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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2007

La guerra empez en Yeste

Blas Lpez-Angulo
Rebelin


 

Con el ttulo de Tres testimonios de Yeste publiqu, o mejor dicho, me publicaron hace ya ms de un ao a travs de Internet (Insurgente, Rebelin, Nodo 50, etc.) la parte final de este reportaje, que relata los hechos acaecidos, esto es, la masacre perpetrada por la Guardia Civil contra una multitud de campesinos en la agreste sierra del Levante interior. Me permita con el referido ttulo un pequeo trabalenguas no muy fiel a la realidad. Porque ms bien habra que hablar de 3 testimonios escritos, de 3 nicos libros que son los que se ocupan de los sucesos. Por orden de aparicin: Seas de identidad, Los sucesos de Yeste y La campana de Yeste. Por desgracia, los testigos que ayudaron a sus autores ya no viven. Entre los habitantes de La Graya y de Yeste slo he podido recoger difusos ecos.

Los asesinados fueron enterrados en una fosa comn en el cementerio. A veces, sin mediar reconocimiento alguno una lpida (1), un cartel, no digo ya el nombre de una calle: me bastara alguna huella- al reportero le asalt la duda mientras visitaba el lugar de los hechos de que aquella tragedia se hubiese de verdad producido. La guerra y la represin pusieron tierra por encima y de por medio entre las vctimas (Puesto que hoy por fortuna lo anterior lo percibimos ms como imagen, tal vez recordar esa tierra encima real de las fosas y esa tierra de por medio, incluso ocano de transterrados, no se hace en balde, cuando an queda tanta por levantar).

Debi causar aquel relato algn impacto entre su nada despreciable nmero lectores y todo lo contrario, muy estimable nmero de amigos- y tambin el inters de ms de un joven historiador. Estas otras huellas que bien me constan de su lectura- me animan en esta ocasin a entregar ntegro el texto que entonces elabor. Con ello, quiero de igual modo responder a todos los que me demandasteis ms informacin. Bueno, en resumidas cuentas, debido a su extensin os haba evitado unas consideraciones previas de muy diversa ndole, que ahora abusando de vuestra confianza no os perdono. Voil! Ah van:

 

Introito geogrfico y literario

 

No se te olvide nunca: en la provincia de Albacete, siguiendo la comarcal 3212.

Con estas palabras Juan Goytisolo en su novela Seas de Identidad inicia el relato de los llamados sucesos de Yeste. Para muchos la novela citada es la mejor del autor, para m, las decenas de pginas que dedica al trgico episodio rebosan un magnetismo especial.

Viniendo de la llanura lineal de La Mancha, tras los trigales y ejidos del montono campo albaceteo, alberizas y canchales se suceden bajo el desolado esplendor del sol... La vegetacin crece apenas matojos de romero y tomillo, espartizales secos y desmedrados- y en agosto a lo largo de aquellos caminos polvorientos, ignorados an por los turistas- arde el suelo y escasea el aire, ajeno todo a la vida, piedra inerte, cielo vaco, puro calor inmvil.

En agosto de 1958 lvaro Mendiola, Antonio y Dolores visitaron Yeste. Podra pensarse que fueran el propio novelista, Simone de Beauvoir y Monique Lange, su compaera. De la misma manera que pocos aos despus visitaron el campo de Njar y Almera (2). Segn me confes el autor el pasado invierno en Marrakech, sentado como todas las tardes en la terraza del caf France en la incomparable plaza de Jemaa el Fna, su nico acompaante fue Ricardo Bofill, ataviado con una cmara Linhof de 16 mm. Aparentemente, iban a grabar los encierros con ocasin de las fiestas. Por su contraste con el paisaje local fueron fcilmente detectados por la Guardia Civil. Unos nios se acercaron a preguntarles si iban a filmar para el Nodo.

Continuasteis en direccin a Yeste. Pasada la cruz conmemorativa el terreno se altea y el camino es escabroso. La comarcal 3212 sube, baja, culebrea, se aferra a las escarpas del monte, asoma vertiginosamente sobre el llano. Los espartizales alternan con alberos mondos, orillados a trechos por alguno que otro mato de encina. Enebro, lentisco, romero, tomillo medran como pueden en el infecundo pramo.

Los viajeros descubren una hondonada extensa. Las reservas forestales del estado comienzan poco ms lejos y la vegetacin se enriquece de modo brusco. Hay rboles, boscajes, espesuras, umbras. En la otra vertiente del paisaje el verde escala y recubre progresivamente la montaa hasta la apoteosis cimera de los pinos. Cuando llegan al pantano de la Fuensanta se sienten trasplantados de repente a un lago de los Alpes.

-Mis compaeros y yo buscbamos el transformador

-Pierden ustedes el tiempo. Esto est muerto.

-No hay transformador?

-No seor. Cuando las obras proyectaban instalar uno pero lleg la guerra y abandonaron el proyecto.

()

-En otros lados construyen pantanos observ Dolores.

-S, pero ste no lo hicieron ellos.-El hombre haba desviado la vista.

-No?

-No. ste se construy durante la Repblica.

Hubo una pausa. El guardin fumaba con gesto absorto y apunt vagamente hacia la presa.

- Ustedes son demasiado jvenes para acordarse, pero yo s me acuerdo. Os haba vuelto la espalda, con un ademn instintivo y, sbitamente, aadi-: El pantano ste cost mucha sangre.

-Durante la guerra?

- Durante la guerra, y antes

Introito histrico y de ingeniera civil.

 

Tambin antes de la Repblica se trabaj en la presa de la Fuensanta. Su historia es muy larga, y algo de ella contar, ayudndome de un curioso documento (3). Bajo esta imponente, para la poca, obra de ingeniera se pueden ir siguiendo los hitos de una descarnada gestin de intereses por el aprovechamiento del agua y una de las causas ms directas de la tragedia de Yeste. Equiparable a la de Casas Viejas en vctimas y represin, No as en consecuencias polticas: Casas Viejas le cost el puesto a Azaa. Como analizaremos al final, la proximidad de la contienda y su indemnidad en el debate del Parlamento en cuanto que no desat cese alguno en Madrid hizo que se diluyeran en el clima preblico de aquella enrarecida primavera.

El lugar del emplazamiento del embalse era conocido como el Estrecho del Infierno. Una dama murciana, Mara Codornu, esposa de Juan de la Cierva y Peafiel, ministro de Alfonso XIII, rog encarecidamente al titular de Fomento, y su marido lo haba sido con anterioridad, que el nombre siniestro, Infierno, con que se iba a llamar el embalse, fuese cambiado por el de la Virgen Patrona de Murcia: Fuensanta (4).Embalse  de la fuensanta

Recibira las aguas del Segura que nace 77 kms. arriba y del Tus originario de la presunta patria de Jorge Manrique, Segura de la Sierra, en la vecina provincia de Jan por la que recorre tan slo 6,8 km. Y apenas treinta ms hasta el vaso de la Fuensanta.

En marzo de 1885 tuvo lugar en Murcia un congreso contra las inundaciones de la regin de Levante. Estaban siendo reiteradas y muy graves las riadas de los ltimos aos. De todos son conocidas las peligrosas lluvias torrenciales, las llamadas gotas fras, que en la estacin otoal azotan, especialmente, esa rea mediterrnea. Como resultado se present el primer plan de defensa contra avenidas que se hizo en Espaa. Se proyectaban dos pantanos Vizcanos y Palomar- aguas ms arriba de sendos ros.

A estas razones apuntadas, converge la poltica hidrulica de los gobiernos de la Restauracin influenciados por las ideas regeneracionistas de Joaqun Costa. Con la misma inspiracin fue creada a principios del siglo veinte la Divisin Hidrulica del ro Segura, antecesora de la Confederacin Hidrogrfica actual, para ejecutar las obras del primer Plan Nacional de Obras Hidrulicas (1902), donde por fin se estudiaban de nuevo la realizacin de los mencionados pantanos. Posteriormente (1909), se estudiaba por primera vez el Estrecho del Infierno para la ubicacin de una presa, con un coste estimativo de 500.000 ptas. a ejecutar entre los aos de 1909 y de 1916. Otras clebres catstrofes como la de Cartagena, riada de San Miguel (5), desviaron an ms la atencin de estos ambiciosos planes ya sumamente demorados por falta de recursos y de personal. Por otra parte, en ese mismo ao de 1919, el plan de regados se centraba bsicamente en los embalses del Ebro.

Tuvo que ser la dictadura de Primo de Rivera la que agilizase los estudios sobre la zona alta del Segura, de modo que el 12 de septiembre de 1925 se presenta en Murcia el proyecto sobre la construccin del pantano de la Fuensanta, descartndose definitivamente los otros dos previstos en la parte superior de sus primigenias cuencas. Dicho proyecto contara con un dique de 75 metros de altura en el Estrecho del Infierno, en la confluencia de los ros Segura y Tus; tendra una capacidad de 258 millones de m. cbicos y ocupara unas 916 hectreas de ambos valles. Su coste pasara a ser de 8 a 9 millones de ptas.

Es sabido que la poltica de obras pblicas copaba toda la accin gubernamental de Primo de Rivera. Un ao despus, a travs de su ministro de Fomento, Rafael Benjumea, conde de Guadalhorce, se creaban las Confederaciones Hidrogrficas para promover la puesta en regado de nuevas tierras. La del Segura, agrupando a los propietarios agrarios de Murcia y Alicante, form un poderoso grupo de presin (6) decisivo para la inmediata realidad de esta obra hidrulica perseguida, como hemos visto, durante largos aos; y a la sazn, responsable en gran medida de los trgicos sucesos de Yeste.

Tambin se redact un proyecto de transportes de maderas en el pantano que no prosper por lo elevado de sus costes. Se prevea construir caminos alternativos un total de 18 kms.- hasta la carretera existente entre Yeste y Helln, sin tener en cuenta, tampoco, que los arrastradores de maderas, los mticos pineros, quedaran sin trabajo. Como recrea Juan Goytisolo en la novela que poderosamente nos ha introducido en este enclave serrano, al preguntar stos acerca de su futuro la respuesta era:

-El transporte se har por carretera.

-Y nosotros?

-Ustedes trabajan en el embalse y no se preocupan por lo que venga despus.- el vocal de la Comisin se expresaba con voz persuasiva-. Para eso estamos nosotros. Para cuidar del porvenir de ustedes. El Ministerio de Obras Pblicas tiene en cartera una serie de proyectos de reconversin y los aplicar en el momento oportuno.

Se procedi a expropiar las tierras afectadas, 732 Has., perdindose las de regado, aunque fueron bien pagadas, con graves consecuencias para el campesinado a medio plazo (7).

De esta forma, la Confederacin anunci el 13 de marzo de 1929 el concurso para la ejecucin de las obras, habindose fijado un plazo de cuatro aos a partir de la adjudicacin definitiva. Fue cumplido con creces! Cuesta trabajo creer que en aquellos aos se pudiera construir una obra de tal magnitud y en tampoco (sic) tiempo, en una zona que en esa poca era totalmente virgen (8).

Indalecio Prieto, el gran ministro del ramo en toda su historia, sigui las obras, incluso personalmente en visita de 5 de marzo de 1932. Sin duda, tuvo mucho que ver con su buen ritmo y conclusin. A pesar de la conflictividad laboral e intentonas incluso revolucionarias que en el campo espaol se estaban fraguando las huelgas e incidencias fueron mnimas.

En aos republicanos se redujo la jornada laboral a 8 horas, se increment su salario a 6 ptas., se dej de trabajar los domingos y se aplic el resto de la nueva legislacin social.

Antes de lo previsto, el 1 de julio de 1933 se dio por terminada la obra. No hubo inauguraciones oficiales, tan acostumbradas despus. Tampoco el devenir poltico, cada vez ms negativo, era propicio.

 

Introito poltico y local

En 1930 Yeste contaba con ms de 10.000 habitantes, aunque un 74 % estaba disgregado en aldeas y sobre todo caseros. Como seala el hoy catedrtico Manuel Requena el aislamiento es un buen reducto para el sistema caciquil: favorece el aferramiento a los valores heredados de los antepasados: sumisin al padre y al amo, obediencia a los mayores (9).

Segn el censo electoral de 1936, el 71,15 % de la poblacin mayores de 23 aos eran analfabetos, y casi todos jornaleros.

En cuanto a la actividad econmica, la explotacin forestal abarcaba el 82,45% del suelo aunque generaba slo un 29,5% de la riqueza. La agricultura supona un 48,4% de sta, y la ganadera un 22,1 %. Por sectores de ocupacin, la poblacin activa se dedicaba en un 91,1% al Primario, mientras que en el resto de Espaa la media era de un 45,5%. Un 0,20% de esta poblacin, los grandes propietarios, posea el 30% de la riqueza rstica y pecuaria. Fueron los beneficiarios del liberalismo decimonnico que puso en sus manos las tierras comunales y ocupaban hasta 1931 los cargos del ayuntamiento, l mismo que sola venderles las tierras an de titularidad pblica, favorecidos por un sistema oligarca amaado.

El resultado de las primeras elecciones a Cortes Constituyentes produjo un abrumador triunfo de la conjuncin republicano-socialista (96% de los votos). Esta sorprendente victoria de las izquierdas, a ojos del historiador Manuel Requena, no lo es tanto si tenemos en cuenta -como no obstante l mismo hace- que obedece en primer lugar al protagonismo del candidato del Partido Radical de Lerroux. Se trata del hijo del principal propietario del municipio, don Edmundo Alfaro (10), que fue votado por todos los electores. Por tanto, hasta la victoria del Frente Popular mantendra tambin su poder poltico, y su prdida est relacionada muy estrechamente con los motines desencadenantes de los sucesos.

Mientras la poblacin de Yeste estuvo ocupada en las obras del pantano la lentitud burocrtica en el desarrollo de la Reforma agraria no tuvo consecuencias. Por otra parte la ley de trminos municipales que adscriba a los trabajadores a la oferta laboral exclusiva de su comarca en principio les favoreci tambin y evit la competencia salarial. Terminado el pantano la situacin se invirti. Los desvelos de Prieto por extender el regado a zonas de Yeste y Helln, chocaron con los invencibles intereses de los regadistas de Murcia y Alicante que consideran las aguas del Segura como suyas (11).

En 1933 Yeste regres a la dura realidad de siempre, pero agravada an ms. Las obras de pantano iban concluyendo por lo que crecan los obreros desocupados y sin subsidio alguno.

La Comisin Gestora que con tanto ahnco velaba por la solucin de esos problemas dimita en julio del 33 al constatar los perjuicios originados por la construccin del pantano:

A) No se ha indemnizado a los obreros que trabajaban en la flotacin de maderas.

B) No se han construido las obras accesorias precisamente por lo que algunas aldeas han quedado aisladas, as como Yeste con los dems pueblos del alrededor.

C) No se han podido explotar los montes de la zona del embalse, ya que no existe comunicacin para sacar las maderas. Por lo que quedan perjudicados los propietarios y trabajadores del corte de madera.

D) No ha sido sustituida la nica central de luz elctrica que ha quedado sepultada bajo las aguas del pantano.

E) Se ha expulsado a los colonos que ocupaban las tierras inundadas por el embalse sin indemnizarlos.

La situacin fue crtica, se vol el puente de la carretera, que una el pueblo con la distante -138 kms. de la capital-. Edmundo Alfaro en las Cortes adverta que si se volaban las compuertas del pantano Murcia capital y Orihuela desapareceran por completo (12).

A raz de las elecciones de noviembre Prieto dej el Ministerio, a la vez que se esfumaban las ilusiones. El Estado se tornaba ms lejano. La consolidacin de los Alfaro, patriarcas locales, y del Partido Radical conformaban la semblanza ms tradicional, apenas perturbada por las obras del pantano.

La victoria del Frente Popular no se vio respaldada en la provincia de Albacete y mucho menos en Yeste. En cambio, fueron restituidas las antiguas Gestoras, escorando hacia la izquierda su composicin desde Albacete, pese al nuevo triunfo de los radicales (13). Este hecho fue determinante en la actitud de los Alfaro ante la ocupacin de sus fincas.

La Gestora solicit la continuacin del camino maderero del ro Segura hasta el lmite con Jan y la construccin de los trozos 1 y 2 del camino del ro Tus (), se permiti a las familias ms pobres la tala y roturacin de tierras del Estado y del Ayuntamiento para obtener medios de subsistencia (14).

Se contravenan rdenes del Gobierno Civil que trataba de evitar las devastaciones de propiedades pblicas y privadas. An as fue insuficiente para mantener el orden, combatir la necesidad y conjurar la tragedia (15).

 

Los sucesos (mayo 1936).

 

Ninguna lpida evocaba en cambio a las vctimas del tiroteo del 29 de mayo, cuya lista publicada en la primera plana de Solidaridad Obrera del 3 de junio de 1936- tienes fotocopiada ante ti:

Jess Marn Gonzlez

Justo Marn Rodrguez, secretario de la juventud Socialista

Andrs Martnez Muoz, de 40 aos, gestor de Yeste

Nicols Garca Blzquez

Jos Antonio Garca

Jacinto Garca Bueno, de 25 aos, secretario de la Casa del Pueblo

Antonio Muoz

Manuel Barba Rodrguez

Jos Antonio Ruiz

Miguel Galera Fousladi, de Boche

Fernando Martnez, de La Graya

Antonio el Gilo

Jess el calceta de Yeste

Balbino, de La Graya

El Polilla, de Yeste

Juan el Bochocho, de 60 aos

Otros dos cadveres no reconocidos.

Los fusilados de la primavera del 39 definitivamente extirpado del pas el cncer rojo- se haban esfumado tambin sin dejar huella. (16)

La Federacin Nacional de Trabajadores de la Tierra propugnaba la ocupacin de la finca de La Umbra en La Graya, imbuida en la creencia popular de su origen comunal (17). En otros muchos lugares de Espaa tras el triunfo del Frente Popular no se esper a las medidas legales que se tomaran. No en vano la reforma agraria segua pendiente desde que se proclam la Repblica.

El 20 de mayo se inici la tala para carbonear y la rotura de la tierra para su sembrado. El guarda forestal lo comunic a su propietario y formul denuncia. Desde Helln se envi una compaa de la Guarda Civil con 20 hombres ms. A los pocos das se presentaron en la Umbra. Tenan orden del Gobierno de no emplear medios violentos contra los campesinos. Parlamentaron:

-No se preocupen que esto se va a arreglar.

-No dan tortas, seguimos la corta (18).

El abandono era slo circunstancial. Al da siguiente se volva y la escena eventualmente se repeta en muchos campos del sur espaol, mientras el Congreso discuta la recuperacin de las tierras comunales por los ayuntamientos.

En estas circunstancias, el pueblo en su mayora tom conciencia de que el gobierno del Frente Popular y las gestoras municipales de izquierdas les apoyaba y contaban con la presencia, inusualmente contemporizadora, de la Benemrita.

Por esas fechas Gaziel, el director de La Vanguardia, publicaba un artculo El mundo al revs con unas reflexiones, que aunque no queramos compartir, no dejaban de ser preocupantes. Comenzaba as:

Este es el extrao pas en que los conflictos entre el capital y el trabajo se esfuman y desaparecen cuando gobiernan los aliados del capitalismo, y en cambio se desatan y enconan, apenas se ponen a gobernar los amigos de los trabajadores. Queris un hecho ms extravagante?

No le faltaba razn cuando recuerda la colaboracin de los socialistas durante los siete aos de dictadura en el Consejo de Estado (y Largo Caballero por esos das transformado en el Lenin espaol! comentario mo-) y se pregunta por los sindicalistas, los anarquistas, los comunistas. Prosigue este espinoso asunto el periodista con la llegada de la Repblica y como, pese a la presencia por primera vez en el gobierno de tres socialistas, la agitacin proletaria fue continua y creciente. Sofocada la rebelin de Asturias y Catalunya concluye Gaziel- boca abajo todo el mundo (19).

Me he extendido en ese pensamiento contemporneo con el gobierno del Frente Popular porque la desacostumbrada falta disuasoria de la Guardia Civil tuvo unos efectos perversos que provocaron en ltima instancia el luctuoso desenlace.

Es difcil, si no imposible, precisar el exacto desarrollo de los acontecimientos. Ya no quedan testigos presenciales de primera lnea. La ficciones recreadas por Goytisolo Gay en Seas de Identidad o Snchez Gregorio en La campana de Yeste tampoco concuerdan; y mucho menos, con el trabajo de Requena Gallego, el ms solvente, a estos efectos (20).

Segn ste, los guardias entraron a cenar en una fonda. Algunos grupos discutan la actitud a tomar, los jvenes ms exaltados al grito de vamos por ellos con ganchos y palos pretendieron entrar en la casa. stos reaccionaron disparando al aire y deteniendo a 6 de ellos que no consiguieron huir.

A la maana siguiente, 17 guardia civiles les conduciran a pie hasta Yeste, con 15 kilmetros de por medio. A cada vez menos distancia les segua un nmero creciente de vecinos de las aldeas circundantes. Manuel Blzquez recuerda que en esa maana se hallaba trabajando con pico y pala y, muy dramticamente, las mujeres les exhortaban a unirse al grupo, venga todos palante al tiempo que proferan encendidos insultos hacia la fuerza pblica.

A 4 kms. de Yeste, algunos miembros de la Gestora tratan de mediar con los guardias sin resultado. Los vecinos se aproximan a or la discusin y, al verse cercados, los civiles levantan el seguro de sus fusiles (Goytisolo). Pedan la liberacin de los detenidos para evitar un enfrentamiento inminente. En Yeste, el alcalde socialista Germn Gonzlez se comprometa ante el jefe del puesto de la Guarda Civil a acompaar a la cuerda de presos ante el Juez si les soltaban. Con este fin el brigada Flix Velando y tres guardias ms marcharon al encuentro junto a los gestores Andrs Martnez y Justo Marn. ste se produjo a slo 2 kilmetros de la poblacin, en un recodo de la carretera, el barranco de la Fuensanta, donde la multitud cada vez ms copiosa haba cortado el paso y rodeaba a los civiles, pidiendo insistentemente su libertad.

Eran cerca de las once de la maana, el sol empezaba a pegar duro verticalmente sobre sus cabezas. El sargento obedece la orden y se desata a los detenidos. Estallan los gritos de alegra entre la muchedumbre, pero la tensin acumulada produjo un intercambio de injurias que pronto degenera en ria (21).

Segn testimonio de Temistcles Martnez Snchez, Migueln Galera, hombre de gran corpulencia, con las dos puntas del gancho pinero atraves el cuello del guardia Pedro Domnguez Requena. Es ms probable que al ser soltado (22) tratara de arrebatarle el arma, consiguiendo dispararle y que, cayendo, fuese rematado por otros paisanos en el tumulto inicial con ganchos, hoces o cuchillos.

Los guardias zafndose del cuerpo a cuerpo tomaron posiciones en lo alto disparando sobre ellos. En unos momentos el pnico y la estampida fue general. El delegado del Ayuntamiento de Yeste, Andrs Martnez Muoz, primer teniente de alcalde y presidente de la oficina de colocacin que haba acompaado al brigada, con impotencia le recrimin: os habis vuelto locos?. Como denunci Prat en el Congreso fue asesinado por ese mismo oficial por toda respuesta.

Tambin muri el otro concejal, Justo Marn Rodrguez, a consecuencia de los disparos en la espalda al huir del refugio donde se encontraba. Jess Marn Gonzlez, Antonio Muoz y Jos Gonzlez se haban escondido en una atarjea por la que apenas cabe el cuerpo de un hombre. Los guardias bajan hasta la boca. Slo el ltimo, herido gravemente, pudo contarlo en el hospital de Helln al diputado Jos Prat. Manuel Blzquez relata el caso de un vecino que pudo salvarse porque se ech un muerto encima. A los disparos cay, se hizo el muerto, ensangrentado con la sangre de la verdadera vctima. Este hecho, en efecto, aparece libremente recreado en La campana de Yeste de Manuel Snchez Gregorio (23).

Durante hora y media tiene lugar una persecucin sin tregua. An resuenan las detonaciones por todo el valle en los odos de muchos mayores que entonces eran nios. Iban envenenados los guardias me repite Donato Claras, otro joven mozo de La Graya por aquellos aos.

La Guardia Civil recogi a sus heridos sin prestar ayuda a los dems que estaban desangrndose. Nadie del pueblo se atreva a salir. Preguntaban a los que llegaban por la suerte de sus familiares. El odio desesperado se adueaba de las calles, otra vez las increpaciones y los conatos de lucha. Los guardias dispararon sobre cualquiera que se hallara en la calle. De esta forma fue herida Librada Fernndez, mientras hablaba.

Nicols Garca Blzquez requerido por el alcalde haba salido en una camioneta para recoger heridos. Fue asesinado a tiros, al parecer, por llevar una camisa roja (24).

De Helln llegaron 30 guardias ms, 40 de Albacete y algunos guardias de asalto. La gente que haba vuelto a La Graya estaba despavorida. Bien recuerda Donato, la de palos que los civiles iban a repartir. El horror de la represin de Casas Viejas se haca presente en este remoto lugar y en los caseros ms dispersos.

Casi nadie durmi en su casa, sino en el monte o en otras zonas de familiares, ms lejanas. Nadie quera emular al hroe de Casas Viejas Seisdedos al que sentidamente admiraban, pues todos teman acabar carbonizados como l.

Segn el Diario de Albacete del 16 de junio, 59 personas fueron detenidas y conducidas a Helln, entre ellas, todos los supervivientes de la Gestora y dirigentes socialistas. A los pocos das mientras la prensa nacional daba las primeras noticias en Albacete hubo censura debido al estado pasional- y se producan las visitas de algunos polticos, la mayora fue puesta en libertad.

 

Repercusiones polticas.-

 

En el Congreso se examinaron los sucesos. Pero no se produjo un nuevo Casas Viejas en el sentido de que nadie pidi dimisiones en el gobierno. La situacin poltica era tan crtica que las izquierdas aceptaron el compromiso gubernamental de depurar todas las responsabilidades. Los lderes de las derechas (entre ellos, Romanones, Gil Robles y Calvo Sotelo), frotndose las manos, prefirieron no abrir la boca para no unir en su contra a la coalicin del Frente Popular, a la que daban por rota. Por otro lado, iban a pedir tambin ellos la supresin de la Guardia Civil como El Mundo Obrero o Claridad?

El socialista moderado Prat en su intervencin enumer las causas del conflicto:

a) el paro producido por la culminacin del pantano de la Fuensanta. Un pantano que va a servir para fomentar extraordinariamente la riqueza de la zona del Levante de nuestro pas, produzca en el acto, la miseria de un pueblo (sic).

b) Despojo de bienes comunales que viene padeciendo (Yeste) desde el ltimo tercio del siglo XIX y empobrece an ms a la ya desdichada poblacin campesina.

c) El caciquismo que acapar estos bienes comunales (25).

 

Para el diputado por Albacete lo ms grave fue que la Guarda Civil al hacerse duea de la situacin, persigui y dispar contra la poblacin indefensa. Debido a esto murieron cinco personas y resultaron heridas ms de ocho.

El ministro de Gobernacin, sr. Moles, seal que la Guardia Civil cumpli con su deber (26). Con respecto a las extralimitaciones declar que no ha de haber lenidad, que no ha de haber amparo para ningn acto que sea punible

Como viene a ser una prctica consuetudinaria, en tanto que diarios como el ABC o El Correo Cataln apuntaban la divisin de la familia izquierdista; otros como El Socialista o El Diluvio se alegraban por el fortalecimiento del Frente Popular. El editorial del semanario Justicia Social de la Uni Socialista de Catalunya no se distraa en partidismos al recordar esta evidencia: No es plom el que necesita el poble: s pa(27).

De Solidaridad Obrera, rgano de la C.N.T. de Barcelona no cabe resumen de su editorial: est tachada por la censura. Nadie es perfecto!

La Repblica no lo era. La CEDA haba abandonado el Parlamento. Como concluye el historiador Manuel Requena, la derecha y el Ejrcito conspiraban extramuros en busca de una solucin de fuerza. Aquel contexto de provocaciones y asesinatos iban a justificarla tan slo un mes despus.

En este sentido, la guerra civil comenz en Yeste, expresin acuada en aquellos terribles aos. La sangre derramada por miles de espaoles y combatientes durante tres irrepetibles aos diluy la vertida por decenas de hambrientos campesinos apenas unas semanas antes.


 

NOTAS

(1) S se conserva una cruz sobre la que haba depositadas unas flores a la entrada de Yeste -Apolonia Guerrero Milln, 1 noviembre 1936, R.I.P., a la que salvajemente le fueron cortados los pechos-. Fracasada la intentona golpista en toda la provincia de Albacete, sta fue leal a la Repblica hasta el final de la contienda.

(2) De estas otras visitas son producto sus conocidos libros El campo de Njar y La Chanca -un barrio de la capital almeriense que recordaba por su subdesarrollo a las Hurdes de Buuel-. No me extraara que en su concepcin estuviera presente la impronta buuelesca. En cambio, es en Seas de identidad donde Goytisolo (que est precisamente releyendo esta obra para la publicacin de sus obras completas) me advierte que esos desiertos almerienses devastados por el sol de la provincia aparecen por su inspiracin, tantas veces teida de profeca como sta, anunciados como el futuro Dorado espaol. Me recuerda, tambin, que tras la barbaridad indgena de El Ejido contra el moro dej de ser hijo adoptivo de Almera, con la adhesin incluso del grupo municipal de Izquierda Unida, como consecuencia de sus notorias protestas.

(3) La presa de la Fuensanta (1933). Record nacional en plazo de ejecucin, Mariano C. Pelegrn Garrido. V Jornadas Espaolas de Presas. Valencia 1996.

(4) Cita recogida en la obra anterior: Francisco Muoz Palao, el apstol agrario, en su libro Ro Segura. Apuntes para su aprovechamiento, Ed. Levante, Cartagena (1923).

(5) Los remoquetes, segn los llama el autor seguido en esta particular genealoga, de las inundaciones se deben al santo del da en que tienen lugar. La del 29 de septiembre de 1919 caus una veintena de muertos y muchos desaparecidos.

(6) Como deduce Manuel Requena Gallego en su obra Los sucesos de Yeste, los intereses particulares de la vega murciana y oriolana quedaban diluidos bajo el clamor del pas -expresin que se recoge en el proyecto de construccin-, del que era excluida como zona regante la provincia de Albacete, a pesar de ser la portadora del preciado elemento y de los esfuerzos, no pocos, del ministro socialista. No en balde, como antes hacamos alusin, el mismo nombre del pantano es revelador, y ms, la composicin de su Junta de Gobierno en que Helln y Yeste estaban escasamente representadas. Una lectura completa del artculo citado de Indalecio Prieto es de lo ms esclarecedor.

(7) En el periodo 1930-1932 desapareci el paro completamente. En primer lugar, fueron empleados los arrendatarios expulsados de las tierras inundadas que no cobraron indemnizacin, los pineros que vieron interrumpido la conduccin de maderas por el ro Segura y los minifundistas expropiados. Despus todos los jornaleros sin trabajo. En esta coyuntura inusitada poco lugar haba para las protestas.

(8) Op. cit. Pelegrn Garrido, M. Discrepamos profundamente de su visn tecncrata, y por tanto, carente de todo contenido social, cuando concluye de esta manera: () Ello dio prosperidad a una zona alejada de los grandes ncleos urbanos y al engrandecimiento de su municipio.

(9) Requena Gallego, op. cit., pg. 28.

(10) En la provincia, algunos de las familias latifundistas supieron buscar acomodo hacindose a tiempo republicano, como seala Rosa M Seplveda Losa, en La primavera conflictiva de 1936 en Albacete.

(11) Es difcil que un ministro tenga constantemente fija su atencin en un asunto (), pero yo no olvid lo de Yeste. Pronto pude advertir que la Mancomunidad Hidrogrfica del Segura saboteaba cuanto tendiese a establecer aprovechamientos en la provincia de Albacete. (Indalecio Prieto, Yeste y la solidaridad espaola, en El Liberal de Bilbao, 6 de junio de 1936).

(12) Diario de las Cortes (13-7-1933), en Manuel Requena, op. cit., pg. 73. En el peridico bilbano citado el cronista parlamentario lo calificaba como el mayor energmeno presente en las Cortes republicanas.

(13) Segn, Rosa M Seplveda Losa, en La primavera conflictiva de 1936 en Albacete, un 40 % de los municipios de la provincia eran administrados por gestoras. En otro 40 % se retoc su composicin hacia la izquierda y slo en un 20 % se respetaron los de la eleccin popular de 1931 y 1933 por coincidir con la coalicin del Frente Popular. Es lo que se hizo en vez de convocar elecciones municipales.

(14) Manuel Requena, op. cit., pg 80.

(15) En el sucinto y concluyente artculo de Prieto se revela un dato significativo: La Guardia Civil slo intervino cuando se vio amenazada la propiedad privada, nunca la pblica. Su amo continuaba siendo, incluso por inercia, el mismo: el gran terrateniente de la Espaa rural que dio origen a su creacin y mantenimiento. Esto da una idea muy certera de porque la tragedia fue inevitable.

(16) En Seas de Identidad de Juan Goytisolo.

(17) Estas tierras haban sido compradas por el mayor terrateniente de la comarca Jos Alfaro en 1917, segn consta en el Registro de Yeste. (En Manuel Requena, pg. 87).

(18) Testimonio oral de Manuel Blzquez Fernndez. Tena 20 aos y fue uno de los muchos vecinos de La Graya que en esos momentos se hallaba cortando pinos. En realidad, la consigna que los jornaleros del campo venan repitiendo era: Queremos pan y trabajo. No cabe duda de que la versin local que personalmente me transmite Manuel es mucho ms grfica!

(19) Gaziel, El mundo al revs, La Vanguardia, 3-4-1936. En Cuatro historias de la Repblica, Julio Camba, Gaziel, Josep Pla y Manuel Chaves Nogales, Destino, Barcelona, 2003. Ms adelante contina con sus planteamientos lgico-inversos: Lo explicable hubiera sido que, al venir la reduccin de jornales, al volver el alargamiento de la jornada, al cerrarse gubernativamente las organizaciones obreras, al sentirse otra vez el proletariado en una situacin de inferioridad, con el camino de las complacencias cerrado y con el poder en manos de sus enemigos, hubiese comenzado un tenebroso perodo de agitacin clandestina y actividad desesperada. No, seor. Paz absoluta.

(20) En cambio, en La campana de Yeste, que es de las tres obras, la ltima en el tiempo, se narra que los guardias permanecieron dos noches sin dormir, sin comer slo caf- porque no se atrevieron a pedir comida en la aldea; se dice que no haban estado antes varias veces en La Umbra parlamentando, etcEs intil proseguir. Manuel Requena aporta el testimonio de los dueos de la fonda, de tres vecinos ms de La Graya y los datos llevados al Congreso por Prat, diputado socialista por Albacete de la lnea moderada de Prieto.

(21) En Seas de Identidad. Manuel Requena recoge la intervencin de Prat en el Parlamento: Los que eran liberados enardecan los nimos al mostrar las seales de los golpes recibidos; por su parte, un guardia civil dio una bofetada a uno de los vecinos. El Debate y ABC recoge la versin del cacique Edmundo Alfaro y del ex ministro radical, sucesor de Prieto, Guerra del Ro: afirmaron que la agresin provino de la multitud. Mundo Obrero y Solidaridad Obrera aseguraron que parti de la Guardia Civil. La propia versin del instituto armado vase en Historia de la Guardia Civi-l, se basa sino en la desproporcin de armas, s en el de ambos grupos, en el tenso acoso sufrido por los guardias que llegaba a un miedo razonable por el peligro inminente sobre sus propias vidas. Lo que en ningn caso justifica la razzia frreamente acometida una vez dominada la situacin.

(22) Era un nio de unos 12 aos y en esos momentos se encontraba en la escuela. Recoge, por tanto, una de las versiones que no es del todo exacta.

Goytisolo y Manuel Requena no precisan que Miguel Galera fuera uno de los detenidos. En realidad, no revelan la identidad de ninguno de los seis. Cobra en este punto, en cambio, ms verosimilitud la ficcin de La campana de Yeste. El Galera o Migueln habra destrozado con un gran mazo la camioneta en que los guardias se desplazaron a La Graya inutilizndola para la vuelta. (De otro modo cuesta imaginar una cuerda de presos en los modernos aos 30, aun en el marco del agreste entorno. Por cierto, la primera y mejor pelcula de Pedro Lazaga, Cuerda de presos, narra la conduccin a fines del XIX del famoso Sacamantecas por los montes de Oca y Pancorbo hacia Vitoria). El sargento sospech de l y fue arteramente detenido y, posteriormente, golpeado. Es muy probable que al ser liberado tratara de vengarse, primero arrebatando el arma a quien le desataba, luego tratando de arreglar cuentas con el jefe del cuartel y muriendo en el intento.

(23) Esta breve novela iba a ser llevada al cine en su portada se da por hecho y se muestra un fotograma- por el recientemente fallecido Eloy de la Iglesia.

(24) Caso citado en el Congreso por Jos Prat y Antonio Mitje, diputado del Partido Comunista. Relatado por el Diluvio, diario republicano-demcrata de Barcelona. En Manuel Requena, op. cit., pg. 96.

(25) Diario de las Cortes, 5-6-36. La familia Alfaro jug un papel decisivo como hemos analizado en otro apartado. Mientras conserv el poder fue el patriarca valedor de los intereses locales, los suyos, frente a la Confederacin Hidrogrfica del Segura dominada por los propietarios de Murcia y frente al lejano Estado. El valor de los pinos cortados en la finca de su propiedad no alcanzan un verdadero valor econmico y su liberalidad hubiera evitado el enfrentamiento. Esto prueba, desgraciadamente, que sus intereses no coincidan tan largamente con los de pueblo.

(26) El ministro asegur haber recibido una carta del Alcalde de Yeste en la que se agradeca la colaboracin de la fuerza pblica a sus indicaciones en los das 27 y 28. Tomado de Manuel Requena, Los sucesos de Yeste, pg. 117.

(27) Es la raz del mal a la que hay que ir. Atacando a fondo, sin humanismos estriles, las fuerzas arcaicas, ancestrales, reaccionarias del capitalismo espaol. Del mismo editorial, traducido por Manuel Requenapg. 159.


 

Blas Lpez-Angulo ([email protected])


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFA.

 

-Aguado Snchez, Francisco. Historia de la Guardia Civil, vol. V (La Repblica).

- Brey, G. y Forques, R. Algunas rebeliones campesinas en la literatura espaola: Mano Negra, Jerez, Casa Viejas y Yeste, incluida en la obra de J. L. Garca, La cuestin agraria en la Espaa contempornea, Cuadernos para el Dilogo, Madrid 1976.

- Goytisolo, Juan. Seas de identidad, Seix Barral, Barcelona, 1980.

- Malefakis, Edward. Reforma agraria y revolucin campesina en la Espaa del siglo XX. Ariel, Barcelona, 1976.

- Pelegrn Garrido, Mariano C. La presa de la Fuensanta (1933).

- Prieto Indalecio. Yeste y la insolidaridad espaola. Publicado en El Liberal de Bilbao, reproducido en el Defensor de Albacete, 8-6-1936.

- Requena Gallego, Manuel. Los sucesos de Yeste. Instituto de Estudios Albacetenses, Albacete, 1983. (Se puede descargar en formato PDF).

- Snchez Gregorio, Manuel. La campana de Yeste, Albacete, 1989.

- Seplveda Losa, Rosa M, La primavera conflictiva de 1936 en Albacete, en Pasado y Memoria (Revista de Historia contempornea), n 2, 2003. (En formato PDF).

 

 

 

 



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