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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2007

Pablo Sorozbal y el tanque ruso

Darwin Palermo
Blog-LDNM


El pasado jueves 6 de septiembre muri en Madrid Pablo Sorozbal (1934), un gran novelista, poeta, ensayista, traductor y msico. Entre otras cosas debemos a Sorozbal la msica del himno tan oficial como clandestino: nunca se interpreta en los actos oficiales de la Comunidad de Madrid cuya genial letra elabor Agustn Garca Calvo. Lo mejor de Sorozbal es sin lugar a dudas su novela Lloro por King Kong , pero su trayectoria como articulista hubiese merecido una mayor atencin de la que recibi. En los aos ochenta y noventa public en Egin artculos lcidos, brutales, eruditos y, algo que no siempre se percibi, cargados de un corrosivo sentido del humor a aos luz de cualquier correccin poltica. Como muestra, recordamos algunos fragmentos de su alucinante Elogio sentimental del tanque ruso, publicado en 1989, poco despus de la cada del Muro de Berln.

Elogio sentimental del tanque ruso

Pablo Sorozbal

Casi todo el mundo parece estar muy contento porque el tanque ruso ha hecho mutis por el foro. Pues bien, lamento mucho dar la nota, siento lo siento por m no unirme al coro, pero es que me resulta imposible. No es que me guste practica el esnobismo de ir a contrapelo. Al contrario, lo detesto. Uno de mis mayores placeres (y declaro que el hedonismo es lo mo) consiste en no discrepar de la mayora, sino coincidir con ella. () Pero () debo confesar, y confieso, que aquel ente mtico pero real, aquella fiera de plomo y acero (disclpenme los estilistas del idioma por la vulgaridad de la metfora, y los ingenieros armamentsticos por el presumible error metalrgico) siempre fue objeto de mis amores. S, siempre am, y sigo amando con pasin, con ternura, con devocin y con devocin y con delirio al carro de combate del Ejrcito Rojo, ms conocido por tanque ruso.

Pese a mi extrema juventud (slo llevo en este mundo cincuenta y cinco aos), mis relaciones amorosas con el tanque ruso datan de muy atrs. Sin pretensiones de exactitud, me atrevera, sin embargo, a afirmar que mi affaire ertico con el tanque ruso dura ya cuarenta y cinco aos. Todo comenz, sin duda, cuando mi padre me habl por primera vez de aquellos tanques rusos que acudieron en ayuda de los milicianos y se lanzaron a contener el formidable embate de la no menos formidable mquina de guerra que italianos y alemanes haban puesto a disposicin del general Franco.

() Siempre odi la guerra y la odio. Siempre am la paz, y la amo. He aqu justamente la razn por la que el tanque ruso suscit en m tan hondos sentimientos de ternura, de admiracin y solidario fervor. El tanque ruso enarbolaba la bandera de la hoz y el martillo, la roja bandera del comunismo internacionalista, esto es, la bandera de la paz, la razn, la humanidad y la justicia. Ahora bien, si es cierto que el tanque ruso se convirti en smbolo de la victoriosa revolucin socialista decidida no slo a terminar de una vez por todas con la barbarie capitalista en los territorios del antiguo imperio zarista, sino a frenar y contener dicha barbarie en el resto del mundo, tambin es cierto que otras armas en manos bolcheviques no eran menos merecedoras de ternura, fervor y solidaria admiracin, como la artillera, pesada o ligera, la audaz y temible artillera sovitica, como las bateras de cohetes Katiuska, los fusiles automticos Kalashnikov o la aviacin de caza, sin olvidar las bombas nucleares y sus misiles portadores, cuya existencia (conseguida con tan enormes sacrificios del pueblo sovitico) logr impedir, a principios de los aos cincuenta, que el imperialismo, con EE UU a la cabeza, continuara arrojando las suyas sobre ciudades indefensas, asesinado en un abrir y cerrar de ojos a centenares de miles de personas, como hizo en Hiroshima y Nagasaki.

S, lamento mucho herir la sensibilidad de las gentes de bien () si elijo estos tiempos que corren, justo stos, para hacer mi elogio sentimental del tanque ruso. Pero es que a uno, francamente, le trae sin cuidado quedar mal ante la inmarcesible y viril inocencia que brilla en los ojos de los demcratas de hoy (fascistas de ayer y de siempre). Por eso no me privar tampoco de proclamar que ando ahora preocupado sentimentalmente por la armas de Cuba, y que si en mi mano estuviera, le dira al gran Fidel: Comandante, acpteme estos cientos de bombas nucleares y sus correspondientes misiles. Acptemelos, se lo ruego, en nombre de Euskadi. Pero, desdichadamente, no tengo bombas ni misil que regalar a la Revolucin cubana, as que me veo obligado a limitar mi solidaridad a unos gramos de leche en polvo o penicilina, ms que nada como smbolo del bloqueo de la isla y, tambin, como escupitajo contra la jeta de esos traidores, mafiosos, bandidos, canallas, ladrones y malnacidos que, en la patria de Lenin, han secuestrado, de momento, a mi bienamado tanque ruso.

http://www.ladinamo.org/blog/?p=261



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