Entrevista a
Rogelio Riverón , Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2007
"No pido perdón por haber ganado"
Mesurado, absorto, tranquilo, quizás un tanto retraído, suele aparecer,
para quien lo observe desde lejos, en cualquiera de los espacios del
Palacio del Segundo Cabo como uno de aquellos caballeros que desandaban
el recinto en sus tiempos fundacionales.
"No lo pienses, todos tenemos nuestros diablos" Qué más quisiera yo que
ser una persona calmada, con larga vista, pero a veces uno no puede ser
así. Quizás lo consiga un poquito más que otros", argumentó
probablemente en busca de deshacer ese primer aire sobre sí mismo.
Rogelio Riverón (Placetas, 1964), logró alzarse con el Premio
Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar gracias a una breve joya, Los
gatos de Estambul, de un libro en preparación que podría llevar el
mismo nombre.
Único escritor, hasta ahora, de una familia en la cual su madre fue el
primer ángel que le regaló buenos libros, Riverón tras terminar el
bachillerato en la Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara de la antigua
provincia de Las Villas, marchó a la entonces Unión Soviética para
estudiar Licenciatura en Lengua y Literatura Rusa, de la que se graduó
en 1987.
Hoy se desempeña como jefe de redacción de la editorial Letras Cubanas,
del Instituto Cubano del Libro (ICL). Su obra suma los textos: Los
equivocados (1992); Subir al cielo y otras equivocaciones (1996);
Buenos días, Zenón (1999); Otras versiones del miedo (2001); Mi mujer
manchada de rojo (2005) y Llena eres de gracia (2003). Tiene una novela
terminada sin publicar aún Bailar contigo el último cuplé y otra en
preparación cuya trama, "un hecho raro e histórico", comienza en Rusia
y termina en La Habana.
Narrador, poeta, periodista, crítico literario, editor. ¿Por qué tanto derroche de energía en multiplicarte?
"Son profesiones afines. Primero pensé en ser escritor, después me di
cuenta de que me gustaba también hacer periodismo. De hecho lo hago
desde 1989 que, desde Placetas, escribía para la revista semanal de
Radio Reloj donde aún continúo. Colaboro con Granma y hago crítica
literaria en La Gaceta de Cuba esporádicamente. El periodismo tiene
mucho que ver con la literatura. Y me interesaba ser editor, estar del
lado de acá de la página, pero también del lado de allá", dice mientras
entre sus delgados dedos parece juguetear el bolígrafo olvidado en la
redacción.
Coincidimos en que no mantiene una sistematicidad la crítica literaria
en los medios cubanos. A su juicio, esta puede realizarla un escritor o
un periodista "alguien bien informado y con cultura que comprenda un
poco más desde dentro sus fenómenos, aunque parece haber una
combinación, los medios no quieren mantener la crítica asiduamente y no
es fácil encontrar una persona que pretenda dedicarse a eso
responsablemente, puesto que requiere leer mucho y disponer de bastante
tiempo".
Este hombre al que le deleita el rock, el cine, practica un estilo de
karate tradicional de Okinawa "como una manera de alcanzar la
espiritualidad, moldear la voluntad y encontrar paciencia" se considera
"un narrador más que un crítico, más que un poeta, más que un
periodista incluso" y confiesa que su obra más querida es Mi mujer
manchada de rojo, publicada por la Editorial Oriente. "Libro en el que
consigo una libertad no obtenida en los demás. Mantiene una ironía que
me alimenta como escritor, puede llegar a ser soez, a mí me da placer".
Su fuente de inspiración, la propia literatura y la calle. "En mi obra
está la plasticidad con que yo creo ver la vida, es un poco abstracto
pero es así. No tengo necesariamente que incluir mi autobiografía. Yo
creo que un escritor que se tenga que restringir a sus vivencias para
escribir tiene grandes limitaciones".
En sus labios una sonrisa entre cortés y burlona sostuvo el tono de la
conversación. Un poco ese "desenfado con arte" que él disfruta.
¿Perfeccionista? "Sí, yo sé que escribir es una aventura del lenguaje,
no se pueden tirar las palabras a como de lugar, en un texto tiene que
haber un ritmo que es tan importante como lo que va a contener".
¿Censurado? "No, nunca. Y probablemente tampoco me haya sentido
autocensurado, no te sabría decir por qué pero he escrito con
libertad".
Lo único que espera de la vida, asegura, es que no le nuble la mente
para seguir escribiendo. ¿ Y la fama? "Si es publicar cada vez más sí
me interesa, pero si es aparecer firmando autógrafos me interesa poco".
Como en un buen filme de suspenso hasta el final no se aclaró la
esencia de nuestra entrevista. "Conquistar un premio es sacarse una
lotería. Hay mucho de casualidad. Te alegra y es una confirmación de
que lo que haces no es ridículo. Estoy muy contento, y no pido perdón
por haber ganado".