Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2007

Los marxistas y la revolucin venezolana

Alan Woods
Aporrea


"Aquellos que esperan ver una revolucin social 'pura' nunca vivirn para verla. Esas personas prestan un flaco servicio a la revolucin al no comprender qu es una revolucin". (Lenin)

Hay marxistas de todo tipo: algunos leen mucho, otros no tanto. Algunos se han tomado la molestia de penetrar en la esencia del mtodo marxista, estudian cuidadosamente la dialctica, mientras que otros simplemente se quedan en la superficie, se limitan a un tipo de determinismo econmico vulgar que podra ser til para la agitacin pero que realmente es ajeno al Marxismo.

Al leer los escritos de este tipo de "Marxismo" siempre se tiene la impresin de entrar en el oscuro stano de una biblioteca que ha permanecido cerrado por muchos aos. Est lleno de pedacitos de conocimiento que no han sido digeridos, sin aire, polvorientos y estriles. Se trata de un Marxismo desnudo de dialctica, es decir, despojado de su alma revolucionaria. Esta clase de "Marxismo" en esencia es bastante compatible con el reformismo y la pasividad, puesto que, a pesar de su terminologa radical, nunca abandona el silln y las pantuflas.

Esta desviacin es particularmente comn en Gran Bretaa, donde cuenta con un extenso linaje que se remonta a Hyndeman. En parte refleja la tradicin britnica del estrecho empirismo y la aversin hacia las generalizaciones tericas de gran alcance, en parte tambin es fruto de la presin de las ideas reformistas y la rutina del movimiento obrero que nunca es capaz de ver ms all del bosque.

Un revolucionario debe "sentir" el movimiento de las masas y debe tener en su alma la revolucin. En contraste, los pedantes estudiosos ven el proceso histrico como una cuestin de "fuerzas objetivas" que determinan todo por adelantado. Este tipo de personas no son revolucionarios sino eternos observadores cuyo punto de vista tiene ms comn con la nocin calvinista de la predestinacin que con la dialctica revolucionaria del Marxismo.

La idea de la predestinacin jug un papel progresista en las primeras etapas de la revolucin burguesa en Holanda e Inglaterra durante los siglos XVI y XVII, pero hoy en da es irrecuperablemente anticuada. La dialctica marxista deja mucho margen de maniobra al papel creativo de los hombres y las mujeres en el proceso histrico. Pero tambin explica que los hombres y las mujeres nunca son completamente libres de las circunstancias objetivas del perodo histrico en el que viven.

Un revolucionario debe tener una comprensin del mtodo dialctico, que parte no de definiciones o axiomas abstractos, sino de la realidad viva, con toda su concrecin, riqueza y contradicciones. l o ella debe tomar el movimiento de masas tal como es, como se ha desarrollado histricamente y luchar con todos los medios a su disposicin para entrar en contacto con l, establecer un dilogo con l y fertilizarlo con las ideas del Marxismo.

Un revolucionario que no est dispuesto a seguir a las masas a travs de este proceso contradictorio y que en cambio intenta alabarlas desde los mrgenes del movimiento no ser en absoluto un revolucionario, slo ser un lamentable formalista. Una actitud mecnica y doctrinaria respecto al movimiento de masas descarta cualquier posibilidad de influir en l.

El factor subjetivo

El Marxismo nunca ha negado el papel del individuo en la historia, y los individuos o grupos de individuos pueden jugar un papel absolutamente decisivo en determinadas coyunturas del proceso histrico. Lo que Marx explic -y en esto tena absolutamente razn- es que en ltima instancia la viabilidad de un sistema socioeconmico determinado depende de su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas. La crisis general del capitalismo mundial en el momento actual refleja en el fondo la incapacidad del capitalismo de desarrollar las fuerzas productivas al mismo nivel que lo hizo en el pasado.

Este hecho innegable proporciona el amplio contexto histrico en el que se est desarrollando el gran drama de la poltica mundial. Determina absolutamente los procesos generales y tambin sus lmites. Pero dentro de estos procesos generales puede haber todo tipo de encrucijadas, flujos y reflujos, donde el carcter de los individuos puede jugar, y lo hace, un papel decisivo. En realidad, la debilidad del factor subjetivo a escala mundial est teniendo un efecto decisivo, retrasando y distorsionando el movimiento hacia la revolucin socialista.

El factor ms importante hoy en da a escala mundial es la ausencia de una direccin marxista fuerte y con autoridad. La tendencia del genuino Marxismo ha retrocedido dcadas y actualmente representa una pequea minora. Todava no puede llevar a las masas a la victoria. Pero los problemas de las masas son atroces. No pueden esperar hasta que estemos preparados para dirigirlas. Intentarn por todos los medios cambiar la sociedad, lucharn por encontrar una escapatoria al callejn sin salida. Esto es particularmente cierto en los pases ex-coloniales de frica, Asia y Amrica Latina, donde sobre bases capitalistas la sociedad no tiene ninguna posibilidad de avanzar.

En ausencia de una tendencia marxista de masas es posible (en realidad inevitable) la aparicin todo tipo de peculiares variantes. Para comprender la naturaleza de estos acontecimientos y distinguir en cada etapa lo que es progresista y lo que es reaccionario, es necesario tener una aproximacin creativa.

Para una mentalidad sectaria la revolucin debe seguir un esquema preestablecido: por ejemplo, tiene que estar dirigida por un partido marxista. Ahora no vamos a discutir la vital importancia de la direccin y el partido revolucionarios en la revolucin. Pero para construir un partido as es necesario hacer una evaluacin realista de la etapa que ha alcanzado el movimiento y nuestro papel dentro de l. Ms tarde regresaremos a este punto.

El problema de esta aproximacin es que no utiliza procesos vivos, sino frmulas y definiciones abstractas y normas universales. Es decir, es idealista y no materialista, es metafsica y no dialctica. Establece la norma ideal de lo que debera ser una revolucin, rechazando sistemticamente cualquier cosa que no se atenga a esta norma. En la mente de un idealista esto es perfecto. Pero la perfeccin ideal frecuentemente choca con la realidad, como ya sabemos desde Platn.

Para los objetivos de una definicin, todos sabemos qu es un ser humano: es masculino o femenino, tiene dos ojos, dos piernas y as sucesivamente. Pero en la vida real algunos humanos nacen con un solo ojo o una sola, o con ninguna, pierna e incluso el sexo de algunos humanos no se puede determinar con exactitud. De hecho, en la vida cotidiana y en la naturaleza es normal encontrarse con cosas que se salen de las normas y debemos aprender a convivir con ellas porque de lo contrario nos aquejar la mistificacin y la incomodidad.

El xito de la revolucin estara realmente garantizado si existiera un partido marxista de masas que pudiera proporcionar la gua necesaria a las capas dirigentes de la clase y armarlas con un programa poltico. Pero la construccin de este partido no se puede hacer por decreto. La vanguardia revolucionaria slo puede ganar a la mayora sometindose a la prueba de los acontecimientos y a la aprobacin de las masas. Nunca se puede conquistar esta posicin alabando a las masas desde los mrgenes del movimiento. Y antes de que podamos llegar a las masas es necesario primero comprender la naturaleza del movimiento de masas, la etapa en la que est, las diferentes tendencias (contradictorias) que existen dentro de l y en qu direccin se est moviendo. Es decir, hace falta una aproximacin dialctica.

La primera ley de la dialctica es la objetividad absoluta: cuando nos aproximamos a un fenmeno determinado no debemos partir de ideas o definiciones preconcebidas, sino de un examen cuidadoso de los hechos, no de los ejemplos o las digresiones, sino del hecho en s mismo. Si queremos comprender los acontecimientos de Venezuela, el papel de los movimientos y los individuos en estos acontecimientos, es necesario partir de los propios acontecimientos. Una definicin en el sentido dialctico debe partir de un examen cuidadoso de los hechos y los procesos, no con imposiciones desde fuera.

Este fue el mtodo de Trotsky. En el prefacio de su Historia de la Revolucin Rusia, Trotsky escribe:

"La historia de la revolucin, como toda historia, debe, ante todo, relatar los hechos y su desarrollo. Esto, sin embargo, no es suficiente. Es menester que del relato se desprenda con claridad por qu las cosas sucedieron de ese modo y no de otro. Los sucesos histricos no pueden considerarse como una cadena de aventuras ocurridas al azar ni engarzarse en el hilo de una moral preconcebida, sino que deben someterse al criterio de las leyes que los gobiernan. El autor del presente libro entiende que su misin consiste precisamente en sacar a la luz esas leyes". (Len Trotsky. Historia de la Revolucin Rusa).

Las lneas anteriores representan un excelente ejemplo del mtodo de anlisis dialctico. En contraste, los pensadores formalistas no se molestan en hacer un estudio cuidadoso de los hechos y los procesos. No se toman la molestia de descubrir las leyes del movimiento de una revolucin determinada, porque ya saben (o imaginan saber) las leyes de la revolucin en general. As que una vez armados, no necesitan malgastar el tiempo estudiando los hechos. Simplemente aplican sus ideas y definiciones preconcebidas a los hechos, como un qumico aplica un papel tornasol a un fluido. Si el papel se vuelve rojo estamos ante un cido y si se vuelve azul es una base.

Este mtodo es simple -infantilmente simple, en realidad, y por lo tanto muy adecuado para nios pequeos-. Armado con un conocimiento tan potente, el formalista puede decidir por anticipado si caracteriza los acontecimientos en Venezuela (o en cualquier otro pas del globo terrqueo) como una revolucin o no. Desde las cimas del Olimpo, se niegan a dar un certificado de nacimiento a la revolucin venezolana. Afortunadamente, la revolucin no sabe de esta excomunin y le importa incluso menos esto.

Qu es una revolucin?

La debilidad de la posicin de las sectas con relacin a Venezuela (hasta donde se han siquiera tomado la molestia de observarla) es que se basan en ideas preconcebidas sobre como "debera ser" una revolucin, mientras que al mismo tiempo les traiciona su completa ignorancia de lo que es una revolucin.

Qu es una revolucin? Esta pregunta, que se responde a s misma, raras veces se hace. Pero a menos que la preguntemos y respondamos, nunca estaremos en posicin de determinar lo que est ocurriendo en Venezuela, ni en cualquier otra parte. Una revolucin, como explica Trotsky en la Historia de la Revolucin Rusa, es una situacin donde las masas comienzan a tomar el destino en sus propias manos. Este es ciertamente el caso ahora de Venezuela. El despertar de las masas y su participacin activa en la poltica es la caracterstica ms decisiva de la revolucin venezolana y el secreto de su xito.

En el mismo prefacio de Len Trotsky citado anteriormente -quien, despus de todo, saba unas cuantas cosas sobre revoluciones- responde de la siguiente forma:

"El rasgo caracterstico ms indiscutible de las revoluciones es la intervencin directa de las masas en los acontecimientos histricos. En tiempos normales, el Estado, sea monrquico o democrtico, est por encima de la nacin; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burcratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, stas rompen las barreras que las separan de la palestra poltica, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervencin, crean un punto de partida para el nuevo rgimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto est bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupcin violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos". (Ibd.).

En perodos normales las masas no participan en la poltica. Las condiciones de vida bajo el capitalismo sitan barreras inconmensurables en su camino: largas horas de trabajo, cansancio fsico y mental, etc. Normalmente, las personas se contentan con dejar a otros las decisiones que afectan a sus vidas: al concejal, a los polticos profesionales, al dirigente sindical, etc.

Sin embargo, en determinados momentos crticos, las masas irrumpen en la escena de la historia, toman su vida y su destino en sus manos, pasan de ser agentes pasivos a protagonistas del proceso histrico. Hay que ser particularmente ciego u obtuso para no ver que sta es precisamente la situacin que se est produciendo en Venezuela. En los aos recientes, pero especialmente desde el intento de golpe de estado de abril de 2002, millones de trabajadores y campesinos han empezado a moverse, a luchar para cambiar la sociedad. Si esto no es una revolucin, entonces nunca ms lo veremos. Slo el sectario ms acrrimo no sabr comprender esto.

Es necesario entender que las masas, ya sea en Venezuela o en cualquier otro pas, slo aprenden gradualmente a travs de la experiencia. La clase obrera tiene que pasar por la experiencia de la revolucin y la crisis social para poder distinguir entre las diferentes tendencias, programas y dirigentes. Aprende a travs del mtodo de aproximaciones sucesivas. Como explica Trotsky:

"Las distintas etapas del proceso revolucionario, consolidadas por el desplazamiento de unos partidos por otros cada vez ms extremos, sealan la presin creciente de las masas hacia la izquierda, hasta que el impulso adquirido por el movimiento tropieza contra obstculos objetivos. Entonces comienza la reaccin: decepcin de ciertos sectores de la clase revolucionaria, difusin de la indiferencia y consiguiente consolidacin de las posiciones adquiridas por las fuerzas contrarrevolucionarias. Tal es, al menos, el esquema de las revoluciones tradicionales". (Ibd.)

Y adems aade:

"Slo estudiando los procesos polticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, no independiente, pero s muy importante, de este proceso. Sin una organizacin dirigente, la energa de las masas se disipara, como se disipa el vapor no contenido en la cmara de un pistn. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la cmara ni el pistn, sino el vapor". (Ibd.)

Estas observaciones reflejan exactamente la situacin de Venezuela, donde el movimiento desde abajo de las masas constituye la principal fuerza motriz de la revolucin. Es imposible comprender el proceso limitndose slo a un anlisis de los dirigentes, sus orgenes de clase, declaraciones y programas. Esto es como la espuma de las olas del ocano, que son slo un reflejo superficial de las corrientes profundas que existen debajo de la superficie.

Las masas y Chvez

"La dinmica de los acontecimientos revolucionarios se halla directamente determinada por los rpidos, tensos y violentos cambios que sufre la psicologa de las clases formadas antes de la revolucin". (Ibd.)

En ausencia de un partido marxista revolucionario de masas, las fuerzas de la revolucin se han congregado alrededor de Chvez y el Movimiento Bolivariano. Hugo Chvez es el hombre en el centro de la tormenta. No importa lo que se piense sobre este hombre, l ha roto la presa y abierto las compuertas. l solo se ha atrevido a enfrentarse al poder de la oligarqua y desafiar al poderoso imperialismo norteamericano. Incluso sus enemigos declarados y sus crticos no pueden negar que ha demostrado un valor colosal. Dando un ejemplo de coraje ha conjurado unas fuerzas tremendas que durante generaciones han estado latentes en las profundidades de la sociedad venezolana. Esto es un hecho de tremenda importancia.

Por primera vez en los casi doscientos aos de historia de Venezuela, las masas sienten que el gobierno est en manos de personas que desean defender sus intereses. En el pasado, el gobierno siempre era un poder ajeno que se presentaba en contra de ellas. Las masas no quieren el regreso de los viejos partidos corruptos. Las masas, los habitantes de los barrios pobres, los desempleados, trabajadores, campesinos, indgenas, negros, han salido de su apata y se han puesto de pie. Han descubierto que la vida tiene un nuevo significado, una nueva esperanza. De la noche a la maana, se han convertido en chavistas, aunque no comprendan muy bien qu significa esto.

Quiz las masas slo tienen una idea muy vaga de lo que realmente quieren, pero s tienen muy clara la idea de lo que no quieren. No quieren el regreso del viejo orden, los antiguos partidos y viejos dirigentes burgueses. Han podido probar de lo que significa ser libres y no desean regresar a la vieja esclavitud. Con cada fibra de su ser aoran un cambio fundamental de sus condiciones de vida. Para ellos, esto es lo que significa el chavismo. Y este gran sueo de cambio en sus vidas, en su mente se resume en un solo hombre: Hugo Chvez.

Muchas personas se sorprenden por el fervor -un fervor casi religioso- con que las masas miran a su presidente. Estn dispuestas a sufrir hambre y pobreza, a sacrificar todas sus posesiones, arriesgar su vida (como hicieron hace dos aos) por l. Esto representa un poder tremendo y explica por qu Chvez ha sido capaz de derrotar todos los intentos de derrocarle. El verdadero secreto de su xito no est dentro de s mismo, sino en las masas, y es la fuerza de las masas lo que determina todo el rumbo de la revolucin es su principal fuerza motriz.

Los enemigos de Chvez por la derecha no pueden comprender la razn de esto. No pueden entenderlo porque son orgnicamente incapaces de comprender la dinmica de la propia revolucin. La clase dominante y sus intelectuales prostitutos nunca aceptan que las masas tengan una mente y personalidad propias, que son una fuerza tremendamente creativa capaz no slo de cambiar la sociedad sino tambin de administrarla. Nunca pueden admitir tal cosa porque si lo hacen, admitiran su propia bancarrota y delataran que no son un agente social necesario e indispensable dotados de un derecho divino para gobernar, sino que son una clase parasitaria y superflua, un obstculo reaccionario para el progreso.

Los sectarios incapaces de comprender

Pero no slo los enemigos burgueses de la revolucin muestran una absoluta incapacidad de comprender la revolucin venezolana. Muchos en la izquierda (incluidos algunos que se llaman Marxistas) han demostrado una incapacidad similar para entender lo que est ocurriendo. Despus de proclamarse los dirigentes de la clase obrera, ante el espectculo que muestra el apoyo entusiasta de las masas por Chvez estn desconcertados. Se quejan por las esquinas, musitando algo sobre el "populismo", pero demuestran una absoluta incapacidad de conectar con el movimiento real de las masas. Pero esa es la principal caracterstica de los sectarios en todas partes.

Lo que ninguno de estas damas y caballeros han comprendido es la relacin dialctica entre Chvez y las masas. Ellos tienen en comn su aproximacin formalista y mecnica a la revolucin. No la ven como un proceso vivo, lleno de contradicciones e irregularidades. No se ajusta a sus esquemas preconcebidos que dicen cmo debera ser una revolucin y por lo tanto, la dan la espalda con desprecio. Se comportan como los primeros europeos que vieron una jirafa y exclamaron: "No me lo creo!"

Desgraciadamente para nuestros amigos formalistas, la revolucin no se desarrolla suavemente, no se produce de acuerdo a ningn plan preconcebido, no se ejecuta como orquesta bien trabajada que sigue la batuta del director. Sigue sus propias reglas y obedece a sus propias leyes internas que no se encuentran en ningn recetario revolucionario, sino que estn arraigadas en las contradicciones de la sociedad y que gradualmente se elaboran a travs de la accin colectiva de las propias masas que no aprenden en los libros de texto, sino a travs de la experiencia de la lucha y por un proceso difcil de ensayo y error.

"Pero Chvez es un burgus", dicen protestando. Esta gente siempre piensa en trminos simplistas: blanco o negro, s o no, burgus o proletario. El viejo Engels tena en mente este tipo de mentalidad formalista cuando cit las siguientes palabras de la Biblia: "Que todo tu entendimiento sea: S, s o no, no, porque cualquier cosa que sea ms que esto viene del diablo". Estas exigencias de una definicin exacta parecen a primera vista ser razonables y sabias. Pero no es posible en todas las circunstancias exigir definiciones exactas.

Incluso como definicin sociolgica, la caracterizacin anterior es incorrecta. El antecedente social del que procede Hugo Chvez no es burgus sino ms bien de clase media. l se califica a s mismo como un campesino. Sin embargo, esto no agota la cuestin desde un punto de vista marxista. La clase media no es homognea. En sus capas superiores, los abogados ricos, los mdicos y profesores universitarios, estn ms cerca de la burguesa y le sirven. En sus capas ms bajas, los pequeos comerciantes, pequeos campesinos, las filas ms bajas de los intelectuales, estn ms cerca de la clase obrera y, en determinadas circunstancias, pueden ponerse al lado de la revolucin socialista.

Sin embargo, los orgenes de clase de los dirigentes no son concluyentes a la hora de decidir la naturaleza de clase de un partido o movimiento particular. Lo que en ltima instancia determina la naturaleza de clase de un movimiento poltico es su programa, su poltica y su base de clase. Podemos describir ampliamente el programa y la poltica del Movimiento Bolivariano como el de una democracia pequeo burguesa revolucionaria. Como tal, no va ms all de los lmites de una democracia burguesa muy avanzada. La revolucin ha llevado a cabo un programa ambiguo de reformas en inters de las masas, pero no ha abolido el capitalismo. Esto constituye su principal debilidad y la mayor amenaza para su futuro.

La cuestin del estado

"Pero el estado sigue siendo burgus!" insisten nuestros amigos formalistas. En cuanto a que la oligarqua todava no ha sido expropiada, en cuanto a que una gran parte del poder econmico todava est en sus manos, entonces Venezuela todava s es capitalista y debemos definir la naturaleza de clase del estado de acuerdo con ello. Adems, una gran parte de la vieja burocracia todava permanece en su lugar; el sistema judicial es el heredado de antes, la Polica Metropolitana acta como un estado dentro del estado, la lealtad de sectores de los oficiales de clase media no est clara. Esto significa que todava no se ha producido un cambio cualitativo y por lo tanto la situacin actual se puede volver en su contraria. Sin embargo, esto no se puede hacer sin una lucha feroz y una guerra civil.

Sin embargo, la definicin general del estado como burgus no nos dice nada sobre la verdadera correlacin de fuerzas o la realidad concreta del estado, o la forma en que se est desarrollando la situacin. En realidad, el estado en Venezuela ya no est controlado por la burguesa. Por eso la oligarqua est obligada a recurrir a mtodos ilegales y extraparlamentarios para recuperar el control. La mayora de las fuerzas armadas, incluido un sector importante de los oficiales, apoyan la revolucin. Esto crea enormes problemas para la contrarrevolucin y produce unas condiciones potencialmente favorables para aquellos que desear llevar la revolucin hasta el final.

Al principio de este artculo preguntbamos: qu es una revolucin? Pero tambin es necesario preguntar: qu es el estado? Esta pregunta fue respondida hace mucho tiempo por Lenin (siguiendo a Engels) cuando dijo que el Estado, en ltima instancia, son cuerpos de hombres de armados (el ejrcito, la polica, etc.). En perodos normales el Estado est controlado por la clase dominante. Pero en perodos excepcionales, cuando la lucha de clases alcanza su mxima intensidad, el Estado puede adquirir un grado importante de independencia, elevndose por encima de la sociedad. Esta es la situacin actual en Venezuela.

El argumento final de los sectarios hace referencia a las fuerzas armadas. "No debemos tener algo que ver con oficiales militares". Este realmente no es un argumento sino un prejuicio estpido. La idea de que no es posible ganar al ejrcito para la revolucin es absurda. Si esto fuera cierto, no se podra haber realizado ninguna revolucin en toda la historia. El ejrcito est formado por hombres y mujeres uniformados que pueden ser influidos por los acontecimientos de la sociedad. (Tener que hacer estos comentarios resulta ms bien embarazoso pero parece que hoy en da no se puede dar nada por sentado).

En cada gran revolucin de la historia el ejrcito se ha visto afectado por el movimiento de las masas. Tiende a dividirse en lneas de clase. Si no ocurriera as una revolucin en general sera imposible. El fermento revolucionario afecta no slo a los soldados y los suboficiales, tambin a parte de los oficiales. En circunstancias especialmente favorables, una gran parte de los oficiales se pueden ver afectados y negarse a luchar por el viejo rgimen o incluso pasarse al lado de la revolucin, como ocurri con Tujachevsky, que era un oficial zarista.

Adems, en ms de una ocasin ha ocurrido que un movimiento revolucionario empez primero por arriba, con una revuelta de un sector de los oficiales y despus se extendi a las masas. Esto ocurre particularmente cuando el viejo rgimen ha quedado al descubierto como completamente corrupto y en bancarrota. La historia de Espaa en el siglo XIX est llena de este tipo de acontecimientos, que son conocidos como pronunciamientos, y que frecuentemente abrieron las compuertas de la revolucin. Pero tambin hay ejemplos ms recientes del mismo proceso.

La revolucin portuguesa

La idea de que la revolucin bolivariana es absolutamente nica no es correcta. Por supuesto que tiene sus peculiaridades especficas, pero est lejos de ser nica. En realidad, cada revolucin tiene caractersticas que son comunes a todas las revoluciones. Si no ocurriera as sera imposible aprender algo til del estudio de las revoluciones anteriores, pero esto est muy lejos de ser el caso. Hace exactamente treinta aos en Portugal vimos un proceso extraordinariamente similar al de Venezuela.

Despus de ms de medio siglo de dominio fascista, el pueblo de Portugal derroc a la odiada dictadura de Caetano y emprendi el camino de la revolucin. Cmo empez? Empez con un golpe llevado a cabo por oficiales de izquierdas del ejrcito. Esto est completamente en contradiccin con la situacin normal, donde oficiales del ejrcito casi siempre juegan un papel contrarrevolucionario. Aqu ocurri el caso contrario. En 1975 Ted Grant escriba lo siguiente:

"La verdadera peculiaridad de la revolucin portuguesa en comparacin con cualquier revolucin del pasado es la implicacin de la masa de oficiales bajos y medios -e incluso de algunos generales y almirantes- en la revolucin.

"Si los poderes del estado, como explicaron Marx y Lenin, se redujesen al control de los cuerpos de hombres armados, entonces la decadencia del rgimen portugus ha quedado claramente al descubierto. La burguesa lo apost todo a su ltima arma, la represin feroz y totalitaria de las masas. Durante ms de dos generaciones, atestiguando sus consecuencias, la burguesa perdi su apoyo tambin entre la clase media y por contagio incluso en gran parte de la casta de oficiales. La guerra sin sentido en frica jug su parte, pero eso no explica todo. La masacre incluso ms luntica durante la guerra de 1914-18 no hizo que la casta de oficiales [rusos] abandonara mayoritariamente al zarismo. No dudaron en pasarse a la contrarrevolucin y apoyar las guerras de intervencin contra su propio pas.

"En 1918 la revolucin alemana se encontr con la oposicin del grueso de la casta de oficiales. La contrarrevolucin de Hitler cont con el apoyo de la aplastante mayora de los oficiales.

"En la revolucin espaola de 1931-37, el 99 por ciento de la casta de oficiales se posicion con Franco. Y ms cerca de casa, en 1926 la gran mayora de la casta de oficiales apoy a Salazar.

"Se ha producido un giro titnico del pndulo poltico hacia la izquierda. Durante las ltimas tres dcadas la pequea burguesa tambin ha girado a la izquierda -como demuestra el movimiento estudiantil- y en Portugal el callejn sin salida del capitalismo y el odio hacia las camarillas del capital monopolista, que acuaron su dinero con la sangre y el sufrimiento del pueblo y los soldados, se ha reflejado en el aislamiento de los crculos ms ricos. Ellos apoyaron y se beneficiaron hasta el ltimo momento del rgimen totalitario o autoritario. El odio de estos detestables parsitos se extenda incluso a capas de la casta de oficiales. Esto es una indicacin de que el capitalismo ha agotado su misin histrica y se ha convertido en un freno cada vez mayor para la produccin. De modo que en Portugal vemos incluso que el equipo de generales estaba dividido, como demuestra el desgraciado episodio de Spinola".

Estas lneas pudieran haberse escrito ayer -con respecto a la revolucin venezolana. La tendencia marxista explic este fenmeno hace dcadas, pero sigue siendo un libro cerrado para todos los sectarios y formalistas, quienes por lo tanto son incapaces de entender la revolucin venezolana y menos an intervenir en ella. Estn cegados por su propio mtodo formalista que les impide ver lo que est ocurriendo frente a sus narices. Constantemente hacen referencia a definiciones y citas confeccionadas de los clsicos marxistas ("debemos aplastar el viejo estado", etc.,) que en sus manos han pasado de ser declaraciones cientficas a clichs vacos o sortilegios religiosos. En lugar de ayudarnos a comprender el proceso real, actan como una barrera para la comprensin.

En su documento de 1975 sobre la Revolucin Portuguesa Ted Grant escriba lo siguiente:

"Marx escribi que en los pesados y aparentemente oscuros escritos de Hegel se poda ver la revolucin en determinada etapa de la historia. Ahora el genio inventivo de la historia nos ha presentado el espectculo de la revolucin movindose en el vehculo de generales y almirantes militares! Esto ha ocurrido porque el capitalismo se ha agotado en Portugal -un pas semicolonial y semiimperialista- que bajo el capitalismo no es capaz de avanzar despus de la prdida del imperio. Al mismo tiempo, el camino de una abierta dictadura militar burguesa ha quedado totalmente desacreditado, incluso entre sectores de la casta militar, como resultado de los cincuenta aos de experiencia de la dictadura.

"Pero la razn principal para el enorme papel de los militares ha sido la parlisis de las organizaciones obreras, debido a la ausencia de un genuino partido y direccin marxistas. En realidad, desde el principio de la revolucin -el poder real ha estado en manos de los trabajadores y los soldados- el MFA ha llenado el vaco provocado por el fracaso de la direccin de las organizaciones del PSP y PCP".

La naturaleza aborrece el vaco, se dice, y lo mismo ocurre en la sociedad y en poltica. En ausencia de un partido marxista revolucionario de masas, otras tendencias pueden llenar el vaco poltico en determinadas condiciones concretas. Pero una vez que los oficiales portugueses iniciaron el proceso, cuando se abrieron las compuertas, las masas y la clase obrera las traspasaron y pusieron su sello en la revolucin. En Portugal existan todas las condiciones para una revolucin pacfica, especialmente despus de la derrota del golpe reaccionario del general Spinola en marzo de 1975. Fue un golpe muy similar al del 11 de abril en Venezuela y termin de la misma forma, como explica Ted:

"Cuando se produjeron las manifestaciones de masas de los trabajadores, las fuerzas del contragolpe se desvanecieron. Los paracaidistas y los comandos siempre son la fuerza ms conservadora del ejrcito, formada habitualmente por los elementos ms aventureros y salvajes de la poblacin, y normalmente es una fuerza de elite de las tropas de choque, los ms fiables y el ltimo en quebrarse, como los cosacos en Rusia. Ahora los paracaidistas aseguraron a los manifestantes que ellos 'no somos fascistas'. Confraternizaron con los trabajadores y las tropas del Regimiento de Artillera. Incluso algunos entregaron sus rifles a los manifestantes como prueba de buena fe.

"Pocas horas despus del golpe fue tomada la base area. Spinola y muchos de la camarilla de oficiales que lo apoyaban huyeron a Espaa. El golpe fracas. Se podra reconocer en minutos ms que en das. Quizs es el intento de contrarrevolucin ms cmico y absurdo de la historia. Pero fue un fiasco precisamente porque la atmsfera ardiente de la revolucin afect no slo a los trabajadores y campesinos, sino prcticamente a toda la base de las fuerzas armadas. No haba un solo regimiento en todo Portugal que pudiera ser utilizado para el propsito de la contrarrevolucin".

De nuevo, se pueden aplicar las mismas lneas a Venezuela hace dos aos. Slo hay que cambiar los nombres. Como en Portugal, habra sido posible llevar a cabo la transformacin pacfica de la sociedad despus del colapso del golpe. Pero no se hizo y se perdi una oportunidad muy favorable. Este hecho, en s mismo, demuestra la necesidad de una direccin revolucionaria consistente con una estrategia y lnea claras. Estos errores se pagarn en el futuro y la factura ser muy cara.

Nuestros amigos sectarios gritarn triunfalmente: "Esto demuestra que no podemos confiar en los oficiales!" Pero no es una cuestin de confianza. Esa es una categora moral y no cientfica. Lo que es decisivo no es el carcter moral de los dirigentes, sino el programa y la poltica. Muchos de los oficiales en Portugal eran hombres honrados que se pusieron sinceramente al lado de las masas. Muchos de ellos incluso queran llevar a cabo una transformacin social profunda en Portugal, pero no saban cmo hacerlo.

La verdadera responsabilidad del fracaso de la Revolucin Portuguesa reside, no en el sector de izquierdas de los oficiales del ejrcito, sino en la poltica reformista de los dirigentes de los partidos socialista y comunista que se interpusieron e hicieron naufragar la revolucin. Adems debemos aadir que las sectas ultraizquierdistas seudo-marxistas tambin jugaron un papel lamentable y fueron incapaces de dar una alternativa a los trabajadores y a los oficiales radicalizados quienes estaban, en realidad, buscndola.

La crisis del capitalismo

La causa de que acontecimientos como estos puedan ocurrir es la crisis orgnica del capitalismo a escala mundial. Hace veintinueve aos Ted Grant escriba:

"Uno de los factores clave en el desarrollo de la revolucin es la desmoralizacin de la propia clase dominante. Ahora en los pases decisivos del capitalismo estn apareciendo divisiones y fisuras en la clase dominante. Miran con temor los procesos que estn ocurriendo en Europa y el mundo. Los ms poderosos de todos, los capitalistas estadounidenses, que tenan en mente un siglo de dominacin mundial y el convertirse en el polica de los pases coloniales y capitalistas, estn tambin tan desmoralizados como el resto".

Estas lneas son perfectamente aplicables a la situacin actual.

La situacin mundial est caracterizada por la turbulencia general. Desde 1974 se han ido acumulando profundas contradicciones. Este es ciertamente un perodo de insurrecciones, cambios profundos y giros repentinos en todos los continentes y pases. Los capitalistas tienen muchas dificultades para sacar la economa mundial de la recesin. Slo EEUU ha experimentado algo de crecimiento, pero es extremadamente frgil y se basa en el consumo, el crdito y un endeudamiento sin precedentes.

A escala mundial el sistema capitalista est en una crisis profunda. Hay muchos sntomas -guerras, terrorismo, inestabilidad social, poltica y diplomtica- pero stas son todas manifestaciones de la crisis central. Los apologistas del Capital intentan presentarla como una crisis coyuntural, un ajuste menor o una "correccin". Pero no es tal cosa. Las convulsiones que vemos en todas partes son un reflejo del callejn sin salida en el que se encuentra el capitalismo. En el fondo, expresa la rebelin de las fuerzas productivas contra las barreras gemelas de la propiedad privada y el estado nacional.

La crisis se expresa con una especial fuerza en los antiguos pases coloniales de Asia, frica y Amrica Latina. Todos estn experimentando convulsiones econmicas, financieras, sociales y polticas sin precedentes. No hay un solo rgimen burgus estable en toda Amrica Latina.

Si existieran poderosos partidos marxistas de masas, los trabajadores de Argentina, Bolivia, Per, Ecuador, podran haber tomado fcilmente el poder durante el ltimo perodo. Pero estos partidos no existen. A la degeneracin de la Segunda y Tercera Internacional debemos aadir la total incapacidad de esas organizaciones sectarias que pretenden reivindicar la bandera del trotskismo, que han cometido todo tipo de errores tanto de carcter oportunista como ultraizquierdista y que hace tiempo abandonaron cualquier derecho a ser considerados seriamente como una fuerza revolucionaria.

En ausencia de un partido marxista fuerte, era inevitable que la revolucin en los pases capitalistas subdesarrollados se manifestara en todo tipo de formas peculiares. Este es el resultado del retraso de la revolucin socialista en los pases capitalistas desarrollados. Los trabajadores y los campesinos de Asia, frica y Amrica Latina no pueden esperar. Necesitan encontrar una solucin ahora para sus problemas ms acuciantes. Y si no existe un partido marxista a mano, buscarn alguna alternativa. Simplemente no existe respuesta a esta lgica.

En su teora de la Revolucin Permanente, Trotsky explica que en las condiciones modernas las tareas de la revolucin democrtico burguesa no se pueden realizar sin la expropiacin de la burguesa. La nica forma de salvar a la sociedad del estancamiento, el hambre y la miseria es aboliendo el latifundismo y el capitalismo. La imposibilidad de desarrollar plenamente las fuerzas productivas bajo el capitalismo-latifundismo fue lo que impuls la revolucin colonial. Por el camino del capitalismo no hay salida.

En ausencia de un partido marxista pueden hacerse notar otras fuerzas. Lo vimos en Portugal en 1974-75 cuando un grupo de radicalizados oficiales del ejrcito derroc al dictador fascista Caetano y abri las compuertas de la revolucin. En su artculo el camarada Ted dice lo siguiente:

"Consecuentemente, debido a que el desarrollo de las fuerzas productivas se topa con el estorbo del capitalismo y las grandes empresas, que estn subordinados y son colaboradores del imperialismo, stas son barridas a un lado. Como si fuera una versin deformada de la revolucin permanente esta casta ms baja de oficiales se convierte -durante un perodo- en el agente inconsciente de la historia, para llevar adelante las tareas necesarias de la estatizacin de la economa".

Por supuesto, esta afirmacin va al punto central de la idea, que determinados grupos "marxistas" han convertido en un prejuicio algo, como el Arco del Pacto para los judos ortodoxos o la doctrina de la Infalibilidad Papal para los catlicos devotos, es decir, que los oficiales del ejrcito son inevitablemente reaccionarios y que todos los golpes militares son de derecha. Si partimos de estas proposiciones simples, entonces no slo Chvez, sino que tambin deberamos haber condenado de antemano a los lderes de la revolucin portuguesa. Pero la historia no es tan simple como para poder ajustarla a tales patrones ordenados. Sin embargo, recurriendo a un viejo refrn ingls, a las mentes simples les gustan las cosas simples.

La revolucin portuguesa fue bastante lejos. De hecho, The Times de Londres incluso public un editorial titulado: El capitalismo ha muerto en Portugal. Esto podra haber sido cierto. Bajo la presin de la clase obrera el Movimiento de las Fuerzas Armadas nacionaliz los bancos y las compaas de seguros, que en la prctica supuso la nacionalizacin de cerca del 80 por ciento de la economa. Desgraciadamente, las conquistas de la revolucin fueron socavadas por los dirigentes de los Partidos Comunista y Socialista y se perdi la oportunidad.

Ahora estamos viendo un proceso similar en Venezuela. Durante generaciones la poblacin venezolana ha estado mal gobernada por partidos burgueses que representaban a los intereses de la oligarqua y el imperialismo. Despus, en 1996 encontraron una alternativa en la forma de un nuevo movimiento poltico -el Movimiento Bolivariano formado por Hugo Chvez-. El programa de Chvez era modesto: contra la corrupcin, reformas, etc., Pero inmediatamente entr en conflicto con la oligarqua y el imperialismo.

Lo que estamos presenciando en Venezuela es una variante peculiar de la teora de la Revolucin Permanente. Es imposible consolidar las conquistas de la revolucin dentro de los lmites del sistema capitalista. Tarde o temprano habr que elegir: o la revolucin liquida el poder econmico de la oligarqua, expropia a los banqueros y a los capitalistas y emprende el camino en direccin al socialismo, o la oligarqua y el imperialismo liquidarn la revolucin.

Chvez y las masas

En una situacin en la que el viejo orden est en una profunda crisis, cuando claramente no hay salida excepto un cambio fundamental, pero donde no existe un partido revolucionario de masas, es posible todo tipo de variantes peculiares. En estas circunstancias el fermento revolucionario puede llegar a los lugares ms inesperados. Ya hemos sealado que caracterizar a Hugo Chvez como un burgus es inexacto sociolgicamente. Pero incluso si fuese cierto, eso no descartara automticamente una evolucin en direccin a la revolucin socialista y a una poltica proletaria. Debemos recurrir una vez ms al fundador del socialismo cientfico para que nos ayude. Marx escribe lo siguiente en el Manifiesto Comunista:

"Finalmente, en aquellos perodos en que la lucha de clases est a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegracin de la clase dominante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequea parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasndose a la clase que tiene en sus manos el porvenir. Y as como antes una parte de la nobleza se pasaba a la burguesa, ahora una parte de la burguesa se pasa al campo del proletariado; en este trnsito rompen la marcha los intelectuales burgueses, que, analizando tericamente el curso de la historia, han logrado ver claro en sus derroteros". (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista)

Con qu claridad se expresaba Marx! Para alguien que realmente ha absorbido el mtodo de Marx, en contraposicin al que repite mecnicamente unos cuantos clichs sin asimilar, lo que est ocurriendo en Venezuela no representa una gran dificultad. Ni es la primera vez que presenciamos un fenmeno similar. Hace unos das publicamos en nuestra web un artculo de Ted Grant: La revolucin Ibrica - El Marxismo y el desarrollo histrico de la situacin internacional, escrito en mayo de 1975. Comienza con las siguientes palabras:

"El marxismo sera una teora muy simple si se limitase a repetir las ideas del pasado. Los sectarios y los oportunistas de los distintos grupos y sectas, ignoran los mtodos y los principios que mantienen su validez y que se pueden sacar incalculables lecciones de las obras de los grandes clsicos. Repiten unas cuantas frases recogidas del pasado y piensan que eso les convierte en brillantes estrategas. Las obras de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, representan para nosotros una herencia preciosa y debemos animar a los compaeros jvenes a que las lean asiduamente. Pero no representan un esquema acabado del proceso histrico".

La prueba decisiva para los revolucionarios es su actitud ante la revolucin. Las sectas seudo-trotskistas fueron totalmente incapaces de orientar y reorientar ante el desarrollo de los acontecimientos. No comprenden que sin un partido marxista es posible todo tipo de cosas. Como dijo correctamente Ted sobre estos grupillos supuestamente "trotskistas": "Se han convertido en algo cada vez ms lejano, sin la ms mnima posibilidad de convertirse en una organizacin de masas de la clase obrera".

En la historia, la relacin entre los factores objetivo y subjetivo es altamente compleja y contradictoria. Slo el mtodo dialctico puede ayudarnos a desenmaraar las contradicciones de la situacin en Venezuela. En ausencia de una genuina corriente marxista es inevitable que aparezcan otras tendencias. Y en la medida que la clase obrera no tiene la direccin otras clases se hacen notar. Esto realmente no es tan difcil de comprender!

La relacin entre Hugo Chvez y las masas es muy compleja y dialctica. Tuve ocasin verlo por m mismo cuando asist a una concentracin de masas el 12 de abril en el centro de Caracas. No es una apreciacin equivocada el colosal entusiasmo y la devocin que ellas demostraban. Pero el secreto de esto no se encuentra en la personalidad de Chvez, sino en las relaciones de clase. Las masas se ven reflejadas en Chvez. Se identifican con l, le consideran el hombre que las despert a la vida poltica y que dio voz a sus aspiraciones. La revolucin est personificada en l. Para ellas Hugo Chvez y la revolucin son una y la misma cosa.

Por supuesto, una cosa es la percepcin de las masas y otra es la lgica objetiva de los acontecimientos. En una revolucin los acontecimientos suceden a una velocidad vertiginosa y la direccin tiene dificultades para seguir su ritmo frentico. El pndulo gira continuamente a la izquierda durante todo un perodo. Todos los partidos, tendencias, programas e individuos son puestos a prueba. Por eso el progreso de la revolucin est marcado por el ascenso y la cada de los dirigentes y los partidos, en el cual las tendencias ms radicales tienen a desplazar a los elementos ms moderados.

El ltigo de la contrarrevolucin

Las masas no van a la revolucin con un plan preparado de reconstruccin social, sino con un profundo sentimiento de que no pueden seguir soportando al viejo rgimen. Las primeras etapas de la revolucin estn caracterizadas inevitablemente por una perspectiva confusa e incoherente. Existe un sentido de euforia, de triunfo y de irresistible avance. Esto va acompaado por la idea de unidad, que "estamos todos juntos" en una especie de marcha universal hacia la libertad y la justicia social.

Sin embargo, esto es una ilusin. La revolucin choca inevitablemente con las barreras del orden social y las instituciones existentes. Esto provoca enfrentamientos. Toda accin provoca una reaccin igual pero en sentido contrario: esta ley es igual de buena para las revoluciones como para la mecnica elemental. La victoria de Chvez en las encuestas no signific una revolucin social, sino que alter totalmente el orden social y cre un fermento social generalizado. La oligarqua, consciente de que no podra sobornar o presionar a Chvez, decidi eliminarle por la fuerza. Esto llev directamente al golpe contrarrevolucionario del 11 de abril de 2002.

Exactamente hace dos aos las fuerzas contrarrevolucionarias de la oligarqua venezolana prepararon un golpe de estado con el apoyo de los oficiales de derecha del ejrcito. Chvez fue arrestado y se proclam una "dictadura democrtica". Pero las masas se levantaron con sus brazos desnudos y derrocaron el gobierno reaccionario, preparando el camino para un nuevo avance de la revolucin. Una vez ms a las masas se les uni el sector revolucionario del ejrcito. La reaccin colaps en cuarenta y ocho horas como un castillo de naipes.

Marx dijo que la revolucin necesita el ltigo de la contrarrevolucin para avanzar. En Venezuela cada intento contrarrevolucionario ha servido para provocar un movimiento colosal de las masas que lo ha arrastrado todo a su paso. En cada ocasin el ambiente de las masas se ha endurecido, se ha hecho ms decidido y militante. La exigencia de una accin decisiva para acabar con los contrarrevolucionarios es cada vez ms alta e insistente: "mano dura!" es lo que dicen desde abajo.

Despus de la derrota del golpe habra sido posible llevar a cabo la revolucin socialista de una forma tranquila e incruenta. Desgraciadamente, la oportunidad se perdi y los reaccionarios pudieron reagruparse y organizar un nuevo intento con la llamada "huelga" (en realidad un paro patronal) que provoc un serio dao a la economa. El nuevo intento fue derrotado por los trabajadores que tomaron el control de las fbricas y las instalaciones petroleras y echaron a los reaccionarios. De nuevo exista la posibilidad de una transformacin radical sin una guerra civil. Y nuevamente se perdi la oportunidad.

Ahora la situacin est completamente polarizada a la derecha y a la izquierda. Se ha abierto un abismo insalvable entre clases antagnicas: ricos y pobres, chavistas y esculidos, revolucionarios y contrarrevolucionarios; enfrentados entre s en un estado de hostilidad permanente. La sociedad vive en una situacin de alarma y agitacin constantes. El aire est pesado con rumores de golpes, conspiraciones, agresin extranjera. La atmsfera est elctrica, como antes de una tormenta. Tarde o temprano la tormenta debe estallar.

Las masas aprenden rpidamente en la escuela de la revolucin. Estn sacando conclusiones. La principal conclusin es que el proceso revolucionario debe seguir adelante, debe enfrentarse a sus enemigos y eliminar todos los obstculos. Este ardiente deseo de las masas sin embargo se enfrenta con la resistencia de los elementos conservadores y reformistas que constantemente piden cautela, y que, en la prctica, quieren poner frenos a la revolucin. El destino de la revolucin depende de la solucin de esta contradiccin.

La revolucin est en peligro

La revolucin venezolana ahora se enfrenta a una dura eleccin. La revolucin est rodeada de enemigos, tanto interna como externamente, que intentan acabar con ella. Para derrotar a las fuerzas de la contrarrevolucin es necesario un programa y una poltica claros. Estos slo pueden ser proporcionados por una tendencia Marxista.

La revolucin venezolana se encuentra ahora en una encrucijada. Las masas han derrotado a la reaccin en tres ocasiones durante los ltimos dos aos. Pero las fuerzas de la reaccin no han sido derrotadas definitivamente. La oligarqua contina controlando los puntos clave de la economa, est continuamente intrigando contra la revolucin. Washington est participando activamente en estas intrigas contrarrevolucionarias. Bush ha declarado que no descansar hasta ver el derrocamiento de Chvez. Recientemente un general estadounidense dijo pblicamente que Venezuela representa una amenaza para los EEUU. Todas stas son seales de peligro.

El imperialismo estadounidense est empantanado en Irak. Esto hace difcil por ahora una intervencin militar directa en Venezuela, incluso a la misma escala que su aventura haitiana. Pero hay muchas otras opiniones. Estn intentando que la Organizacin de Estados Americanos (OEA) organice un bloqueo contra Venezuela, en las mismas lneas que el bloqueo a Cuba. Por ahora no lo han conseguido. Pero ahora la amenaza ms urgente procede de la vecina Colombia.

El imperialismo norteamericano quiere utilizar a Colombia como una base para sus operaciones en Amrica Latina. Con el pretexto de la "guerra contra las drogas" Washington ha enviado armas, dinero y "asesores militares" a Colombia. Esto ha alterado totalmente el equilibrio militar de la regin. El monstruoso Plan Colombia es un disfraz para encubrir una intervencin imperialista a escala masiva. Representa una grave amenaza para la revolucin venezolana. Justo antes de que fuera echado por el pueblo espaol, Aznar envi un cargamento grande de tanques a Colombia. Estos tanques son intiles para la lucha antiguerrillera, as que slo esto solo puede llevarnos a una interpretacin: los tanques son para utilizarlos contra su pas vecino. El nombre de ese estado es Venezuela.

En los ltimos meses han aparecido evidencias de la intensificacin de las actividades de los grupos paramilitares colombianos de derecha en suelo venezolano. Estos son los clebres escuadrones de la muerte fascistas que durante dcadas han asesinado, torturado y aterrorizado a la poblacin con el apoyo encubierto del estado y las fuerzas armadas colombianas. Ahora estn actuando como mercenarios a sueldo de la CIA. Su objetivo es el asesinato de Chvez y organizar provocaciones violentas para justificar un conflicto armado entre Venezuela y Colombia.

En artculos anteriores hemos explicado que el imperialismo estadounidense est preparndose para organizar alguna provocacin en la frontera con Colombia. Despus del ignominioso colapso de su campaa por el referndum, la oposicin interna est desorganizada, con uno de sus componentes rompiendo filas acusando a los dems de planear otro golpe y cosas por el estilo. La revolucin est en peligro. Pero como ocurri en la gran Revolucin Francesa del siglo XVIII, y ocurre hoy en Venezuela, la amenaza externa puede servir para llevar la revolucin ms all.

Correlacin de fuerzas de clase

La correlacin de fuerzas de clase dentro de Venezuela es todava extremadamente favorable para llevar a cabo una revolucin proletaria clsica. Lo que hace falta es una aplicacin enrgica de la poltica del frente nico. Pero esto no significa la disolucin del movimiento de los trabajadores o la disolucin del ala marxista en un "frente popular" en general. Esto significa slo que la clase obrera y su vanguardia tienen el deber de llegar a un acuerdo de lucha con la pequea burguesa revolucionaria, los campesinos pobres, los pobres urbanos y todos los dems elementos revolucionarios de la poblacin para llevar a cabo una lucha contra el imperialismo y la oligarqua.

Est esta poltica en contradiccin con el objetivo de una revolucin socialista? Slo un doctrinario irrecuperable puede decir tal cosa. Una persona as no tiene la ms mnima idea de lo que es una revolucin socialista. Vamos a remitirnos a Lenin en esta cuestin:

"La revolucin socialista no es un acto nico ni una batalla en un frente aislado, sino toda una poca de agudos conflictos de clases, una larga serie de batallas en todos los frentes, es decir, batallas en todos los problemas de la economa y de la poltica, las cuales slo pueden culminar con la expropiacin de la burguesa. Sera por completo errneo pensar que la lucha por la democracia pueda distraer al proletariado de la revolucin socialista, o relegarla, posponerla, etc. Por el contrario, as como es imposible un socialismo victorioso que no realizara la democracia total, as el proletariado ser capaz de prepararse para la victoria sobre la burguesa a menos que libre una lucha en todos los frentes, revolucionaria y consecuente por la democracia". (Lenin. La revolucin socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminacin. Enero- febrero 1916).

Qu significan estas lneas? La revolucin socialista es impensable sin la lucha cotidiana por la mejora de la situacin de la clase obrera y las masas explotadas. Slo con esta lucha el proletariado puede acumular y reunir la fuerza de masas necesaria para llevar adelante la transformacin socialista de la sociedad. Esto incluye no slo la lucha por salarios ms altos, reduccin de la jornada laboral, ms viviendas, hospitales y escuelas, etc., sino tambin la lucha por la democracia. En el curso de esta lucha, la clase obrera tiene la oportunidad de ganar la direccin y ponerse a la cabeza de la nacin. Sin eso no ser posible ni en mil aos.

En Venezuela el secreto del xito es la unidad militante del proletariado socialista con la democracia revolucionaria -los campesinos pobres, los pobres urbanos y la pequea burguesa revolucionaria en general-. Los enemigos de la revolucin intentan constantemente romper esta unidad. Los marxistas luchan para mantenerla. Pero esto no significa que debamos aceptar la direccin de la pequea burguesa o esconder nuestras diferencias con ella. Por utilizar una expresin espaola: "juntos pero no revueltos".

El Movimiento Bolivariano no es un partido estalinista monoltico, sino esencialmente un movimiento de masas amplio donde hay diferentes tendencias y corrientes. El ala de izquierdas, reflejando las aspiraciones revolucionarias de las masas, intenta llevar hacia adelante la revolucin, superar la resistencia de la oligarqua y armar al pueblo. El ala de derecha (los reformistas y socialdemcratas), en la prctica, desean poner un freno a la revolucin, o al menos ralentizarla y llegar a un acuerdo con la oligarqua y el imperialismo.

En realidad, la segunda opcin no existe. No hay compromiso posible con los enemigos de la revolucin, de la misma forma que no se pueden mezclar el aceite y el agua. La lgica de la situacin se mueve en direccin a un enfrentamiento abierto entre las clases. De la resolucin de este conflicto depende el destino de la revolucin.

Qu actitud deberan tener los marxistas ante esta situacin concreta? Deberamos mantenernos apartados, argumentando que, como la revolucin es "burguesa" entonces no tenemos nada que ver en ella? Pero eso equivaldra a mantenernos neutrales en la lucha entre la revolucin y la contrarrevolucin. Esta posicin sera una traicin a la revolucin y la clase obrera. Esa posicin desacreditara a cualquier grupo o partido que la defienda. Deberan ser considerados -con toda justificacin- desertores y traidores.

Para aquellos que constantemente nos recuerdan que los marxistas y la clase obrera deben mantener su independencia, les respondemos: Nos estn recordando el ABC del Marxismo. Les agradecemos este recordatorio, pero tambin nos gustara decir que despus del ABC hay muchas otras letras en el alfabeto. Por supuesto es necesario que el proletariado mantenga su independencia de clase en todo momento y en cualquier circunstancia. Por eso decimos a los trabajadores de Venezuela que fortalezcan y construyan sus organizaciones de clase -sindicatos, comits de fbrica, control obrero, etc.

El mismo principio bsico es vlido para una tendencia Marxista. Estamos a favor de la colaboracin con otras tendencias del movimiento revolucionario, pero la condicin previa es: no a la mezcla de banderas, programas o ideas. En todo momento debemos mantener las ideas, la poltica y el programa del Marxismo, y luchar por ellos dentro del movimiento. Es decir, la nica posicin correcta es la siguiente:

1) Defensa incondicional de la revolucin venezolana contra la oligarqua y el imperialismo.

2) Apoyo crtico a la democracia revolucionaria y a Hugo Chvez contra la oligarqua y el imperialismo.

3) Dentro del movimiento de masas general (el Movimiento Bolivariano) apoyamos al ala de izquierdas frente a los reformistas y socialdemcratas.

4) Dentro del ala de izquierdas los marxistas defendern sus ideas, poltica y programa, y lucharn para ganar a la mayora con el trabajo y la superioridad de nuestras ideas.

5) Dentro del movimiento, luchar por construir organizaciones del proletariado que sean fuertes e independientes y extender su influencia, empezando por los sindicatos.

La necesidad de un partido marxista

"Debemos construir un partido! Debemos construir un partido!" es lo que repiten los sectarios como si fueran pericos. Pero cuando preguntamos exactamente cmo es que los marxistas venezolanos construirn el Partido, los pericos callan repentinamente. "Cmo? Declarndolo, por supuesto!" Esto es bastante divertido. Tres hombres y un perro (o un periquito borracho) se renen en un caf de Caracas y proclaman el Partido Revolucionario. Bien. Y despus qu? "Llamamos a las masas a que se nos unan!" Excelente. Y si las masas no se unen a ustedes y prefieren mantenerse dentro de las organizaciones bolivarianas de masas? "Bueno, se es su problema!"

Estas personas tremendamente "inteligentes" que imaginan que la participacin de los Marxistas en el movimiento bolivariano representa un abandono de la lucha por un partido marxista revolucionario, simplemente demuestran que no tienen la ms mnima idea de cmo se construye tal partido, ni en Venezuela ni en ningn otro pas. En esta idea no hay un tomo de liquidacionismo u oportunismo, sino slo la aplicacin de los genuinos mtodos de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Citemos un famoso pasaje del documento fundacional de nuestro movimiento, El Manifiesto Comunista. En el captulo titulado "Proletarios y Comunistas" podemos leer lo siguiente:

"Qu relacin guardan los comunistas con los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte de los dems partidos obreros.

"No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.

"Los comunistas no se distinguen de los dems partidos proletarios ms que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histrica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesa, mantienen siempre el inters del movimiento enfocado en su conjunto.

"Los comunistas son, pues, prcticamente, la parte ms decidida, el acicate siempre en tensin de todos los partidos obreros del mundo; tericamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visin de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario". (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista).

Se podra pensar que est lo suficientemente claro para que lo entienda un nio con una inteligencia media. Desgraciadamente, hay algunos marxistas "inteligentes" que no poseen este nivel de inteligencia. Despus de haber ledo con atencin los escritos de algunos autodenominados marxistas, Carlos Marx protest y dijo que si eso era Marxismo, entonces l no era marxista. Ahora comprendemos como debi sentirse. Pero Marx, Engels, Lenin y Trotsky realmente no tienen la culpa de las estupideces que se escribieron en su nombre, de la misma forma que no se puede culpar a Jesucristo por los actos de los obispos venezolanos.

La lgica de esta situacin ya la describi hace mucho tiempo Shakespeare en su obra Enrique IV, Parte I, cuando el gals Owain Glyndower, un hombre con mucho coraje pero con tendencias msticas, intenta convencer al impulsivo ingls de sus poderes mgicos:

"G: "Yo puedo invocar a los espritus del profundo abismo.
H: Vaya, y yo, y cualquiera! Pero acuden cuando los llamas?"

La propuesta de que es posible construir un partido revolucionario serio en Venezuela fuera del movimiento de masas es imposible tomarla en serio. Preferimos basarnos en los mtodos elaborados por Marx y Engels hace ms de ciento cincuenta aos, mtodos que, como todas las ideas fundamentales del Marxismo, hoy mantienen toda su validez. Es absolutamente necesario unir las fuerzas del Marxismo con el movimiento de masas.

La clase obrera en todo momento debe preservar y construir sus propias organizaciones de clase, sus sindicatos, comits de fbrica, etc., Al mismo tiempo, trabajar para construir un movimiento de masas que abarque a las capas ms amplias de las masas no proletarias y semi-proletarias. El ala marxista del movimiento mantendr su total independencia poltica (sus propios peridicos, revistas, libros y panfletos) y tendr plena libertad para defender sus puntos de vista. Trabajar lealmente para construir el movimiento y arrastrar a las capas ms amplias de trabajadores y jvenes, y al mismo tiempo luchar para ganar a los elementos ms avanzados para su programa, poltica e ideas.

No buscamos imponernos sobre el movimiento. No le presentamos ultimtum. Nuestro objetivo es construirlo, fortalecerlo y empujarlo hacia delante y al mismo tiempo armar a la capa dirigente con las ideas, el programa y la poltica necesarios que puedan llevar a la derrota de la oligarqua y el imperialismo, y limpiar el camino para la transformacin socialista de la sociedad, como explica Lenin, una lucha consistente por la democracia inevitablemente llevar a la expropiacin de la oligarqua y la transformacin de la revolucin democrtica en una revolucin socialista.

En la actualidad, esta idea puede que sea minoritaria. Eso no nos preocupa. Aceptaremos que estamos en minora y actuaremos en consecuencia. Pero continuaremos defendiendo la expropiacin de la oligarqua y el armamento de las masas como la nica garanta de salvacin de la revolucin, y los acontecimientos nos darn la razn. Defenderemos nuestras ideas e invitamos a todas las dems tendencias a que hagan lo mismo. Slo los estalinistas y los burcratas temen un debate abierto. Los Marxistas y los demcratas revolucionarios honestos no.

Nos basamos firmemente en el movimiento de las masas revolucionarias. Sobre la base de su experiencia las masas aprendern lo correctas de nuestras ideas, consignas y programa. Ese es el nico camino para el xito! Dejaremos la palabra final a ese gran Marxista y extraordinario terico, Ted Grant, que escribi lo siguiente sobre las organizaciones de masas:

"Desde dentro de sus filas, entre los luchadores de la clase obrera surgirn las fuerzas del Marxismo leninismo. Fuera de las organizaciones de masas no se podr crear nada de sustancia duradera".


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter