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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2007

22 de septiembre: da sin coches
A velocidad de bicicleta

Florent Marcellesi
www.jovenesverdes.org


En los aos setenta el ecologista Ivn Illich escriba no sin malicia: el socialismo [] no puede venir a pie, ni puede venir en coche, sino solamente a velocidad de bicicleta. Casi cuarenta aos despus, no se le habr escapado a ningn exegeta que el socialismo ha quedado malherido en la carretera y, sobre todo, que el coche contina su marcha triunfal. As, en esta ensima y tan cosmtica edicin del 'Da sin coches', Europa cuenta con un automvil por cada dos habitantes, estadstica que har peligrar la justicia mundial y la supervivencia humana cuando China y la India hayan alcanzado las pautas del 'maldesarrollo' occidental.

Como es bien sabido hoy en da, la humanidad se encuentra en una doble encrucijada: el desafo del cambio climtico y el techo del petrleo. El coche y su uso irracional no parecen desde luego una solucin adecuada, ya que provocan un aumento constante de emisin de gases de efecto invernadero y un consumo acelerado de las reservas de petrleo. La mejora de la eficiencia energtica de los automviles, tan alabada por los fabricantes, no tiene ningn efecto frente al crecimiento continuo de las ventas y de las nuevas infraestructuras viarias, puesto que estas mismas llaman a ms trfico. Por otro lado, la sustitucin milagrosa del oro negro por nuevas fuentes de energa tampoco resuelve el problema, sino que alimenta la creencia en la tcnica todopoderosa, motor agotado del progresismo desarrollista. El hidrgeno, que acta como una reserva de energa y no como una fuente primaria, reaviva los peligrosos nimos de los 'lobbies' nucleares, mientras los biocombustibles entran en competencia directa con las superficies destinadas a la alimentacin humana y a la biodiversidad natural.

A pesar de estas serias advertencias, la Unin Europea, Espaa y las comunidades autnomas no consiguen plantear el debate en trminos simples. Entre adultos que ya no creen en los cuentos de hadas, digmoslo claro: un sistema de movilidad basado en el coche nunca ser limpio ni sostenible. Partiendo de esta premisa emprica, esperamos ms de nuestras administraciones pblicas, todas ellas al remolque de sus compromisos con el protocolo de Kioto y poco proclives a adoptar medidas a la altura de la situacin. Por lo tanto, desde nuestra humilde condicin, quisiramos aportar algunas pistas en este da meramente simblico.

Como primer paso, una reforma de la fiscalidad hacia una economa sostenible podra ser uno de los pilares del cambio. Entre otras medidas, empecemos por tasar los coches particulares que emiten ms de 120 g/km de C02, tal y como plantea el Parlamento europeo. Adems de una reduccin de por lo menos 10 km/h en las carreteras y en ciudad (lo que representara una reduccin del 1% de la contaminacin atmosfrica), sigamos con la creacin como en Londres o Estocolmo de peajes urbanos para disminuir la congestin del trfico y transmitir el verdadero precio econmico del uso del coche para la comunidad y la naturaleza. Al mismo tiempo, integremos el sector de los transportes de mercancas al mercado de C02 y tasemos los bienes producidos segn los kilmetros recorridos.

Mientras van entrando estas imprescindibles nuevas fuentes de ingresos pblicos, invirtmoslas en su totalidad en la construccin de un modelo de movilidad alternativo y sostenible privilegiando los modos de transporte limpios, pblicos y complementarios. Financiemos nuevas lneas y servicios de autobuses, tranvas, metros o trenes de cercanas ms frecuentes y regulares, a sitios ms alejados, as como infraestructuras necesarias para el desarrollo del transporte de mercancas por va ferroviaria, martima y fluvial. Empleemos tambin estos fondos para campaas de fomento del alquiler de automviles en lugar de la compra (utilizacin restringida para fines de semana o recorridos largos) y del coche compartido. Adems, no dudemos en prohibir como en Noruega los anuncios comerciales que vinculan contra toda evidencia el sector automovilstico con la ecologa.

En este nuevo marco, la bicicleta ocupa un lugar central, ya que la mitad de los desplazamientos urbanos en coche se realizan en recorridos menores de tres kilmetros con una sola persona por vehculo. En vez de convertirla en una operacin de marketing y destinarla principalmente a turistas y al ocio, como es el caso de Madrid o Bilbao, miremos los ejemplos cada vez ms numerosos de uso de las bicicletas orientadas a los trayectos domicilio-trabajo. Ciudades como Pars y Lyn, seguidas por muchas otras ciudades europeas, cuentan con servicios de alquiler ubicados en estaciones intermodales (salidas del tren, del metro, del tranva, del autobs o de los aparcamientos disuasorios en las afueras de las ciudades). La complementariedad de los diferentes modos de transporte es clave, y el billete nico a un precio muy asequible en toda la red es una piedra angular. Es ms, una adecuada financiacin y gestin y una no inversin en infraestructuras dainas como el tren de alta velocidad en el Pas Vasco o el cuarto cinturn en Barcelona podra llevar incluso a la gratuidad total de los transportes pblicos, como ocurre en Hasselt (Blgica).

Por supuesto, todas estas polticas no tendrn mucho efecto si no se insertan en una visin ms amplia de un urbanismo y una ordenacin territorial basados en una revalorizacin del medio rural y en el desarrollo de ciudades policntricas, densas y no estructuradas alrededor del coche sino vertebradas a lo largo de la red de transporte pblica. Adems de unas polticas sostenibles de suelos y vivienda para frenar la escalada de precios en los centros urbanos, reduzcamos en los planes urbansticos el espacio fsico reservado al coche, acentuemos la mezcla de actividades sociales, culturales y econmicas, y fomentemos los pequeos comercios frente a la dispersin urbana y los grandes centros comerciales.

Por fin, si se apuesta por los biocombustibles, que se haga de manera razonable y con unos criterios ecolgicos y sociales bsicos. Privilegiemos la produccin de energa mediante la utilizacin racional de la biomasa ya existente o de cultivos no alimenticios, no dainos para el medio ambiente y preferentemente a escala local, sin que sea necesario plantar nueva biomasa e importarla desde otros continentes.

Una vez hecho este breve repaso de alternativas y pensando en nuestro querido compaero Illich, slo nos queda desear que la sociedad sostenible no se haga esperar tanto como el socialismo y actuar para que sta se encuentre a un paso de bicicleta, por supuesto!

Florent Marcellesi es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y Coordinador nacional de Jvenes Verdes ([email protected]).

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Ms informacin:
Florent Marcellesi, Coordinador de Jvenes Verdes
[email protected] - 628334891
Carolina Lpez, Coordinadora de Jvenes Verdes
[email protected] 657600348


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