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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2007

Otro mundo, peor, es probable

Carlos Taibo
La Repblica


La apuesta inmoderada, a la que asistimos, en provecho de una planetaria desregulacin alimenta un caos que bien puede hacer que la globalizacin escape a los intereses de quienes la pusieron en marcha. Dos seales auguran ese horizonte: si la primera es el designio de olvidar el papel que los Estados, colchones mitigadores de tensiones, han desempeado en el pasado, la segunda invita a escarbar en las secuelas de la contabilidad creativa. No puede ocurrir que la universalizacin de las prcticas ocultatorias conduzca a un escenario en el que lo principal no sea ya la inadecuacin de las frmulas abrazadas, sino, antes bien, una insorteable imposibilidad de conocer lo que sucede? Al amparo de un capitalismo que va perdiendo los frenos, no ser que el sistema ha dejado de emitir seales de dolor que permitan identificar sus dolencias?

El optimismo desenfrenado que acompa al fin de la historia fukuyamiano se ha desinflado al calor del caos del que hablamos. Esto ha sucedido en las propias sociedades opulentas del Norte, en las que las generaciones ms jvenes han comprobado cmo la sensacin de progreso que acompa a sus padres y abuelos se ha difuminado. En el Sur, entre tanto, se revela por doquier la incapacidad del capitalismo global para resolver problemas bsicos en trminos de justicia y relacin llevadera con el medio. Aunque todo lo anterior, adems de obligar a reflexionar sobre la idoneidad contempornea del mercado, augura un renacimiento de los movimientos de contestacin, prefigura tambin un escenario propicio para una suerte de obsceno darwinismo social como el que blande una nueva derecha que, alejada de efluvios ultramontanos, preconceptos religiosos y nacionalismos esencialistas, ha hecho de un liberalismo extremo su sustento fundamental. Cobijada tras el libre comercio y los alardes tecnolgicos que acabarn por aligerar, como por arte de magia, todos los problemas, esta nueva derecha postula una estricta seleccin natural que debe dejar en el camino a quienes no estn a la altura de las circunstancias, esto es, a los desheredados de siempre. Que el fenmeno no es ni marginal ni coyuntural lo testimonian por igual las querencias del actual presidente norteamericano y el hecho de que buena parte de la socialdemocracia haya aceptado los cimientos de ese discurso.

El liberalismo exultante bebe, claro, de un olvido: el de que en el magma del capitalismo global no operan agentes con similares capacidades y oportunidades. Cuando se esquiva este hecho, es fcil que las crticas, a menudo fundadas, contra el intervencionismo keynesiano conduzcan a la inequvoca conclusin de que el capitalismo y el mercado en sus versiones ms extremas configuran la panacea resolutora de todos los males. Por detrs rezuma otra supersticin: la de que existe un desarrollo natural de las fuerzas productivas que, casualmente vinculado con el capitalismo, debe quedar al margen de toda correccin. Semejante parafernalia obedece, claro, al propsito de ratificar atvicas exclusiones y desigualdades.

Agreguemos que el razonamiento de nuestro liberalismo destemido gusta de abrazar la idea de que, en aquellos casos, numerosos, en los que las evidencias sugieren que el capitalismo no ha dado respuesta convincente a los problemas ms elementales, ello es as, sin ms, por cuanto no se han aplicado consecuentemente sus reglas. Otro de los estigmas del momento es el que conduce, en fin, a una suerte de radical negacionismo en lo que hace a cuestiones tan enjundiosas como el cambio climtico y la caresta de las materias primas energticas. Quiere uno creer que el empeo de negar con firmeza que la especie humana est daando, de manera acaso irreversible, sutiles equilibrios revela, del lado de nuestros liberales, una incipiente conciencia en lo que atae a la incapacidad del mercado, de la mano de su designio de privilegiar los intereses individuales, para aportar remedios a agresiones medioambientales y procesos de agotamiento de recursos cuya magnitud ha retratado la abrumadora mayora de los expertos.

Aunque no faltan quienes esperan hacer negocio del cambio climtico, no parece que tales esfuerzos vayan a torcer la apuesta general. Uno de los adalides del liberalismo exultante, el presidente checo Vaclav Klaus, sostiene impertrrito que, como "los marxistas" antao, "los ecologistas" de hoy quieren sustituir caprichosamente "la evolucin espontnea de la humanidad" por "una planificacin centralizada y mundializada". Mientras, los defensores del capitalismo global siguen ofreciendo maltrechas respuestas a retos que cada vez son menos los nuestros. Ah est su empecinamiento en sostener que la globalizacin es la principal garanta de crecimiento, en abierto desprecio de las opiniones de quienes al margen de dudar de lo anterior muestran una cristalina conciencia de las numerosas lacras que acompaan a los proyectos que se remiten en exclusiva al mentado crecimiento. Como bien deca Manu Chao en uno de los programas de Voces contra la globalizacin, "este neoliberalismo salvaje no es una propuesta de futuro. Slo funciona a corto plazo. Quienes estn ah arriba no son sino depredadores".

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Autnoma de Madrid.



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