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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2007

La guerra a la que no objeta ningn poltico (o ejecutivo petrolero)
La continua tragedia de Afganistn

John Wight
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


La tragedia que constituye la historia de Afganistn se perdi como consecuencia del 11-S. Desde ese momento, a los ojos de un Occidente que ahora clamaba por venganza, fue un pas reducido a no ser otra cosa que una base terrorista y un campo de entrenamiento dirigido con la bendicin de un rgimen que dio un nuevo significado a la palabra mal. Pero antes del 11-S esos mismos terroristas haban conquistado el afecto paternal de los burcratas del gobierno en Washington como una banda de valerosos combatientes por la libertad quienes, con la ayuda de EE.UU., haban tenido xito en obligar a la Unin Sovitica a abandonar un pas que haba invadido para agregarlo a su imperio del mal por lo menos segn Reagan y la camarilla de fanticos derechistas que formaron su gobierno.

Pero comprender por qu Afganistn fue y sigue siendo tan importante para los intereses estratgicos de EE.UU. es comprender el papel que ha jugado a travs de su historia en la lucha global por el imperio y la hegemona librada por las grandes potencias. Este pas mstico, que ocupa un lugar estratgico a lo largo de la antigua Ruta de la Seda entre Oriente Prximo, Asia Central y el subcontinente indio, ha sido objeto de una feroz rivalidad entre imperios globales desde el Siglo XIX, cuando los imperios britnico y ruso compitieron por el control de los lucrativos despojos que se encontraban en el subcontinente indio y en Asia Central en lo que lleg a ser conocido como el Gran Juego. Los britnicos deseaban controlar Afganistn como un Estado tapn contra la influencia rusa en Persia (Irn) a fin de proteger sus propios intereses en India, que en esa poca era la joya en la corona de un imperio que cubra todo un tercio del globo.

Dos guerras anglo-afganas fueron libradas durante este perodo. La primera result en la aniquilacin total de un ejrcito britnico de 16.000 soldados en 1842, la segunda en la retirada de las fuerzas britnicas en 1880, aunque los britnicos conservaron el control nominal sobre los asuntos exteriores de Afganistn. Este control dur hasta 1919, cuando despus de una tercera guerra anglo-afgana los britnicos firmaron el Tratado de Rawalpindi, anunciando el comienzo de la total independencia afgana de Gran Bretaa.

En cuanto a su desarrollo, Afganistn permaneci libre de la industrializacin que se extendi por el subcontinente en la poca, cuando la clase mercantil britnica se dedic al saqueo y la explotacin generalizados de los recursos humanos y naturales de India. Al contrario, el valor de Afganistn para los imperios britnico y ruso fue nicamente estratgico, lo que, junto con una escasez de recursos naturales y un terreno escabroso, montaoso, difcil de atravesar, se sum para retrasar el desarrollo econmico del pas. Una economa agraria primitiva predomin en Afganistn, apoyando un sistema feudal de control que ha continuado en el campo de una u otra manera hasta nuestros das, con seores de la guerra que poseen el poder de vida y muerte sobre los que viven bajo su autoridad.

Habiendo dicho eso, hubo un punto en la torturada historia de Afganistn en el que su futuro pareci brillante, cuando casi tuvo xito un decidido esfuerzo por arrancar al pas y a su pueblo del feudalismo agrario retrgrado.
Comenz con la formacin del Partido Popular Democrtico de Afganistn (PAPA), comunista, en los aos sesenta, que se opuso al rgimen autocrtico del rey Zahir Shar. El crecimiento en la popularidad del PDPA termin por llevarlo a tomar el control del pas en 1978, despus de un golpe que removi del poder al primo del antiguo rey, Mohammed Daud.

El golpe tuvo apoyo popular en los pueblos y ciudades, evidenciado en informes publicados en peridicos de EE.UU. El Wall Street Journal, que no es amigo de movimientos revolucionarios, inform en la poca que 150.000 personas marcharon para honrar la nueva bandera. Los participantes parecieron genuinamente entusiastas. El Washington Post inform que es difcil cuestionar la lealtad afgana al gobierno.

Despus de tomar el poder, el nuevo gobierno introdujo un programa de reformas para abolir el poder feudal en el campo, garantizar la libertad de religin, junto con la igualdad de derechos para las mujeres y las minoras tnicas. Miles de prisioneros del antiguo rgimen fueron liberados y se quemaron los archivos policiales en un gesto destinado a subrayar el fin de la represin. En las partes ms pobres de Afganistn, donde la expectativa de vida era de 35 aos, donde la mortalidad infantil era de uno en tres, se suministr atencin sanitaria. Adems, se emprendi una campaa de alfabetizacin de masas, desesperadamente necesitada en una sociedad en la que un 90% de la poblacin no saba ni leer ni escribir.

El ritmo de progreso resultante fue asombroso. A fines de los aos ochenta, la mitad de todos los estudiantes universitarios en Afganistn eran mujeres, y las mujeres componan un 40% de los doctores del pas, un 70% de los maestros, y un 30% de los empleados pblicos. En 'New Rulers Of The World' (Verso, 2002), John Pilger relata la memoria de ese perodo a travs de los ojos de un mujer afgana, Saira Noorani, una cirujana que escap de los talibn en 2001. Dijo: Toda muchacha pudo ir a la escuela secundaria y a la universidad. Podamos ir donde quisiramos y ponernos lo que nos gustaba. Solamos ir a los cafs y al cine a ver las ltimas pelculas indias. Todo comenz a andar mal cuando los muyahidn comenzaron a vencer. Solan matar a los maestros y quemar escuelas. Es triste pensar que sa fue la gente apoyada por Occidente.

Bajo el pretexto de que el gobierno afgano era un ttere sovitico, lo que era falso, el gobierno de Carter de aquel entonces autoriz el financiamiento clandestino de grupos tribales de oposicin, cuya existencia feudal tradicional haba sido atacada por esas reformas. Se destinaron inicialmente 500 millones de dlares, dinero utilizado para armas y entrenar a los rebeldes en el arte de la guerra en campos secretos establecidos especficamente para esa tarea al otro lado de la frontera en Pakistn. Esta oposicin lleg a ser conocida como de los muyahidn, y as comenz una campaa de asesinatos y terror que, seis meses ms tarde, llev a que el gobierno afgano en Kabul solicitara la ayuda de la Unin Sovitica. El gobierno sovitico cumpli con lo que se le peda y las fuerzas soviticas entraron al pas en 1979, y permanecieron durante diez aos antes de retirarse. Posteriormente Afganistn cay en el abismo de la intolerancia religiosa, la pobreza ms abyecta, el rgimen de los seores de la guerra y a la violencia que ha plagado al pas desde entonces.

Es un punto que vale la pena subrayar. Contrariamente a la historia oficial de ese perodo, los muyahidn no se alzaron en respuesta a una invasin sovitica hostil de Afganistn. La verdad es que la Unin Sovitica intervino a pedido del gobierno afgano como reaccin ante la inestabilidad provocada por una insurgencia financiada y armada por EE.UU.

La respuesta al motivo por el que EE.UU. arm, financi y entren a una insurgencia que inclua a fanticos religiosos en Afganistn es fcil: es por el mismo motivo por el que sucesivos gobiernos de EE.UU. han armado, financiado y entrenado a insurgentes y escuadrones de la muerte en cualquier parte del mundo en la que gobiernos y movimientos progresistas, laicos y tendientes a la izquierda han intentado instituir la justicia social y econmica: a fin detener la extensin de un buen ejemplo.

Con el colapso de la Unin Sovitica en 1991, tres aos despus de la retirada de los soviticos de Afganistn, EE.UU. comenz a buscar la hegemona global que contina hasta ahora y que es la base para las ocupaciones de Iraq y Afganistn. Desde luego, todo el mundo ya sabe que lo que posee Iraq, y que EE.UU. necesita y codicia, son sus inmensos y fcilmente accesibles yacimientos de petrleo. Respecto a Afganistn, igual que los britnicos y los rusos en el Siglo XIX, su ubicacin estratgica da la respuesta. El fin de la Unin Sovitica signific que los inmensos yacimientos de petrleo crudo ubicados en la cuenca del Caspio estaban a disposicin del que quisiera echarles mano. Lo que necesitaban las corporaciones energticas de EE.UU. era un oleoducto para transportar ese crudo a fin de embarcarlo desde el puerto amigo ms cercano. Irn no era una opcin, lo que dej a Afganistn como la nica alternativa viable; el oleoducto propuesto deba pasar a travs, hacia Pakistn, al puerto de Karachi ubicado en la costa del Mar Arbigo. En 1996, una delegacin talibn de alto rango vol a reunirse con ejecutivos de Unocal en su central en Houston, Texas, para discutir la construccin de este oleoducto a travs de Afganistn. El gobernador de Texas en la poca no era otro que George W Bush. A pesar de que gobernaban un pas en el que las mujeres eran lapidadas por adulterio, en el que hombres eran torturados y se les amputaban las piernas por crmenes leves, en el que estaba prohibida la msica y la televisin, en el que era ilegal que las nias fueran a la escuela, esos altos representantes del talibn recibieron un tratamiento de alfombra roja alojados en un hotel de cinco estrellas, e incluso se les organiz una visita VIP a Disneyworld en Florida. Sin embargo, despus de su partida se consider que no se poda confiar en ellos y se archiv el plan para el oleoducto.

Con el 11-S lleg la oportunidad que estaba esperando la petrleocracia estadounidense, sin duda su antiguo deseo de un oleoducto a travs de Afganistn agreg mpetu a una invasin organizada para quitar de en medio a antiguos aliados de EE.UU. como los talibn y Osama bin Laden. Cuatro aos despus, lo nico que se ha logrado es que Afganistn se distinga por ser el mayor productor de herona del mundo, y el alcance del asediado gobierno de Karzai instalado por EE.UU. no llega ms all de Kabul.

En ltima instancia, el pantano de odio, oscurantismo y fanatismo religioso del que emergieron Osama Bin Laden, Al Qaeda y los talibn en Afganistn fue una creacin de EE.UU. EE.UU. arm, financi y entren a numerosos hombres como un ejrcito testaferro durante la Guerra Fra. A sus ojos, la barbarie y el salvajismo infligido al pueblo de Afganistn como resultado fue un precio que vali la pena, igual como vale la pena el salvajismo y la barbarie que se inflige a Iraq.

La tragedia para Afganistn, para su pueblo, es que su futuro podra haber sido tan diferente.

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John Wight vive en Edinburgo, Escocia. Para contactos, escriba a: [email protected]

http://www.counterpunch.org/wright08232007.html




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