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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2007

Prlogo a "Las condiciones materiales de la libertad", de Daniel Ravents

Antoni Domnech
Sin Permiso


La editorial inglesa Polity Press y la espaola El Viejo Topo acaban de publicar simultneamente en ingls y en castellano, respectivamente, el libro de Daniel Ravents, Las condiciones materiales de la libertad. Como es habitual en las editoriales inglesas, Polity Press (Basic Income. The Material Conditions of Freedom, Londres, 2007) ofrece en contraportada varios juicios favorables emitidos por profesionales de reconocida competencia. Entre otros, ste del filsofo de Princeton Philip Pettit: La mejor introduccin a la Renta Bsica. El libro ofrece una historia de primer nivel de la idea de la Renta Bsica, desarrolla un potente argumento en su defensa y explora todas sus implicaciones. Por su parte, la edicin espaola va precedida de un prlogo de Antoni Domnech, que reproducimos a continuacin.

Quien por vez primera habl de derecho a la existencia fue Robespierre, en un discurso celebrrimo uno de los ltimos de 1794, para expresar la idea de que la sociedad debe garantizar a todos sus miembros, como primer derecho, el de existir material y socialmente. Thomas Paine habl un poco despus, en un escrito no menos afamado Agrarian Justice (1796), de la necesidad y la justicia de crear un fondo nacional mediante impuestos a la propiedad privada de las tierras, a fin de introducir una pensin vitalicia para toda persona actualmente viva (mayor de cincuenta aos) de 10 libras esterlinas anuales.

Ms an que la propuesta concreta en s, era interesante el estilo de su argumentacin normativa. Paine comenzaba distinguiendo entre la propiedad de la tierra, que deba ser comn, y la apropiacin privada de los frutos del esfuerzo en su cultivo, al que deba hacerse tambin justicia. Pero luego pasaba a mostrar los enormes daos causados a ms de la mitad de la poblacin por la propiedad privada agraria, preparando el terreno para justificar la necesidad de compensarlos:

El cultivo de la tierra es una de las mayores mejoras naturales jams hecha por la invencin humana. Ha decuplicado el valor de la tierra. Pero el monopolio de la propiedad agraria que empez con el cultivo ha generado tambin el mayor dao. Ha desposedo a ms de la mitad de los habitantes de todas las naciones de su herencia natural, sin ofrecerles a trueque, como debera haberse hecho, indemnizacin alguna por esa prdida, lo que ha generado una suerte de pobreza y de desdicha que no existan antes. Al abogar a favor de los as desposedos litigo por un derecho, no predico caridad.

As pues, la introduccin de una pensin vitalicia universal se justificaba como medida de justicia conmutativa severamente correctora del ingente proceso de desposesin masiva que haba sido la introduccin de la propiedad privada agraria, detentada en rgimen de monopolio por una minora.

La forma relativamente atemporal, que no a-histrica, de argir de Paine como si el proceso de desposesin se hubiera dado de forma continuada y gradual desde el descubrimiento mismo del arte del cultivo no debe inducir a confusin. Es evidente que Paine registraba el tremendo impacto de lo que Marx habra de calificar, ms de medio siglo despus, como voraz proceso expropiador de la acumulacin capitalista originaria, o de lo que, ya en pleno siglo XX, Karl Polanyi llam el molino de Satn, es decir: la destruccin de las ancestrales economas naturales y de intercambio simple en Europa por el avance acelerado del mercado y de la cultura econmica capitalistas en la segunda mitad del XVIII. Robespierre, que se haba percatado de eso con mayor concrecin, sagacidad poltica y consciencia histrica del tiempo que le haba tocado vivir, se refiri genialmente al avance de una economa poltica tirnica desposesora, a la que opuso un programa democrtico de economa poltica popular, capaz de garantizar el derecho de existencia de los desposedos.

Se puede observar el origen europeo de estas ideas republicano-democrticas de Paine y de Robespierre. Nada parecido se halla en el ala republicano-democrtica de los revolucionarios del otro lado del Atlntico septentrional. Claro que Jefferson comparta con Paine y con Robespierre la idea republicana de libertad (ser libre es por lo pronto no tener que pedir permiso a nadie para vivir, gozar de una base material independiente de existencia), as como menos radicalmente la idea democrtica de universalizar esa libertad por incorporacin de los pobres a la Repblica. Pero, ajeno por completo a los acelerados procesos de desposesin en curso en Europa (e insensible a la desposesin de los indgenas americanos), Jefferson sigui buscando la base social de la democracia republicana norteamericana exclusivamente en la universalizacin de la pequea propiedad agraria individual.

Este origen republicano-democrtico especficamente europeo de la idea de garantizar pblicamente de un modo universal e incondicional las bases de existencia material de las personas como un derecho histricamente derivado de la desposesin a que han sido sometidas por el desarrollo de una vida econmica tirnica y expropiadora haba sido largamente olvidado, salvo como objeto de curiosidad erudita.

No es casual que la vieja idea haya reaparecido con fuerza en las tres ltimas dcadas, coincidiendo con el avance arrollador de la llamada globalizacin, eufemismo con el que se conoce a una verdadera contrarreforma de todo punto poltica del capitalismo, y que es tambin un nuevo proceso gigantesco y acelerado de desposesin a escala mundial: de desposesin de los derechos sociales conquistados por 6 generaciones de trabajadores en el mundo entero, y particularmente en Europa y EEUU; de desposesin y puesta en almoneda por doquier de los bienes y los servicios pblicos acumulados merced al sacrificio y al ahorro de varias generaciones de poblaciones trabajadoras; de desposesin neocolonial y apropiacin privada del agua, de los combustibles fsiles, de los bosques y del conjunto del patrimonio natural (incluidos los cdigos genticos de especies vegetales y animales) de los pueblos del Sur; de desposesin y aun capitalizacin, en fin, de formas y mundos de vida social ancestrales o simplemente tradicionales. Todo ello acompaado, como no puede escapar ya a nadie que tenga los ojos medianamente abiertos, del recrudecimiento de las guerras de pillaje y expropiacin y del regreso de una mentalidad expresa y descarnadamente belicista como no se conoca desde el final de la II Guerra Mundial.

Philippe van Parijs, que es sin duda quien, como filsofo y como activista poltico, ms ha hecho en nuestro tiempo por revigorizar, defender con buenos argumentos y divulgar la idea de una renta bsica de ciudadana incondicional y universal, present su propuesta en su gran libro seminal Libertad real para todos [Paids, Barcelona, 1996] como un componente central de lo que urgentemente se precisa para salvar el modelo europeo avanzando un paso ms. Es decir, con cabal consciencia de que se trataba de defender algo que estaba sometido a intenso fuego cruzado enemigo la ciudadana social y con la esperanza de contribuir a la reorganizacin de una contraofensiva.

Han pasado ms de 10 aos desde que van Parijs escribiera ese libro y ms de 20 desde que publicara su primer alegato a favor de la renta bsica (un artculo coescrito con el economista holands Robert van der Veen con el sorprendente subttulo de Una va capitalista al comunismo). Lo menos que se puede decir es que en este tiempo las cosas han ido a peor. Para empezar, el capitalismo ya no es lo que era (el de ahora es mucho ms parecido al capitalismo depredador y desatado anterior a la I Guerra Mundial que al socialmente reformado y polticamente embridado de la segunda postguerra).Y no slo la izquierda europea no ha conseguido pasar a la ofensiva como era la esperanza de nuestro amigo, sino que ha seguido retrocediendo ella y avanzando con botas de siete leguas el programa neoliberal de destruccin de la ciudadana social en Europa: despus de los acuerdos de Maastricht (1993), vino la llamada estrategia de Lisboa (2000); y luego, la ampliacin de la UE a los pases del antiguo Este europeo que, vctimas ellos mismos de un atroz y despiadado despojo expropiador en los 90 sin apenas precedentes histricos, son usados ahora como demoledor ariete de un dumping social en el seno de la propia Unin. Y como culminacin, el intento, fracasado por el momento gracias al pueblo francs y holands, de blindar las polticas econmicas neoliberales a escala europea mediante una pseudoconstitucin confeccionada por una elite tecno-burocrtica espectacularmente horra de careo popular, y no demasiado inteligente, encabezada por el vteroliberal Giscard dEstaign (vstago de los fundadores de la Banca colonial de Indochina).

No slo en Europa las cosas han ido a peor, huelga decirlo, y es lo cierto que la nica zona del planeta que de verdad se ha sublevado hasta ahora frente a la contrarreforma re-mundializadora y re-desposesora del capitalismo es la Amrica latina. El alarmado desencanto con la llamada globalizacin se ha extendido con rapidez, segn deja presumir el hecho de que liberales de izquierda ms que moderada tan optimistas en los 90 como Joseph Stiglitz o Paul Krugman, ambos en el entorno del muy globalizador Presidente Clinton, o el propio ex-vicepresidente Al Gore, se hayan convertido en apenas un lustro en crticos radicales, y aun radicalsimos, de la misma.

Anlogo signo de alarmado cambio entre las gentes sensibles y de inteligencia despierta puede detectarse en el campo de la filosofa poltica. Nadie puede operar ya filosficamente a estas alturas con el transfondo tcito de la imagen congelada de la vida social y poltica del capitalismo reformado y relativamente apacible de los aos 60 y 70. Se ha hecho imperiosa la necesidad de comprender los mecanismos y la dinmica causal del desastre desposesor de la mundializacin contrarreformadora, si quiere oponrsele normativamente algo ms que buenos propsitos y bonsimas palabras. Y de la mano de esa necesidad va, por lo pronto, la percepcin ms o menos clara de las limitaciones de las teoras polticas normativas ideales (voluntariamente abstradas del problema de la capacidad de los ciudadanos para observar normas, y por ende, de los problemas de diseo institucional), a-institucionales (voluntariamente abstradas de la configuracin institucional de la vida social, y muy sealadamente, de la dinmica causal de las instituciones reguladoras de la propiedad) y a-histricas (voluntariamente abstradas, entre otros, del problema de la reparacin acumulada en el tiempo de daos injustos) que han dominado la filosofa poltica acadmica de las ltimas dcadas. Porque, como dijo va ya para tres cuartos de siglo, en momentos de parecido desjarretamiento poltico, social y espiritual, un agudo crtico de la epoch husserliana, t puedes muy bien encerrarte en ella totalmente abstrado del mundo, que cuando, tarde o temprano, vuelvas a l, tendrs al diablo en persona esperndote.

El que tienes en las manos, lector(a), es un libro intelectualmente honrado, y no es ni poltica ni acadmicamente innecesario. Que ya es mucho decir de un libro, en los tiempos que corren y en las latitudes que habitamos. Pero el breve y enjundioso texto de mi amigo, colega acadmico y compaero de luchas polticas Daniel Ravents, adems de ser excelentemente breve y enjundioso, es sobre todo muy oportuno. Precisamente por eso: porque propone una defensa de la Renta Bsica que, acaso por recordar por vez primera con primorosa justicia el origen de la propuesta en las preocupaciones del republicanismo democrtico-revolucionario europeo de fines del XVIII, consigue revivir el estilo filosfico-normativo del mismo, que tan dichosamente hered el socialismo marxista del XIX y tan desdichadamente olvidaron los liberalismos y el grueso de los socialismos del siglo XX. Ojal que esta defensa republicana no-ideal, institucional e histrica de la Renta Bsica provoque saludables discusiones que hagan avanzar, con la de la propia Renta Bsica, las causas de la democracia republicana y de un socialismo a la altura de los tiempos.

Antoni Domnech es catedrtico de Filosofa de las Ciencias Sociales y Morales en la Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad de Barcelona. Su ltimo libro es El eclipse de la fraternidad. Una revisin republicana de la tradicin socialista, Barcelona, Crtica, 2004. Es el editor general de SINPERMISO.



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