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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2007

Las mentiras de la democracia

Manuel Millera
Rebelin



Un da cualquiera los pasajeros escuchamos sin querer por la emisora del transporte pblico, a varios tertulianos de la radio poner a caldo al seor Evo Morales. Decan que se estaba desviando, que estaba perdiendo las esencias de la verdadera democracia y me pregunt cmo es posible que se digan tantas medias verdades no contrastadas por nadie. Reflexion sobre si a eso (un lugar donde todos estn de acuerdo previamente) se le puede llamar una mesa de debate. A mi me da la impresin de que tenemos un envoltorio muy aparatoso para un regalo decepcionante. Que importan ms las formas que el fondo. Intentar explicarme. Las llamadas democracias occidentales presumimos de ser sistemas basados en la libertad del individuo, garantizada a travs de elecciones por sufragio universal y de tener la mejor organizacin social posible. Vivimos en un sistema poltico que presume ante todo de ser democrtico, en lo que ello supone de garantizar la realizacin de los deseos y expectativas de [email protected] sus [email protected], o al menos los de la mayora ganadora en las urnas.

Esta simple afirmacin nos sirve para mirar por encima del hombro al resto de sistemas del mundo y basta para deslegitimar de raz a muchos regmenes polticos extranjeros, sean tercermundistas, socialistas, islmicos, asiticos, latinoamericanos, algunos de ellos, incluso llamados despectivamente bananeros (vean Sicko la ltima pelcula de Michael Moore, donde se pone en evidencia al sistema sanitario estadounidense, en comparacin con una de estas repblicas bananeras). Pero es interesante recalcar que algunos de ellos, estn empezando a tomar decisiones que revierten en el inters de sus propios pueblos, por el mismo y evidente principio democrtico, puesto que para eso los han elegido, aunque sea afectando al beneficio de empresas con capital espaol. Este escrito pretende rebajar nuestros humos, evidenciar ciertas lagunas de nuestro supuestamente superior sistema poltico europeo. Por cierto, negado en referndum por los ciudadanos franceses y holandeses, por perder bastantes de sus colores en la paleta de lo social, sin que hasta el da de hoy, nadie haya dado una alternativa al mismo, ni una respuesta coherente. Doy por supuesto, que, en cualquier caso lo actual es mucho mejor que la democracia orgnica del rgimen anterior, donde, segn rezaba La Codorniz como parte meteorolgico reina en Espaa un fresco general procedente del noroeste.

Para empezar, es conocido que no existe una democracia participativa llammosla diaria para afrontar problemas que surgen, que antes no existiesen o no fuesen considerados relevantes. El ltimo referndum que podemos recordar fue el de la OTAN, donde la opinin de los ciudadanos, fue modificada a ltima hora por dos intervenciones del primer ministro, en aras a una futura entrada en la Unin Europea, acompaados de diferentes temores sobre las funestas consecuencias de la victoria del no. Pero desde hace 21 aos ha habido otras cuestiones que han preocupado a [email protected] [email protected], incluso desde mbitos menores, como el autonmico (el seor Ibarretxe quiere hacer uno y no le dejan) o el municipal (el aparcamiento subterrneo de la Plaza del Castillo en Pamplona) y donde no se ha realizado ningn tipo de consulta popular, aun cumpliendo punto por punto con las exigentes condiciones que imponen las propias leyes, que finalmente se han visto autoburladas por quienes deban hacerlas respetar.

Hasta el ao 89 el muro de Berln era un tema recurrente muy denostado por los contertulios. Sin embargo, otros muros construidos por las democracias como el de Ro Grande entre EEUU y Mxico, el levantado por Israel frente a los palestinos o sin ir ms lejos, los levantados en Ceuta y Melilla para detener la inmigracin hacia Espaa, no han merecido el mismo rechazo, ni mucho menos. La cada del teln de acero y el derrumbe de la Unin Sovitica en el 91, llev a los voceros del sistema de mercado, incluso los mejores diarios como EL PAIS que llenaron de pginas, confirmando la derrota definitiva del comunismo, y por tanto, la victoria de su contrincante. Los EEUU se vieron por fin despus de la guerra fra, como los reyes de un imperio donde nada ni nadie podra toserles. Pues bien, slo 16 aos despus, vemos que los ciudadanos de los pases del Este no viven ahora mejor, sino todo lo contrario. Son ms libres que antes en las cuestiones formales, pero no pueden hacer lo que quieren porque el salario no les alcanza, ni para lo que antes era gratuto. Y lo paradjico es que, justamente ahora que no tiene enemigos directos, el imperio languidezca por sus propias contradicciones y slo se espera el da no muy lejano, en que China pase a ocupar su lugar. Acaso es de recibo que el control del nmero de votos en los EEUU, sea controlado por ordenadores dependientes de programas y empresas privadas? Muchos analistas sospechan de las dos ltimas elecciones presidenciales.

Para continuar, decir que cuando (cada cuatro aos) se nos pide opinin, las alternativas son cada menores, la abstencin aumenta sin cesar, los programas polticos (cuando hay) se vacan de contenido y se parecen ms, los ciudadanos se muestran hastiados y alejados de una poltica que parece un coto cerrado, ni demasiado honesto, ni demasiado interesante, aunque saben que es donde se corta el bacalao. En muchos casos incluso, cuando la voluntad del pueblo es clara en una direccin, como en los casos ya referidos de la constitucin europea en Francia u Holanda; del estatuto cataln, votado por el 81% de su parlamento; o en un ejemplo ms, la voluntad de cambio expresada por el pueblo navarro, se hace caso omiso de tal deseo, en base a razones, que como en el caso foral no entienden ni los propios dirigentes provinciales del partido gobernante. La capacidad de decisin de los polticos est cada vez ms recortada en base a altos intereses exteriores normalmente econmicos o militares (el acuerdo de bases militares estadounidenses, el Concordato con el Vaticano, el polgono de tiro de las Bardenas, las decisiones del BM, el FMI, o la CE) cuya profundidad e importancia no llegamos a comprender. El alcance de las decisiones de gobiernos y parlamentos se limita de manera progresiva a cuestiones cada vez menos importantes y las opiniones de votantes y periodistas a lo polticamente correcto.

Segn la ley dHont un diputado por Barcelona o Madrid cuesta muchos ms votos que uno de Soria o Huesca, lo que privilegia a las zonas rurales, en teora menos desarrolladas en lo social y cultural sobre las zonas urbanas. No son democrticas muchas de las decisiones de un gobierno por mucho que tenga mayora parlamentaria acaso lo es, por ejemplo, la decisin de echar a Rosa Regs de su puesto de directora de la Biblioteca Nacional, por ser coherente con su adjetivo de socialista? Vamos, sin duda, hacia el establecimiento de un sistema bipartidista similar al de los EEUU (vota el 25% de su poblacin) o Inglaterra, con todos sus defectos, derivados de una despolitizacin creciente, donde gana quien menos errores comete y haciendo ambos bandos una poltica bastante similar.

Los verdaderos centros de poder del planeta se encuentran lejos de parlamentos y cmaras. En los consejos de administracin de las empresas multinacionales, el Banco Mundial, el FMI, el CFR, el G-7, el siniestro Club Bilderberg, las sectas o logias secretas, los colectivos paramilitares, los parasos fiscales, y las mafias internacionales, todo ello en tiempos de calma. Y cuando las aguas de la estabilidad se revuelven o enturbian nunca faltan salvadores de la patria, que, colocando el sable encima de la mesa, llaman al orden y la unidad, cueste la sangre que cueste. Ustedes han pensado alguna vez en elegir a un militar para construir ms hospitales, para decidir si se construyen ms centrales nucleares o mejorar el problema del paro? Pero ellos no piensan lo mismo, creen estar enviados por la gracia de Dios como poda leerse en las antiguas pesetas, para salvarnos a [email protected] El ejrcito es una institucin por definicin antidemocrtica, en la que opinar es fuente de problemas, cuando no delito directamente. La guerra no es democrtica, porque a ella van los pobres (pagados o engaados) a defender los intereses de los ricos.

Los verdaderos negocios no son los legales, de vender naranjas, televisiones, o seguros de circulacin, sino los trficos clandestinos de armas, rganos, nios, drogas o mujeres a travs de un envoltorio perenne de corrupcin impuesto y extendido a todos los niveles donde existe una verdadera capacidad de decisin. No existe ningn control democrtico sobre ninguno de ellos. Los malpensados afirman que todo ello es deliberado para poder obtener unos beneficios muy superiores. Tiene algn sentido que las cotas de gobierno de lo pblico se entreguen a partidos que no creen en lo pblico (normalmente identificados con la derecha, pero no exclusivamente) y que potencian lo privado antes que lo pblico? Como dijo un presidente de la patronal de cuyo nombre no deseo acordarme: la mejor empresa pblica es la que no existe. Es como poner al zorro a cuidar de las gallinas.

No es democrtica la Iglesia, donde no slo no podemos elegir a su cabeza visible (que no pierde ocasin de decirnos lo que est bien y mal bajo amenaza del fuego eterno) sino que nos resulta muy difcil librarnos de su influencia conservadora en colegios, universidades, cadenas de radio y dems foros mediticos. Hasta la Unin Europea debe recordar a los estados espaol e italiano que la exencin de impuesto a la Iglesia no es una prctica permitida por ilegal. Si una institucin tiene actividades econmicas, debe seguir las reglas de la competencia, es decir, pagar impuestos. No es justo que paguen impuestos slo los que cobran a travs de una nmina, ni que los beneficios multimillonarios de las grandes fortunas vayan a parar a un lugar tan productivo como la sombra de las cmaras acorazadas de los bancos de los parasos fiscales. Yo no dejo de ver en mis sueos sin sentido a los millones de desheredados del mundo morirse de hambre o sed al lado de millones de dlares o montaas de lingotes de oro en stanos muertos de aburrimiento. Ambas muertes se podran contrarrestar mutuamente, si el dinero tuviese alma. Un estado por definicin laico, pero que abona religiosamente los sueldos de miles de sacerdotes y profesores, de una asignatura que estn empeados sea obligatoria, seas creyente o no, habiendo cuestiones tan bsicas como la educacin, la salud, la sexualidad o la ecologa que todava no lo son.

Tampoco es democrtica la banca, donde a la fuerza debemos depositar nuestros sueldos y ahorros, dado que la opcin de meter el dinero debajo de un ladrillo escondido dentro de un calcetn no parece muy prctica. Resulta del todo contradictorio que un bien tan social como es el dinero, expresin de la riqueza global de un pas, deba administrarlo un organismo privado con sus propias normas, sobre las que no podemos tener ni control ni casi acceso. Incluso para sacar una cantidad importante de tu propia cuenta corriente debes esperar dos das. Es totalmente justo que cada ciudadano pueda recuperar su dinero cuando quiera, pero es bien conocido que si una buena parte de los ciudadanos se pusiera de acuerdo en recuperarlo al mismo tiempo, se producira una crisis financiera por resultar imposible. Los bancos utilizan nuestro dinero para prestarlo a otro solicitante, y as sucesivamente, obteniendo unos beneficios mltiples que no le corresponden.

Sin embargo, en slo tres das (los pasados 9,10 y 13 de Agosto, durante la crisis de la bolsa) el BCE y los principales bancos pblicos de EEUU, Japn, Suiza, Canad y otros, inyectaron ms de 300.000 millones de dlares en los mercados para frenar el derrumbe de las bolsas, impidiendo la quiebra en cadena de bancos y otras entidades financieras y la generalizacin mundial del corralito argentino-francs. Un buen recuerdo de la crisis del ao 29 que hizo temblar los cimientos de un capitalismo egosta y antisolidario. Una prueba de que el sistema econmico no le hace ascos al intervencionismo estatal con nuestro dinero, cuando se trata de mantener llenos sus bolsillos. En los casos donde ambos factores se unen, la banca y la Iglesia, lase, en la Banca Vaticana (nombre comn dado al IOR, Instituto para las Obras de la Religin) de la que se dice que es la que lava ms blanco gracias al hecho de ser un tipo de banco muy especial y a que se trata de un paraso fiscal, el hedor de sus cuentas ya es algo insoportable y no parece ser ajena a dicha pestilencia la muerte de Juan Pablo I, que slo pudo ser infalible durante 33 das.

Y por fin, no es democrtica la monarqua dado que el puesto de jefe del Estado no est sujeto a votacin popular, sino a un derecho de bragueta hereditario donde no importa si el primognito es ms o menos desarrollado culturalmente, sino solamente que sea varn. El trmino monarqua parlamentaria es un concepto en s mismo contradictorio en su concepcin, una manera de querer ser a la vez crculo y cuadrado. La casa real ha decidido nombrar a un administrador de sus cuentas, no sabemos si porque hasta ahora era innecesario o porque el anterior lo haca muy mal. Ambas opciones resultan inquietantes.

Por lo tanto, segn mi humilde opinin, ni los europeos deberamos sacar tanto pecho por nuestro sistema poltico, ni entiendo que es tan democrtico como presume ser. Un ncleo creciente de [email protected] tenemos la sensacin de que nuestro sentir cuenta cada vez menos. Hay demasiadas zonas en las que nos hemos acostumbrado a andar a oscuras, sin poner las manos por delante. Demasiados sapos tragados durante aos de educacin y televisin teledirigidos y excesivas necesidades falsas que nos convierten en esclavos de un trabajo poco edificante y consumidores compulsivos de mercancas innecesarias. No es democrtico el empeoramiento de las condiciones laborales y sus siniestros (1.352 muertos en el ao 2006) el cncer por contaminacin, la arrogancia del coche privado en nuestro sistema de transporte (4.000 muertos al ao) el coste de la vivienda, la violencia domstica, el sexismo, el encarecimiento exagerado de la vida desde la entrada del euro, ni la sobreexplotacin de la Tierra que pide a gritos un minuto de descanso. Cualquier gobernante da por bueno un crecimiento econmico positivo, sin plantearse, lo que esto conlleva a cambio, ni si se podra gastar o consumir menos: la escasez de petrleo, la desertizacin, las inundaciones, los incendios y talas forestales, el calentamiento del planeta, la disminucin de la capa de ozono, las futuras guerras por el agua, o que el trigo y el maz empiecen a encarecerse de forma irracional porque pueden convertirse en combustibles.

Disclpenme, pero a mi esto de los tertulianos habituales que saben de todo, y discrepan lo mnimo, me recuerda mucho al cuento bblico de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Y dudo mucho que en todos los casos sea una miopa inconsciente. Cuando basta un granito de arena para arruinarte un da entero de playa, estos seores andan arrastrando su viga por los estudios de grabacin, un da tras otro sin acudir al oculista. Ser por eso que no pueden ver bien la realidad? Quiz las dejen aparcadas en el ropero de la entrada: La viga del Sr. Martnez, la del Sr. Cebollada... Algunos tienen tantas vigas que se podran hacer un chalet. Pero seguramente no les hace falta, porque ya se lo ha regalado su jefe, por halagarle los odos. A algunos de ellos les he escuchado pronunciarse en contra de la prostitucin. Pensarn que es ms inmoral vender el culo que vender el cerebro? Paradojas de nuestra democracia. Seamos crticos, levantmonos de la dejadez, lea tambin prensa alternativa, apague la televisin, no crea la voz de los que mandan. Ni se crea tampoco nada de lo que acaba de leer. Podra ser todo absolutamente falso.



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