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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2007

Che y cuarenta

Joseba Macas
CubaInformacin/Rebelin


Me gustara compartir con vosotros-as en las prximas lneas una pequea reflexin en torno a la herencia y vigencia de la obra del Ch, precisamente en estos das en los que se cumple el 40. aniversario de su asesinato en tierras bolivianas. Una reflexin que parte necesariamente de la Cuba que l am y desde la que os escribo y en la que, pese a las contradicciones de un proceso de luces y sombras (humano, demasiado humano) que sigue adelante entre chavitos, turismo y sueos postergados, la figura de Ernesto Guevara es reivindicada como en ninguna otra parte del mundo.

Es verdad que en la Plaza de Armas de la Habana Vieja se venden en moneda dura los libros de economa del Ch o que su figura sigue siendo acuada por el Banco Nacional cubano en billetes de tres pesos, paradojas caribeas, pero paralelamente es en esta isla revolucionaria donde la reivindicacin del legado de Ernesto Guevara est ms vigente que en ninguna otra geografa. Quiz porque nadie como los cubanos han entendido, como sealara el poeta y trovador Vicente Feliu, que nuestro deber, Ch, es defenderte de ser dios. Y creedme si os digo que esto no es nada fcil en una sociedad educada en la mstica revolucionaria, en una sociedad que ha crecido entre consignas y seremos como el Che, o entre los muchachos y muchachas de una sociedad que hoy como ayer llevan la efigie de Guevara en sus pullveres, la colocan en sus paredes o portan su estampita en la cartera como un santo protector al lado de Camilo y a la izquierda de Chang, lo contaba Frank Delgado.

Hace diez aos, con motivo de la evocacin del aniversario 30. de su asesinato, apareca en esta Isla un documento excepcional: se trataba de una entrevista en la revista mensual Tricontinental al comandante Manuel Pieiro Losada, ms conocido como Barba Roja. Por primera vez el que fuera mximo responsable de la Direccin General de Inteligencia del Ministerio de Interior de Cuba en aquellos convulsos aos 60 decida hablar sobre Ernesto Guevara y sus vnculos con el movimiento revolucionario del Tercer Mundo, uno de los secretos mejor guardados por la Revolucin. Pieiro, compaero de la conocida pensadora marxista chilena Marta Harnecker y que morira en 1998, expone en la entrevista una serie de elementos de capital importancia para ubicar en su verdadero contexto el compromiso de Guevara y, paralelamente, para mostrar su vigencia en este mundo uniformizado por las teoras y las prcticas de la globalizacin y el neoliberalismo.

Barba Roja habla de aquellas reuniones eternas presididas por un termo de agua caliente, una bombilla, mate y un tabaco en la boca del Che, siempre con un mapa central como referencia. De la serie de encuentros que se propiciaron, en aquella Cuba efervescente, entre Guevara y los dirigentes revolucionarios del continente como los nicaragenses Fonseca o Borge, los guatemaltecos Lima o Ramrez, los peruanos Bjar o Heraud, los peronistas argentinos, los guerrilleros colombianos, los salvadoreos, los uruguayos, los venezolanos, los chilenos En definitiva, con buena parte de los lderes de la izquierda latinoamericana, siempre con el objetivo claro de expandir la prctica solidaria de la revolucin cubana a todo el continente. Siempre con el objetivo claro de integrarse en la batalla liberadora en otros pases de Amrica Latina.

Nos situamos as ante un primer tema de absoluta actualidad en el pensamiento de Guevara: su concepcin internacionalista. Cuarenta aos despus de su muerte y en plena ofensiva ideolgico-cultural de este nuevo viejo orden internacional, es innegable que la actual situacin del mundo y en particular de Amrica Latina y del Caribe presenta notables diferencias respecto a aquella sobre la que el Ch reflexion. Ahora bien, como seala el socilogo cubano Luis Surez, sera una simplificacin an mayor aseverar que los problemas actuales del continente son radicalmente distintos a los que existan en aquellos aos 60. Por el contrario, todas las evidencias indican que a pesar de, o quizs por todos los cambios mundiales y regionales acaecidos desde entonces hasta ac, la mayor parte de las naciones de Amrica Latina y el Caribe, aunque han modernizado sus economas y sus sociedades, aunque han obtenido ciertos mrgenes de autonoma en sus relaciones polticas y econmicas internacionales, esencialmente no han podido superar su desarrollo desigual y distorsionado.

En Amrica Latina, es cierto, existen todava 200 millones de pobres. De ellos, 190 millones son pobres absolutos, para una tasa regional que se sita en el 44,9% del total de la poblacin. En Amrica Latina hay un 15,5% de analfabetismo mientras que la escolaridad media slo alcanza al 45% de la poblacin. Junto a la pobreza manifiesta de amplios sectores sociales, la doctrina neoliberal ha intentado reducir la vida de millones de latinoamericanos y latinoamericanas a una mera supervivencia, imponiendo as el instinto como nica alternativa de lucha. Las calles de Amrica Latina estn llenas de nios-hombres y nias-mujeres que no pueden explicarse el por qu ni el para qu de sus vidas. Como seala un analista mexicano, son simples espectadores de la felicidad de los otros y ante sus risas, aprenden a negar la propia. De esta forma, Amrica Latina es la regin ms violenta del mundo con un promedio anual de 30 asesinatos por cada 100.000 habitantes, ms del doble que en cualquier otra parte del planeta.

Pero detrs de las cifras se sita tambin la consciente realidad de este continente de la esperanza, como lo definiera Salvador Allende, un continente que perfila los cambios en su capacidad de lucha y de resistencia, al igual que hace cuarenta aos; al igual que hace un siglo. O cinco. Y as lo demuestra el proceso de transformaciones socio-polticas vividas en Latinoamrica en este nuevo siglo con la llegada al poder de gobiernos progresistas y transformadores de norte a sur y de este a oeste del continente haciendo realidad en la prctica muchas de las predicciones de Guevara.

Permitidme, al hilo de estos datos, que os proponga un pequeo ejercicio de poltica-ficcin, de esos que gustan tanto en los ateneos europeos, al margen de otro tipo de prcticas sobre el cambio social. Dnde estara actualmente el Ch?. Quiero decir, creis que podra ser hoy, con sus 79 aos, un asesor por ejemplo de la Internacional Socialista? O acaso un compaero de mate y de tertulias en la selva de Lacandona o en la casa en La Paz de Evo? Le situarais en esta Cuba actual, contradictoriamente revolucionaria? O quiz en un apacible retiro argentino mientras espera la puesta de sol en la selva de Misiones para continuar la escritura de sus memorias? Simple cuestin de agudeza ideolgica admitiendo ms de una respuesta-solucin

En estos das del aniversario de la muerte de Ernesto Guevara de la Serna, vuelven a proliferar las biografas, las radiografas, los estudios cientficos sobre su pensamiento, los ensayos, las evocaciones, los anlisis psicolgicos Para los autores de alguno de estos ilustres trabajos, su militancia se explicara por su condicin de asmtico, por sus complejos, sus obsesiones, sus delirios de grandeza o su carcter inestable. Fruto de un contexto y de una poca, el pensamiento del Ch quedara as excluido de toda reivindicacin actual, como si realmente fuera imaginable, por ejemplo, que la cada del Muro hubiera desarmado ideolgicamente a un hombre que ya desde los primeros aos 60 haba venido denunciando el carcter autoritario y burocrtico de lo que ya algunos-as (y muchas veces con la boca pequea) haban denominado socialismo real. Este aspecto, adems, nos sita ante otro elemento de indudable actualidad en el pensamiento de Guevara: su humanismo revolucionario, una aportacin de especial importancia ante realidades como la nuestra.

En el discurso pronunciado por el Ch, siendo ministro del gobierno revolucionario cubano, en la ciudad uruguaya de Punta del Este en agosto de 1961 con motivo de una reunin del Consejo Interamericano Econmico y Social de la OEA, aparece claramente expresado este espritu esencialmente humanista:

Djenme sealarles deca Guevara- a riesgo de parecer ridculo, que el revolucionario verdadero est guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario autntico sin esa cualidad.

Palabras de un romntico, sin duda alguna. De un, como dijera Paco Ignacio Taibo II, "marxista primitivo que no se parece en nada a la mayora de los marxistas latinoamericanos". Ni a los europeos, podramos aadir nosotros-as

Su vocacin inicial fue la de mdico revolucionario en funcin de la humanidad. Despus guerrillero internacionalista al incorporarse a la lucha insurreccional en Cuba. Luego asumira las funciones de organizador y constructor de la nueva sociedad socialista, para finalmente retornar a la lucha guerrillera junto a otros pueblos del mundo. Un crculo completo de ideas y de accin. Todo ello articulado en torno a tres pilares bsicos en su pensamiento: su humanismo marxista, la moral del combatiente revolucionario y su concepcin sobre el hombre nuevo. Creis de verdad que han perdido actualidad estos postulados?

El ncleo central del pensamiento tico del Ch es precisamente el hombre y la mujer nueva, en sus palabras los actores de ese extrao y apasionante drama que es la construccin del socialismo, en su doble existencia de seres nicos y miembros de la comunidad. Un objetivo a alcanzar en el proceso de transicin socialista. Un sujeto activo, inmerso en las mltiples y complejas tareas propias de la transformacin revolucionaria. La tesis del Che es clara: frente a la mercantilizacin de la vida , la solidaridad y la tica de la dignidad colectiva.

Para Guevara, la transformacin social se realiza en funcin del ser humano y ste, sujeto activo de esta transformacin, se modifica a s mismo en el proceso revolucionario, adquiriendo nuevos valores.

El humanismo marxista del Che tiene como antecedente su amor juvenil a la humanidad, plasmado en la esfera individual. Este amor, como sealan las economistas cubanas Elena Daz y Delia Luisa Lpez, fruto de su sensibilidad ante el sufrimiento, le impulsa a modificar su vocacin profesional, inicialmente dirigida hacia la ingeniera, dedicndose a estudiar medicina. En sus viajes juveniles por Amrica Latina, el Ch observa de primersima mano la miseria, el hambre, la injusticia, las enfermedades, la explotacin. La opcin est tomada: Para ser mdico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolucin.

En el combate, su actitud ser tambin reflejo de una concepcin tica esencialmente revolucionaria. Parafraseando a Mart, el Che seala que es criminal quien promueve en un pas la guerra que se puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable. Valenta y capacidad de sacrificio. Lucha y solidaridad. Pero una lucha que debe contar siempre con un aliado imponderable como es el pueblo

Llegamos as al concepto del hombre nuevo-mujer nueva , un concepto de indudable actualidad, que nos habla de la problemtica del ser humano como sujeto activo y consciente en la construccin de una nueva sociedad. El comunismo ser as, para el Che, un fenmeno de conciencia y no solamente un fenmeno de produccin. Se trata, en definitiva, de una transformacin social en la que, sin renunciar a la perspectiva individual de cada persona, se piense y se acte cada da ms de forma colectiva. Una tica que traslada tambin a la concepcin del poder poltico. En 1961, el Che anuncia a los recolectores de azcar un racionamiento masivo de alimentos, tomando un compromiso que levanta el entusiasmo de los participantes: En la nueva etapa de la lucha revolucionaria seala- nadie recibir ms que los otros, no habr ni funcionarios privilegiados ni latifundistas. Los nicos privilegiados en Cuba sern los nios. Es la base para la nueva moral del trabajo, del nuevo esfuerzo cotidiano sustentado en la combinacin de produccin y educacin. Es la base tambin para todo un discurso terico y prctico sobre la emulacin, la necesidad de establecer diferentes tipos de estmulos para los esfuerzos individuales y colectivos ms destacados

Os deca anteriormente que esta reflexin tica sobre el hombre y la mujer nueva tiene una manifiesta actualidad. Es verdad que la utopa socialista ha sufrido en estas ltimas dcadas un golpe de consideracin con el derrumbe de muros, burocracias y estatismos elevados a la categora de modelos insoslayables . Pero, como dira Eduardo Galeano: Nos han invitado a un funeral sin cuerpo presente. El socialismo no ha muerto. Simplemente, todava no ha sido

Muchas de las reflexiones de Ernesto Guevara seran reactualizadas precisamente en Cuba en el llamado Proceso de rectificacin, desarrollado entre 1988 y 1989. Un intento de recuperar el espritu de solidaridad entre los seres humanos reivindicando los valores ticos, el estilo y el pensamiento del Ch que se han mantenido como referencia renovada en estos ltimos aos de nuevos saltos en el vaco y bsqueda de alternativas propias

Un pensamiento que no persigue nicamente un modo distinto de creacin y distribucin de la poca o mucha riqueza existente, sino que conlleva fomentar una constante transferencia de poder hacia la sociedad y las personas. Un pensamiento que nos recuerda que no puede haber una adecuada planificacin socialista sin la participacin consciente y organizada de los trabajadores y especialmente de los productores. Y que ello debe ir unido a una transformacin radical de la cultura, de los valores, de las motivaciones, de las relaciones cotidianas entre el Estado y la sociedad, entre los grupos sociales, entre los hombres y las mujeres, entre las distintas generaciones, razas, etnias o naciones. En definitiva, como seala Luis Surez, el proyecto socialista y comunista entraa una inmensa revolucin democrtica, participativa, ideolgica y moral que en su dialctica d lugar a hombres y mujeres nuevos capaces de ser protagonistas y dueos plenos de la transformacin individual y social, dispuestos a defender, en cualquier lugar del mundo, los ms nobles ideales de la humanidad

Esa es la verdadera vigencia del Che a cuarenta aos de su asesinato. En sus propias palabras: No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de ndole individual, en la sociedad que construye o est construyendo el socialismo, como de ndole mundial en relacin con todos los pueblos que sufren la explotacin imperialista

Termino ya. Y querra hacerlo recordando lo que encontraron los asesinos de Ernesto Guevara en su mochila para el inventario de rigor. Dos diarios de campaa, una agenda de cdigos, un cuaderno de notas y un libro de poemas copiados. Ni siquiera llevaba consigo el vaporizador para atenuar sus crisis de asma. Slo libros, poemas, ideas nobles y un gran corazn revolucionario. Una vez, el Che le escribi al gran poeta espaol Len Felipe, exiliado en Mxico, una carta en la que le peda perdn por no haberle podido agradecer en su momento el envo de un libro dedicado. Nunca se lo agradec deca el Che- pero siempre lo tuve muy presente. Le dir, con todo, que es uno de los tres libros que tengo en mi cabecera. Pocas veces puedo leerlo porque todava en Cuba dormir, dejar el tiempo sin llenar con algo o descansar, simplemente, es un pecado de lesa diligencia.

As era el Ch. Bueno sera terminar recordando un breve verso del propio Len Felipe: Qu lastima que yo no tenga un abuelo que ganara una batalla!. Es verdad. Pero aqu en Cuba, querido Len, todos los nios son hoy nietos del Ch. Y siguen ganando la batalla. Esa es su principal herencia, pese a quien pese Y al cierre, una confesin personal a modo de coda-eplogo: todos los das paso una o dos veces por la Plaza con el coche. Siempre me fijo en su figura observando la calle desde el edificio del Ministerio de Comunicaciones. Os puedo asegurar que en todo este tiempo le he visto varias veces sonrer o esconder la mirada, a veces incluso alguna que otra lgrima pasajera por quin sabe. Pero habitualmente, comprobacin emprica, el Ch me guia, nos guia un ojo desde su observatorio (fijaos la prxima vez) compartiendo esa complicidad eterna de los compaeros que presagian el final de la historia ms all de eclipses, huracanes y todo tipo de fenmenos pasajeros

Joseba Macas es socilogo y periodista. Profesor de la Universidad del Pas Vasco y de la Escuela Internacional de Cine y Televisin de San Antonio de los Baos (Cuba).

Miembro del equipo asesor de Cubainformacin.



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