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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2007

Entrevista a Beln Gopegui tras la publicacin de su ltima novela, El padre de Blancanieves
Si la literatura slo critica no es lucha sino lamento"

Nuria Azancot
El Cultural


Menuda, casi trasparente, luciendo timidez y canas, Beln Gopegui (Madrid, 1963) es la anttesis del autor obsesionado por la fama. Le horroriza posar, desconfa de las fotos y de las entrevistas, aunque hace tiempo coordinase el suplemento cultural de un peridico. Pero no es una pose sino coherencia, ya que Gopegui, una de las mejores escritoras de nuestro tiempo, es tambin una de las ms polmicas, y sin duda alguna la ms combativa. Comunista a ultranza, utiliza sus libros para combatir al capitalismo en estos tiempos de relatos ombliguistas, santos griales y falsas ficciones.

La suya es una literatura pegada a la realidad. Lo fue en 1992, cuando public su primera novela, La escala de los mapas y logr el entusiasmo de Carmen Martn Gaite, y lo sigue siendo ahora, con El padre de Blancanieves (Anagrama), una novela que evidencia por qu Umbral escribi de ella que era la mejor de su generacin. En su arranque, adems, puede identificarse cualquier lector, porque narra lo que ocurre en la vida de una familia cuando la madre, profesora de instituto, provoca sin querer el despido de un ecuatoriano que trabaja en un supermercado y que se le presenta en su casa. Hasta que no le consiga un trabajo, dice, no se librar de l. Si llama a la polcia, vendrn su mujer y sus hijos. Si les deportan, sus amigos le recordarn que caus la ruina de una familia. Y que sigue siendo su responsabilidad...

Camiseta amarilla y pantalones vaqueros, Beln Gopegui aparece en rtico, una cafetera-hostal de Argelles, amabilsima, pero con las ideas muy claras sobre lo que quiere y no quiere contar.

Cul es la prehistoria de El padre de Blancanieves, es decir, de dnde nace la novela, se le ocurri quiz en un super cualquiera viendo a los reponedores latinos?

Con los nudos en la garganta

Estoy cansado del estar cansado, entre plumas ligeras sagazmente, Cernuda. La novela nace de ah. A lo largo del tiempo y en especial despus de mi novela anterior he estado en contacto con personas y colectivos que piensan que siempre se puede actuar, hacer algo con los nudos en la garganta. He querido escribir desde ellos. Si el arte slo critica, si slo se ocupa de desvelar, ya sea directa o irnicamente, si renuncia a la afirmacin y a proponer alternativas, no es lucha sino lamento. Busco una novela capaz de afirmar, en el sentido de hacer que algunas cosas queden bien apoyadas.

Cmo fue el proceso de su escritura, sus principales problemas con los personajes y la trama, y cmo los fue solucionando?
La novela dramatiza el dilogo entre el socialdemcrata que todos llevamos dentro y varios militantes revolucionarios de hoy, con edades en torno a los 25 aos. El mayor problema era representarles, dado que apenas tienen presencia en las visiones dominantes, prensa, televisin, conversaciones. Adems, en la vida real, en Espaa, no son muchsimos, aunque ocupen ms espacio del que les concede el imaginario. Decid entonces acudir a un ser colectivo que habla, como los Bancos o los clubes de ftbol, un ser que de algn modo abarca ese todo que es ms que la suma de las partes y contiene una promesa y un pacto de libertad.

Hoy pocos autores espaoles apuestan por la novela como instrumento de cambio social... No teme (o quizs cuenta con ello) que la valoracin ideolgica pueda condicionar la literaria?
Cuento con ello. Lo temo? Supongo que s.

Quien escucha dice Manuela, uno de los personajes del libro tiene derecho a saber quin le est hablando y en nombre de qu. Cmo respondera a estas preguntas si se las formulase un lector?

Los no normales
Si lo hiciera en igualdad de condiciones, empezara preguntndole sus ingresos y contndole los mos. Creo que es un buen punto de partida para llegar a saber quin habla. Como esta igualdad no se da en una entrevista, de un modo ms abstracto le dira: pertenezco a esa imaginaria clase media que parece flotar hasta que viene un momento de crisis y entonces es empujada directamente al proletariado; sostengo que gran parte del dolor es evitable y no por vas metafsicas, sino modificando un sistema econmico que se basa en la apropiacin privada de los excedentes productivos.

Una de las claves del libro podra ser el concepto de normalidad, y la certeza de que algo que pas en nuestra vida nos hizo no normales, nos ense a mirar la vida desde un lugar distintoqu fue, en el caso de Beln Gopegui?

Ms all de mi historia concreta, pongamos: el da en que despiden a tu amigo; o cuando el nico trabajo que te ofrecen es en negro cobrando medio sueldo ms el paro; o las recientes declaraciones del premio Nobel de medicina J. Roberts: Es habitual que las farmacuticas estn interesadas en lneas de investigacin para cronificar dolencias con medicamentos mucho ms rentables que los que curan del todo; o el encogimiento de hombros y el ya se sabe con que se leen declaraciones as en privado; o la pasividad y la impotencia poltica con que se asumen en pblico; o la lista de espera que tiene a tu hermana con un tumor maligno sin que la operen durante un ao; o las pompas repugnantes con que la Unin Europea nombra comisiones para conceder el chocolate del loro a los proyectos mdicos y cientficos ms necesarios. Etctera.

Sin embargo, y a pesar de todo eso, el libro ofrece un mensaje de esperanza: la amargura no es la solucin; ya ha pasado el tiempo de creer que no hay salida. Cmo se puede combatir en la prctica contra la resignacin, contra el cansancio y el miedo (a perder el trabajo, etc)?
Dice Foster Wallace, y suscribo: Creemos que la ideologa es hoy da la provincia de los grupos de influencia y los comits de accin poltica en su lucha por levarse su porcin del enorme pastel verde... y, mirando a nuestro alrededor, vemos que ciertamente es as. Pero [...] lo es, en parte, porque hemos abandonado el terreno. No abandonarlo, organizarse, requiere paciencia y produce, s, cansancio. Quiz sirva pensar que sentirse cansado no es (todava) estar cansado. En cuanto al miedo, real, se atena en compaa.

Su libro tiene varias cargas de profundidad. Por ejemplo, asegura que en Espaa es pura ficcin un cambio de tendencias. O sea, que Zapatero no representa a la izquierda?
No; su poltica no tiene intencin de tocar las bases econmicas, que es lo que caracteriza a la izquierda. Hay diferencias de grado entre los dos partidos capitalistas que se turnan en el poder, pero nada ms.

Tambin es muy crtica con los grandes sindicatos y su complicidad con la patronal...
Sin duda hay dentro personas que estn trabajando con honestidad y valor. Pero institucionalmente su papel es el que ellos parecen haber aceptado: agentes sociales ocupados de contribuir a mejorar la marcha de la economa y, como se sabe, casi siempre es posible traducir economa por beneficio de la clase dominante.

Y no salva tampoco a las ONGs y la pornografa de los buenos sentimientos: ejercen quizs un efecto calmante sobre las conciencias?
Este ao Los ngeles Times public una serie de artculos donde explicaba cmo la Fundacin Gates haba invertido 423 millones de dlares en compaas responsables de gran parte de las enfermedades y problemas que su fundacin filantrpica (con un presupuesto igual o menor) se dedicaba a aliviar. De modo semejante, ocurre que se entrega a una ONG parte del dinero obtenido trabajando en un contexto laboral que nos reclama comportamientos cmplices con el dao, desleales, sumisos.

El silencio de la clase media
Tambin se detiene en la educacin... de la que escribe que desde hace aos se est desmoronando... qu tipo de lectores cree que podrn ser estos adolescentes obsesionados con internet (como Adela) y, en demasiados casos, nacidos para el paro y el consumo?
Pueden ser los mejores lectores. Tienen a su favor que detectan la retrica al momento, saben que palabras como diversidad, ciudadana, sociedad justa y solidaria, son absurdas cuando te espera un futuro laboral de esclavo. En contra tienen que ahora hay pocos cauces para organizarse contra ese futuro, pero bastar con que encuentren uno para que empiecen a leer con rabia y necesidad.

Tras escribir el libro, ha llegado a comprender por qu callaba el padre de Blancanieves, por qu calla la clase media ante los abusos, y preferimos ignorar no lo que no se ve, sino lo que, vindose, no se mira?
La clase media no toma partido, se lava las manos, es precisamente lo que la caracteriza: ocupa un espacio donde en principio nada le obliga a hacer otra cosa. Sucede tambin que estamos hechos de agua, de carne, de mierda y de valor y orgullo y bondad y sentido del ridculo y miedo. A veces predomina el miedo, pero no siempre.

Cuba y la informacin falsa
Su libro anterior, El lado fro de la almohada, suscit una extraordinaria polmica por su defensa de Castro y de la revolucin cubana: la persecucin de los disidentes no le hace cuestionarse su entusiasmo?
Un tanto por ciento muy alto de la informacin sobre Cuba es falsa. Quien quiera comprobar esto puede acudir a los libros de Pascual Serrano editados por El Viejo Topo, o a la pgina www.rebelion.org. Sin siquiera tomarse esa molestia muchas personas habrn ledo en peridicos nacionales y escuchado en la radio declaraciones disidentes, crticas, incendiarias, de personas residentes en La Habana que no estn siendo en absoluto perseguidas. No se persigue a disidentes, se condena a quienes colaboran con determinados proyectos del gobierno de los Estados Unidos, un gobierno cuya hostilidad hacia la isla no es una fantasa sino que forma parte de su legislacin vigente. Ya dije entonces y repito que la revolucin cubana no es la Inmaculada Concepcin. Nadie lo es, pero la revolucin cubana merece nuestro respeto mucho ms que las llamadas democracias occidentales.

Volvamos a la literatura: qu autores jvenes le interesan?
De los jvenes digamos de menos de 35 aos, me interesan Alberto Olmos, Elvira Navarro, Pablo Caballero, Torn de la Guardia, Isaac Rosa, Olga Novo y Yolanda Castao entre otros. Me interesa el debate que se ha generado a partir del trmino afterpop. Leo ciertos blogs, ciertas pginas web, el libro delicado y brutal de Santiago Alba, Leer con nios, leo a Gnther Anders. Hace poco he ledo los dos nicos captulos traducidos de una novela alemana que creo imprescindible, Bajo el nombre de Norma, escrita por Brigitte Burmeister y que ojal algn editor decida publicar.

Hace aos, Umbral la destac como la mejor narradora de su promocin, pero quines han sido sus maestros literarios?
Llevndole la contraria a Steiner que escribi Tolstoi o Dostoievski, elijo Tolstoi y Dostoievski. Los maestros, como los modelos, son desiderativos, puedes querer emular algo, pero lograrlo ya es otra cuestin. En esta novela me gustara parecerme, salvando las distancias, a un Dostoievski de este siglo, con su misma fiebre pero menos desesperado. Cito cuatro maestros: Brecht, Umbral, Lpez Salinas, Mndez Ferrn.

No cree que la muerte de Umbral ha descubierto demasiadas mezquindades en nuestras letras?
No hace falta que muera nadie para ver las mezquindades, otra cosa, como decas, es que no se miren. En el caso de Umbral quiz lo ms penoso haya sido el deseo de cubrirse las espaldas de muchos literatos: era un gran escritor pero que conste que yo no estoy de acuerdo con, o no suscribo, o utilizo incluso una necrolgica para marcar distancias no vaya a ser que mis jefes (todos tenemos muchos jefes directos e indirectos) me afeen la admiracin. Es la clsica actitud de los nins: se confunde, interesadamente, la conciencia crtica con el privilegio de estar en el limbo: ni OTAN ni Milosevic, ni Sadam ni Bush, pero cuando caen las bombas no se puede decir ni tirarlas ni no tirarlas. Y decir que no se tiren, no significa renunciar a criticar lo que hizo Sadam, significa elegir que no se tiren. En otra escala, cuando un escritor como Umbral muere, pienso, se disparan salvas en seal de respeto y duelo; no es momento de cubrirse las espaldas.

En el libro, uno de los personajes se plantea que cuando acaba la asamblea, comienza la vida, pero, qu ocurre, en su caso, cuando una novela est ya en la calle?
La novela pregunta, la calle responde a su manera, yo escucho y sigo.




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