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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2007

Venezuela: viaje a las regiones indgenas

Maurice Lemoine
Le Monde Diplomatique


Lejos de los poderosos e influyentes movimientos indgenas de Bolivia y Ecuador, los indgenas de Venezuela han recuperado reconocimiento y participacin poltica desde la reforma constitucional del presidente Hugo Chvez. Pero las contradicciones que surgen de sus condiciones precarias, sus estructuras polticas propias y las luchas de intereses ligadas a sus territorios, frenan un proceso lleno de expectativas.

Y Chvez vino. Y la luz se hizo. El Chvez en cuestin, cuyo nombre de pila es Hugo, haba sido elegido Presidente de la Repblica de Venezuela. En 1999, uno de sus primeros desplazamientos fue a Saimadoyi, la pequea capital de los indgenas bar. Se encuentra en la Sierra de Perij (Estado de Zulia), en el extremo oeste del pas. No muy lejos del lago Maracaibo, una selva de torres de perforacin en un mar de petrleo (el crudo surgi all por primera vez en 1922). Cerca tambin de la frontera colombiana. En las soiacas, sus viviendas de tierra cubiertas de hojas de palma, los indgenas vegetaban miserablemente. Y entonces, Chvez surgi. No tenamos luz, vivamos en la oscuridad. Y l dijo: Voy a enviarles la electricidad.

El Presidente mantuvo su palabra, la luz lleg (all, y a todas las aldeas de los alrededores). As como tambin una gran cancha de bsquet cubierta, un dispensario, una nueva escuela en construccin, becas para los estudiantes y una camioneta para poner fin al aislamiento de la comunidad. Todo suministrado y pagado por el gobierno bolivariano. Como el rebao de bovinos de la comunidad vecina, Bachichira. Hctor Okbo Asokma, cacique de Saimadoyi y de sus setecientas almas, no oculta su gratitud: Ese Chvez nos mir, y las cosas cambiaron. Lo queremos mucho. S, pero

Una vida muy difcil

Pobre Chvez!, estaramos tentados de escribir Cada vez que resuelve un problema, surge otro. En 1999 lleg a Saimadoyi en helicptero. Por eso no vio la ruta. Una huella de tierra. En fin, que hace las veces de camino. Cuando se viene de Machiques, la ciudad ms cercana a unos 80 kilmetros, he aqu lo que puede ocurrir. En primer lugar, hay que apiarse junto con muchos otros en un rstico, un vehculo del tamao de un Renault Espace, previamente atiborrado de bolsas, recipientes y canastos, brtulos de todo tipo, ruedas de auxilio y una caja de herramientas. En segundo lugar, hay que encontrar una posicin que permita evitar los calambres. Y finalmente, distenderse. Hasta que los frenos fallan en medio de una pendiente particularmente empinada El rstico desciende a toda velocidad en un profundo mar de barro que lo detiene al llegar a la parte baja, felizmente sin accidentes, mientras los viajeros disfrutan de las salpicaduras que entran por las ventanas laterales, totalmente abiertas dado que hace un calor insoportable.

Despus de la reparacin realizada ah mismo, en un cierto tiempo, se vuelve a partir. Se llega al primer ro. Ha llovido en las cumbres. El agua cae con estruendo, se derrama y desborda, y hay que dar media vuelta ya que es imposible vadearlo. Considerando el desastre con una mirada apagada, un pasajero se desahoga: Cada vez ocurre lo mismo, no se puede prever ni planificar nada.

En el otro sentido, de Saimadoyi hacia Machiques se encuentra, forzosamente, el mismo problema. Se desencadena una tormenta y nada puede circular. Los viajeros, a veces encerrados entre dos ros, deben pasar la noche en el lugar, a merced de los mosquitos de la selva. Durante un cierto tiempo, la nica va de trnsito posible es la montaa escarpada. A pie, doblados bajo el peso de la carga y de los nios pequeos, por un improbable sendero: En los momentos de urgencia, cuando hay que transportar un enfermo al hospital, esto hace la vida muy difcil, suspira lvaro Akondakai Konta, un indgena tranquilo, de hablar lento. Otros se muestran menos complacientes: Y el gobierno nacional, que gasta millones y millones de bolvares! En qu lo hace? Exigimos una verdadera ruta, con puentes!
Porque ac se exige. Un pueblo bravo, los bar. Muy conocido en Espaa en la poca de la conquista y de lo que sigui. En aquel tiempo se los llamaba motilones. Muy valientes, muy orgullosos, resistan. A golpes de lanza y rfagas de flechas. Su reputacin lleg hasta Madrid y Sevilla, donde se canturreaba: Los indios motilones, te cortaron los cojones!

Ni siquiera la Repblica pudo doblegarlos. Slo expresaba desprecio por esos salvajes. Durante mucho tiempo, matar a un indgena constitua apenas un delito. Unos lo hacan con plomo, los otros con flechas Los bar fueron uno de los ltimos grupos autctonos que permitieron el acercamiento de los misioneros capuchinos y la civilizacin. Recin en los aos 60, no antes, descendieron de la montaa, aceptaron el contacto con los criollos y se agruparon en aldeas.
Trabajo comunitario, zafarrancho de combate. Socialistas precoces, los indgenas actan colectivamente. Los hombres suben a la camioneta de Chvez y a la del cura; ah! s, tambin hay un cura espaol. Vive con los bar desde hace treinta y dos aos. No es un revolucionario, pero es abnegado. Se dirigen hacia el ro Ogdavia que, enloquecido por las inclemencias del tiempo, asla a Saimadoyi. Ya que Caracas no se mueve, ya que el gobernador no Perdn? El gobernador de Zulia? Bah! Nadie conoce su nombre (1). Se sabe vagamente que en diciembre de 2006 fue candidato de la oposicin a la presidencia. Quera reemplazar a nuestro comandante Chvez, pero los indgenas a l no le importan; nunca hizo nada por nosotros.

Con el agua hasta la cintura, alguien con un tronzador acomete contra el desorden sembrado por los elementos, que obstruye el lecho del ro y hace crecer el torrente, hasta ms arriba del vado. Cada uno hace lo que tiene que hacer, como una pequea tribu bien organizada. Voltean un rbol, y luego dos. Jadeando bajo piedras ms grandes que ellos, empujan, tiran, transpiran, se agotan, recuperan el aliento durante algunos minutos, y vuelven a la tarea. Una jornada de un trabajo extenuante para levantar un dique y desviar la corriente. Para recubrir el vado con un piso de rocas y guijarros. La primera camioneta se lanza y pasa acompaada de aplausos. La ruta est nuevamente abierta. Por cunto tiempo?

Reconocimiento y participacin

Bar, pemn, warao, karia, chaima, yarabana, kurripaco, yukpa, wayu, hoti, jivi Treinta y cinco pueblos originarios, alrededor de 535.000 personas (2,1% de la poblacin) segn el Censo de Poblacin de 2001, viven en las regiones ms inaccesibles y menos pobladas del pas. En cambio, sufren un vejamen comn, ya que hasta fines de los aos 90 Venezuela tena el rgimen ms atrasado de todo el continente en lo que concierne a los indgenas.

Luego apareci el presidente Chvez, elegido a fines de 1998. Asumiendo la herencia de su abuela, una pum, se convirti en el ms ardiente defensor de esta poblacin. En 1998, siendo candidato, asumi el compromiso de saldar la deuda histrica del Estado con los indgenas. Al convocar en 1999 una Asamblea Constituyente, la nueva elite bolivariana abri un espacio de accin colectiva (2). Es cierto que los amerindios, desde los wayu de los centros urbanos, bien asimilados, hasta los yanomani de la jungla del Amazonas, sin contacto con el resto de la sociedad, tienen niveles de integracin muy diferentes. Sus organizaciones, relativamente nuevas, estn aisladas de los dems sectores sociales y sufren divisiones. Algunas, sobre todo las de los wayu que viven en Maracaibo, estn afiliadas a los partidos tradicionales (especialmente Accin Democrtica). Hay una cierta vacilacin

Venezuela no es como Ecuador y Bolivia, donde poderosos movimientos indgenas han convulsionado regularmente la vida poltica. Aqu, el espacio fue abierto por los criollos, y no por su presin observa, en Maracaibo, el socilogo y antroplogo Daniel Castro. Sin embargo, la reconstruccin del pas emprendida por Chvez despert en ellos viejas expectativas relativas a la recuperacin de las tierras, la defensa de su modo de vida, etc.. El hecho de que se los invitara a participar en la redaccin de la Constitucin cre una dinmica entre los indgenas. El 17 y 18 de julio de 1999, los 600 delegados del Consejo Nacional Indgena de Venezuela (Conive) eligieron sus tres representantes para la Asamblea Constituyente, que se unieron a los 128 delegados criollos, con propuestas concretas elaboradas por las bases. Se trataba entonces de hacerlas aceptar.

La resistencia ms importante proviene de los sectores econmicos interesados en la explotacin de los recursos naturales y, sirvindoles como caja de resonancia, del conjunto de los medios de comunicacin. En una palabra, de la oposicin. Por el lado chavista, la Comisin de Seguridad y Defensa, compuesta de ex oficiales, denunci un posible ataque a la soberana y a la integridad de la nacin. Tambin apoyada por el ncleo editorial y televisivo. Hubo discusiones conflictivas y fuertes debates. Finalmente, el 3 de noviembre, se aprob el texto sobre los Derechos de los pueblos indgenas, que constituy la matriz del captulo 8 de la Constitucin Bolivariana, ratificada el 15 de diciembre, mediante un referndum, por el 71% de los venezolanos (con un 60% de participacin). En materia de derechos indgenas, es la versin ms progresista de todos los pases de Amrica. Las prcticas paternalistas (en el mejor de los casos) fueron sustituidas por una poltica de reconocimiento y de participacin (ver Nuevos derechos).

Tucupita es un pueblo taciturno. Aqu termina la ruta que da lugar al gran Delta Amacuro, por el cual el Orinoco desemboca en el Atlntico, en el nordeste del pas. Un gigantesco laberinto de caos canales estra la jungla y los manglares, en territorio warao. Plantas acuticas, aromas y nenfares derivan lentamente junto con el agua. Cuando la noche cae, desaparecen de a poco. Los pjaros se callan. En medio del ro, con un ronroneo de motor, la piragua se hunde en la oscuridad.

Un pequeo haz de luces dbiles: Guarakajara de la Horqueta. Un embarcadero se dibuja al pie de cada palafito, bohos montados sobre pilotes. No hay paredes. Un largo techo de hojas de palma de temiche desciende sobre los costados. Cerca, un grupo electrgeno ronronea sin interrupcin. Un joven warao de Tucupita, Jos Gregorio Aramillo, sonre: El Presidente dijo que todas las comunidades deben tener electricidad. Telfono tambin (seala con el dedo uno sobre un estante). Las personas comienzan a llamarse de un lugar a otro. Gracias a este gobierno, hubo muchos cambios. Pero seguimos siendo waraos; hay que preservar la lengua y el modo de vida. Terrible desafo. Sentado sobre el suelo de troncos de palma manaca, una veintena de indgenas hipnotizados contempla un televisor conectado a un lector de DVD. En la pantalla, con tangas y minicorpios, las cantantes del grupo ecuatoriano Caramelos calientes juegan lascivamente con sus caderas y senos.

En Guajakajara hay alrededor de quinientos habitantes. Tareas artesanales, pequeas plantaciones el conuco, caza y pesca. En su origen los warao los seores de la piragua eran nmades. Pero desde hace algunos aos se han ido haciendo sedentarios. Las calabazas han dejado su lugar a las palanganas de plstico, y los arcos a los fusiles. Los recursos locales se agotan, lo que acarrea malnutricin. Algunos dependen de un salario de all los televisores, porque estn empleados en la escuela o en el dispensario. Otros no tienen nada. No hay trabajo, y no nos ayudan. Es un nuevo modo de vida, parcialmente integrado. Al mismo tiempo que hablan interminablemente sobre la selva, el ro, la naturaleza y el medio ambiente, tiran al agua, al pie de la vivienda, desperdicios, bidones, bolsas y botellas de plstico Una cloaca nauseabunda.

No es que el Delta haya sido abandonado a su triste suerte. Muchos motores fuera de borda fueron entregados por el gobierno, facilitando el transporte de un lugar a otro, constata un warao. Los Consejos Comunales, creados en 2006 para permitir a la poblacin expresar sus necesidades y hacerlas llegar a las autoridades competentes, as como administrar ellos mismos los presupuestos, han recibido crditos. Y aqu? Deserios Silva esboza una pequea sonrisa a modo de respuesta. Hemos elegido nuestro consejo y yo soy el responsable. Es algo nuevo, y est bien. Pero yo no estudi, no s redactar un proyecto. Y, en apariencia, no sucede nada.

Pero slo en apariencia. Mara Chavy, coordinadora del Ministerio de Participacin Popular y Desarrollo Social (Minpades), recorre entre un haz de espuma los cuatro municipios del Delta: Tucupita, Casa Coma, Antonio Daz y Pedernales. Tiene la tarea de establecer y reforzar las instituciones locales. Con xito: a travs de sus consejos comunales, las diecinueve comunidades totalmente indgenas del municipio Pedernales han podido desarrollar sus proyectos socio-productivos de pesca, cultivos y productos artesanales. Con zonas de sombra, como en Guarakajara. Por naturaleza, los waraos son organizados. Pero tienen una cultura oral. Nuestra misin es ensearles a comunicarse con las instituciones y tambin preparar a stas para darles una respuesta. Una tarea inmensa. Por tantos retrasos acumulados desde hace tantos aos. Y tantos obstculos, a pesar de la manifiesta voluntad poltica del gobierno. En muchas circunstancias chocamos con los politiqueros, que se introducen en las comunidades y desnaturalizan los proyectos. Y en otras ocasiones, desgraciadamente, los recursos slo les llegan a algunos.

Luchas de intereses

Hay que terminar con los mitos. El hecho de ser indgena no implica que uno sea perfecto sonre Daniel Castro. La corrupcin y los conflictos tambin existen en este universo. Eso sucede en el Delta, en La Culebrita. El ro y las piraguas. Los palafitos. Los proyectos del consejo comunal en vas de realizacin: diez embarcaciones y redes para relanzar la pesca artesanal, crditos para construir letrinas dignas de ese nombre. La electricidad (y lleg Chvez). La electricidad, justamente: un grupo electrgeno que funciona las veinticuatro horas, a gasoil, gratuitamente, subvencionado por el gobierno, la alcalda del municipio. Salvo que

Salvo que el plantero responsable warao de la instalacin es un granuja. Pone a funcionar el grupo recin a las 16 horas y lo detiene a las 22, pretendiendo que hacerlo funcionar ms lo estropeara. Y, por esas pocas horas, nos hace pagar el gasoil Adnde va a parar el resto del combustible? El ddalo acutico del Delta es propicio para el contrabando. No muy lejos, en el mar, las islas de Trinidad y Tobago aprecian el gasoil barato. En La Culebrita, siguen siendo igualmente pobres. Los escasos productos del trabajo artesanal sirven ahora para pagar la electricidad
Hay contradicciones de todo tipo. Los consejos comunales crean algunos problemas (3). Entre los bar, estructurados en una democracia bastante vertical, los consejos corresponden a la organizacin ancestral y se integran naturalmente. En otras partes, como entre los warao o los yupa, las autoridades tradicionales cacique, consejo de ancianos, chamn, ven con malos ojos a estos nuevos dirigentes elegidos, porque pierden su autoridad. Aparecen divisiones. Los indgenas de Mrida, por ejemplo, se dejan intimidar por polticos vinculados a los partidos tradicionales, que en algunos casos conservan todava poder local.

Por otra parte, la concepcin del dinero y del tiempo que tienen los criollos y las comunidades indgenas difieren profundamente. En stas, la nocin de inversin prcticamente no existe. Lo que constituye el xito de los consejos comunales en el pas comenta Daniel Castro es que la organizacin popular se ha hecho cargo de ellos. La situacin es ms compleja entre los indgenas. Sin embargo, stos comprenden muy bien lo que ocurre y tratan de traducirlo en funcin de su visin. Aunque de manera mucho ms lenta que en el resto del pas, comienza a funcionar.

Regreso a los bar. Los hay satisfechos. Los gobiernos anteriores no hacan nada. Tenemos problemas, pero este Chvez nos ayuda, y por eso le estamos agradecidos. Pero tambin los hay en efervescencia y descontentos. Imagnense La ley de demarcacin de las tierras indgenas fue aprobada el 12 de enero de 2001. Estamos en 2007. Como estaba previsto en su texto, los indgenas procedieron a la delimitacin de su territorio. Al trmino de largas discusiones con los ancianos y los jefes, los profesores de las pequeas escuelas y los campesinos han detectado las montaas que recorran los ancestros, los sitios sagrados y las zonas de alimentacin. Todo est listo. Incluso evitaron escuchar a quienes, tratando de empujarlos a una sobrevaloracin ecologistas criollos que se dicen anarquistas, les sugirieron que, en el tiempo pasado, el hbitat bar ocupaba todas las tierras hasta Maracaibo. Desde la zona fronteriza, Ro de Oro, hasta el ro Santa Rosa, dos mil hectreas, es lo que exigimos como bar. Nada ms y nada menos.

El 12 de octubre de 2006, las autoridades les prometieron el ttulo de propiedad colectiva. Y despus, nada! Todo se detuvo. Qu pas? Nadie sabe nada. Algunos sugieren que, como la densidad del hbitat otorgado es tan baja (de alrededor de 1.600 personas), entregarles ese ttulo equivaldra a crear un latifundio. Otros cuestionan la inercia y la ineficacia de los funcionarios. Se habla tambin de las fuerzas armadas, preocupadas de ver a los bar adquirir tanta autonoma en una zona fronteriza con Colombia, particularmente sensible para la seguridad del pas. Se menciona a los grandes propietarios de tierras. Pero, sobre todo, la inquietud tiene un nombre: las empresas mineras, con razones evidentes para tratar de impedir la demarcacin.

La ley dice claramente que una vez que los indgenas estn en posesin de su territorio, habr que pedir su opinin sobre la posible explotacin de sus recursos. En ltima instancia, sern ellos los que decidirn. Es un progreso considerable, porque en tiempos anteriores antes de nuestro presidente Chvez, como se dice aqu, las empresas mineras podan asolar ros y bosques, acumulando beneficios exonerados de impuestos y sin ninguna restriccin para la proteccin del medio ambiente. Al enfrentar a los indgenas con la polica, la guardia nacional o el Ejrcito, no han faltado los conflictos, a veces violentos.

Los principales Estados indgenas del pas (Amazonas, Bolvar y Zulia) tienen reservas considerables y estratgicas: uranio, oro, metales preciosos, carbn. Y los bar lo saben desde siempre. Si los polticos y los terratenientes se interesan en la Sierra de Perij, en lugar de rboles van a crecer billetes y comenzar la gran devastacin. Y no slo para ellos, ya que la sierra alimenta de agua a la ciudad de Maracaibo, afectada a veces cruelmente por su escasez.

En las presidencias anteriores ya se abrieron dos minas en el norte de Zulia, Estado donde viven los wayu, los bar y los yukpa. Instituciones del Estado vinculadas a las multinacionales, como la Corporacin de Desarrollo de la Regin Zulia (CorpoZulia) y su filial CarboZulia hacen campaa, incluso en las cercanas del poder, con mucho dinero, para extender su actividad. Desde hace dos aos tiene lugar una sorda batalla que, a veces, opone a los indgenas entre s. Las minas emplean a 7.000 trabajadores en la explotacin, transporte y exportacin. Muchos wayus estn empleados en ellas. Etnias que no defienden el territorio se enoja, con el rostro sombro y los ojos brillantes de clera, una indgena de Karaakal, en la Sierra de Perij. Llega cualquiera, que les da dinero, y ellos se venden. Pero los bar no somos as.
En Saimadoyi, en 1999, el Presidente afirm que el carbn no saldra de la tierra si eso afectaba el medio ambiente. Sin embargo, el retraso en la demarcacin dio lugar a curiosos desarrollos. Las legtimas inquietudes de los indgenas han sido reemplazadas por la voz de ecologistas que orquestan una campaa anti-Chvez, tratado como pro-cnsul del Imperio, aliado a las transnacionales. Estos grupos, poco numerosos pero que disponen de un gran poder meditico gracias a internet, entre los cuales estn Homo y Natura, se han beneficiado en el extranjero con el apoyo de numerosos sitios progresistas y tambin de pginas web financiadas por la Fundacin Rockefeller. Personas que hablan en lugar de los indgenas comenta Daniel Castro para defender sus propios intereses. Cuando vamos a ver a los indgenas, ellos no dicen eso. Incluso dicen lo contrario, o varias cosas al mismo tiempo.

A travs del canal de televisin estatal Vive TV, los venezolanos se han enterado de lo siguiente: los ecologistas no son los portavoces de los indgenas; stos tienen su propia voz. Tambin por este canal los bar pudieron expresar sus preocupaciones, y fueron escuchados. El 21 de marzo, por orden del Presidente, la ministra de Medio Ambiente Yubiri Ortega de Carrizalez anunci que prohiba abrir nuevas minas de carbn en Zulia y ampliar las explotaciones ya existentes. Pensando en el largo plazo, el gobierno considera una estrategia de desarrollo diferente: agricultura, ganadera y turismo.
En la regin indgena se multiplican las realizaciones: demarcacin de las tierras en los Estados de Anzotegui y Monagas; envo de barcos ambulancia a Amazonas, Bolvar y Apure; instalacin de paneles solares en algunas comunidades de Apure, para generar electricidad; distribucin de raciones alimentarias en el Delta Amacuro A veces desordenada, la revolucin no ha escatimado la creacin de organismos, como el Instituto Regional de Asuntos Indgenas (dependiente de los gobernadores), la Divisin Regional de Asuntos Indgenas (en el Ministerio de Educacin), las misiones Guaicaipuro (polticas sociales destinadas a los indgenas), Robinson (alfabetizacin), Rivas (estudios secundarios), Barrio Adentro (salud), etc. A tal punto que los interesados terminan por perderse, como el cacique Karaakal: Un da llega un funcionario, al da siguiente otro, y luego otro, y no comprendemos nada.

En 2006, para remediar esta situacin, se cre el Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indgenas, que tiene como ministra a una indgena, Nicia Maldonado. A esta estructura, y vinculada a ella, se agrega la designacin de coordinadores provenientes de las comunidades. Es cierto que las dificultades continan. Pero, seala Daniel Castro, hay que diferenciar el discurso poltico y lo que ocurre en la realidad. No porque sea contradictorio, sino porque se ubican en tiempos diferentes. En el terreno, el xito es forzosamente lento. Pero al menos, se sabe en qu direccin vamos.

1. Se trata de Manuel Rosales, el nico gobernador de la oposicin.
2. Violaine Bonnassies, Les indignes au Venezuela: une entre en politique sous les auspices de la rvolution bolivarienne, La chronique des Amriques. Observatoire des Amriques, N 36, Montreal, noviembre de 2006.
3. Renaud Lambert, Quand le peuple bouscule le vieil Etat vnzulien, en Manire de voir, N 92: Derrire les lections, quelle dmocratie?,
abril-mayo de 2007.


En la Constitucin
El Estado multitnico, pluricultural y multilinge reconoce los derechos de los pueblos indgenas sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan. Deber demarcarlas y garantizar el derecho a su propiedad colectiva (art. 119).
Condiciona el uso de los recursos naturales a una informacin y a una consulta previa de las comunidades (art. 120).
Garantiza el derecho a una educacin propia y a un rgimen educativo pluricultural y bilinge (art. 121).
Prohbe patentar los recursos genticos de los pueblos indgenas y la propiedad intelectual relacionada con sus conocimientos sobre la biodiversidad (art. 124).
Lleva a tres la cantidad de bancas reservadas a los pueblos originarios en la Asamblea Nacional y tambin les otorga un escao en las asambleas municipales y regionales de las regiones que habitan (art. 125).

Traduccin: Luca Vera




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