Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2007

La revolucin bolivariana: ambivalencias internas y proyeccin externa

Juan Torres Lpez y Mauricio Matus Lpez
Pueblos


El proceso revolucionario que se viene desarrollando en Venezuela constituye sin lugar a dudas la referencia ms importante para el cambio social que pueda darse en el continente latinoamericano en las prximas dcadas. Pero es un proceso complejo y paradjico y por ello no siempre fcil de entender en todas sus manifestaciones.

No es algo casual, por ejemplo, que la izquierda de otros pases tardara tanto en percatarse de su indudable calado y en dejar de considerar a Hugo Chvez como un simple iluminado. O que ahora se den tantas posiciones de apoyo acrtico, que dan por bueno sin ms todo lo que ocurre en Venezuela.

Para entender lo que viene sucediendo en Venezuela y, sobre todo, lo que creemos que es su inevitable proyeccin sobre el continente, habra que tener en cuenta algunas caractersticas esenciales del proceso.

1. La emergencia de un nuevo sujeto poltico
 
A veces ha sido mal entendido el que buena parte de la clase obrera industrial (en Venezuela no muy extensa y al mismo tiempo muy privilegiada por su mayoritaria adscripcin a la industria petrolera) no haya apoyado de forma expresa el proceso revolucionario o, quiz mejor expresado, que no haya sido realmente el sujeto social que lo ha conducido.

Se trata de algo que igualmente ha ocurrido, aunque quiz con manifestaciones y dimensiones distintas, en otros pases como Bolivia o Ecuador, y sencillamente es la consecuencia de que el proceso revolucionario surge al mismo tiempo que ha ido emergiendo un nuevo sujeto poltico: los grupos sociales hasta ahora literalmente desheredados y completamente excluidos de las expresiones ms elementales de la ciudadana pero que pasaron a ser el apoyo poltico explcito de la revolucin bolivariana, o ms tarde tambin del triunfo de Evo Morales en Bolivia.

La conversin en sujeto poltico de la legin de desheredados y excluidos que que haba sembrado el neoliberalismo proporciona a los procesos polticos que cuentan con su apoyo (como es el caso venezolano) una fuerza extraordinaria y singular, como se puso de relieve en la respuesta al golpe de abril de 2002, cuando incluso los propios partidos quedaron superados por la movilizacin espontnea de quienes hasta hace poco eran literalmente invisibles en la sociedad venezolana. Una invisibilidad que lleva, por ejemplo, a que buena parte de la oposicin diga que Chvez ha trado la pobreza a Venezuela: cegados por sus privilegios de antes, no vean la pobreza de su alrededor; por ejemplo, que el 89% de los nios entre 4 y 15 estaban en situacin de pobreza en 1998) .

Este apoyo es de gran fuerza y casi incondicional. Basta con haber paseado por los barrios ms pobres para comprobar el sentimiento que nace de sentir como propia una Constitucin, del disfrute de un modesto ambulatorio mdico, de haber aprendido a leer, de tener una dentadura con la que se puede rer, o de haber recuperado la visin, para comprobar la intensidad del vnculo entre las clases populares y la revolucin. Pero, al mismo tiempo, la naturaleza singular de este nuevo sujeto poltico (en gran mayora un autntico lumpemproletariado, por utilizar una expresin clsica) trae consigo problemas cuya solucin requiere muchsimo tiempo por delante.

La revolucin no puede consistir solamente en dar, en redistribuir, es decir, en invertir la lgica rentista ahora a favor de los desfavorecidos pero mantenindola indefinidamente. Es necesario un nuevo rumbo productivo, un nuevo concepto de sociedad, un nuevo proyecto estratgico, nuevos valores, sujetos sociales de nuevo tipo... y todo ello ha de hacerse surgir de una sociedad sin recursos formativos generalizados, sin suficiente potencial endgeno, sin redes sociales consolidadas, ... como resultado del destrozo que el neoliberalismo ha provocado.

Posiblemente, el proceso revolucionario tenga garantizada la movilizacin poltica permanente, pero el problema es que no es solamente eso lo que se necesita para ir avanzando hacia la nueva sociedad que se propone y hay que construir con unos mimbres tan debilitados.

2. Dos espacios de democracia
 
En segundo lugar hay que tener en cuenta que el proceso ha supuesto un nuevo tipo de espacio poltico, gracias al cual puede ser que se consolide ese nuevo proyecto social. La Constitucin no solamente fue un texto avanzado y novedoso sino el marco en el cual se asienta un concepto renovado del poder y, sobre todo, de la participacin popular como base de la democracia ms avanzada y autntica, al mismo tiempo que sostiene incluso con ms fortaleza que en otros pases, la democracia formal.

Por eso, para entender el proceso hay que saber reconocer a los nuevos operadores polticos que han nacido de esa nueva democracia protagnica, operadores que no necesariamente se visibilizan claramente, sino que actan y se fortalecen constantemente en la vida diaria de los centros de trabajo, de las cooperativas, de los barrios, de las escuelas o de las nuevas Misiones.

La paradoja aparece, sin embargo, porque este nuevo tipo de democracia que nace, no sin dificultad, ha de convivir necesariamente (y es imprescindible que conviva) con el ejercicio de la democracia formal que la Constitucin no desprecia (como errneamente creen algunos) sino que, por el contrario, tambin impulsa y trata de fortalecer como base y requisito del propio proceso revolucionario.

Tanto es as, que ha sido precisamente la oposicin quien ha querido dinamitar las instituciones de la democracia formal, no slo por su propia incapacidad para actuar en libertad y pluralidad, sino porque debe ser consciente de que debilitndola debilita radicalmente al proceso revolucionario.

Esta paradjica interdependencia entre las dos democracias que han de convivir para que la revolucin se fortalezca constituye, como es natural, un problema de difcil planteamiento y al que no siempre se le est dando lo que desde fuera pudiera parecer una buena solucin. La creacin de un Partido Unido, por ejemplo, no slo podra considerarse como algo completamente innecesario a la vista de los avances logrados hasta el momento sino una opcin que con toda seguridad disminuir el apoyo social al proceso sin que sea seguro que proporcione fuerzas aadidas. Como igual podra ocurrir con la reforma constitucional en marcha, que muchos pueden interpretar solo como un medio para que el Presidente pueda volver a presentarse a las elecciones. O con otras medidas que debilitan la funcin del legislativo en favor del ejecutivo, algo que es muy corriente en los pases que se nos presentan constantemente como ejemplarmente democrticos pero que quiz no debera darse en un proceso que s que tratan de mostrarse como autnticamente ejemplares desde el punto de vista de la democracia protagnica.

3. Una gestin econmica ambivalente
 
Venezuela es el primer pas rico (aunque empobrecido) en el que se hace una revolucin. Eso es lo que est permitiendo la fortaleza de las polticas redistributivas y su indiscutible efecto positivo en las condiciones de vida de la poblacin; y tambin, lo que facilita resolver el juego de equilibrios que la revolucin se propuso alcanzar desde sus primeras formulaciones estratgicas.

Pero tambin en el campo econmico aparecen espacios y polticas ambivalentes.

Por un lado, el gobierno ha sido capaz de realizar una gestin macroeconmica que ni siquiera el Fondo Monetario Internacional ha podido condenar puesto que ha logrado mejorar progresivamente los principales registros convencionales: crecimiento, inflacin (aunque de modo muy difucultoso en los indicadores convencionales y menos an en los ltimos tiempos), deuda, tipo de cambio, recaudacin fiscal... .

Por otro, y al mismo tiempo, el gobierno impulsa con decisin, aunque lgicamente con xitos desiguales, una estrategia a largo plazo orientada a consolidar una nueva estructura productiva basada en el desarrollo endgeno de sus recursos y capaz de superar la tpica desvertebracin, desindustrializacin y dependencia que genera el neoliberalismo. Para ello ha de promover nuevos tipos de propiedad, principalmente a travs de cooperativas y de gestin de los recursos, a travs de la puesta en marcha de una ambiciosa reforma agraria .

Pero ambos espacios de la poltica econmica a veces terminan por ser contradictorios puesto que la estrategia macro de gestin ms o menos convencional de la demanda agregada requiere cierto equilibrio y pacto con los grandes poderes y mantener un cierto respeto a los parmetros estructurales tradicionales de la economa, especialmente en el campo financiero. Por otro lado, sin embargo, la estrategia orientada a abrir nuevas vas de desarrollo productivo obliga a disponer de recursos hasta ahora en manos de esos poderes oligrquicos y a vencer los obstculos que la gran propiedad suele ir generando. Algo que es fundamental porque, por regla general, en el mbito de la nueva economa se carece de los soportes estructurales (mercados, redes de transporte, sinergias empresariales...) imprescindibles para consolidar los cambios con la celeridad que sera de desear.

Esa ambivalencia (que a menudo se manifiesta como franca contradiccin) produce en ocasiones efectos bastante indeseables: la pervivencia de restos del poder oligrquico, por un lado, y demasiada frustracin y fracasos en la puesta en marcha de experiencias alternativas, por otro. Y la consecuencia de ambos, a su vez, es la persistencia de graves vicios estructurales propios de las sociedades oligrquicas como el altsimo grado de corrupcin o la inexistencia de una administracin pblica mnimamente eficiente. Contra el primero no se avanza suficientemente y contra el segundo se ha dado como solucin la creacin de Misiones (una autntica administracin paralela) que no ha podido suplir hasta ahora la fundamental carencia de partida

4. La proyeccin externa de la revolucin bolivariana
 
Las lecturas ms simplistas de la indisimulable proyeccin exterior de la revolucin bolivariana quieren hacer creer que el papel referencial que adquiere especialmente para todo el continente latinoamericano deriva de las veleidades personales del Presidente Chvez, a quien quieren presentar como empeado en convertirse en una especie de nuevo Bolvar.

La cuestin desde luego que no es sa.

En nuestra opinin, la reflexin que casi constantemente se viene produciendo entre el proceso de cambio en Venezuela y los procesos (sean de la naturaleza que sean) que se dan en otros pases latinoamericanos, es inevitable y tiene razones muchos ms profundas que nos limitamos a mencionar brevemente.

En primer lugar, se da porque la emergencia del nuevo sujeto poltico al que nos hemos referido antes no es nacional, sino continental.

En segundo lugar, porque la naturaleza de los procesos que inevitablemente hay que poner en marcha no ya para superar radicalmente, sino incluso para aliviar los desastres que ha producido el neoliberalismo llevan a quien los inicia a actuar en un espacio internacional en el que ya es inexcusable encontrar la referencia y la presencia de Venezuela.

En tercer lugar porque las respuestas que se den a las proposiciones de integracin provenientes de Estados Unidos y que, obviamente, implican definitivas y tremendas desventajas para las economas latinoamericanas, por mnimas que sean ponen sobre la mesa tambin de forma inevitable otro tipo de alianzas alternativas, que Venezuela promueve con especial inters para fortalecer su propio proceso interno.

Por ltimo, porque la posibilidad de llevar a cabo programas de redistribucin y bienestar a escala continental gracias al hecho mencionado de que Venezuela sea un pas rico (algo que constituye un ejemplo mundial y sobre lo que los grandes poderes guardan un vergonzoso y vergonzante silencio) suscita como es natural una enorme simpata y favorece la puesta en marcha de proyectos de integracin basados en principios solidarios claramente contrarios a los neoliberales que sembraron de miseria a la regin.

Lgicamente, el problema de esta inevitable conexin entre el proceso venezolano y la poltica general del continente es lo que suscita un multiplicado temor en los grandes poderes y muy especialmente en Estados Unidos.

5. Los ejes de la proyeccin internacional de la revolucin bolivariana
 
Conviene sealar aunque sea sumariamente los grandes ejes de la proyeccin exterior de la revolucin que van mucho ms all de lo que los medios imperiales quieren hacer ver.

Al contrario de lo que estos divulgan, su proyeccin exterior no se ha reducido a intervenciones orales de su presidente en foros, encuentro o cumbres, que tantas veces se manipulan de manera caricaturesca.

Las decisiones que viene tomando Venezuela en el terreno internacional no slo son ms trascendentes, sino que hasta el momento vienen desarrollndose con un xito y a una velocidad que ni los ms optimistas hubieran pronosticado y eso, aunque es verdad, a su vez, que no se trata de lneas definitivamente consolidadas. Podemos concretarlas en cuatro ejes principales de actuacin.

En primer lugar, se ha realizado un reposicionamiento estratgico en las alianzas de la regin renunciando a la Comunidad Andina e ingresando como socio del Mercado Comn del Sur. De esta manera se ha materializado el alejamiento de aquellos pases que negocian tratados de libre comercio con Estados Unidos (Colombia y Per) y se ha acercado a aquellos que impulsan un modelo regional (Brasil y Argentina).

En segundo lugar, se ha fortalecido una alianza ms estrecha y la cooperacin econmica con aquellos pases que han elegido gobiernos cercanos polticamente y que no disponen de recursos financieros inmediatos para consolidar las primeras etapas de sus mandatos, como son los casos de Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

En tercer lugar, se han intensificado los lazos bilaterales con Argentina y Brasil, impulsando iniciativas como el Banco del Sur, que concentrar 7.000 millones de dlares de las reservas internacionales de los tres pases y comprando deuda pblica de estos gobiernos, que en el caso argentino se estima que alcanz los 1.500 millones de dlares.

En cuarto lugar, se han consolidado alianzas con los pases que hoy en da representan los contrapesos ms importantes de la hegemona global estadounidense (China e Irn, principalmente).

Finalmente, ha desarrollado una poltica de cooperacin energtica en Centroamrica, Ecuador y China e impulsado la creacin de la Organizacin de Pases Productores y Exportadores de Gas del Sur con Bolivia y Argentina.

6. Actualidad y horizontes de la poltica exterior bolivariana
 
El poltica externa del gobierno del Presidente Chvez disfruta de ciertas ventajas que le permiten albergar la posibilidad real de alcanzar sus objetivos.

Por una parte, est logrando configurar, aunque lgicamente con grandes dificultades, un bloque de pases que no comparten los planteamientos de la hegemona norteamericana y en funcin de este consenso bsico han logrado estrechar alianzas geopolticamente estratgicas.

Por otra parte, el mercado energtico parece mantenerse inestable, retrasando cada vez ms la anunciada cada de precios y el impulso que se quiere dar a los biocombustibles como el etanol para reemplazar al petrleo, en el que se basa, de momento, la obtencin de recursos por parte de Venezuela.

Sin embargo, en el mbito externo nada est dicho an. Primero, porque los componentes capitalistas de la economa China son ms fuertes que nunca y el abastecimiento externo que viene realizando no es especialmente comprometido con Venezuela, pues el pas asitico parece responder ms a lgicas de mercado que a lgicas geopolticas.

Segundo, porque la voluntad de apoyo regional puede ser fuerte por parte de los gobiernos suramericanos pero el margen poltico en el que estos se mueven es mucho menor que el de los venezolanos. As, el presidente Lula se ve obligado a acompaar los guios hacia un sector (como el apoyo al Banco del Sur) con los guios hacia el otro costado (apoyando acuerdos energticos con Bush desde Camp Davis), una doble posicin que dificulta alcanzar equilibrios globales en el continente ms avanzados.

Finalmente, porque Estados Unidos no ha abandonado la presin, sino que cabe esperar que pronto (quiz en cuanto comience a liberarse de compromisos en Oriente Medio) vuelva a retomar la problemtica latinoamericana con mucha mayor y peligrosa atencin.


Juan Torres Lpez es catedrtico de Economa Aplicada de la Universidad de Mlaga (Espaa). Su web personal www.juantorreslopez.com.

Mauricio Matus es doctor en Ciencias Econmicas e investigador contratado de la Universidad de Mlaga y del Centro de Estudios Econmicos (Fundacin Tomillo).




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter