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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2007

Intervencin del Secretario de la FELAP en el foro Prensa, conspiracin y bloqueo en Venezuela
Frente a la conspiracin meditica contra el proceso bolivariano en Venezuela

Nelson del Castillo
Rebelin



El capitalismo, al que se hace indispensable en estos tiempos aadir el adjetivo salvaje, se ha encargado de trastocar los valores sociales para dictaminar qu es conveniente y qu no para los pueblos del mundo, en particular de Nuestra Amrica, donde hace ms de una centuria hemos experimentado la dolorosa presencia del ms voraz de los imperios que la Humanidad ha conocido.

Desde finales del siglo XIX nuestros pueblos han sido vctimas de un periodismo que se ha encargado de ser la punta de lanza de la agresin de Estados Unidos. Verdad o no, ronda desde entonces el dictamen del magnate periodstico William Randolph Hearst a su enviado especial a La Habana: Usted suministre los dibujos que yo pondr la guerra en su afn de apuntalar la naciente poltica imperialista norteamericana que arroj como balance la apropiacin de Cuba y Puerto Rico, en el Caribe, y Filipinas y Guam en el Pacfico como secuela de la voladura en 1897 del buque Maine en el puerto habanero.

La estructuracin de unos mecanismos de comunicacin y una manipulacin semntica para apropiarse de los valores de las palabras, ha permitido una asociacin intrnseca de capitalismo-democracia que lleva, incluso a personas honestas, a cuestionar que en aquellos procedimientos polticos que buscan ser verdaderos instrumentos democrticos de poder popular, como es el caso ahora de la Repblica Bolivariana de Venezuela.

Es necesario repetirlo hasta el cansancio, pero este secuestro de la palabra es uno de los mayores instrumentos que usan los enemigos del progreso de los pueblos de Amrica Latina y el Caribe, pues su efectiva propaganda siembra confusin hasta en sectores que pueden clasificarse de progresistas que, sin la menor documentacin, dan validez a un manipulador discurso meditico.

La fuerza con que se dispara la propaganda continental contra la Repblica Bolivariana de Venezuela y su presidente Hugo Rafael Chvez, hace olvidar a muchos que ningn gobierno en el mundo se ha sometido a una validacin tan amplia y sistemtica en las urnas desde que en 1998 gan las primeras elecciones. Esto, sin duda, lo hace ms democrtico que la mayora de aquellos que lo objetan, incluido el presidente estadounidense George W. Bush, cuyas dos victorias electorales permanecen cuestionadas.

No es de extraar que este aspecto se pase por alto, porque el objetivo definitivo de los enemigos del progreso de nuestros pueblos latinoamericanos es destruir cualquier proceso que aspire, an de forma mnima, a la distribucin de la riqueza colectiva, permanentemente en manos de unos pocos.

Para comprender lo que ocurre en este sentido se hace necesaria la referencia inicial de la manipulacin informativa que Hearst empleaba en sus diarios para atizar la guerra que permiti a Estados Unidos colocarse la corona imperialista antes de que concluyera el siglo XIX.

Sistemticamente, a partir de entonces, la prensa estadounidense a la que permanece sujeta como si se tratase de una relacin de siameses la prensa latinoamericana se ha encargado de trazar las coordenadas de lo que es bueno o malo para nuestras naciones a partir de los intereses econmicos imperialistas.

Fundada hace treinta aos en Mxico, la Federacin Latinoamericana de Periodistas (FELAP) no ha estado al margen de la lucha librada por los pueblos de este continente en sus deseos de alcanzar un justo equilibrio econmico y social que permita a las grandes mayoras apartarse de la marginacin absoluta a que son sometidas desde antes de ser fecundadas en el vientre materno.

Como protagonista de la historia del periodismo latinoamericano de las ltimas tres dcadas, la FELAP es consciente de que, tal como ha emanado de su seno bajo la conduccin del compaero presidente Juan Carlos Camao, en la lucha de ideas, las ideas que no se conocen no luchan. De ah la necesidad de mantener un papel formador interactuando con el movimiento social para romper con la concepcin de que el periodismo es privativo de ciertos sectores econmicos que se consideran predestinados.

En esa tesitura, y en el marco de los principios que le dieron origen, la FELAP celebr en Mxico los 30 aos de su fundacin, ocurrida el 7 de junio de 1976, bajo la consigna Ni ajena, ni callada, ni neutral. Y sa es la razn que nos trae hasta aqu, para cumplir con nuestra responsabilidad institucional en este foro Prensa, conspiracin y bloqueo en Venezuela, al que hemos sido invitados por representantes del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) legtimamente preocupados por la avasalladora propaganda que se mantiene en contra de las aspiraciones de las mayoras de nuestros hermanos en la Repblica Bolivariana de Venezuela, bajo la conduccin de su lder Hugo Rafael Chvez.

Un mtodo de viejo cuo

La situacin de conspiracin y bloqueo a que es hoy sometida Venezuela, tiene un viejo cuo que se evidencia en el esbozo inicial de esta exposicin, y que se ha reproducido sistemticamente en ocasiones puntuales de la historia de Latinoamrica, como puede ser la campaa contra el presidente constitucional guatemalteco Jacobo rbenz (Quetzaltenango, 14 de septiembre de 1913 Mxico, 27 de enero de 1971).

En su discurso inaugural el 15 de marzo de 1951 rbenz traz su objetivo poltico: Nuestro gobierno se propone iniciar el camino del desarrollo econmico de Guatemala, tendiendo hacia los tres objetivos fundamentales siguientes: convertir nuestro pas de una nacin dependiente y de economa semicolonial en un pas econmicamente independiente; convertir a Guatemala de pas atrasado y de economa predominantemente semifeudal en un pas moderno y capitalista; y hacer que esta transformacin se lleve a cabo en forma que traiga consigo la mayor elevacin posible del nivel de vida de las grandes masas del pueblo".

Este discurso, en el que claramente se hablaba de construir un pas moderno y capitalista, result excesivamente provocador para los intereses multinacionales de Estados Unidos, por lo que la CIA se puso a trabajar de inmediato para derrocar el gobierno democrtico, principalmente a partir de la aprobacin del decreto de reforma agraria para poner fin a la relacin de latifundios y minifundios prevalecientes, el cual encontr la resistencia de los terratenientes, empresarios y la Iglesia Catlica, adems de la empresa norteamericana United Fruit Company, que posea grandes extensiones de tierra en Guatemala, donde controlaba la exportacin de bananos.

Con la anuencia del presidente estadounidense Eisenhower, la CIA puso en marcha su maquinaria para derrocar el 27 de junio de 1954 a rbenz, al patrocinar una invasin del coronel Carlos Castillo Armas contra su propio pas, lo que desemboc en una dictadura militar que trajo dcadas de luchas y cientos de miles de asesinatos.

Este mismo mtodo se intent reproducir en Cuba a partir de 1959, a raz del triunfo de la Revolucin comandada por Fidel Castro. Pese a que la mayora de los dueos de medios de comunicacin abandonaron por iniciativa propia la patria de Mart para instalarse en Miami en espera de los resultados de las acciones conspirativas de la CIA, esto se utiliz para intentar desprestigiar al naciente gobierno revolucionario y a sus mximos dirigentes.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) mont una campaa continental contra Cuba, a la vez que la CIA preparaba la fracasada invasin de Playa Girn, que se produjo el 15 de abril de 1961, mediante el entrenamiento de mercenarios de origen cubano en Guatemala, Nicaragua y Puerto Rico. La derrota en 72 horas de las fuerzas invasoras mercenarias impidi el plan de instalar un gobierno provisional procedente de Miami que tena previsto solicitar una intervencin militar de Estados Unidos. Este fracaso no ha impedido, como bien se conoce, que permanezca un criminal bloqueo contra Cuba que afecta a su pueblo en instancias tan sensibles como la adquisicin de medicamentos vitales elaborados bajo licencia estadounidense.

Ese fracaso no impidi que dos aos despus la CIA estableciera un programa en la Repblica Dominicana para hacer colapsar el proceso democrtico encabezado por el escritor Juan Bosch, derrocado el 25 de septiembre de 1963, a slo siete meses de haber asumido el gobierno constitucional electo en diciembre de 1962.

Como en Guatemala y Cuba, en la nacin dominicana se pusieron en marcha los mismos elementos conspirativos: la CIA, la Iglesia Catlica, los empresarios y los medios de comunicacin. A esto sigui, en 1965 la invasin militar de Estados Unidos con 42.000 soldados, que posteriormente aval con una denominada Fuerza Interamericana la Organizacin de Estados Americanos (OEA), misma que en 1962 haba expulsado a Cuba de su seno respondiendo a una determinacin de Estados Unidos.

Este xito en obstruir en Repblica Dominicana el desarrollo democrtico bajo el pretexto de la amenaza comunista que representaba Bosch, quizs sirvi de estmulo a Estados Unidos para emprender en 1970 la sangrienta jornada para impedir en Chile el ascenso al gobierno del presidente constitucional Salvador Allende, que finalmente fue derrocado en un cruento golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, primer 11 de septiembre luctuoso de Amrica, antes del trgico ataque terrorista que destruy las Torres Gemelas de Nueva York en 2001.

Los elementos conspirativos en Chile fueron similares a los que hoy vemos en Venezuela, aparte de que el diario El Mercurio recibi, con otros medios de comunicacin, ms de un milln de dlares para estimular el caos y azuzar el derrocamiento del socialista Salvador Allende, que pag con su vida la osada de querer dar a Chile un sistema autnticamente democrtico. 17 aos de sangrienta dictadura del general Augusto Pinochet, miles de muertos y exiliados, fue el saldo inconcluso de esta tragedia.

Considero necesario hacer estas anotaciones porque a veces pensamos que en Venezuela se estn utilizando mtodos nuevos, y no es as. Son los viejos mtodos con las nuevas tecnologas y una que otra estrategia propagandstica que hasta ahora no les han resultado a los elementos golpistas que han intentado cortar el proceso revolucionario venezolano.

La campaa internacional orquestada contra el gobierno constitucional de Hugo Rafael Chvez, a la luz de la terminacin de la concesin para transmitir en espacio abierto a RCTV (Radio Caracas Televisin) contrasta con el silencio cmplice o la deformacin noticiosa de que hicieran galas muchos medios de comunicacin en la propia Venezuela y en el exterior cuando se pretendi terminar el 11 de abril de 2002 con el proceso revolucionario que ha devuelto las esperanzas a las grandes masas desposedas.

A nadie debe extraar el despliegue realizado por la SIP, al punto de orquestar la reproduccin simultnea en varios diarios de Amrica de una serie de reportajes que pretenden daar el proceso bolivariano.

Frente a los ataques de la patronal Sociedad Interamericana de Prensa, la Federacin Latinoamericana de Periodista (FELAP) ha mantenido una vertical defensa al derecho del pueblo venezolano a transmutar positivamente su realidad poltico-social, porque los medios de comunicacin no pueden ser meros instrumentos para el enriquecimiento de sus propietarios, sin asumir un verdadero compromiso con la transformacin social de los pueblos.

La determinacin de no renovar la licencia a RCTV no slo se dio en un legtimo marco legal, sino que si de algo puede culparse al gobierno bolivariano de Chvez es de la tolerancia que tuvo hacia RCTV, hacia Venevisin y otras empresas de comunicacin que abandonaron su responsabilidad social al tratar de descarrillar el proceso democrtico venezolano.

En cualquier otro pas, incluido Estados Unidos, los propietarios golpistas de esos medios hubieran sido encarcelados y, posiblemente, condenados a las penas mximas correspondientes.

Al principio de esta intervencin hablaba yo de la capacidad que tiene el capitalismo de apropiarse de los valores colectivos para manipular. Esto es lo que ocurre con la democracia. A lo largo de mi exposicin he hecho hincapi en la palabra constitucional, porque muchas veces se pretender ilegitimar a gobiernos emanados de la voluntad del pueblo a la vez que se apan como legtimos aquellos productos de contubernio de intereses econmicos nacionales y extranjeros.

Constantemente vemos cmo en las informaciones provenientes de la Repblica Bolivariana de Venezuela se habla del rgimen, porque esto a los ojos y odos de la gente tiene una carga peyorativa, de modo que pretende ilegitimar a un gobierno constitucional. Y no entremos ya en los eptetos que se endilgan al mandatario bolivariano en los medios de comunicacin por petulantes articulistas y comentaristas.

La FELAP no pasa por alto esos detalles, como tampoco lo hace con la particular agresin a que est sometida Cuba a travs de las transmisiones que hace Estados Unidos mediante las llamadas Radio y TV Mart que, en violacin a las normas internacionales, invaden desde 1985 el espacio pblico de radiodifusin de la nacin socialista antillana.

Ha escuchado alguien una sola protesta de la SIP o de la nefasta organizacin Reporteros Sin Fronteras, digamos, sobre esta invasin al espacio radiofnico de una nacin soberana?

Bueno, no espero una respuesta. La pregunta es retrica porque bien s que no la ha habido ni la habr. Mas la FELAP no puede guardar silencio ante esa afrenta, como no lo har nunca ante la campaa en contra del progreso de nuestra Patria grande, contra el progreso de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua o Cuba, porque nuestra responsabilidad, nuestra obligacin, es estar al lado de los pueblos y enfrentar a sus enemigos.

Lo que hizo el gobierno venezolano respecto a no renovar la licencia a RCTV se hace con mayor frecuencia de lo que uno se imagina, de un extremo a otro del planeta, y jams se haba levantado una campaa meditica como la que ha pretendido ilegitimar esa decisin.

Es ms, la FCC (Comisin Federal de Comunicaciones de Estados Unidos) impuso a principios de este ao una multa de 24 millones de dlares a la cadena hispana Univisin cuya programacin merece un anlisis aparte por calificar de educativo una telenovela, Cmplice al rescate, sobre dos gemelas de once aos que intercambian sus identidades al saber que fueron separadas al nacer.

Ninguna organizacin patronal como la SIP o la susodicha Reporteros Sin Fronteras ha protestado esta accin cuando la dio a conocer el presidente de la FCC, Kevin J. Martin, y que constituye la mayor multa impuesta hasta el momento a un canal hispano de Estados Unidos.

Naturalmente, esto no sucedi en Venezuela. Si as hubiera sido, posiblemente seis meses despus permaneceran las pginas de los diarios y los espacios de radiofnicos y televisivos preados de comentarios y de noticias mediatizadas denunciando el estrangulamiento a una cadena de televisin que pretendi engaar a las autoridades reguladoras para no cumplir su funcin social de brindar programacin educativa a la niez.

La Federacin Latinoamericana de Periodistas (FELAP), que a travs de sus organizaciones representa a 90 mil periodistas y trabajadores de la prensa en el continente, tiene claro su papel histrico, definido en su nacimiento, de estar al lado de los intereses de las grandes mayoras, porque no hay que perder de perspectiva, como ha dicho el compaero Juan Carlos Camao, que la batalla en Venezuela es entre los dueos del dinero y las grandes mayoras.

En el Manifiesto para un Nuevo Periodismo, aprobado en el VIII Congreso realizado en La Habana en 1999, ya anticipbamos en la FELAP: Nuestra historia y nuestras luchas son ahora el alimento para encarar prximos retos contra la lgica impuesta. De ah, entonces, que nos convocamos todos y convocamos a todos a un amplio debate por la construccin de un nuevo periodismo.

Cuando la manipulacin periodstica ha avalado la guerra de ocupacin en Iraq; cuando se guarda silencio cmplice ante el bloqueo a Cuba; cuando hace propaganda en contra del proyecto boliviano del presidente Evo Morales; cuando se levantan olas en contra de la poltica del presidente ecuatoriano Rafael Correa; cuando se pretende socavar la Revolucin Bolivariana y se ataca despiadadamente a su conductor Hugo Rafael Chvez, en la FELAP estamos claros de que no podemos permanecer ni ajenos, ni callados, ni neutrales.

Nelson del Castillo es Secretario General Adjunto de la FELAP



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