Carta abierta al Ministro del Interior
La decisión de excarcelar a Galindo "hace tambalear los cimientos de la confianza otorgada por la sociedad al poder político y judicial"
A/A Sr. José Antonio
Alonso
Sevilla, 1 de octubre de 2004
Ministro de Interior
Estimado
ministro:
Me dirijo a usted como titular del Ministerio de Interior con
objeto de hacerle llegar mi rotundo rechazo a la decisión de excarcelación del
ex general de la Guardia Civil, Enrique Rodríguez Galindo, al entender que con
ello se pone de manifiesto una peligrosa arbitrariedad en la política
penitenciaria española llamada a ser garante del Estado de Derecho.
Esta
acelerada concesión del segundo grado de un preso que cumple condena de 75 años
no es más que una aberrante irresponsabilidad que marcaría una injusta línea
divisoria y diferencial entre el terrorismo de Estado y el terrorismo contra el
Estado. No hay, como usted sabe por su impecable trayectoria democrática, un
terrorismo bueno y un terrorismo malo. El terrorismo, sea cual sea su
naturaleza, objeto y/u origen, es un crimen, el cual es si cabe más aberrante si
tiene como inductor a miembros o fuerzas del orden público que tienen como
misión, encomendada por la Constitución y el Pueblo, la lucha contra el delito.
Califica usted esta decisión de "perfectamente legal y constitucional"
basándose en el estado de salud del ex general, si bien la sociedad española no
entenderá que otros presos terroristas con enfermedades terminales no puedan
ampararse en unas leyes y una Constitución que han de proteger a todos los
ciudadanos por igual y sin distinciones. El Gobierno no estaría respetando la
igualdad de trato.
Esta decisión hace tambalear los cimientos de la
confianza otorgada por la sociedad al poder político y judicial cuando se
investigó la guerra sucia propiciada por el llamado GAL y se dictaminó entonces
una condena acorde con la gravedad de los delitos. Durante tres legislatura
ostenté el cargo de portavoz de Interior de IU, por lo que fui unos de los
muchos que luchamos por reinstaurar un estado democrático que había sido
violentado desde dentro y en la sombra y por asegurar al pueblo español que
ningún ciudadano, sea cual sea su cargo, puede quedar al margen de lo que dicta
la ley.
Ni la Dirección General de Instituciones Penitenciarias ni su
Ministerio puede negar el daño que con esta decisión se infiere a la imagen de
independencia del poder judicial. Puede calar en la ciudadanía que las
gratificaciones del régimen penitenciario y el cumplimiento de las penas no
dependen del delito sino de la persona.
Este nuevo Gobierno no tiene
ninguna deuda ni hipoteca con el pasado, por lo que no debe estar temeroso de
que se tire de ninguna manta. No debería apoyar sobre sus espaldas una decisión
que puede entenderse como una amnistía encubierta a la guerra sucia de la época
felipista.
Un saludo,
Antonio Romero Ruiz
Diputado de IULV-CA
por Málaga
Miembro de la Mesa del Parlamento Andaluz