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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2007

Entrevista al escritor John Berger
Miradas sobre la urgencia de la vida

Giuliano Battiston
Il Manifesto/Sin Permiso

Poeta, crtico de arte, novelista, Berger ha interrogado lugares, cosas y hombres, en busca de una verdad nunca absoluta. Para el polidrico escritor ingls, que hoy dialogar con Maria Nadotti en el Festivaletteratura, sobre Arte y poder, salvar del olvido es una operacin indispensable para comprender mejor como se pueden cambiar las cosas.


Muchos ingleses todava lo recuerdan: en 1972 apareci en las pantallas de televisin un hombre con una camiseta estilo pop art que con voz clida invitaba a los espectadores a interrogarse sobre la relacin entre arte y sociedad. Lejos de las actitudes pedaggico-paternalistas de los cultivadores de la materia, ajeno a cualquier forma de erudito exhibicionismo, capaz de dudar incluso de las posiciones propias, aquel hombre, John Berger, revolucion la forma de pensar el arte, desconcertando a expertos y a ciudadanos ordinarios. Los primeros intentaron reconocer la eficacia de una orientacin que no estuviera empantanada en los complejos mecanismos ermenuticos derivados del anlisis de Barther y del estructuralismo francs, en aquel entonces muy a la moda; los segundos se sorprendieron de descubrir formas de arte fuera de los lugares tradicionalmente destinados a albergarlo. Se sorprendieron sobretodo al comprender que en cada mirada, en cada obra de arte, se sedimentan memorias, contenidos poltico-ideolgicos, expectativas.

Las mismas memorias y expectativas que John Berger ha decidido albergar en el interior de su vasto universo artstico, que se ha formado en el transcurso de una larga actividad de crtico, escritor y diseador sobre la base de una interrogacin incesante de lugares, cosas y hombres, a la bsqueda de la manifestacin de una verdad nunca absoluta, inquieta como sus continuas peregrinaciones en el umbral que une realidad e imaginacin, memoria y urgencia poltica, fidelidad al objeto-sujeto de su visin e intensidad radical de la mirada. La invitacin dirigida a John Berger por el Festivaletteratura de Mantova (donde hoy a las 18.45, en el Patio del castillo de san Giorgio ofrecer con Maria Nadotti y Giuseppe Cederna un retrato personalsimo de Bolonia titulado La tenda rossa) es la ocasin para hablar con l de su trabajo.

Usted es poeta, ensayista, escengrafo cinematogrfico, critico de arte, autor teatral, novelista, contador de historias, diseador y otras muchas cosas. La frecuentacin de mbitos artsticos tan diversos depende quizs de la voluntad de mantener una especie de independencia de la imaginacin, ms all de los lmites impuestos por la especificidad de cada forma expresiva?

Si miro hacia atrs, reconozco que he utilizado formas distintas, entre otras cosas para preservar una cierta independencia, aunque no lo he hecho conscientemente. De todas formas creo que una respuesta parcial a su pregunta puede encontrarse en algunos aspectos de mi formacin: a los diecisis aos dej la terrible escuela a la que iba y a continuacin pude inscribirme en una escuela de arte, donde empec a pintar y a dibujar. En 1946 entr en el ejrcito donde estuve durante dos aos. Ya fuera del ejrcito, como militar habra podido ir gratuitamente a la universidad, pero decid no hacerlo porqu no quera encontrarme de nuevo en lo que me pareca un mundo demasiado protegido. Deseaba estar en la calle, donde las historias nos hablan y consideraba que la vida fuera de la universidad era mucho ms interesante y misteriosa. Mi educacin formal, por lo tanto, termin cuando tena diecisis aos y aunque entonces no razonara en estos trminos, ahora puedo decir que el hecho de no haber ido a la universidad me ha procurado una cierta libertad porqu no he tenido nada que ver con las categoras propias del sistema acadmico que distinguen entre ficcin, ensayo, escritura para teatro, etctera.

Incluso en las obras en que la dimensin autobiogrfica emerge con mayor evidencia Ud. ha procurado siempre evitar el tomarse a s mismo como sujeto de su trabajo de forma explcita. Esta aversin por la autobiografa podra depender quizs del modo en que contempla a los sucesos, al mundo y a s mismo: no se trata nunca de una mirada nostlgica o replegada sobre s misma, sino ms bien de una visin animada de aquello que citando Fotocopie podramos llamar un sentido de urgencia que pertenece solo a la vida.

En efecto, puedo decir que me reconozco en esta descripcin. Con frecuencia me defino como un contador de historias y el contador de historias existe desde hace mucho ms tiempo que la ficcin, porqu con este trmino se entiende, en general, las novelas y, tal como las concebimos actualmente, las novelas son poco ms o menos una invencin del siglo XIX. Ahora bien, muchas novelas son semi-autobiogrficas y en algunos casos abiertamente autobiogrficas, basta pensar en Proust, un escritor que admiro enormemente y que me ha influido de manera profunda. Sin embargo, el contador de historias es una cosa distinta, porqu por definicin, los contadores de historias no cuentan las suyas propias sino que son permeables a la escucha y a la interpretacin de las historias de los dems y actan de una forma que podramos llamar annima. Esto es tambin lo que yo intento hacer. No mantengo que se trate propiamente de una cualidad y por lo que a m respecta creo que estoy constituido de esta forma, porqu desde que tena seis aos me identificaba muy fcilmente con las personas de m alrededor. Aunque sea ms bien desconfiado respecto a las explicaciones fciles de tipo psicolgico, puede ser que esta disposicin que tengo est ligada al hecho de que desde la infancia me he encontrado solo, aunque esto no significa que viviera en soledad. En cierto sentido era como un hurfano: tena una relacin muy estrecha y afectuosa con mi madre pero pas poco tiempo con ella y me identificaba con mi padre a quin sin embargo no senta precisamente como tal. Esta condicin me concedi una libertad especial y quiz porqu no tena una fuerte vinculacin con mi familia me senta de forma natural ms abierto hacia los dems.

Usted ha manifestado haber estado animado por la necesidad de descubrir lo que ya est ah, pero que todava no ha sido visto. Estas palabras evocan no solamente a Proust, que acaba de citar, sino tambin al Paul Klee de la Confesin creadora, cuando afirma que el arte no debe reproducir lo visible, sino hacer visible, llevar manifestar. Reconoce afinidades con estos dos artistas?

Por lo que respecta a Proust lo le por primera vez cuando tena cerca de catorce aos y obviamente no comprend gran cosa. Ms tarde le de nuevo sus obras que acabaron teniendo una gran importancia a mis ojos precisamente debido a este elemento del cual usted habla: no eran las palabras utilizadas, en cuanto tales, lo que me interesaba sino el modo en que evocaba las cosas, aquella extraa paradoja consistente en que a partir de una determinada palabra era posible descubrir, abrir y sacar a la luz un universo entero. Continuando con los aos de mi adolescencia, tambin fue muy importante James Joyce, pero por razones diferentes. Lo que me impresion de l fue que lograra introducir en la literatura muchas experiencias que antes no formaban parte de ella: Joyce abri las ventanas del mundo literario y por ellas entraron millares de palabras y junto con ellas nuevas experiencias relativas al cuerpo y a la biologa, experiencias que antes de l estaban excluidas del mbito literario.

En el transcurso de los aos usted no ha dejado nunca de ocuparse de la relacin entre arte y poltica, o, mejor, entre arte y poder. Si asumimos, como hace usted, que el arte tiene un poder catrtico porqu salva a los fenmenos del olvido no se corre el riesgo de asignar al arte una funcin meramente consoladora, eliminando del mismo el potencial de transformacin de lo existente?

Se trata de una cuestin muy actual porqu vivimos en un clima dominado por el capital financiero global, que ha impuesto un nuevo orden econmico de rasgos cada vez ms preocupantes. Segn los idelogos de este orden econmico existe un neto contraste entre el pasado, que representa lo que debemos dejar atrs en nombre del llamado progreso, y el futuro, que se supone lleno de promesas. La historia de las personas y el conocimiento de que la vida de las personas se relaciona con la historia, se oponen a este contraste: ningn futuro verdadero que no sea el relativo a las prximas veinticuatro horas o a las prximas elecciones puede de hecho realizarse sin un sentido del pasado. El sentido del pasado, que no tiene nada que ver con una actitud conservadora, sirve para comprender el sentido del movimiento que puede llevar orgnicamente al futuro. En estos trminos, salvar del olvido, refutar cancelar el pasado, es una operacin indispensable para comprender mejor como cambiar las cosas.

Stendhal deca que la belleza es una promesa de felicidad, mientras que Adorno en su monumental Esttica aada que el arte es una promesa de felicidad no mantenida. En Modo de ver escribe ,por el contrario, que la promesa de felicidad es la publicidad. Quiere esto decir que a partir de ahora las promesas de felicidad solamente pueden venir del marketing publicitario?

En primer lugar, la publicidad pretende prometer felicidad, pero lo que verdaderamente promete no es otra cosa que el prximo objeto a consumir. Finge que puede abrir una puerta al reino de la felicidad, olvidando que la felicidad no reside en ningn reino, ya que es una cosa que sucede improvisada e inesperadamente. La felicidad se manifiesta en momentos de breve duracin, en los cuales se advierte algo que es eterno, algo que nos lleva fuera del tiempo. En cierto sentido el arte hace lo mismo: tambin en las distintas formas de arte se puede encontrar lo que llamara lo eterno, lo eterno de que hablaba Spinoza, o, en trminos menos abstractos, lo eterno que emerge, por ejemplo, en la forma en que Pasolini en su film La rabia muestra la entera historia del hombre, evitando cualquier pretensin de generalizacin histrica y haciendo coexistir en ella el pasado, el presente y el futuro.

Los cielos ha escrito usted cambian no solo en funcin del tiempo atmosfrico, sino tambin segn los cambios histricos, porqu son una ventana al universo y al mismo tiempo un espejo de los sucesos terrestres. Si hoy mira fuera de la ventana qu mundo refleja el cielo que ve?

En primer lugar estn los operadores del orden econmico mundial de los que hablaba antes, los cuales toman cada minuto alguna decisin que afecta directamente a millones de vidas en todo el mundo, sin responder polticamente ante nadie, ni a los gobiernos de los estados nacionales ni, mucho menos a los polticos individuales, que han perdido gran parte de su poder pero no quieren admitirlo. Tenemos despus a millones y millones de personas que en un cierto sentido no tienen poder o no actan polticamente, por lo menos no en el sentido tradicional del trmino. Estas personas trabajan para ofrecer pequeas soluciones que les permiten sobrevivir con la mayor simplicidad en las difciles condiciones en que se encuentran y representan un amplio movimiento, en cierto sentido amorfo pero que comparte muchas prioridades, prioridades ligadas a las acciones a emprender y a las formas de resistencia y de solidaridad a poner en marcha. Este movimiento que no dispone de un programa formal ni de un nico portavoz representa una fuerza para cambiar. Las personas que formas este movimiento no estn planificando el cambio, simplemente lo construyen con sus propias vidas. Penso que es la primera vez en la historia que sucede una cosa de este tipo y, si miro al cielo, veo algo que se parece a este movimiento que prepara la alternativa al poder actual que gobierna al mundo. Veo algo que espera, un movimiento que, esperando, prepara la alternativa para la supervivencia. Veo una especie de inmanencia. Si miro en el espejo que el cielo me ofrece veo un espacio que contiene dentro de s a todas las personas que intentan restituir un sentido a sus vidas.

John Berger es ensayista, narrador y crtico de arte. Su libro ms reciente es Here is where we meet, Pantheon Books, Londres, 2006.

Traduccin para www.sinpermiso.info : Anna Garriga Tarrs

 

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