistulae ad Rectorem Universitatis Parisiensis, Opera latina I,1, 57).


3. La comparacin con Bacon es muy instructiva.

3.1.1. La lucha contra los dolos" lo es tambin de Bruno.

3.1.2. Y en ms de un respecto se considera a ste precursor de aquel.

3.2. Hay casi identidad de misin, con diversidad de conducta, de "tctica".

4. No es pues diferencia de verdades, sino de personas.

4.1. Sin juzgar.

4.1.1. Por la diversidad de las circunstancias.(Contra el tpico).

4.2. Registrar.

5.1. Y no olvidar, como cientficos, que no hay por un lado creencia, decisiva existencialmente y ni necesitada ni susceptible de justificacin racional; y, por otro lado, un saber totalmente justificado, pero que no sirve moralmente para nada.

5.2. La situacin es que todo es creencia, y que la que se esfuerza por ser racional requiere tanto esfuerzo moral como la irracionalista -seguramente ms, porque exige espritu crtico y autocrtico.

5.3. Observar el mecanicismo de los espiritualismos irracionalistas.

 

Notas SLA:


1) Como se indic, sobre el asunto Bruno-Galileo, creer-saber, puede consultarse un artculo de Sacristn para una revista de estudiantes de filosofa fechado el 3.XII.1967 -Un problema para tesina de filosofa (Papeles de filosofa, op. cit, pp.351-355), directamente relacionado sin duda con esta conferencia.


2) Sobre Coprnico, esta nota de su traduccin de Historia del Espritu griego (p. 282):

Desde la poca de redaccin de este libro de Nestle [Griechische Geitesgeschichte.Vom Homer bis Lukian [Historia del espritu griego],1944], la investigacin de la historia de la ciencia ha subrayado an ms la importancia del descubrimiento de Aristarco y de su influencia en Coprnico. La eliminacin de la referencia a Aristarco en el prlogo impreso del De revolutionibus (impreso pstumamente) se debe al editor y amigo de Coprnico que, con cierto fundamento, crey poder evitar as ataques religiosos al astrnomo: no citando ms que a pitagricos, la tesis heliocntrica pareca mera hiptesis matemtica, no materialmente creda; as se evitaba chocar con la autoridad. Citar a Aristarco era en cambio confesar el heliocentrismo como plena teora fsica. Y esto no era an posible 50 aos ms tarde, como prueban los procesos contra Bruno y Galileo.


3) Sobre la nocin de creencia, sealaba Sacristn en Un problema para tesina de filosofa (Papeles de filosofa, pp. 353-354):

(...) Lo esencial en todo esto es que en la ciencia real, no en la formal, no hay demostrabilidad absoluta. Y no la hay porque la relacin de fundamentacin o demostrabilidad es interna al sistema cientfico terico (ms o menos terico, por lo dems, lo que quiere decir que la relacin de fundamentacin estar ms o menos determinada segn los casos). En cambio, la decisin de hacer ciencia y de creerla (en algn sentido de creer que habra que precisar), considerndola as bsica para la conducta, es externa al sistema terico. Por tanto, es tan incondicionada como cualquier otra decisin. Ntese que lo mismo vale para todas las decisiones vitales del sentido comn: segn una clebre observacin de Einstein no se puede demostrar la proposicin No hay que exterminar a la humanidad, sino que la gente, por decisin absoluta, como dice Jaspers, nos dividimos en los que somos contrarios al uso de la bomba atmica y los que le son favorables. En suma: tambin el comportamiento racional, un pice del cual es el cientfico, se basa en creencia, no en prueba. Slo los teoremas formales (interpretados -en el sentido genialmente anticipado por Kant- como lo que hoy llamamos implicaciones estrictas con la prtasis expresa) son independientes de la creencia y carecen al mismo tiempo de significacin real.

 

Igualmente, en su resea de J. Mostern, Racionalidad y accin humana, Mundo Cientfico nm.1, pp. 106-107 (ahora reimpreso en M. Sacristn, Lecturas de filosofa moderna y contempornea, Trotta, Madrid, 2008, edicin de Albert Domingo Curto), apuntaba Sacristn:

(...) Este optimismo se hace a veces cientificista. De vez en cuando, dentro de una tradicin neopositivista, como cuando hace intervenir esa pieza inevitable de filosofa cientificista perenne que es el criterio de los competentes, entender el cual es condicin de la racionalidad creencial. El mismo ejemplo que aduce Mostern se burla un poco del criterio de los competentes y sugiere que, junto a ese criterio, habra que introducir en la racionalidad creencial y en la prctica un criterio de docta ignorancia, por as decirlo, que autoriza a prescindir en ciertos casos de las opiniones de los cientficos. El ejemplo de Mostern es la deriva continental: el creyente racional ha de admitir la opinin dominante al respecto entre los gelogos competentes. Pero ocurre que que en una generacin esa opinin ha cambiado dos veces: hace poco ms de treinta aos se enseaba en el bachillerato la tesis de la deriva continental en la versin de Wegener; luego se olvid, y hoy se vuelve a ensear con otra explicacin. Parece bueno recomendar al creyente racional y, sobre todo, al agente racional que, cuando ello sea posible, procure decidir con independencia de si los continentes se deslizan o no.


Sobre fe y creencia, matizaba Sacristn en La militancia de los cristianos en el partido comunista (Materiales nm 1, 1977):

En toda conducta razonable va implcita una creencia. Pero esa creencia es una expectativa basada en experiencia colectiva y en razonamiento controlable en principio por cualquier ser humano. La creencia empieza por ser, dicho sea de paso, un factor de la supervivencia de la especie. Tambin los animales superiores tienen creencias de estructura y funcionamiento parecidos a los de las humanas creencias sobre la luz del sol, sobre los alimentos, etc; creencias, y no slo instintos, como lo prueba el que sean capaces de rectificar algunas de sus creencias y de adoptar otras nuevas cuando con las anteriores falla la satisfaccin de un instinto. La creencia es, para numerosas especies animales, incluida la nuestra, una fuerza productiva fundamental de la reproduccin simple de la vida y de la reproduccin ampliada biolgica; y, adems, para nuestra especie, es una fuerza productiva de la reproduccin ampliada total: de esa fuerza nacen ideas razonables para conductas complicadas, a veces ideas cientficas, y a veces incluso revolucionarias; pero siempre construidas con experiencia comn y razonamiento controlable.

La creencia cristiana -o, en general, testa- no es eso. Es creer en lo que no se basa en experiencia comn ni en razonamiento controlable, ni siquiera en naturaleza. Es, como decan los catecismos, creer lo que no vemos, en el sentido de creer lo inverosmil... El cristiano, en cuanto hombre, tiene creencias sensatas, como el hombre reaccionario, o como el comunista, o, por lo que hace al caso, como el orangutn. Pero en cuanto cristiano no tienen creencia, sino fe. El mismo cristiano piensa que la fe no es creencia normalmente humana, sino virtud teologal, don gratuito de Dios.


4) Sobre Einstein, esta voz -escrita en colaboracin con M Angeles Lizn- para el calendario Temps de Gent 1984:

Hombre simple y pacfico, siempre interesado apasionada y activamente por la justicia y la responsabilidad cvica. Judo alemn de origen, trabaja y reside en Suiza, Checoeslovaquia y los Estados Unidos. En 1905, siendo un simple empleado de una oficina suiza de patentes, publica el primero de sus importantes estudios sobre la teora de la relatividad. Realiz, entre otras, investigaciones sistemticas sobre la teora cintica de los gases y la de los calores especficos; sobre estadstica, mecnica relativista y clculos de coeficientes de radiacin y absorcin. Su contribucin ms importante en el campo de la fsica fue la teora de la relatividad restringida (1905) y la teora de la relatividad general (1916) que supusieron una ruptura con el importante esquema de la fsica newtoniana. Miembro honorfico de numerosas academias y sociedades cientficas, cofundador de la Universidad de Jerusaln, declin la presidencia de Estado de Israel y continu trabajando en el Instituto de Estudios Superiores de New Jersey hasta su muerte. Al morir ya haba cambiado el rumbo de la fsica y abierto la era atmica.

*


Por otra parte, el siguiente texto, fechado el 12 de enero de 1977, es una nota didctica que Sacristn escribi para estudiantes preuniversitarios con la siguiente observacin manuscrita: Ficha para la proyeccin del Galileo de Cavani a estudiantes de BUP. Pedida por Juliana. (Puede verse en reserva de la Bibliotca Central de la UB, fondo Sacristn)

Juliana acaso refiere a Juliana Joaniquet. Puede verse sus declaraciones para Xavier Juncosa, Integral Sacristn, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

*


No es nuevo que un cientfico destacado sea objeto de una pelcula, pero tampoco es cosa frecuente. Tiene que tratarse de personajes que, adems de impresionar a la inteligencia por la importancia de sus trabajos, muevan la imaginacin y el sentimiento por las consecuencias de sus aportaciones o por las circunstancias de su vida, o por ambas cosas a la vez. Eva Curie1 o Roberto Koch son ejemplos caractersticos. Eva Curie por ser una de las pocas mujeres que han podido destacar como grandes cientficos en una sociedad dominada por los hombres. Koch por la impresin que produjo su aportacin a la lucha contra una de las plagas ms temidas en su poca: la tuberculosis.

A medida que el trabajo cientfico se va haciendo ms colectivo, por su riqueza de aspectos y su complicacin, van cambiando los criterios que dan inters literario, dramtico o cinematogrfico a una aventura cientfica. Pero en la poca de Galileo, la poca en la que precisamente empez a florecer el individualismo en todos los terrenos -desde la economa hasta el arte, la religin y la ciencia-, los dos puntos de vista de la importancia de la aportacin personal y del dramatismo de la biografa alcanzaban una vigencia que no haban tenido nunca hasta entonces en la historia. No conocemos los nombres de casi ningn constructor de las catedrales e iglesias medievales, ni los nombres de los que construyeron el admirable sistema de la geometra griega que hemos recibido bajo los smbolos, ms que nombres, Pitgoras" y Euclides. En cambio, conocemos la biografa del menos afortunado de los discpulos de Galileo, de Newton o de Einstein.

Galileo es inolvidable desde los dos puntos de vista indicados.

Galileo ha aportado logros de mucha consideracin en varios campos del conocimiento de la naturaleza. Ha promovido con un xito desconocido hasta entonces la penetracin de la matemtica en la investigacin de la naturaleza, la matematizacin de la cosmologa. En la mecnica ha formulado (1604) la ley de la cada libre de los graves esencialmente tal como la conocemos hoy. Con la idea de gravedad Galileo desarraigaba dos ilusiones casi mticas de la concepcin del mundo antigua y medieval: que haya un lugar natural para cada cuerpo (al que el cuerpo tiende a volver, y por eso cae) y que, consiguientemente, haya un movimiento natural (aquel por el cual cada cuerpo se mueve hacia su mstico 'lugar natural') y un movimiento violento (aquel por el cual se le fuerza a alejarse de dicho lugar). Ya desde 1591 (lo ms tarde) afirmaba Galileo la posibilidad del vaco, precisamente para poder justificar sus ideas sobre la gravedad; y tambin con esta tesis se opona a otra creencia mtica an dominante en su tiempo: la creencia en que la naturaleza siente horror del vaco, por lo que ste es imposible. La idea de inercia, fundamento de la dinmica moderna, es otra de las aportaciones de Galileo.

En astronoma, Galileo, que desde 1564 era copernicano (es decir, estaba convencido de que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, y no al revs, contra la creencia profesada por las autoridades eclesisticas de la poca), consigue observar en 1604 una estrella de las llamadas nuevas (novae), lo que le confirma contra el prejuicio antiguo de la inmutabilidad del Cielo de las estrellas. En 1609 Galileo construye la lente de aproximacin o anteojo astronmico de cuyo comercio en Holanda y en Venecia ha tenido noticia. En este como en muchos otros puntos de la obra de Galileo se manifiesta la importancia que tuvo para el nacimiento de la ciencia moderna la aparicin de una vida econmica y una cultura mercantiles, en las que una incipiente acumulacin de capitales en dinero permita potenciar las industrias artesanales. Los sabios de dos siglos antes no habran podido contar con un arte como el de los pticos holandeses o el de los vidrieros venecianos (uno y otro imprescindibles para la obra de Galileo), pero, sobre todo, no habran imaginado que la actividad industrial tuviera algo que ver con la ciencia pura, y hasta se habran sentido humillados si alguien lo hubiera sugerido. Galileo, que vive en los comienzos de la cultura burguesa, siente ya que las artes industriales estn ntimamente relacionadas con la investigacin de la naturaleza, se interesa por ellas y hasta se ejercita en ellas, como lo muestra, por ejemplo, su construccin del anteojo.

Con l consigue Galileo descubrimientos que socavan irreparablemente la astronoma medieval: descubre que la Luna tiene montaas; que la Tierra difunde luz como cualquier planeta (corroboracin de la astronoma copernicana); que hay muchas ms estrellas que las catalogadas hasta entonces: que los cometas son astros, no meteoros (y, por lo tanto, que el viejo Cielo inmvil est bastante animado); que Jpiter tiene satlites (lo que elimina lo que pareca ser una anomala del sistema copernicano, a saber, el hecho de que la Luna gire alrededor de la Tierra, y no alrededor del Sol); que Venus tiene fases; que desde a Tierra se ve siempre la misma cara de la Luna. Desde el punto de vista filosfico, para la concepcin general del cosmos, el descubrimiento ms sensacional de Galileo fue que el Sol presenta manchas variables (1610, 1612). Esto era la puntilla para la idea del Empreo inmutable. As lo vio Galileo:

Creo que estas novedades sern el funeral, o ms bien el final y el juicio ltimo, de la falsa filosofa; han aparecido ya signos en la Luna y el Sol. Y espero oir sobre este punto grandes cosas (...) para mantener la inmutabilidad de los Cielos; no se ya cmo podr salvarla y mantenerla.


Ya esa lista de descubrimientos -que es slo parcial- bastara para explicar la celebridad de Galileo, y el que su memoria pueda disputar metros de cinta cinematogrfica a otros temas. Pero la importancia de Galileo no se aprecia del todo si no se contempla dos puntos ms.

Uno es su fecunda aportacin a la constitucin de la idea moderna de ciencia, la condicin que tiene la obra de Galileo de ser paradigma de la ciencia moderna. Esta se caracteriza por unos rasgos aparentemente contradictorios, en realidad muy unidos: es emprica y experimental3, pero, al mismo tiempo, muy terica, incluso idealizadora y matematizadora. Por otro lado, su tendencia idealizadora no le impide ser una energa prctica, principalmente industrial: una fuerza productiva. Una teora de la moderna ciencia de la naturaleza es un artificio intelectual abstracto, ideal, matematizado en muchos casos, que no refleja la naturaleza ni tiene, muchas veces, el menor parecido con ella; pero con esa teora es posible (mientras que era imposible con la ciencia medieval) hacer experimentos exactos, prever hechos delicados y complicados, fabricar mquinas y, con ellas, productos, etc. Todo eso est presente en la prctica cientfica de Galileo, visitador asiduo de talleres artesanos y convencido, al mismo tiempo, de que el libro de la naturaleza est escrito con caracteres matemticos.

La otra razn por la cual Galileo Galileo es inolvidable es que encarna dramticamente la nocin de verdad caracterstica de la ciencia en sentido moderno: verdad objetiva, independiente de consideraciones subjetivas, que puede, por lo tanto, entrar en conflicto con el poder social, pero que, por otra parte, no necesita de adhesin moral.

Galileo no ha tenido ningn deseo de ser rebelde. Ms bien -como piensa Bertolt Brecht en el drama que le ha dedicado- ha pecado de acomodaticio, al modo de tantos cientficos modernos. Hasta bien entrado en su edad haba vivido como un tranquilo profesional de xito. Haba sido profesor en Pisa, su ciudad natal, por nombramiento del Gran Duque de Toscana; luego haba enseado en Padua, llamado por el senado de Venecia; por ltimo. el Gran Duque le haba recuperado para la universidad de Florencia.

Galileo haba tenido un primer roce con la Inquisicin, cosa nada rara en la poca. Peor augurio fue el que se tratara de la misma autoridad con que haba chocado Giordano Bruno antes de morir en la hoguera el ao 1600 (cuando Galileo tena 36 aos): el cardenal San Roberto Belarmino. La Inquisicin intim a Galileo a que no hablara del heliocentrismo ms que como de una simple hiptesis irreal calculstica, slo til para facilitar clculos, pero sin valor descriptivo de la naturaleza; como realidad haba que proclamar que el Sol se mueve alrededor de la Tierra. Por decreto de 24 de febrero de 1616 la Iglesia declaraba absurda y falsa en filosofa, y por lo menos errnea en la fe la tesis de que la Tierra se mueve alrededor del Sol.

La aparicin de la obra de Galileo Dilogo sobre los dos mximos sistemas del mundo (Florencia, 1632), en la que Galileo discute el heliocentrismo copernicano y el geocentrismo tradicional, hizo cristalizar las sospechas del Santo Oficio, que proces al sabio y le conden a retractacin y a severas penas que le fueron conmutadas por la de destierro (22 de junio de 1633). En el momento de su abjuracin Galileo tena setenta aos y era ciego.

Tambin la abjuracin de Galileo se ha visto como caracterstica del cientfico moderno, el cual, se dice, ha ido disociando cada vez ms conciencia moral de su conciencia terica:

"Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galileo de Florencia, a los setenta aos de mi edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vos, eminentsimos y reverendsimos cardenales, Inquisidores generales en toda la Repblica Cristiana contra la hertica maldad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre he credo, creo ahora y con la ayuda de Dios, creer en el futuro todo aquello que sostiene, predica y ensea la Santa Catlica y Apostlica Iglesia. Pero como por este Santo Oficio, luego de haberme sido jurdicamente intimado con precepto del mismo que deba abandonar totalmente la falsa opinin de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no sostuviera, defendiera ni enseara de ninguna manera, ni de viva voz ni por escrito, dicha falsa doctrina, y tras haberme notificado que dicha doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, he escrito y dado a la estampa un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y aporto razones con mucha eficacia en favor de ella, sin aportar ninguna solucin, he sido juzgado como vehemente sospechoso de hereja, es decir, de haber sostenido y credo que el Sol es el centro del mundo e inmvil, y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve.

Por tanto, queriendo yo quitar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esa vehemente sospecha, justamente concebida sobre m, con corazn sincero y fe no fingida abjuro y maldigo y detesto dichos errores y herejas, y en general cualquier otro error, hereja o secta contra a la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no dir nunca ms ni afirmar de viva voz o por escrito cosas tales por las cuales se puede tener de m semejante sospecha; y si conociera algn hereje o sospechoso de hereja lo denunciar a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre

Yo, Galileo Galilei, antedicho, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado como queda dicho; y en fe de la verdad, con mi propia mano he firmado la presente cdula de abjuracin y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de la Minerva, este da 22 de junio de 1633.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda dicho, de mi propia mano.


Es inevitable que la conciencia cientfica se escinda de la conciencia moral en el cientfico? El invento de que, despus de abjurar negando el movimiento de la Tierra, Galileo habra murmurado Y sin embargo se mueve no ha nacido del malestar moral de algn discpulo de Galileo?3


Notas SLA:

1) Sobre Manya Sklodowska (1867-1934), Marie Curie, esta nota de Sacristn escrita en colaboracin con M Angeles Lizn para el calendario Temps de gent 1985:

Fsica de origen polaco, hija de un matemtico y una institutriz procedentes de Varsovia, llega a Pars en 1892 para realizar sus estudios. Contrae matrimonio con el clebre cientfico francs Pierre Curie de quien obtiene la nacionalidad y con quien comparte la mayora de los experimentos sobre radioactividad. Concentrada en su trabajo de tesis sobre el estudio de los rayos urnicos (recin descubiertos por Becquerel), fue la primera en observar la radioactividad del torio y sealar la intensidad anmala de la radiacin emitida por el mineral de uranio. Junto con Pierre Curie, quien abandona sus estudios de cristalografa y se asocia con ella en la investigacin sobre radioactividad, descubren sucesivamente, dos elementos radiactivos nuevos: el polonio y el radio (1898), as como las emanaciones de radio sobre los cuerpos que le rodean. En 1902, Manya Sklodowska logra preparar un gramo de cloruro de radio puro y determinar la masa atmica del elemento con lo que da por concluida su investigacin de tesis doctoral. En 1903 los esposos Curie, junto con Henri Becquerel, reciben el Nobel de Fsica.

Para 1910, con ayuda de otros cientficos, particularmente Debierne, aislan finalmente el radio en estado metlico. Un nuevo campo: el de la fsica y qumica nuclear queda entonces establecido.

Mujer de prodigiosa memoria, a la muerte accidental de Pierre (1906) da un nuevo rumbo a su carrera. Sucede a su marido en la ctedra, llegando a profesor titular en 1908.

Fue as la primera mujer que ense en la Sorbonne.

En el momento cumbre de su fama (1922) -junto con su hija Irene- se dedic a la investigacin de la qumica radiactiva y a las sustancias radioactivas con aplicaciones mdicas. Antes de morir presenci la fundacin de la Fundacin Curie en Paris, y en 1932 la del Instituto del Radio en Varsovia.


2) Sobre la medicin de este horror de la naturaleza, sealaba Sacristn en La tarea de Engels en el Anti-Dhring (Sobre Marx y marxismo, pp.35-36):

Ms en general, el anlisis reductivo practicado por la ciencia tiende incluso a obviar conceptos con contenido cualitativo, para limitarse en lo esencial al manejo de relaciones cuantitativas o al menos, materialmente vacas, formales. Esto se aprecia ya claramente en los comienzos de la ciencia positiva moderna. As, por ejemplo, lo que hoy llamamos presin atmosfrica fue manejado durante algn tiempo por la naciente ciencia moderna con el viejo nombre de horror de la naturaleza al vaco, sin que el uso de esta nocin tuviera grandes inconvenientes, pues lo que de verdad interesaba al anlisis reductivo del fenmeno (desde Galileo hasta su discpulo Torricelli) era la consecucin de un nmero que midiera la fuerza en cuestin, cualquiera que fuera la naturaleza de sta.

El anlisis reductivo practicado por la ciencia tiene regularmente xito. Es un xito descomponible en dos aspectos: por una parte, la reduccin de fenmenos complejos a nociones ms elementales, ms homogneas y, en el caso ideal, desprovistas de connotaciones cualitativas, permite penetrar muy material y eficazmente en la realidad, porque posibilita el planteamiento de preguntas muy exactas (cuantificadas y sobre fenmenos elementales) a la naturaleza, as como previsiones precisas que, caso de cumplirse, confirman en mayor o menor medida las hiptesis en que basa, y, caso de no cumplirse, las falsan definitivamente. Por otra parte, el anlisis reductivo posibilita a la larga la formacin de conceptos ms adecuados, aunque no sea ms que por la destruccin de viejos conceptos inadecuados. As, aunque todava no en Galileo, en Torricelli y Pascal aparece ya el concepto de presin atmosfrica, una vez que Galileo ha relativizado y minimizado el contenido cualitativo del concepto tradicional del horror de la naturaleza al vaco.


3) En comunicacin personal de 30/12/2000, despus de la lectura de esta ficha de Sacristn, scar Carpintero sealaba:

(...) No dejo de sorprenderme por la capacidad de sntesis y rigor de Sacristn para hacer comprensible, y con bellas palabras, las tragedias de los derrotados, sean estos polticos como Gramsci o cientficos como el ltimo Galileo.



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