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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2004

La velocidad del sueo. Primera parte: Botas

Subcomandante Marcos
La Jornada


No corre la madrugada en las montaas del Sureste mexicano. Como si no tuviera prisa, se regodea en todos y cada uno de los rincones, como amante paciente y dedicada. La niebla le va de la mano, con su largo vestido de nube, y consigue asfixiar la luz ms empecinada, le tiende cerco, la rodea de su nvea pared, la encierra en un aro difuso. Desde la mitad del cielo, la luna se bate en retirada. Una voluta de humo se confuende con la neblina, despacio, con la misma lentitud con la que la nube arropa, bajo el amplio vuelo de su nagua, las champas dispersas. Todos duermen. Todos menos la sombra. Todos suean. Sobre todo la sombra. Apenas extiende la mano y atrapa una pregunta.

Cul es la velocidad del sueo?

No lo s. Tal vez es... Pero no, no lo s...

En realidad, ac, lo que se sabe, se sabe en colectivo.

Sabemos, por ejemplo, que estamos en guerra. Y no me refiero slo a la guerra propiamente zapatista, que no acaba de satisfacer las ansias de sangre de algunos medios de comunicacin y de algunos intelectuales "de izquierda", tan afectos como son, los unos a las cantidades de muertos, heridos y desaparecidos, los otros a traducir muertes en errores "por no hacer lo que yo les deca".

No slo, tambin hablo de sta a la que nosotros llamamos "IV Guerra Mundial", que se libra por el neoliberalismo y contra la humanidad. La que transcurre en todos los frentes y en todas partes, incluyendo las montaas del Sureste mexicano. Lo mismo en Palestina que en Irak, en Chechenia o en los Balcanes, en Sudn, o en Afganistn, con ejrcitos ms o menos regulares. La que, de la mano de stas, el fundamentalismo de uno y otro bandos lleva a todos los rincones del planeta. La que, asumiendo formas no militares, cobra vctimas en Amrica Latina, en la Europa Social, en Asia, en Africa, en Oceana, en el Lejano Oriente, con bombas financieras que hacen volar en pedazos estados nacionales enteros y organismos internacionales.

Esta guerra que, segn nosotros (insisto: tendencialmente), pretende destruir /despoblar territorios, reconstruir/reordenar las geografas locales, regionales y nacionales, y crear, a sangre y fuego, una nueva cartografa mundial. Esta que, en el camino, va dejando su firma de identidad: la muerte.

Tal vez la pregunta "Cul es la velocidad del sueo?" debera ser acompaada de la pregunta "Cul es la velocidad de la pesadilla?"

Todava unas semanas antes de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Espaa, un periodista-analista poltico mexicano (de sos a los que les dan un dulce y se sueltan cantando loas ridculas) alababa la visin "de Estado" de Jos Mara Aznar.

El analista deca que, al acompaar a Estados Unidos y a la Gran Bretaa en la guerra contra Irak, Aznar haba conseguido un campo promisorio para la expansin de la economa hispana, y que el nico costo que tena que pagar era el repudio de una "pequea" parte de la poblacin espaola, "los radicales que nunca faltan, incluso en una sociedad tan boyante como la espaola", dijo el "analista". Y ms, seal que entonces a los espaoles slo les tocaba esperar sentados a que el negocio de la reconstruccin de Irak se echara a andar, y entonces s, a recibir carretadas de dinero. En suma, un sueo.

La realidad no tard en pasar a cobrar la verdadera factura de "la visin de Estado" de Aznar. Esa maana del 11 de marzo se cumpla aquello de que Irak no est en Irak, quiero decir no slo en Irak, sino en todo el mundo. En fin, la estacin de Atocha como sinnimo de pesadilla.

Pero antes de la pesadilla estaba el sueo, pero el sueo neoliberal. Con holgada anterioridad a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en territorio estadunidense, la guerra contra Irak se haba puesto en marcha.

Para ir a ese inicio nada como una foto...

Suelo llano, rojizo. Se adivina duro. Tal vez arcilla o algo parecido. Una bota. Sola, sin su par. Abandonada. Sin pie que la calce. Algunos escombros esparcidos. De hecho, la bota parece un escombro ms. Es todo lo que hay en la imagen, as que es el pie de foto el que aclara que se trata de Irak. Fecha? 2004, septiembre.

No se alcanza a discernir si es la bota de alguien que muri, que la abandon en la huida, o que se trata, simple y llanamente, de una bota botada. Tampoco se sabe si es la bota de un soldado estadunidense o britnico, o de un combatiente de la resistencia, de un civil iraqu o de otro pas.

Sin embargo, a pesar de la falta de ms informacin, la imagen da una idea de lo que es el Irak de la "posguerra" de Bush: violencia, muerte, destruccin, desolacin, confusin, caos.

Todo un programa neoliberal.

Si el falaz argumento de que la guerra contra Irak era una guerra "contra el terrorismo" se ha venido abajo, las verdaderas razones emergen ahora, ms de un ao despus de que, ayudada por los tanques de guerra estadunidenses, fuera derribada la estatua de Hussein y un eufrico Bush se erigiera otra a s mismo declarando el fin de la guerra. (Probablemente la resistencia iraqu no escuch el mensaje de Bush: el nmero de soldados estadunidenses y britnicos muertos y heridos no ha hecho sino aumentar desde que "termin la guerra", y ahora se suman las bajas de civiles procedentes de varias naciones.)

La ideologa neoconservadora en Estados Unidos tiene un sueo: construir la "disneylandia" neoliberal. En lugar de una "aldea modelo", reflejo de los manuales de contrainsurgencia de los 60, se trataba de edificar una "nacin modelo". Se eligi entonces el territorio de la antigua Babilonia.

El sueo de la construccin de un "ejemplo" de lo que debe ser el mundo (siempre segn los neoliberales) se nutri de "(...) la ms apreciada creencia de los arquitectos ideolgicos de la guerra (contra Irak): que la codicia es buena. No buena slo para ellos y sus amigos, sino buena para la humanidad, y ciertamente buena para los iraques. La codicia crea ganancias, las cuales crean crecimiento, el cual crea trabajos, productos y servicios, y cualquier otra cosa que alguien pudiera posiblemente necesitar o querer.

"El papel de un buen gobierno, entonces, es crear las condiciones ptimas para que las corporaciones prosigan su codicia sin fondo, de modo que, a su turno, puedan satisfacer las necesidades de la sociedad.

"El problema es que los gobiernos, aun los gobiernos neoconservadores, raramente tienen la oportunidad de probar lo correcto de su sagrada teora: a pesar de sus enormes esfuerzos ideolgicos, aun los republicanos de George Bush son, en sus propias cabezas, eternamente saboteados por entrometidos demcratas, obstinados sindicatos y alarmados ambientalistas. Irak iba a cambiar todo esto. En un lugar de la Tierra, la teora finalmente sera puesta en prctica en su ms perfecta e incomprometida forma.

"Un pas de 25 millones de habitantes no sera reconstruido como era antes de la guerra: sera borrado, desaparecido. En su lugar aparecera una deslumbrante sala de exposiciones para las polticas del laissez-faire, una autopa como el mundo jams haba visto." ("Bagdad ao cero. El pillaje de Irak tras una utopa neoconservadora", Naomi Klein, en Harper's Magazine, septiembre de 2004. Traduccin: Julio Fernndez Baralbar.)

En lugar de eso, Irak es un ejemplo s, pero de lo que le espera al mundo entero si los neoliberales ganan la gran guerra, la IV Guerra Mundial: desempleo de casi 70 por ciento, la industria y el comercio paralizados, aumento exorbitante de la deuda externa, muros antiexplosiones por todos lados, crecimiento geomtrico del fundamentalismo, guerra civil... y exportacin del terrorismo a todo el planeta.

No voy a saturarlos con algo que sale a diario en las noticias: ofensivas militares de la coalicin (ojo: en una guerra que "ya termin"), movilizacin de la resistencia iraqu, atentados, ataques a objetivos militares y civiles, secuestros, ejecuciones, nuevas ofensivas de la coalicin, nueva movilizacin de la resistencia iraqu, etctera. Estoy seguro de que podrn encontrar abundante informacin en la prensa de todo el mundo. En castellano, sin lugar a dudas la mejor fuente es el peridico mexicano La Jornada, que cuenta entre sus colaboradores a algunos de los analistas ms serios y documentados sobre el tema de Irak.

Lo cierto es que este video ya lo hemos visto antes en otras partes... y lo seguimos viendo: Chechenia, los Balcanes, Palestina, Sudn, son slo ejemplos de esta guerra que destruye naciones para tratar de "reconvertirlas" en "parasos"... y terminan convertidas en infiernos.

Una bota abandonada en suelos del Irak "liberado" resume el nuevo orden mundial: la destruccin de naciones, la desertificacin de cualquier indicio de humanidad, la reconstruccin como el reordenamiento catico de las ruinas de una civilizacin.

Hay, sin embargo, otras botas, aunque sean unas...

Botas rotas. S, las botas de la insurgenta Erika estn rotas. En la puntera derecha, la suela est desprendida y le da a la bota un aspecto de boca insatisfecha. Los dedos no son visibles an, as que la Erika no parece haberse dado cuenta de que sus botas, marcadamente la derecha, estn rotas.

Desde los primeros das en la montaa, el mirar hacia abajo se me hizo costumbre. El calzado suele ser uno de los sueos/pesadillas del guerrillero (otros?: el azcar, tener los pies secos, y otras obsesiones ms bien hmedas), as que dedica a l buena parte de su atencin. Tal vez por eso uno adquiere esa mana de mirar siempre a los pies del otro.

La insurgenta Erika ha venido a avisarme que ya acabaron de editar el cuento de La naranja mgica (ltima produccin de Radio Insurgente que trata de... bueno, mejor escchenlo). Yo le respondo que tiene rota la bota. Ella baja la mirada y me dice "t tambin". Saluda militarmente y se va.

La Erika va a cambiarse porque al rato juegan futbol dos equipos de insurgentas, uno se llama "8 de Marzo", y el otro "Las Princesas de La Selva". No s mucho de futbol pero, a mi entender, las "princesas" juegan con un estilo bastante alejado de las buenas costumbres de la corte real, y las del "8 de marzo" lo hacen como si fuera el alzamiento del primero de enero. O sea que buena parte de ellas termina en el puesto de salud insurgente. Es ms, cada vez que van a jugar, las de sanidad tienen la camilla a un lado de la cancha. "Para no dar la vuelta", dicen.

Empataron. O sea que en el futbol las insurgentas empataron. Se fueron a penaltis y lleg la hora de la formacin sin que desempataran. A decirme eso viene la insurgenta Erika. La Erika es como la asesora sentimental de las insurgentas, pero esta vez no viene a contarme que a una compaera "le duele su corazn" por mal de amores, sino que ya acab el partido y ella ya se va a dar pltica a los pueblos, ms en concreto, a las mujeres de los pueblos. Va de civil, o sea con ropa civil. Bueno, eso dice ella. Porque yo veo que trae unas botas hechas en talleres zapatistas y que tienen grabado un "EZLN" en un costado.

"Mmh, si vas a llevar esas botas mejor lleva el uniforme completo", le digo intentando ser sarcstico. Se va la Erika. Al rato regresa con el uniforme puesto. "Adnde vas?", le pregunto. "Al pueblo", responde. "Pero, cmo se te ocurre ir de uniforme?, le pregunto/regao. "Pues as me dijiste", dice que le dije. Entiendo que es intil tratar de explicar las cualidades de la irona sutil, as que slo ordeno: "No, ponte de civil y qutate esas botas". Se va. Al rato regresa, con ropa civil... y descalza. Yo suspir, qu otra cosa poda hacer?

No le crean a la Erika, mi bota no est rota. Est descosida, que no es lo mismo. Adems, es un ojillo el que se ha desprendido, y por eso el entrecruce de las agujetas parece sistema poltico en el neoliberalismo, o sea que es un revoltijo y no se sabe adnde va la derecha y adnde va la izquierda. Le estoy explicando esto a Rolando cuando llega...

La Toita Primera-Generacin, o sea la Toita I (la del beso negado porque "mucho pica", la de la tacita rota, la del olote de maz habilitado como mueca), tiene ya 15 aos. "O sea que cumpli 14 pero entr en 15, o sea que ya va para 16", me dice su pap, un responsable zapatista de los ms antiguos con nosotros.

Yo asiento, sin confesar que nunca he entendido las altas matemticas que rigen los calendarios en las comunidades rebeldes zapatistas (despus de tratar de explicarme, intilmente, el Monarca se resigna y slo agrega: "Creo que es porque as es nuestro modo, que de por s es muy otro").

El pap de la Toita I (o sea la Toita Primera-Generacin) viene para que yo la mire, porque tiene ms de 10 aos que la vi por ltima vez. Diez aos no pasan en vano, as que la Toita I no slo no me niega un beso, sino que, sin que yo alcance a decir nada, me abraza y me estampa un beso en la acolchada mejilla del pasamontaas y se pone de todos colores (la Toita I, no el pasamontaas). Yo no digo nada, pero pienso "Mmh, ando mal este ao... y eso que no me he quitado el pasamontaas ni para baarme".

Entonces la Toita I saca de una su mochila unas sus botas y se las pone. Yo voy a preguntarle por qu se pone las botas despus de caminar descalza seis horas desde su pueblo, en lugar de ponrselas para el camino y quitrselas al llegar, pero la Toita I se adelanta y me pregunta si puede ir "all" -y seala para donde estn un grupo de insurgentas-. La Toita I sabe lo que un beso, manque sea sobre el pasamontaas, puede conseguir, as que no espera la respuesta y se va.

Mientras la Toita I corre a ver si la dejan jugar en el partido de futbol de las insurgentas, su pap me cuenta de su pueblo (al que yo siempre he llamado, cuidando de que nadie me escuche, "Cumbres Borrascosas"). He alcanzado a ver la cicatriz de un rasguo en el brazo izquierdo de la Toita I, as que le pregunto de eso.

Me cuenta el pap de la Toita I que un joven del pueblo quera llevrsela a la letrina. (Nota: le aclaro al improbable lector de estas lneas que la letrina en algunos pueblos no slo cumple sus olorosas funciones higinicas, tambin suele ser lugar de encuentro de parejas. No son pocos los matrimonios en comunidades que tienen como origen el nada romntico sitio de la letrina. Fin de la Nota.) El caso es que la Toita I no quiso ir a la letrina. "O sea que no era su gusto", me confirma su pap. Y entonces el muchacho la quiso obligar y entonces, "como no era su gusto" -reitera su pap-, forcejearon. La Toita I logr escaparse pero, como luego dicen, se public y el asunto lleg a la asamblea del pueblo. Me cuenta su pap de la Toita I que la queran meter a ella a la crcel. Yo interrumpo: "Pero por qu, si a ella la atacaron y hasta trae rasguado el brazo?" "Ah, Sup, es que viera cmo qued el joven... -me dice el pap-, de plano qued privado, y es que la Toita es, como luego se dice, muy brava."

La Toita I, adems de un rostro agraciado, tiene un fsico corpulento, o sea que... cmo les explico?, bueno, para que me entiendan slo les dir que Rolando quiere que juegue de defensa central en la seleccin zapatista de futbol.

"Pero el equipo de las insurgentas ya est completo", le digo a Rolando. El slo agrega: "Acaso es para el equipo de insurgentas, yo la quiero para el equipo de los hombres". En eso pasan las de sanidad con dos insurgentas bastante golpeadas. La Toita I est llorando porque por su culpa le marcaron dos penaltis a su equipo. Yo entiendo a Rolando y volteo hacia el pap y le pregunto. "No ha dicho la Toita si quiere ser insurgenta?"

La Toita I se quit las botas y las puso en una su mochila. Se va con su pap, caminando descalza.

No tiene mucho que se fue cuando aparece, acompaando a su mam... la Toita Segunda-Generacin, o sea la Toita II.

La mam de la Toita II, o Segunda Generacin, se llama Elena. Es teniente insurgenta de sanidad y cuenta en su haber que en enero de 1994 salv la vida de varios insurgentes y milicianos que salieron heridos de los combates de Ocosingo. En un ms que modesto hospital de campaa, Elena oper heridas de bala y extrajo pedazos de metralla del cuerpo de zapatistas. "Se nos muri un compa", dijo cuando inform. No mencion a los ms de 30 combatientes, que hoy viven y luchan en estas tierras, a los que salv.

La Toita II tiene tres aos. "O sea que cumpli dos y va para cuatro?", me adelanto a la explicacin de Elena. Ella re. Quiero decir, Elena re. Porque la Toita II est pegando unos chillidos dignos de mejor causa. Y es que resulta que, asumiendo mi mirada coqueta (la nmero 7 de mi exclusivo "catlogo de miradas seductoras") le ped un beso. La Toita II ni siquiera dijo "mucho pica" (o sea que no es un versin mejorada), simplemente se ech a llorar con tal vehemencia que ya tiene a su lado a un grupo de insurgentas que le ofrecen caramelos, una bolsita con cara de conejo (aunque a m me parece que tiene cara de tlacuache -la bolsita, se entiende-), y hasta le estn cantando la del chivito, una rola que tiene inusitado xito entre los nios y nias zapatistas.

"No te quieren", me dice, lloviendo sobre mojado, la mayor Irma. Yo respondo: "Bah, est loca por m", y hago como que no tengo roto el corazn.

Saliendo de la bodega, Rolando me da una de esas agujas llamadas "capoteras" y un rollo de hilo de nailon.

Ya en la champa de la comandancia general del EZLN dudo...

Si no s cul es la velocidad del sueo, tampoco s si remendarme las botas o el corazn.

(Continuar...)

Desde las montaas del Sureste mexicano.

Subcomandante insurgente Marcos.

Mxico, septiembre de 2004, 20 y 10.



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