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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2007

Sobre El buen nombre, de Mira Nair
El agridulce consuelo de ser un fundamentalista

Luis Felip Lpez-Espinosa
Rebelin


El buen nombre, pelcula de Mira Nair, narra la experiencia de dos generaciones entre lo viejo y lo nuevo: el trnsito de Ashoke y Ashima desde Calcuta a Nueva York, y el trnsito de Gogol, el hijo de ambos, desde la cultura norteamericana en la que se ha criado a la difusa experiencia que tiene de la cultura de sus padres.

La decisin de Gogol, que se enfrenta al decadente universo de millonarios y de yuppies neoyorquinos optando por el integrismo hind, retrata uno de los temas de moda (con trgicas connotaciones) del mundo actual. El problema de estos jvenes fanticos no es que no se hayan integrado en nuestras democracias liberales: como se refleja perfectamente en la pelcula, ese fue el problema de sus padres. Plenamente adaptados al inspido american way of life, la exigencia de los jvenes como Gogol trasciende los problemas de la integracin, y lo que el fundamentalista nos responde es otra cosa: est bien, estamos plenamente integrados, pero esto es todo? Nos hemos comprometido plenamente con lo nuevo, sin embargo ustedes no lo hacen y se enrocan en el conservadurismo del american way of life. El esfuerzo que hace el inmigrante por habitar un medio que no es el suyo, es acaso correspondido por el esfuerzo de los nativos por crear un horizonte comn para todos, un horizonte nuevo? Todo se reduce a que el mundo, aunque sea poco a poco (es el progreso!), se adapte a las reglas de las democracias parlamentarias capitalistas?

La solucin de Gogol es, por supuesto, falsa: el retorno a los viejos valores, a un imaginario que apenas puede reconstruir artificialmente, no tiene mayores implicaciones ni le llevar muy lejos. Ahora bien, acaso todo pasado tiene que estar relacionado con estas formas vagas de espiritualidad?

No debera ser casual la presencia, en los mrgenes del filme, de smbolos de la lucha obrera: pintadas con la hoz y el martillo y manifestaciones en Calcuta, e incluso una visin fugaz de un retrato de Lenin colgando en el piso de Ashoke en Nueva York. Ms all de ser una pelcula sobre el problema de ellos, los inmigrantes en este caso indios, ella nos enfrenta tambin a nosotros, occidentales posthistricos y postpolticos, con nuestros propios fantasmas: en la dialctica entre lo viejo y lo nuevo, lo viejo no significa repetir las brumas del misticismo religioso; hay otro viejo subterrneo, en los mrgenes, otro pasado reprimido que en ocasiones aflora, como afloran en la pelcula de Mira Nair los smbolos de la cultura de clase. Y si el legado al que tenemos que ser fieles tiene que ver con ese pasado, con autores como, por ejemplo, Maquiavelo, Spinoza, Diderot, La Mettrie, Marx? Y si la dialctica entre lo viejo y lo nuevo tiene que ver con esta imprescindible revisin de lo viejo desde lo nuevo (que conduce a asumir cosas del pasado, pero lo que es igual de importante, tambin a rechazar contundentemente otras)? Esto es lo que hace Ashoke, a su manera y en su contexto (que es muy distinto del que encara Gogol): Ashoke rompe con lo viejo y emigra en busca de la riqueza. Es la misma razn por la que Ashima consiente su matrimonio concertado, en esta pelcula materialista donde el propio amor se entiende como en Spinoza: alegra acompaada por la idea de una causa exterior, donde alegra significa el paso del hombre de una menor a una mayor perfeccin. El mismo Ashoke viste a la occidental, lo que sumado al leitmotif del escritor ruso Nikolai Gogol, y del no menos escritor ruso Lenin, nos deja bastante lejos de la tpica imagen multiculturalista del emigrante provinciano apegado a sus tradiciones. Por eso es ridculo creer que la apelacin a nuestros padres, a quienes vinieron antes de nosotros, significa la vuelta pacfica a los mitos: todo lo contrario, significa buscar el acierto all donde ellos erraron, significa hacer venir eso nuevo que ellos tambin desearon. Por eso resulta tan ofensivo el respeto del liberal a todas las creencias: significa considerar al otro como un nio que debe ser preservado en el mundo ilusorio de su tradicin olvidando por completo que esa tradicin no siempre fue la de una ortodoxia religiosa, que en esa tradicin convivieron los pecados, las herejas, los atesmos y las rebeldas.

La imagen fugaz de Lenin en los mrgenes del filme no puede ser tomada a la ligera: acaso Lenin no fue uno de los primeros pensadores que desde una posicin de clase intent dar solucin al problema multicultural? En la cuestin de las nacionalidades, Lenin pas (en contra del ejemplo paradigmtico de Stalin) de la idea de la unificacin en un Estado, a defender la autonoma e incluso la federacin de distintos Estados establecidos segn criterios nacionales (puede consultarse el segundo captulo del libro de Moshe Lewin, El siglo sovitico). Ahora bien, la asuncin de esto significa ya, de facto (aunque Lenin nunca se atreviese a hacerlo manifiesto) la revisin de su oposicin a las ideas de una cultura proletaria aislada respecto de la historia de la cultura burguesa. Abolir aquella supersticin que supone que existe una nica cultura, sin brecha alguna, sin fisuras, homognea para todos los seres humanos, supersticin como lo es toda visin metafsica de la Unidad del mundo, tiene una consecuencia inevitable: la revolucin cultural. No es acaso la idea (en su extremo, maosta) de revolucin cultural la clave para trascender todos estos debates sobre choques/alianzas de civilizaciones, sobre migraciones e integraciones, sobre fundamentalismos y dems? Cualquiera podr constatar que hoy da, que es tanta la atencin (institucional y popular) por las artes y por la cultura, y que sta se ha convertido en un asunto de Estado que tiene que subvencionarse y que tiene que ser resguardada en museos y exhibida en exposiciones permanentes y temporales sin embargo la produccin cultural clsica se encuentra prcticamente agotada en comparacin con pocas menos cuidadosas. Las razzias de los guardias rojos de Mao, independientemente de todas las lecturas conspiratorias que podamos hacer, estaban animadas por una conviccin bastante ms profunda: que en la nueva China, que haba emprendido un camino nuevo que parta desde cero hacia el socialismo y sin pasar por el capitalismo, haba que emprender una produccin cultural tambin nueva, ajena a la cultura burguesa introducida desde Occidente. Con todo lo discutible que sea es sencillamente imposible partir de cero: el propio maosmo provena del marxismo-leninismo occidental, la revolucin cultural confirma lo que incluso los (buenos) artistas ya saben: que para poder producir una obra original hay que odiar lo que ya hay. Si nos conformamos con el viejo cine, con la vieja literatura, con el viejo pensamiento entonces seremos tal vez historiadores, pero no seremos ni cineastas, ni escritores, ni pensadores. No es extrao que tantos artistas y filsofos hayan tenido un pasado maosta, aunque dados los flujos ideolgicos imperantes muchos lo oculten o hagan de l su autocrtica.

El buen nombre no es una pelcula maosta, pero su referencia a lo que Mao llamaba la lucha entre lo viejo y lo nuevo (para trascender as el concepto de lucha de clases, y suprimiendo toda tentacin de concebir el comunismo como el reino mesinico de la conciliacin final) tiene que ver con la respuesta al rompecabezas de moda de nuestros debates polticos: existe un punto comn donde encontrarnos, los ltimos hombres post-histricos y los fundamentalistas? La cuestin es que si existe, no se encuentra ni en el multiculturalismo liberal ni en el retorno a los clidos vnculos comunitarios de la religiosidad: ambos son lo viejo que unos y otros tenemos que demoler, para construir el vrtice de algn tipo de aspiracin comn.

Mi deseo (insatisfecho) al ver esta pelcula, fue que por un momento Gogol se detuviese ante una de esas pintadas, ante uno de esos retratos: que de repente, aquello dejase de ser una pelcula (como se ha consentido en que deban ser las pelculas) y la historia chocase contra sus mrgenes, contra lo que all se mueve y no forma parte de la mera narracin porque fuera de ella sigue vivo. Cabe la posibilidad de que lo que en la ficcin no se produjo, en la realidad se convierta en proyecto.



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