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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2007

Objetores del crecimiento
Vale la pena crecer as?

Juan Torres Lpez
www.juantorreslopez.com


Una de las obsesiones ms comunes a casi todos los dirigentes polticos es lograr que aumente el Producto Interior Bruto, que se registren tasas cada vez ms altas de crecimiento econmico.

Cuando esto ocurre enseguida nos dicen que la economa va bien y que a partir de ah vendrn ms empleos y mejores condiciones de vida pero eso, desgraciadamente, casi nunca ocurre de verdad.

El concepto que se utiliza para medir el crecimiento de nuestras economas, el Producto Interior Bruto, slo puede proporcionar una medida muy grosera de lo que en realidad est creciendo y de cmo nos afecta a todos.

Por un lado, slo registra lo que se puede medir en valores monetarios. Estos das, por ejemplo, est aumentando el Producto Interior Bruto espaol por el valor correspondiente al gasto que se realiza para retirar los vertidos producidos en las playas de Ibiza. Tambin aumentar el PIB este verano gracias al gasto que se realice para levantar los cadveres de nuestras carreteras, o para prevenir la llegada de medusas a nuestras costas, o para apagar los fuegos que puedan declararse en nuestros bosques. Todo ello hace que haya ms actividades econmicas e incluso ms ganancias y posiblemente ms empleo pero la cuestin estriba en que de ese incremento no se resta la prdida de bienestar que haya podido suponer el cierre de las playas, las muertes o la evidente destruccin de riqueza que todo eso comporta.

Es evidente, sin embargo, que el ms elemental sentido del bienestar humano tiene que ver no slo con lo que tiene valor monetario sino con muchas ms cosas, con la felicidad, la seguridad o la satisfaccin material o espiritual, que hoy da no se computan en el PIB.

El profesor espaol Jos A. Tapia ha puesto de relieve resultados muy significativos que contradicen la idea intuitiva que suele predominar entre los dirigentes sociales e incluso entre la mayora de los ciudadanos. Contrariamente a lo que comnmente se piensa, la realidad, en palabras de Tapia, es que  es en los aos de crisis econmica o, en otras palabras, de recesin, cuando aumenta el desempleo, la mortalidad tiende a disminuir ms rpidamente. Y, a su vez, los aos de crecimiento econmico intenso, en los que el desempleo se reduce, se asocian a una evolucin peor de la mortalidad, que tiende a disminuir ms lentamente y a veces incluso aumenta. Estos efectos se han comprobado en EE.UU. y Alemania, en Espaa durante el perodo 1980-1997, en un panel de pases industrializados de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE) y en varios pases latinoamericanos. (Jos A. Tapia Granados. Salud, economa y libertad: 40 aos de crecimiento econmico, transicin poltica y condiciones de salud en Espaa.
    Esos datos sugieren claramente que el crecimiento econmico, la simple expansin de los valores monetarios que registra el PIB, no implica por s mismo, sino ms bien todo lo contrario si el modelo de crecimiento no es el adecuado, que se logren efectos beneficiosos sobre el bienestar, al menos concebido en este caso como mejor salud y menos mortalidad.
Por eso decimos que el crecimiento que muestra el PIB es ficticio, porque no refleja los costes que aunque sean no monetarios estn claramente asociados a la actividad econmica.

El PIB tampoco nos dice nada acerca de cmo se reparte lo que est creciendo, de modo que se puede decir que la economa marcha divinamente cuando, en realidad, slo les va bien o mucho mejor a unos pocos, como de hecho viene ocurriendo en los ltimos aos de gran incremento de las desigualdades.

La significancia perversa de la idea de crecimiento econmico medido solamente a travs del Producto Interior Bruto se muestra claramente cuando la actividad que lo est generando es tan desordenada e irracional como la construccin y el urbanismo que hoy da predominan.

Como ha recordado Jos Manuel Naredo, algunos investigadores, como W.M. Hern, han comparado las manchas que deja el cncer en los escner y las de la cartografa sobre la ocupacin del territorio. As han podido comprobar el enorme parecido entre los procesos cancergenos y la incidencia que tiene la especie humana sobre el territorio para generar el crecimiento econmico de nuestros das.

Es asombroso confirmar que los procesos de crecimiento urbano que estamos contemplando continuamente a nuestro alrededor tienen efectivamente las mismas caractersticas de las patologas cancergenas: crecimiento rpido e incontrolado, indiferenciacin de las clulas malignas, metstasis en diferentes lugares e invasin y destruccin de los tejidos adyacentes.

Estas semejanzas con el cncer del crecimiento econmico de nuestra poca, basado en el desorden urbano, en la hiperexplotacin de los recursos, en la especulacin inmobiliaria o en la sobreproduccin, no son un simple recurso retrico.

Lo que est sucediendo verdaderamente es que fomentamos un tipo de actividad econmica que es depredadora y fatal para el conjunto de nuestro ecosistema.

Lo habitual es, por ejemplo, que cuando se hacen planes urbansticos, y en general cuando se establecen las previsiones del crecimiento de la actividad econmica, no se tome en cuenta el volumen de residuos que se van a generar, o el consumo de energa o de materiales fsicos que va a ser necesario utilizar o movilizar para llevarla a cabo. Nada de eso forma parte de la contabilidad social al uso porque sta no atiende a los efectos o costes que la actividad genera sobre el medio ambiente, sobre la vida humana o sobre la existencia misma del planeta. Poblamos de cemento nuestras tierras y costas, amurallamos los cauces naturales, envenenamos el aire y el agua, consumimos sin reponer los recursos ancestrales, desforestamos sin lmite o, simplemente, agotamos las condiciones que son imprescindibles para la propia vida humana y no tenemos nada de eso en cuenta a la hora de mostrar lo que cuesta la actividad que se est llevando a cabo. Lo nico que importa es que aumente el valor monetario de lo que hacemos y nos creemos que eso significa que todo marcha viento en popa.

Ese tipo de razonamiento es perverso en todo caso pero se est haciendo especialmente peligroso en Espaa porque lo han asumido, quiz como el que hablaba en prosa sin saberlo, los jueces y magistrados que han de resolver las demandas sobre los desmanes urbansticos que tantas veces se ponen en marcha irregularmente gracias a las corruptelas de propios y extraos.

Con frecuencia ya casi generalizada se suelen oponer a su paralizacin cautelar afirmando que llevan consigo un potencial de riqueza de tal envergadura que se pondra en peligro un valor econmico muy elevado si su construccin se retrasara. Un razonamiento literalmente bruto porque, al igual que el PIB, slo tiene en cuenta valores monetarios y presentes. Si los magistrados no computaran solamente los costes explcitos de esos proyectos y tuvieran en cuenta los implcitos (los que suponen dejar de hacer o disfrutar), los no monetarios y los efectos a largo plazo, con toda seguridad que sentenciaran de otro modo. No dejaran que se llevaran a cabo proyectos como los que en tantas ocasiones se legalizaron a posteriori en multitud de ciudades espaolas.

    Y todo ello, sin hablar de un aspecto que igualmente se olvida continuamente aunque debera ser el primero en tener en cuenta: es materialmente imposible sostener el ritmo de crecimiento incluso bajo de nuestra poca basado en el consumo no repuesto de energa y todo tipo de recursos finitos.

Cuando las instituciones, los lderes sociales, los encargados de hacer justicia y los propios ciudadanos asumen sin pestaear que lo conveniente es crecer, aunque sea de cualquier forma, nadie puede luego extraarse que a nuestro alrededor se multiplique la inseguridad, el desasosiego y el temor. Como dice Jos Manuel Naredo, el ser humano se ha erigido en el vrtice de la pirmide de la depredacin planetaria. Y eso significa que depredamos a nuestros congneres y nos destruimos a nosotros mismos.

Hoy da ya no deberan quedar dudas de que el problema del crecimiento econmico  radica precisamente en su propio concepto, en su naturaleza intrnseca. Ni siquiera ya es el modo, ni el ritmo lo que va a paralizar el progreso social y la vida misma en este planeta. El enemigo, aunque esto pueda parecer exagerado, es el propio crecimiento y por eso, como deca hace poco el profesor francs Serge Latouche, hay que hacerse objetores: Yo objeto contra la imperante religin del crecimiento econmico. Se venera el crecimiento como fin en s mismo, se persigue siempre crecer por crecer. Es algo irracional y suicida! (La Vanguardia, 16-03-2007).

Ahora bien, me parece que tampoco es completamente vlida cualquier tipo de objecin. Es imprescindible la denuncia, la manifestacin ms clara posible de los problemas, como puede estar haciendo por ejemplo la conocida pelcula de Al Gore, pero creo que no basta con eso. El crecimiento irracional de nuestra civilizacin tiene resultados incmodos pero es que lo relevante es que tiene causas y tiene propsitos y, sobre todo, tiene responsables muy directos.

Todo esto ltimo es lo que hay que poner tambin sobre la mesa porque, si no, podremos impactarnos pero nunca seremos capaces de determinar en qu otra direccin conviene orientar la vida social y econmica de este planeta herido.

Juan Torres Lpez es catedrtico de Economa Aplicada de la Universidad de Mlaga (Espaa). Su web personal www.juantorreslopez.com



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