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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2007

Juego de lgrimas

Wu ming 6
Rebelin


 

 

 

 

Cuando una sociedad empieza a considerar el atiborrarse de langostinos en Navidad como un derecho adquirido irrenunciable, el camino al fascismo est expedito, sealaba el poeta. Cuando una sociedad se dirige como un tren sin frenos que se acelera cada vez ms hacia el abismo, la supervivencia de esta sociedad no est garantizada, afirmaba el filsofo. Cuando considera rellenar su encadenado tiempo de ocio con imgenes de un programa real en el que se corona a una supermodelo (superejemplo de supercomportamiento) o a uno de los 40 nios abandonados sin adultos en una casa situada en la localidad 'fantasma' de Nuevo Mxico, sabemos que nuestra dignidad ha sido puesta a prueba, asevera el televidente. O est participando en un proceso de seleccin. Y que no pasa a la siguiente fase, comunica el director del casting.

No todas las dignidades son tiles para la vida moderna como bien sabe el supermodelo Gabriel Albiac. La nica elegible, seleccionable, es aquella que se solaza en los sofs junto a los millones de invlidos e invlidas injuriados por el trabajo. Dignidad a la que los programadores temen como tragedia ante la ensima emisin del esclavo Beckham recorriendo el photocall o milla verde o senda al patbulo. La respuesta digna pulsa the bottom como en una guerra fra por las audiencias y el zapeo geocomercial. No son vlidas aquellas dignidades que no son una especie de rectitud y al mismo tiempo de reposo.

La pedagoga de un milln de realitys (producidos, publicitados, emitidos y consumidos) ha conseguido ese socorrido e ignominioso axioma de la telebasura es una demanda del pblico. Y ya no nos sorprende la produccin televisiva de un seor de las moscas en el desierto de Mojave, el teatro meditico de los McCann, o la novena edicin de la factora de malandrines y petardos, sujetos de aquello que se llamaba experimento sociolgico. Hemos consumido a supervivientes, artistas en formacin, la vida de famosos (siendo el favorito para viejos rockeros The Osbournes, con un Ozzy en bata recogiendo las heces del parket de su perrito) y como una seora de Trebujena mutaba de cuerpo entero en Cambio radical. La boutade cientfica se dispers tras los humos del xito y el share. Pero el experimento real s que se llev a cabo con xito: ya no quedan caminos, rutas o senderos; ahora slo queda el salto: a la fama de una cara, al nihilismo, a la destruccin ms privilegiada rodeada de cachivaches, por la otra. El impulso a la fama desde el trampoln del anonimato. El ms difcil sin la secuela genealgica de hijos de (inclyase aqu a todos).

Se buscan personan annimas para pigmaliones de la mercanca. La proletarizacin del famoso ha abaratado la formacin de entretenedores o animadores de la masa ociosa. Se ha devaluado hasta el lmite de que en su bsqueda de la realidad y su acercamiento a lo que pasa haya dado cabida a todas las violencias que las capas menos favorecidas y escuchadas sufren. Con todo lujo de detalles se describe la vida propia y sus miserias guionizadas como un exorcismo social o de confesin reparadora. Gestos de la democratizacin de los que aparecen en tv.: desde el programa de videos caseros, freaks televisivos, la casta de los colaboradores, hasta el ltimo trastornado de Cicely que es reconocido como celebridad en youtube. El espectador, el consumidor de imgenes, poseen la potencia nihilizadora de una percepcin integral -sntesis "en el ojo" de una economa y una tecnologa- que slo sabe "apropiarse de hombres y cosas, que los construye rutinariamente como "objetos de exterminio" y que, ms radicalmente, los despoja de existencia al mismo tiempo que los mira, deca el filsofo.

Vanguardia de lo que podra suceder (como innovacin deontolgica) en las entrevistas de trabajo o en la seleccin de literatos de provincia para publicacin en Institucin regional es el reality tipo Modelaje. En Supermodelo se busca a una modelo de elite, mujer altamente esclavicotizada por marcas y diseadores de renombre y merecedora de millonarios contratos para ser imagen corporativa. Se exige altura, estilo, carisma, naturalidad y seguridad. Vocablos que se apergaminan en el aire en cuanto el programa lleva cinco minutos en antena dada la acumulacin de sitcoms, ms bien situation emotive (es decir situaciones de ficcin en base a la emotividad) cocinadas en las redacciones. El premio es convertirse en esclava en las portadas ms terroristas de todo el mundo que ofrecen cien respuestas a la pregunta est usted dispuesto a sacrificar a quince mil civiles para lucir un maravilloso atuendo?

Lo interesante, como medida de lmite, dentro de la situacin emocional construida, es la capacidad instigadora del malfico y borde jurado, nueva modalidad de evaluacin que ya dio sus frutos con los speech de un tal Risto Mejide. La afectividad de quince adolescentes hechas un lo entre sueo, realidad, cosificacin y fama es acechada con psicoptica fruicin por un grupo de expertos. Aquello que en Samoa en algo inslito se vende como modelo de conflicto de la edad y como mercanca afectiva para iguales que delante de la pantalla se reconocen en problemas, en deseos de fama y afirmacin. La pedagoga del voto, anloga a aquella del milln de muertos (en este caso, zombies), es fundamental para el desarrollo del programa real. La democracia electiva del sms o llamada decide quin hace mutis como participacin activa en la vida en directo. En el juego televisivo, las lgrimas brotan de las aun seleccionadas para la fase de formacin pero no aptas (desde la objetividad del famelismo y la altura) y se convierten en modelos dramticos, penoso filn que azuzan sus competidoras tachndolas de no-validas. A las que se salvan del trance de la eliminacin-abismo-del-don-nadie se les ordena cundo deben saltar de felicidad con la monocorde voz del regidor: Saltad, saltad. Ellas inmediatamente ejemplifican su alegra hasta que se cambia el plano. De ah que el realizador del reality debe cumplir con dos preceptos. Uno, remite directamente a aquella frase de Godard que afirmaba que el montaje es algo moral. Un plano cinematogrfico es una decisin moral y que la sucesin de acordes menores y disonantes junto a un rostro a punto de llorar ofrece a la audiencia lo que quiere (sustityase aqu: lo que necesita consumir). El otro precepto se reduce a insistir en el primero.

Ya lo deca ese viejo al que condenaron por preguntar qu era un zapato o la moral: La hermosura es una tirana de corta duracin. No sabemos muy bien si Scrates era feo. Pero s que sufrimos una tirana de lo bello fragmentado, puesto uno detrs de otro en una autopista de momentos irrepetibles y continuo. La vida media de un guapo posmoderno es aproximadamente una temporada o lo que dure la atencin a un anuncio en una parada de autobs. Los feos duran ms si es que se reenganchan a ese cosmos del rumor, el vodevil posmoderno y el basto montaje que alimenta al voraz monstruo de las pantallas vespertinas.

Es ya clsico recordar aquello que escribieron los muchachos sin nombre sobre la elegancia y la dignidad. Afinar el estilo es a todos los efectos un arte marcial. El estilo es resistencia cultural y simblica, una especie de "zapatismo mental". A travs del cuidado de los detalles, se expresa la conciencia de dignidad, que no hay que confundir nunca con el "decoro" burgus. La dignidad se conquista luchando, escogiendo. El "decoro" consiste en no escoger nunca (..). Tambin vestirse es una cuestin de tica.

Para cuando un reality real en el que banqueros e inversores se tiraran los trastos a la cabeza por la crisis hipotecaria en EEUU? Para cuando un programa real sobre los veteranos de Irak y su alegre vuelta a casa? Para cuando cmaras escondidas en el pentgono para ver la vida en directo de los que acaban con las vidas de inocentes a miles de kilmetros? Para cuando un programa de vida en directo de los nios que cosen las prendas que vestirn las modelos cotidianas de las calles o pasarelas urbanas? En el amodorrado y solipsista Occidente si el xito es compatible con alguna forma de tica, esa tica est absolutamente podrida. Si la dignidad es practicable en algn tipo de show teleemotivo sta tiene que ver con la prdida de la misma y como avance de lo que normalizaremos, patrn con el que cortar las conciencias de los ciudadanos para adaptarlas a las modas de este ao.

Cuando una sociedad empieza a considerar el atiborrarse de imgenes nihilizadoras como un derecho adquirido irrenunciable, el camino al fascismo est expedito, sealaba el ciego.



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