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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2007

Conversacin con el psiquiatra y escritor Guillermo Rendueles
Miserias sociales o malestares ntimos?

Fernando Alvarez-Ura y Julia Varela
Archipilago n 76, 2007


Si te parece podramos empezar por tu ltimo libro. Cmo surgi Egolatra y qu relacin mantiene con alguno de tus otros libros anteriores, por ejemplo con El manuscrito encontrado en Ciempozuelos o con La locura compartida?

Creo que mi inters por escribir se despierta ante asuntos relacionados con la prctica clnica. Tengo poca capacidad para escribir sobre cuestiones abstractas que no me interroguen desde lo que hago cotidianamente. Al mismo tiempo me siento interpelado por objetos psiquitricos extravagantes o marginales para las lneas dominantes de la investigacin psiquitrica actual. Por otro lado la escritura me distancia y cura del aburrimiento que producen a casi todos los psiquiatras (nada que ver con el sndrome del quemado) las masificadas consultas, por lo banal de las quejas, y por lo estereotipado de las respuestas psi. La escucha del paciente postmoderno nada tiene que ver con el discurso de los locos de antao, plagado de culpas religiosas, de delirios complicados o de rituales obsesivos que exigan para cada caso una pericia cercana a la hermenutica filosfica. A la consulta psiquitrica llegan hoy multitud de pacientes que la utilizan a modo de muro de las lamentaciones en donde descargan malestares cotidianos que traducen una miseria sentimental y un sufrimiento generalizado, imposibles de solucionar desde los espacios psi. Son seudodepresiones y angustias reactivas a un malvivir urbano, a unas situaciones que los pacientes no pueden ni quieren cambiar. Estrs es el nombre que traduce al diagnostico psi trabajos agotadores, turnicidad, endeudamiento con el piso, malquereres domsticos, agobios que no causan la depresin sino que la constituyen. Los pacientes no piden interpretaciones de sus trastornos, ni estrategias para el cambio, sino palabras o pldoras que consuelen o hagan tolerables estas situaciones, dada su falta de coraje para intentar transformar sus condiciones de vida. Lo masificado de las consultas psiquitricas, por las que llega a pasar el 30% de la poblacin del rea sanitaria, explicita la ruina psicolgica de la multitud postmoderna, que traduce all al intimismo lo inane y vaco de su cotidianidad, las miserias para las que no encuentra otras vas de cambio que la individuacin psicolgica.

La escritura desde y sobre estos mrgenes psiquitricos me sirve tambin a m de muro de lamentaciones, pues la escritura ordena y confiere un poco de sentido a lo imposible de mi practica teraputica.

Una de las cosas que mas me interesa de tu trabajo es que te sirves de los problemas que llegan a tu consulta, de la transferencia y la contratransferencia con los pacientes, como sntomas que tienen que ver con lo social, y lo mismo sucede cuando analizas las nosologas psiquitricas, el DSM II o el DSM III, que tambin las pones en relacin con el funcionamiento de determinados poderes. Esa doble dinmica es como un anlisis sociolgico del imaginario social.

Desde luego, esa es la aproximacin que intento. Trato de descubrir, por un lado, esa ilusin biogrfica, de la que hablaba Pierre Bourdieu, que transforma unas vidas determinadas por la Historia en pequeas historias determinadas por la psique, y que termina responsabilizando exclusivamente al paciente de sus fracasos y de sus sufrimientos. Por otro lado, intento descubrir las funciones legitimadoras de la psiquiatra administrativa que obliga a cada psiquiatra del sector publico, al final de cada jornada, a reducir ese sufrimiento escuchado a etiquetas codificadas en la DSM III. De modo que la malaria obrera, o la violencia cotidiana, se neutralizan y traducen en diagnsticos tales como estrs, tasas de duelo, o acontecimientos vitales traumticos, como si la etiologa de los problemas psi radicase en agentes patgenos similares a los virus. En ese sentido la epidemiologa psiquitrica es una teora terriblemente mistificadora de la enfermedad mental: el enfermo hace una depresin por los azares y coincidencias de unas situaciones estresantes, y la vulnerabilidad de su personalidad de base es exactamente igual que una alergia o una infeccin, de tal modo que la Historia queda totalmente al margen de las historias clnicas.

Y sin embargo, aunque partes de la prctica, tu perspectiva alternativa de anlisis es posible, en buena medida, porque tienes una formacin terica muy slida, y no solo en psiquiatra, ya que eres un lector empedernido de sociologa, literatura, filosofa... Creo que ese anlisis te permite ir ms all de los hechos en bruto para realizar una inscripcin social de los sntomas, de modo que te aproximas a las lamentaciones, como tu dices, a partir de un marco conceptual crtico especfico.

Bueno el autodidacta en sociologa, al habitar en la frontera entre dos gremios, vive en carne propia aquel problema del lector de La Nausea que solo se saba hasta la M de la Enciclopedia. Se produce as un cierto extraamiento del gremio psiquitrico sin poder al mismo tiempo penetrar en la academia sociolgica, ms que de la mano de amigos como vosotros. Pero la decisin de abandonar mi campo natural nace de que la llamada literatura psiquitrica, a partir de los aos setenta, es un horror. Lpez Ibor, al lado de los que escriben ahora desde la DSM III, era un erudito de lenguaje psiquitrico refinado. Haba ledo a Jaspers, distingua la tristeza vital de la psicolgica, clasificaba los sufrimientos humanos en procesos-desarrollos segn su inteligibilidad biogrfica, o diferenciaba las alucinaciones de las pseudoalucinaciones, mientras que los catedrticos norteamericanos son empleados a sueldo de empresas farmacolgicas y servidores del poder que intentan reducir cualquier delirio a sntomas tratables con nuevos psicofrmacos. Lo sorprendente es que ese discurso simplificador, elementalista, reduccionista, ha triunfado ya en el gremio psi. En el ultimo congreso de la Asociacin Espaola de Psiquiatra particip en una ponencia sobre los enfermos mentales y la crcel, y percib claramente mi extraterritorialidad respecto al gremio: donde yo hablaba del par presos-carceleros ellos hablaban de internos-funcionarios, y todo el discurso antao critico contra el encierro, se converta en neutras mediaciones de la mala comunicacin entre los actores del conflicto.

Deca un viejo campesino gallego que los laboratorios van a acabar con la humanidad. Por lo que cuenta John Le Carr en su novela El jardinero fiel las multinacionales de los frmacos tienen un poder enorme y utilizan de cobayas de laboratorio a los enfermos terminales del Africa negra.

La psiquiatrizacin del 30% de la poblacin, y el deseo de mejorar las edades del hombre con psicofrmacos, constituyen un mercado ideal para la industria que ve en cada nio hiperquintico, o en cada viejo amnsico, a un cliente potencial de unas medicinas como las neoanfetaminas o los antialzheimerianos que cuestan precios astronmicos y tienen dudosos efectos. Por otro lado la ansiedad generalizada hace que los ansiolticos sean las pldoras mas vendidas en cualquier farmacia urbana espaola.

El manejo de estas necesidades reales y artificiales por el lobby farmacutico ha cambiado drsticamente. Antes los laboratorios subvencionaban investigaciones y publicaciones en las revistas psiquitricas, o privilegiaban lneas tericas en las ctedras. Ahora pagan la edicin y regalan todas las revistas psiquitricas, y recurren a premios Nbel de farmacologa para redactar su propaganda. No hay ningn psiquiatra cuyo sueldo le permita acudir a un congreso importante sin la invitacin de un laboratorio. En Espaa la industria farmacutica va a encargarse de financiar la formacin de los mdicos residentes, tras lograr un acuerdo con la Administracin en virtud del cual sta no baja el precio de los medicamentos. Aceptar esa contrapartida supone algo as como poner a la zorra a vigilar el gallinero.

Para hacerse una idea del tipo de negocio que est detrs de los psicofrmacos, basta saber que el tratamiento con haloperidol cuesta menos de mil pesetas al mes, mientras que el tratamiento con risperdal, que ha barrido del mercado al haloperidol sin que existan pruebas cientficas de que presenta una actividad antipsictica mayor, cuesta veintiocho mil pesetas al mes y no es el tratamiento ms caro. Si se multiplica esa cantidad por el nmero de esquizofrnicos que siguen ese tratamiento de forma continuada, a veces desde los 18 aos hasta que se mueren, estamos ante una de las primeras fuentes de negocios a escala mundial.

Los laboratorios manejan adems las falsas necesidades de los consumidores, como sucede en el resto del mercado, y sacan frmacos con indicaciones orientadas a esas pseudoenfermedades. Por ejemplo, el prozac va a ser substituido por un psicofrmaco indicado para la depresin con dolores fsicos, debido a la epidemia de fibromialgia. El nuevo frmaco, dos veces ms caro que el prozac, est recomendando por los laboratorios con esas indicaciones, pese a que su perfil farmacolgico lo acerca a un antidepresivo clsico. De hecho son los gerentes econmicos de los grandes grupos farmacolgicos quienes disean esas indicaciones, y la bioqumica maquilla los usos clnicos de un frmaco polivalente del que la propaganda privilegia la indicacin que puede ser ms vendida. Al risperdal, si la enfermedad en alza fuese el spleen, seguro que le encontraran pronto un efecto antispleen.

La realidad en psiquiatra es que no hay ningn descubrimiento farmacolgico importante en los ltimos 20 aos. Los nuevos frmacos, si los comparamos con los antiguos, no producen una mejora de la depresin o la esquizofrenia. No son comparables, por ejemplo, con cualquier antivirsico que permite a un enfermo llevar una buena vida padeciendo SIDA. Los psicofrmacos postmodernos tanto los antidepresivos como los antipsicticos - se limitan a mejorar un poco los efectos secundarios, y a fomentar esa mejora como un valor de cambio propagandstico que va dirigido a veces directamente a los usuarios. En ese sentido el psicofrmaco es una mercanca ideal: mientras un antidiabtico debe demostrar que mejora, lo que se traduce en un dato objetivo cuantificable en el anlisis de sangre del paciente, los neurolpticos solo muestran su eficacia porque los mdicos rellenan unos cuestionarios en los que el paciente dice algo tan subjetivo como que se encuentra algo mejor. La lgica de la industria de los psicofrmacos no se contenta con manipular estas falsas necesidades, sino que progresa hacia una hybris tan extrema que habla ya del pas prozac para designar a aquel grupo de personas que quieren vivir sus vidas mejoradas por tomar prozac como si se tratase de una prtesis o de un cosmtico. Esas pretensiones constituyen un nuevo apartado de pseudotica similar al dopaje en las pruebas deportivas. Es licito para un opositor a ctedras tomar un frmaco que, diseado contra el alzheimer, mejora la memoria de los sanos? Cundo se debe cancelar un duelo tomando prozac?

Frente a esta mercantilizacin, el precio de las materias primas del psicofrmaco es nfimo y su tecnologa sencilla como demuestran claramente los genricos. Y si no fuese por los chantajes de desabastecer el mercado si se violan los derechos de patentes los gastos sanitarios disminuiran en progresin geomtrica. De hecho, cuando yo estaba en la mili, la armada fabricaba antibiticos y antiinflamatorios. Una monja y un farmacutico en un hospital gaditano, hacan aspirinas, y les impriman un ancla para que se viese que eran de fabricacin propia. De hecho mejoraban a la Bayer pues las aspirinas estaban hechas a mano.

Volviendo a lo que deca antes Fernando tu trabajo intenta poner en conexin las transformaciones que han tenido lugar en el mundo social con las transformaciones del mundo de la identidad personal. Te sitas, en cierto sentido, en una lnea de trabajos que podemos considerar clsicos, como por ejemplo los de los frankfurtianos, pero tambin los realizados por socilogos e historiadores norteamericanos como Richard Sennett y Christopher Lasch. Se perciben tambin los planteamientos crticos de Michel Foucault, pasando por toda una tradicin de antipsiquiatras como la de Franco Basaglia. Te reconoces en esta tradicin?

S. Yo hice la tesina de licenciatura en medicina sobre la izquierda freudiana. Me centr en la polmica de Marcuse con el revisionismo de Erich Fromm. Le entonces a todos los pensadores radicales de la dispora nazi que cayeron en mis manos, a los llamados por algunos los hijos renegados de Heidegger. Herbert Marcuse me sigue pareciendo un pensador que al estudiar los mecanismos de la desublimacin represiva, la represin sobrante, o al insistir en los anlisis freudianos sobre las relaciones del dinero con la mierda acumulada y el carcter anal, ilumina el aspecto subjetivo de la ecuacin marxista sobre la relacin venta de vida y tiempo de trabajo, una ecuacin plenamente vigente en la actualidad.

Por eso cuando Giddens mete en el mismo saco a toda la izquierda freudiana, incluidos Foucault y Sartre, y cuando los caricaturiza desde el fracaso de la revolucin sexual de Reich, me parece que est intentando un falso jaque mate al pensamiento radical. Giddens sostiene que en la vida cotidiana no se produjo la revolucin sexual que soaba esa izquierda, pero tampoco pervivi la represin patriarcal porque se estaba produciendo ante los ojos miopes de esa izquierda una revolucin sentimental. Su opinin prepotente y rotunda me parece un juicio similar al del fin de la historia de Fukuyama. El intimismo dirigido desde una vanguardia feminista impuso efectivamente unas relaciones personales presididas por el sentimiento puro que permite la libertad postmoderna y reneg de las ilusiones revolucionarias sobre la centralidad de la transformacin del trabajo para la liberacin. Pero esa visin pastoril de Giddens sobre la historia me parece un sofisma: acierta en lo superficial y establece una convincente genealoga de cmo el amor sentimental iniciado por las escritoras protofeministas va ganando el mundo social imponiendo un intimismo emotivo que hoy domina un imaginario que dirige el inters utpico hacia lo subjetivo. Pero Giddens narra esa marginacin de lo social como un suceso espontneo, como una evolucin natural, cuando el intimismo es el resultado de toda una serie de derrotas en las luchas por forzar la historia y las relaciones de trabajo hacia la libertad. El refugio en las relaciones puras es un amor a palos tras haber destruido el mundo del trabajo como productor de subjetividades, o haber hecho desaparecer las formas de convivencia en el barrio como espacios de vida solidaria. Es sobre esa ausencia de los antiguos espacios de soporte social, sobre las ruinas de las escuchas espontneas del patio de vecinos, o la taberna, donde se reclutan los clientes de los centros de salud mental. Hay que buscar escuchas mercenarias y profesionales cuando esa relacin intima se quiebra y ya no hay un grupo natural en el que apoyarse. El refugio psi para un mundo despiadado es mejor que nada, pero no sin la nostalgia por un mundo piadoso. Ese reproche al mundo cruel falta en el panegrico de Giddens sobre las relaciones puras y la libertad postmoderna.

Sin duda lo que planteas acerca de que el compromiso sigue siendo importante, y de que hay que educar, elaborar el deseo, para que sea posible una cierta estabilidad personal y social, para que no todo se desvanezca en el aire, me parece muy pertinente. Uno de los problemas de Las transformaciones de la intimidad de Giddens, que fue discpulo de Norbert Elas, y que, aunque no puede, quiere hacer un libro a lo Elas, es que no se plantea en serio algo que se plante Elas y te planteas tambin t: cmo hacer compatible el nosotros con el yo? Pero cuando tu hablas de la necesidad de una tica social, cuando te refieres al compromiso personal, me parece que quizs habra que matizar ms. An a riesgo de generalizar excesivamente, creo que tradicionalmente fueron, y todava siguen siendo hoy, las mujeres las que hicieron un mayor esfuerzo para mantener esa estabilidad, para mantener las redes sociales, en definitiva, para mantener el equilibrio social. Histricamente las mujeres en nuestras sociedades desarrollaron toda una serie de actividades de cuidados, y por tanto de proteccin social. Pero eso podra implicar, por decirlo rpidamente, que esa sobreimplicacin de las mujeres hiciese que su yo se viese ms presionado en una direccin, y que su libertad personal estuviese ms coaccionada que la de los varones. Se produca as un desequilibrio entre el nosotros y el yo que les afectaba a ellas especialmente. En la actualidad hay un mayor equilibrio de poder entre los sexos pero hay una crisis de atencin y cuidados. El altruismo ha entrado en crisis, pues adultos y jvenes hoy en da no parecen estar muy dispuestos a sacrificarse por los dems porque estn en una pseudoafirmacin del yo, en un mundo en el que el placer inmediato parece est sobrevalorado. Retorna en estos tiempos una especie de carpe diem.

S. De hecho Giddens elogia con acierto el discurso del sentimentalismo romntico de las escritoras y lectoras de finales del siglo XIX, pues a su juicio fue un factor central en la revolucin sentimental que preside nuestra libertad postmoderna. Pero, creo que cuando idealiza hasta la caricatura ese logro de escoger amores sin ataduras se falsea aquel discurso que incluso en el folletn enfatizaba las desgracias del amor de la herona pobre a cuenta de la posicin social de su amado que tornaba imposible la unin. En las grandes novelas de ese tiempo, - Orgullo y prejuicio de Jane Austen, por ejemplo -, se ve bien como el dinero decide el destino de las parejas por encima de cualquier sueo de las almas bellas. Giddens pasa a suprimir esa determinacin, esa coaccin de poderes, y pretende que hoy vivimos libres de las determinaciones econmicas o de las tradiciones, que vivimos en relaciones flotantes presididas por la libertad sentimental, como sucede en la pelcula Pretty Woman en la que el millonario y la prostituta pueden encontrarse por azar y casarse. Esa descripcin me parece tramposa en el sentido de que los sentimientos y su gestin desde la infancia siguen estando hoy cautivos de unas disciplinas tan frreas como las antiguas.

Por otro lado cmo pueden los sentimientos convertirse en cemento social? Permanecer contigo mientras mi sentimiento me una a ti, me parece una formula suicida para cualquier relacin. Creo que hay que instituir un tipo de crianza que genere obligaciones morales, que se base en promesas y en sentimientos de deuda con la generacin anterior. Conviene articular la vida como un coger el testigo de nuestros antepasados porque ahora cualquier tipo de obligacin es vivido como represin, y eso est generando una educacin sentimental que, prometiendo el hedonismo, genera una infelicidad generalizada de inestabilidades y rupturas que de nuevo crean pseudonecesidades psiquitricas.

Curiosamente esa inestabilidad generalizada de los vnculos amorosos se est viendo sobre todo en la clase obrera, donde la ruptura de los matrimonios supera ya el 60% entre los que tienen entre 20 y 30 aos, pues la norma de estar en pareja solo mientras se est bien es ya un seguro de ruptura. En las paginas de divulgacin psicolgica del dominical de el diario El Pas se deca, como si se tratase de un axioma matemtico, que el amor dura un mximo de 5 aos y que luego se convierte en hbito. Si a eso se suma un trabajo inestable, una vivienda en malas condiciones, y un mercado inmobiliario prohibitivo para los jvenes, se generan unos saltos continuos de relaciones que en dos generaciones conducen a un caleidoscopio familiar que trastoca incluso la nomenclatura de las relaciones familiares clsicas. De hecho Giddens se pregunta quien es el abuelo de una familia en la que se han casado tres veces y se cran hijos de varias parejas sucesivas. Una rutina de la consulta psiquitrica consista en hacer el rbol genealgico, pero cada da es ms difcil hacerlo, pues los propios pacientes se sitan mal en sus historias familiares, y parece que tienen que inventar su identidad desde un lugar en ninguna parte, construyendo novelas familiares bastante fantsticas.

En la genealoga del nosotros el trayecto clsico que combinaba el ethos, - entendido como el conjunto de tradiciones que se integraban en una filiacin -, con la autorreflexin que construa el proyecto biogrfico, ha explotado, y ese vaco ha dejado paso a la necesidad de orientar en solitario las identidades sucesivas a partir del deseo y de la bsqueda de la autenticidad. S fiel a tu deseo, defindelo de lo inautntico (en este caso los inautntico son las convenciones sociales), es un discurso que condena a mis prjimos a ser simples constructos de mis sentimientos: el otro se convierte en un fantasma actualizado nicamente por mi amor proyectivo haca l. El nosotros postmoderno es solo la suma de mis objetos de deseo: un mundo que cancelo cuando les retiro mi afecto.

Volvamos a Giddens para poner en cuestin la psicologizacin que introduce en ese libro sobre la intimidad, algo a lo que Fernando y yo tambin nos hemos referido en un artculo que se public en Archipilago. Cuando Giddens se refiere a lo que l denomina la relacin pura, quizs yo no lo vea como tu. Ese arquetipo de relacin, al que posiblemente nicamente puedan acercarse algunas parejas de determinados grupos sociales, sean del sexo que sean, plantea la necesidad de introducir la negociacin para tomar decisiones, lo que puede interpretarse como cierta necesidad de democratizar las relaciones interpersonales. De hecho, aunque comienza a haber cambios, en la mayora de las parejas, incluidas las de la burguesa, cada uno sigue teniendo roles diferenciados, a veces complementarios, y no siempre se comparten decisiones relativas a la vida cotidiana, ni tampoco, con frecuencia, decisiones relativas a las grandes cuestiones.

Bueno, yo creo que s, que con el paso de la sociedad antigua a la moderna se fue ganado en ese equilibrio de poder, pero conviene que no nos dejemos cegar por el progreso. En la Tesis doctoral Una pareja, dos salarios de Sandra Moreno, de la que tu formaste parte del tribunal, se comprueba un desequilibrio de poder a favor del varn en la toma de decisiones sobre el gasto de las parejas estables: el cambio y eleccin de coche o electrodomsticos es cosa de hombres, y solo sobre el dinero menudo de la compra decide la mujer para procurar ahorrar. Por otro lado el concepto de micromachismos desarrollado por Bonino me parece pertinente para describir el repliegue del viejo poder masculino, o incluso la violencia de una intimidad presidida por el secreto. Frente a esa persistencia de los poderes reales de lo masculino el miedo en Giddens a la dependencia, a que una de las partes de la pareja termine en una especie de masoquismo moral que aguante cualquier sevicia por amor de tal forma que haga imposible la relacin pura, me parece una traslacin de los problemas de los profesores oxonienses a la vida del comn que no puedo compartir. Y es que entre las parejas trabajadoras un cierto grado de dependencia y compromiso no solo es algo normal sino necesario para no levantarse cada maana deshojando la margarita del me quiere todava? o yo ya no la quiero? Hemos pasado del hasta que la muerte nos separe al hasta que el sentimiento nos una. El salto va de un extremo al otro. Nada me parece ms ridculo que el lloroso abrazo de Bertrand Russell a una de sus mltiples esposas para confesarle que en el paseo matutino de antes del desayuno ha descubierto que ya no la quiere y deben divorciarse. Entre esos extremos quizs haya que introducir alguna promesa mnimamente estabilizadora, porque de otro modo es como la profeca que se cumple a si misma: si la relacin se basa en la actualidad del deseo, la autorreflexin crea una inseguridad automtica.

S, quizs entre la gente ms joven las cosas sean as. Pero yo sigo viendo entre gente de nuestra generacin, entre la gente que se suele denominar generacin del 68 con autonoma econmica y formacin cultural, que sobre todo los colegas masculinos casados suelen hablar sin rebozo de que tienen amantes. Nosotros solemos tomarles el pelo dicindoles que sus abuelos no se comportaban de forma muy diferente, y que si ya no les es grato vivir con sus mujeres por qu no se separan. Pero ellos dicen que eso no les conviene ni econmica ni afectivamente, que su situacin tal y como est es perfecta. As que hay que ver en qu consiste esa promesa estabilizadora, porque se puede seguir manteniendo un desequilibrio de poder entre hombres y mujeres, algo que no era el ideal de igualdad que nos prometamos cuando ramos jvenes.

Desde luego los vnculos estables no se corresponden con esa complacencia en ponerse los cuernos mutuamente, que es como el Manifiesto Comunista describe a la familia burguesa. Una de las criticas ms justas planteadas a Freud es su indiferencia ante Dora - una adolescente angustiada ante la promiscuidad de su padre y su tolerancia a las agresiones sexuales que ella est sufriendo - etiquetndola de histerica por no excitarse al ser besada por un amigo de su padre. Tampoco la relacin basada en vnculos estables tiene que ver con esa separacin entre amor tierno y amor sexual que Freud describe como especifico de las dos fuentes del Edipo en la pubertad. Freud afirma que el objeto ertico debe ser lo ms lejano del amor materno y que comporta relaciones con la prostituta para el sexo y con la virgen para el matrimonio. Justamente la necesidad de fusionar sexo y ternura ejemplifica lo hipcrita y lo imposible de esa doble relacin de la que hablas. El sexo, en su materialidad fsica, con la edad, tambin se convierte en un bien escaso y difcilmente repartible entre dos relaciones.

En todo caso las rupturas entre las parejas jvenes de la clase obrera son ms impulsivas y faltas de tiempo de reflexin o negociacin, pues como tienen pocos bienes materiales y simblicos que conservar y transmitir al primer conflicto se rompen. Las rupturas, en esas parejas de jvenes trabajadores, se producen por motivos banales. La cosa se enfri entre nosotros, me deca por toda justificacin una paciente divorciada a los 18 meses de casarse. Lo mismo que se cambia de trabajo, de ciudad, o de amigos, se cambia de relacin. Por otra parte el tpico de la madre sacrificada por los hijos y la casa, ya no funciona. En las clases populares cuando hay una ruptura a los nios los cuidan las abuelas, y los jvenes se emparejan de nuevo rpidamente sin que transcurra un periodo de duelo. Y a veces bajo el mismo techo viven familias recombinadas, con nios procedentes de varias relaciones, en una babel de sentimientos con implicaciones judiciales e invasin de asistentes sociales que vigilan el contexto de maltrato.

Me interesa lo que planteas acerca de la crisis de los espacios de seguridad, no solo el de la familia, que era una especie de refugio en un mundo muy duro, sino tambin el del trabajo fijo, o el de las relaciones de amistad slidas, pues cada vez ms la gente cambia de trabajo, de amistades, e incluso de ciudad. Entonces, en esa especie de flotacin de los sujetos, puede haber el peligro de una bsqueda de un tipo de seguridad autoritario, la necesidad de que alguien te ordene la vida. Percibes esa necesidad en la consulta, esa demanda que supone la renuncia a una cierta autonoma, y que puede referirse tanto al mbito personal, como al poltico?

La bsqueda del amo y el miedo a la libertad son temas clsicos del anlisis de la familia autoritaria, como pusieron de relieve los frankfurtianos. A mi juicio estos temas se actualizan en las asociaciones de enfermos mentales que empiezan a tener influencia y a ser tentadas por el dinero de la industria farmacutica. Algunas asociaciones de familiares de enfermos exigen cada vez ms una funcin de tutela autoritaria de los enfermos psicticos. Exigen unidades de psiquiatra cerradas, tratamientos neurolpticos obligatorios por ley, y aspiran a transformarse en una especie de cuidadores delegados. Consideran al psiquiatra como una especie de director de conducta que tiene la obligacin de proporcionarles las recetas para tratar a su hijo o a su marido en la vida cotidiana. Esta peticin de control privilegia un neoconductismo interpersonal, y convierte la casa en una especie de institucin total presidida por la disciplina y la tutela familiar respaldada por el psiquiatra. Si no obedeces llamo al psiquiatra y te aumenta la medicacin o te ingresa! As se podra formular una amenaza corriente en nuestros das contra los enfermos mentales. Yo a veces tengo problemas cuando me piden esa gua conductista que transforma la vida familiar en un espacio tcnico dirigido por estrategias aprendidas. Se ha pasado de la familia esquizofrengena, de la que hablaba la antipsiquiatra, a calificar de patolgica a la familia sobreimplicada en los cuidados del paciente.

Por otro lado, la funcin de gua emocional de los psi, de gerentes de lo intimo, se visualiza mejor en el tratamiento de los sndromes psiquitricos menores. Pacientes que solicitan direccin vital para decidir sobre amores y rupturas, prcticas de cuidados familiares, de control de vicios que antes se transmitan de generacin en generacin, ahora se pierden y exigen pericia tcnica: cmo criar a los nios, cmo cuidar a los viejos, cmo negociar cada crisis de pareja, cmo ser padres, cmo jubilarse sin traumas De todo lo que concierne a la vida surgen peticiones al psiquiatra de ayuda y gua vital. Pero los caminos de servidumbre son masivos, y se percibe tambin entre los hooligans, cuando buscan recrear los sentimientos de pertenencia a la ciudad o la lealtad a los compaeros con la brutalidad de la violencia futbolera dirigidos por algn boss fascista. La nostalgia del hogar, la bsqueda de seguridad en la tierra, que llev a Heidegger, y a tantos otros, a pactar con el fascismo, renace hoy en las multitudes.

Los obreros preservaron el taller como espacio propio: cuando llegaba el ingeniero caan piezas desde el techo, y reinaba en aquel espacio todo un sistema de sabotajes benvolos que haca huir a los extraos. Entre los obreros existan unos saberes secretos para el extrao soldar una piqueta hasta que brotaba un fuego azul que le daba la dureza ptima - que constituan rituales cercanos a las antiguas maestras medievales de las que el obrero moderno ha sido desposedo. Hoy el panptico y la presin de la individualizacin en el salario es tan fuerte que se fragmenta al grupo obrero. Un amigo que trabajaba en la naval como soldador, y que ahora trabaja en la Suzuki, me explicaba el cambio cotidiano: pasar de rituales colectivos de trabajo a una disciplina que exige pedir permiso para ir al bao, o a tener que mantener el taller sin un solo papel por el suelo, o a tener que anotar el tiempo empleado en elaborar cada pieza con el pelota y chivato de turno vigilndote. La mecanizacin de la cadena de produccin, que solo exige atencin robotizada sin habilidad alguna, convierte al nuevo trabajo en un infierno. Antes poda haber accidentes, mientras que en el nuevo trabajo hay una seguridad absoluta, pero varios de sus compaeros de la naval han hecho delirios de persecucin - el peligro amarillo - en el nuevo trabajo.

S, eso lo ejemplificas muy bien en Egolatra cuando hablas del moobbing, cuando analizas cmo esos cambios en el trabajo y en la conciencia de clase llevan a que se produzcan otros sntomas, a tener la insoportable sensacin de que van a por ti. La ausencia de las antiguas redes sociales, la individualizacin tan fuerte que hay ahora en el trabajo, introducida por la nueva economa y sus formas de control, producen en los trabajadores un agravamiento de la tensin psicolgica. Antes haba trabajos enormemente duros, pero los trabajadores encontraban cierto escape en ese tejido social que caracterizaba al trabajo de fbrica, en esas relaciones densas que se establecan entre los compaeros, mientras que ahora esas dificultades se personalizan de tal forma que los trabajadores creen que existe un complot dirigido directamente contra ellos. No encuentran formas colectivas de escape, formas de resistencia. El dolor es real, pues el trabajo es en muchos casos un tiempo de sufrimiento que incluye el atasco automovilstico de cada maana y tarde, que alarga el horario, pero, al personalizarse, se ha transformado en sufrimiento intimo transformado en necesidad de tratar el estrs.

S. Antes el trabajo daba significado a la vida de varias formas. Articulaba las edades del hombre en el transcurrir del tiempo: aprendiz, trabajador, jubilado. Era un medio de ganar dinero, pero tambin haba la perspectiva de llegar a algn tipo de maestra que era respetada en el barrio, al tiempo que el imaginario de clase creaba utopas lejanas (cuando llegue nuestro da) y resistencias cotidianas o espacios de poder obrero invisibles al patrn. Adems exista una continuidad entre vida y trabajo. Los obreros vivan en los mismos barrios, las familias se conocan, y las redes solidarias protegan a los compaeros y excluan a los esquiroles y trepas que a veces no podan ni acudir al lavadero o a la taberna. De ah que el taller y el comedor fabril fuesen una continuacin de la casa, y un verdadero consultorio sentimental (bastante machista por cierto). Ahora el trabajo tericamente es un espacio higienizado donde toda esa cultura de resistencia ha desaparecido. No hay categoras colectivas desde las que contarse el trabajo, y cuando surge sufrimiento por las relaciones de explotacin, ese dolor se personaliza, y eso es muy destructivo porque en lugar de buscar al grupo o las tradiciones para soportarlo tradiciones que en el antiguo sistema incluan la automutilacin para dejar el trabajo una temporada se interpreta la situacin en clave de autorreferencias persecutorias. Se substituye la figura del explotador por la del perseguidor y la lgica de la paranoia substituye al anlisis del conflicto de clases. Se est produciendo as una patologizacin masiva de la condicin de trabajador y las bajas mdicas por acoso son un reducto de tolerancias a la baja laboral contra la persecucin del absentismo laboral que preside los nuevos convenios colectivos

Desde el punto de vista de las alternativas polticas la tradicin marxista planteaba prepararse en el tiempo para la toma del poder, mientras que la tradicin libertaria, desde Proudhon, planteaba sobre todo la transformacin de los espacios cotidianos: crear mbitos acogedores autogestionados. En ese sentido me parece que fue un tanto catastrfico que en el reparto del patrimonio sindical no se les devolviesen a la CNT los locales que en justicia le correspondan, pues los libertarios siempre fueron asociativos y pusieron en marcha espacios acogedores, espacios de socializacin en la resistencia y la libertad. En ese sentido Basaglia, y una parte de la antipsiquiatra, conectaban bastante con esa vieja tradicin libertaria.

Absolutamente, y los ateneos obreros en los que se transmita una salud alternativa a la oficial, basada en el naturismo, fueron uno de los modelos de los centros de da creados por la antipsiquiatria como espacios libres que substituan al espacio y al tiempo manicomial. En idntico sentido la idea de cooperativas autogestionadas por expacientes como alternativa a la laborterapia conecta con el modelo libertario. Tambin la asamblea de enfermos y trabajadores como lugar de toma de decisiones no determinadas por las relaciones de saber y de poder procede de tradiciones importadas de la revuelta estudiantil. Recuerdo que Bassaglia contaba que cuando lleg al manicomio de Trieste su olor le record al de la crcel, y que inmediatamente incorpor estrategias de resistencia similares a las que el haba vivido como preso poltico. La derrota de la experiencia comenz con la profesionalizacin de las terapias ocupacionales, la jerarquizacin del personal y la quiebra de las asambleas.

Esa tradicin se ha abandonado, pese a que est en relacin con el cambio de las instituciones y con la defensa de las instituciones pblicas.

Efectivamente. En los hospitales, con la reciente dictadura de los gerentes, ya los jefes de servicio no discuten los criterios de distribucin y mejora del trabajo. El saber gerencial determina objetivos burocrticos - disminuir listas de espera para la primera consulta aunque la segunda se retrase cinco meses -, y reparte incentivos econmicos personalizados si se cumplen los planes sanitarios que desarticulan cualquier resto del espritu de equipo en favor de la cuantificacin productiva (curar 15 locos al da) y cumplir los rituales burocrticos de rellenar hojas estadsticas.

No hay participacin de los agentes sociales, y aunque en algunos pases se est poniendo por parte de los ayuntamientos en marcha el presupuesto participativo aqu los ciudadanos no deciden nada sobre sus ciudades ni sobre sus instituciones. No hay vas de participacin de la gente, algo que parece clave para que exista un pas mnimamente articulado y democrtico.

S, esa observacin es muy inteligente porque en algunos hospitales los principales enemigos de una reforma psiquitrica que exiga flexibilidad, y que todo el mundo cambiase sus roles, fueron los sindicalistas que insistan en la peligrosidad de los pacientes para cobrar un plus de peligrosidad, y nunca dejaron de vestir bata sanitaria. Manuel Desviat, que dirigi la reforma psiquitrica en Madrid, cuenta que cada vez que le vienen con los estatutos de los trabajadores en la mano se sube por las paredes porque, los celadores, por ejemplo, tienen tan reglamentado su trabajo que si se cumple al pie de la letra la reglamentacin se impide el trabajo real, pues el convenio dice que no pueden levantar ms de veinte kilos de peso, con lo cual el enfermo que necesita ayuda y pesa 60 queda indefenso. O no pueden llevar una historia clnica al piso de arriba porque segn el convenio su labor no obliga a salir de la planta. El hroe sindical se parece al escribano Bartleby que ante cualquier demanda responda impertrrito: prefera no hacerlo!

Conocemos algunos casos de trabajadores que trabajan para CC OO, es decir, en el propio sindicato, y este no les reconoce los derechos sindicales que los sindicatos exigen a las empresas. Por ejemplo, les suspenden el contrato de trabajo en el verano, y despus de un tiempo se lo renuevan o no en funcin de su docilidad a la empresa. Utilizan los mismos mecanismos que cualquier empresario duro: contrato de tres meses, castigos si protestan. No se entiende como se pueden producir estas paradojas tan fuertes cuando se supone que los sindicatos estn precisamente para que estas cosas no sucedan.

En los psiquitricos la quiebra del asambleismo libertario se propici por la creacin de esta aristocracia obrera de la que hablamos, que dejaron de trabajar y comenzaron a cobrar horas sindicales a precios de ejecutivos. No es anormal en la sanidad publica la trepa de sindicalistas hacia puestos de gerencia, ni de lderes de la reforma a consejeros de sanidad, con lo cual el desencanto y la sospecha ante cualquier proyecto solidario (qu buscara este?) predominan hoy en los hospitales pblicos que estn llenos de taifas. Yo fui representante en sanidad de la Corriente Sindical de izquierdas, y dur un ao. Exista una coalicin perversa entre peticiones demaggicas de los de abajo, y concesiones igualmente demaggicas por parte de la gerencia que imposibilitaban cualquier accin transformadora que siempre exige trabajo voluntario. La situacin de la conciencia obrera postmoderna me parece muy bien ilustrada por Simone Weil cuando deca que despus de trabajar unos meses en la Renault si le mandaban levantarse en el autobs o la insultaban consenta sin resistencia por lo humillada que ya sala de la fabrica. Weil deca tambin que solo lea el Vogue porque era mas anestsico que el opio.

Muchos jvenes universitarios, antes de entrar a trabajar, piensan que en el llamado trabajo flexible hay toda una serie de ventajas, pues ha calado bastante la ideologa de la eleccin personal para ser uno mismo. El neoliberalismo ha conseguido, en parte, a travs de la publicidad, hacer pensar en el cambio como algo positivo. Y no sirve de nada, por ejemplo, que, en la Facultad de Ciencias de la Informacin, los estudiantes vean como algunos de sus compaeros son explotados por algunos medios de comunicacin en los que empiezan a trabajar.

La mayora de los chavales creo que perdieron a la vez las nociones que articulaban el trabajo como vocacin, como aporte de afectos solidarios, y como resistencia a la explotacin. Han pasado a aceptar el empleo como puro ganapn, y entonces les da un poco lo mismo aceptar cualquier condicin laboral porque ya van al tajo derrotados y dispuestos a recibir los azotes. Ninguna sevicia les indigna, y responden ante todo autocompadecindose como ocurre en la zarzuela en la que se canta Pobres chicas las que tienen que servir. Y cuando ya no aguantan ms van al psiquiatra. Pero la novedad en la vivencia del sufrimiento laboral es la personalizacin de la explotacin, porque la queja no es ya que el horario o el ritmo de trabajo sean infernales, y que tienen que asociarse con los otros para limitar la explotacin, sino ms bien que el jefe tiene un carcter insoportable y que lo trata a l peor que a los dems. La individuacin resulta aqu de una miopa aterradora, y la definicin del moobing reafirma ese proceso. El dolor del explotado pasa as a metamorfosearse en algo ntimo, y, por tanto, a convertirse en un sufrimiento no colectivizable. La necesidad real de crear un comit de defensa de la dignidad en el trabajo se sustituye por la farsa de un psiquiatra.

S, eso est relacionado con lo que decas sobre el buen terapeuta que es aquel que a la vez que sabe escuchar es un buen mediador, es decir, alguien que es capaz de insertar a los sujetos en redes sociales para romper su aislamiento. En todo caso su funcin no consiste en seguir con ms personalizacin...

La idea freudiana de que el anlisis es un proceso interminable, lo ejemplifica bien el caso de El Hombre de los Lobos en el que biografa y tratamiento se superponen. Se produce as la llamada cronicidad de los trastornos mentales. En mi consulta de salud mental hay cientos de pacientes que llevan ms de 20 aos en tratamiento. Para ellos la figura del psiquiatra es la nica relacin estable. Cuando todo lo slido - trabajo, familia, iglesia- se disuelve, all est el psiquiatra que siempre proporciona blsamos para el agobio. La mera posibilidad de dar de alta al paciente genera una nueva crisis. El terapeuta que no quiera ser por siempre ese lenitivo de lo real debe mediar para que esas personas encuentren grupos naturales y relaciones no profesionales que les proporcionen esos vnculos serenos que antes poblaban lo social, y facilitaban el adis al psiquiatra. La idea de que los individuos solo pueden vencer sus angustias en el marco de unos vnculos y un ethos de afectos protectores heredados procede de Bolwy, un psiquiatra que observ como lo natural en la soledad infantil es la angustia, y como las madres, que son capaces de frenarla y generar serenidad, son aquellas que pueden desaparecer sin que los hijos teman al extrao porque saben que ella o algn otro cuidador los proteger. La figura del apego sereno, la buena madre, transfiere confianza en el grupo natural y convence al nio que solo en ese marco de una comunidad acogedora, basada en el derecho y el deber de cuidar a los dems, se pude florecer. Hoy las psicoterapias ofrecen un modelo opuesto: la buena madre es la que prepara al nio para un mundo indiferente, hostil. Y el sujeto maduro es aquel que se separa de cualquier objeto - dependencia no, gracias , para afirmarse en el egotismo de su deseo, sin sentirse en deuda con los dems. El terapeuta aconseja sobre inversiones afectivas, consuela en los duelos, protege de las culpas. Por eso la figura de El hombre de los lobos es interesante, porque es muy real: solo los blsamos de la psicoterapia permiten sobrevivir a los horrores de la Historia o de las historias familiares tan espantosas que le tocaron vivir a Sergio.

Y est comprobado que cuando la gente con problemas se inserta en redes sociales mejora de sus dolencias?

Sin duda. La psicoterapia no es habitualmente el proceso de esclarecimiento que descubre oscuros dramas edipianos o que ilumina traumas inconscientes, como aconteca en los grandes casos de Freud, sino un espacio de escucha, de aceptacin incondicional y de confirmacin de experiencias. Alcohlicos Annimos es un buen ejemplo de terapia silvestre: cuando los padres fundadores pierden la esperanza en las curas profesionales descubren la autoayuda grupal que ha reparado miles de vidas. El dilogo psicoteraputico pudo ser reproducido por sistemas cibernticos porque es una de las interacciones ms simples: cuando el programa detecta la palabra padre, madre, la maquina teraputica dice: hbleme de eso. Muchos de esos grupos que primero nacen entre mujeres, y luego se extienden por toda la poblacin para hacer yoga o bailes de saln, tienen esa funcin de terapia silvestre: ms all de una tarea trivial se tejen redes de escucha, confirmacin y apoyo mutuo. Lo malo es que suelen limitarse a ser grupos frgiles y transitorios que no articulan un discurso moral que se salga de los gustos comunes, y por ello aparecen y desaparecen sin dejar otras huellas en sus componentes, si se excepta alguna relacin a dos. Son redes efmeras que nacen sin futuro, que proveen de unas mini-identidades limitadas, y por ello no articulan esa confianza bsica en el cuidado que tenan las redes naturales de sociabilidad existentes en el barrio o en el trabajo estable.

Cuando dices que la consulta del psiquiatra es como una especie de coche escoba que va recogiendo los casos perdidos y abandonados por otros profesionales, se podra decir que es algo as como la imagen invertida de El Corte Ingls, cuyo lema es, somos especialistas en ti?

Los terapeutas son, por un lado los que escuchan a los que nadie quiere escuchar, (a m me han llegado pacientes enviados por su confesor), y, por otro, quienes dan esperanzas (casi siempre falsas) a los desesperados. A la consulta psiquitrica se llega por muchas vas, pero siempre parten de un fracaso: el nio con problemas escolares enviado por el pediatra, el trabajador incompetente o protestn al que el mdico de empresa enva para quitrselo de encima, la mujer implicada en conflictos familiares... Es como la seccin de reclamaciones de El Corte Ingls, por seguir con la comparacin. Son dramas relativamente sencillos, fracasos de comunicacin enredados en rencores familiares, duelos no resueltos, resentimientos por fracasos laborales acumulados. La psiquiatra es el coche escoba en el sentido de que recoge a aquellos que consienten con el dictado que sentencia que su dolor no tiene solucin cambiando su situacin real: vaya a un territorio psiquitrico, asptico y lejano, cambie all sus adentros para volver aqu a vivir de nuevo con buen animo la misma vida. Ante la derivacin psiquitrica no se plantea la crisis institucional, pues el sujeto psiquiatrizado asume su fracaso en tanto que alumno, trabajador, o madre y esposa, y acude a un taller de reparacin de la subjetividad para ver si un experto puede hacerle volver a su sitio sin los conflictos que producen sus sntomas. La imagen de la psiquiatra, como ocurre con la mano invisible de la postmodernidad, incide en el mismo imaginario: reducir cualquier conflicto a sus repercusiones intimas y reparar esos interiores. A las consultas psiquitricas empiezan a llegar nios, y sobre todo adolescentes, que son verdaderos monstruos morales, que apalean a los emigrantes sudamericanos, y que cometen todo tipo de tropelas, En vez de hacer frente al racismo de esos chicos, e imponerles normas morales, se les dice que no tienen empata con la gente de color, y se los reenva al terapeuta. La violencia femenina comienza a mimetizar a las bandas masculinas, y de nuevo se psicologiza: victimas y verdugos terminan en el mundo psi bajo nombres de acoso escolar. Pero es en el otro extremo de las edades del hombre, en la vejez y la muerte, en donde se perciben mejor las falsas promesas del intimismo. Cerrar la casa para ir a vivir y morir a un asilo, es el porvenir que espera a una parte importante de nuestra generacin. El abismo entre esa muerte annima, acompaada, en el mejor de los casos, por extraos compasivos, y la muerte de antao, rodeado de los prximos, descubre la miseria postmoderna. Reafirmar grupos naturales, recrear vnculos estables, cultivar la memoria y la pertenencia a colectivos con sentido del deber, supone cuidar a los otros, requiere reconocernos dependientes, y perder la hybris de la autonoma emocional y del egosmo postmoderno.

Guillermo Rendueles Olmedo es psiquiatra y profesor de psicopatologa en el Centro Asociado de la UNED en Asturias. Ha publicado, entre otros libros, El manuscrito encontrado en Ciempozuelos (1989), Las esquizofrenias (1990), La locura compartida (1993) y Egolatra (2005).



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