Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2004

Stephen Jay Gould se despide
De zorros, erizos, ciencias y humanidades

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


Pocos cientficos de la segunda mitad de siglo XX habrn interesado tanto a los amantes de las letras como Stephen Jay Gould. Comparti ese honor, que slo les es concedido a los cientficos que adems de pensar bien escriben bien y saben comunicar sus ideas a un pblico amplio, con Richard Feynman, Carl Sagan, James Watson, E.O. Wilson, Marvin Harris, Richard Dawkins, Roger Penrose, Cavalli-Sforza y unos cuantos ms. Gould, que ense durante muchos aos biologa, geologa e historia de la ciencia en la universidad de Harvard y que ha sido uno de los mejores conocedores de la obra de Darwin y brillante prolongador de la teora de la evolucin, escribi varios libros de los que se puede decir sin exagerar que son apasionantes. Recordar aqu cuatro de ellos: La falsa medida del hombre, El pulgar del panda, La vida maravillosa y La grandeza de la vida, todos ellos relacionados, directa o indirectamente, con la teora de la evolucin. Gould muri en mayo de 2002. Se publica ahora en espaol, casi al mismo tiempo en que aparece la monumental recopilacin titulada La estructura de la evolucin (Tusquest Editores, 2004), lo que podemos considerar su despedida: una reflexin sobre la relacin entre ciencia y humanidades que juega seriamente con el viejo asunto de las estrategias vitales del zorro y del erizoi.

Este libro, tal vez menor en la amplsima bibliografa de Gould, pero interesantsimo y actual por el tema que plantea, empez siendo el discurso presidencial pronunciado por su autor en la Asociacin Americana para el Avance de la Ciencia el ao 2000. El discurso tena que haberse publicado en la revista Science, rgano oficial de la AAAC, pero Gould lo fue ampliando hasta acabar construyendo un volumen de los que no caben ya en las pginas de una revista.. Fue publicado originalmente en ingls, por Harmony Books, con el ttulo de The Hedgehog, the fox, and the Magisters Pox.

En el prefacio, Gould explica el arranque de esta reflexin suya. Se inspira en los dibujos de la Historia animalium, de 1551, de Konrad Gesner, y en los Adagia de Erasmo de Rotterdam, compilados y publicados por primera vez en 1500. La historia de la comparacin entre el zorro y el erizo es conocida al menos desde la Grecia clsica. Erasmo la resuma as: "El zorro planea muchas estrategias, el erizo conoce una sola estrategia, pero grande y efectiva". Gould se basa en esta diferenciacin ya clsica para ejemplificar su concepcin de lo que debera ser ahora la relacin adecuada entre las ciencias y las humanidades. Adems, usa convenientemente la fbula para dialogar y discutir con el sociobilogo E.O. Wilson, quien, en una de sus ltimas obras, interesantsima tambin, ha afirmado que la mayor empresa de la mente siempre ha sido y siempre ser el intento de conectar las ciencias con las humanidades. En los captulos centrales del libro, que est dividido en tres partes, Gould ha desarrollado su propia concepcin del asunto prestando particular atencin al ensayo en que Wilson aborda esa gran tarea de la mente: Consilience. La unidad del conocimiento (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1999)

Gould conoce, por supuesto, el uso tradicional que se ha hecho de la contraposicin y alaba en particular el conocido libro de I. Berlin sobre zorros y erizos en el mbito literario. Pero l dice que, al tratar de la relacin entre ciencias y humanidades, no quiere limitarse a la contraposicin dicotmica: "Utilizo el zorro y el erizo para mi modelo por la manera en que las ciencias y las humanidades deben interactuar, porque creo que ninguna estrategia pura puede funcionar. Una unin fructfera de estos opuestos, aparentemente tan distintos, puede articularse, con buena voluntad y con una moderacin importante por ambos bandos, en una empresa diversa pero comn de unidad y poder [..] Necesitamos esa totalidad, pero no podemos conseguir el objetivo eliminando las legtimas diferencias" (6-7). Sobre esa base y con esa conviccin criticar luego en detalle la idea de consiliencia de Wilson.

En este libro Gould defiende que si alguna vez estuvo justificada la oposicin entre ciencias y humanidades (y tal vez lo estuvo cuando naca la ciencia moderna, en los orgenes de la llamada revolucin cientfica) hace tiempo que ya no lo est. A partir de ah argumenta que la contraposicin que habitualmente se establece entre la objetividad y la certeza de las ciencias (basadas en la observacin emprica y el experimento) y la subjetividad e incerteza de las humanidades no est bien fundada. A este respecto recuerda unas palabras no muy citadas de Darwin, contenidas en carta a un colega contemporneo:" Qu raro es que nadie vea que toda observacin debe hacerse a favor o en contra de determinadas hiptesis, si es que ha de servir para alguna cosa!". Luego argumenta que la propensin humana a establecer oposiciones dicotmicas y excluyentes, tan reiterada en todas las pocas histricas, es tambin la razn de fondo por la que se empez a desarrollar el modelo de oposicin entre la ciencia y las humanidades. Y dice que esa polaridad se apoya en un persistente y prolongado malentendido, refirindose a la dicotoma que dio lugar primero a la querella entre antiguos y modernos, luego a la guerra entre ciencia y religin (ya en el siglo XIX) y finalmente al tpico de las dos culturas, tal como fue planteado por C.P. Snow a finales de la dcada de los cincuenta del siglo XX.

Haciendo de abogado del diablo entre sus colegas cientficos, Gould escribe que habra que admitir la existencia de una compresin superior de las humanidades al menos en tres reas: 1 reconocer y analizar las influencias sociales y los sesgos cognitivos que hay en el seno y detrs de todo trabajo creativo, incluidos los estudios empricos; 2 destacar la importancia de las preocupaciones de estilo y retricas en la presentacin y aceptacin de cualquier buen razonamiento; y 3 desarrollar determinados modos de conocimiento que la ciencia necesita pero que, por razones contingentes de su propia historia, sta nunca destac e incluso rechaz, mientras que, en cambio, son modos que florecieron en las humanidades. Se refiere, en este ltimo caso, a lo que llama explicaciones narrativas, a las que Gould da particular importancia en el mbito de sus propias investigaciones, que es el de la historia natural. Desde ah concluye en este punto:

El estudio humanstico puede ayudar a los cientficos a reconocer el encaje, a valorar el estilo y a acceder a modos adicionales de explicacin. La ciencia, a cambio, ofrece otro tanto a las humanidades; de modo que la reintegracin, despus de tantos siglos de sospecha y denigracin mutua, debera figurar en los primeros lugares de la lista de prioridades de todos" (167).

Ms adelante Gould conecta este punto de vista acerca del encaje, el estilo y los modos adicionales de explicacin con la importancia de la comunicacin cientfica, subrayando que la afirmacin corriente acerca del carcter misterioso, casi inaccesible, de la ciencia contempornea para el comn de los mortales es pura mitologa. Segn l, incluso los conceptos cientficos ms complejos y refinados pueden explicarse en el lenguaje del lego sin trivializarlos y sin prdida de su comprensin genuina. Gould mantiene que este gnero de literatura popular (al que l mismo ha dedicado varios libros relacionados con diferentes aspectos de la teora de la evolucin) es precisamente parte de la tradicin humanista.

La tercera parte del libro, que comprende los captulos 8 y 9, y lleva por ttulo "Una saga de pluribus y unum: el poder y el significado de la verdadera consiliencia", es la ms polmica y seguramente tambin la ms atractiva de este volumen por su actualidad. En ella Gould hace gala de su erudicin, de sus conocimientos de historia de la ciencia y de su siempre apreciable buen humor. Y con erudicin y buen humor (a travs del cual no deja de deslizar algn veneno) discute el proyecto de unificacin hace poco elaborado por E.O Wilson en Consilience (1998) para hacer su propia propuesta acerca de la relacin entre ciencias y humanidades basada en la idea de consiliencia, un concepto acuado por el historiador ingls de la ciencia William Whewell (1794-1866).

Vale la pena recordar aqu, para que el lector no se pierda, que Whewell defini la consiliencia de inducciones como el saltar juntas de observaciones dispares hechas en diferentes mbitos bajo una nica explicacin comn, un saltar juntas que podra, en principio, presentar todas estas observaciones como resultado nico de un nico proceso o teora. La consilience vena ser para Whewell una buena indicacin de la probable validez de la teora, aunque no una prueba o una demostracin en sentido propio. Dicho de otra manera: Whewell us la idea de consilience para mostrar cmo los hallazgos cientficos pueden adquirir objetividad al converger, desde distintos ngulos, en los mismos resultados, las mismas regularidades de fondo. Pens que esta confluencia o concordancia seala las rutas hacia la integracin de dominios distintos bajo esquemas explicativos unificados. Una idea sta, por cierto, que el historiador de la ciencia podra poner en relacin con una de las razones que Einstein adujo a favor del principio de relatividad en su primera exposicin de la teora.

Gould, que ya haba discutido otras veces con el sociobilogo Wilson, alaba ahora el esfuerzo de unificacin que ste ha hecho, en la lnea de los ilustrados y del neopositivismo de la Escuela de Viena, as como el cambio de estrategia que, en comparacin con otros escritos suyos anteriores, supone la introduccin de la idea whewelliana de consiliencia. Pues, tal como l ve las cosas, la introduccin de la idea de consiliencia en esta propuesta de unificacin de las ciencias y las humanidades estara implicando, al menos en parte, el reconocimiento del fracaso del proyecto neopositivista, una rectificacin interesante del punto de vista que el propio Wilson haba expuesto en Sociobiologa: la nueva sntesis. De todas formas enseguida subraya Gould sus diferencias.

E.O. Wilson ha mantenido, en efecto, que el fracaso del proyecto unificador del Crculo de Viena se debi esencialmente a la insuficiencia de la ciencia de la mente en el momento histrico en que aquel proyecto fue formulado, pero para l eso no impide afirmar que aquel objetivo se puede defender y replantear justamente por el desarrollo que en las ltimas dcadas han alcanzado las neurociencias, a cuyo desarrollo concede un papel esencial en el gran proyecto unificador de los saberes. Gould, en cambio, no cree que los fracasos del proyecto de unificacin se hayan debido slo a una incapacidad temporal para romper la barrera del conocimiento de la mente humana, sino a la forma del proyecto mismo, que, en su opinin, es ilusorio. Y en ese sentido asevera drsticamente que Wilson, a pesar de su rectificacin parcial, est reproduciendo el sueo tradicional de unificacin de las ciencias y de las humanidades tanto en su direccin usual de subsuncin como bajo el nombre, tambin convencional, de reduccionismo.

El centro de la argumentacin con que Gould se despide de los lectores aficionados a epistemologa, la metodologa y la historia de la ciencia est precisamente en la crtica de la estrategia reduccionista que pretende subsumir en la ciencia contempornea lo que han sido hasta ahora las humanidades. Y lo notable en esta argumentacin es cmo una misma nocin puede ser reinterpretada para proporcionar otra visin de la relacin entre ciencias y humanidades. Gould, que siente mucha simpata por el concepto de consiliencia de Whewell, muestra que Wilson lo malinterpreta al usarlo en una acepcin reduccionista que no se deriva de su acuacin original. Por ello dedica unas cuantas pginas del libro a la interpretacin de esta nocin. Considera que, en Consilience, Wilson ha usado la expresin para describir la simplificacin y la reunin de fenmenos de muy distintos rdenes por su subsuncin sucesiva en leyes que rigen para partes constituyentes: desde la fsica de las partculas elementales pasando por los sistemas biolgicos y sociales y hasta las artes y la tica (lo cual incluye habitualmente las humanidades). Efectivamente, Wilson haba escrito:

La idea central de la concepcion consiliente del mundo es que todos los fenmenos tangibles, desde el nacimiento de las estrellas hasta el funcionamiento de las instituciones sociales, se basan en procesos materiales que, en ltimo trmino, son reducibles, por largas y tortuosas que sean las secuencias, a las leyes de la fsica [...] No se ha ofrecido ninguna razn convincente para que esta estrategia [reduccionista] no debiera funcionar para unir las ciencias naturales con las ciencias sociales y las humanidades. La diferencia entre los dos mbitos est en la magnitud del problema, no en los principios que se necesitan para su solucin.

Discutiendo este uso de la palabra consiliencia, Gould confiesa ahora que ha escrito su libro y ha utilizado la fbula del zorro y el erizo (en contraposicin a la metfora del laberinto de Ariadna, que es la imagen que utiliza Wilson) porque desea que las ciencias y las humanidades se conviertan en los mayores amigotes, esto es, que se reconozcan mutuamente un parentesco profundo y una conexin necesaria en la bsqueda de la decencia y de los logros humanos; pero (a diferencia de Wilson en esto) con la idea, tambin, de que mantengan separados su objetivos y lgicas, inevitablemente diferentes cuando se aplican a sus proyectos conjuntos y aprendan as unas de otras: "Dejemos que sean los dos mosqueteros (ambos para uno y uno para ambos), pero no las etapas graduales de una nica y grande unidad consiliente" (231).

Bromas aparte, Gould aduce aqu dos razones bsicas contra el reduccionismo y la concepcin consiliente por subsuncin. La primera razn es la emergencia o aparicin de nuevas reglas explicativas en sistemas complejos; leyes o reglas que surgen de interacciones no lineales o no aditivas entre partes constituyentes y que, por tanto, no pueden descubrirse a partir de las propiedades de las partes consideradas por separado. La segunda razn es la contingencia o importancia creciente de "accidentes" histricos nicos que, en principio, no pueden predecirse, pero que siguen siendo completamente accesibles a la explicacin objetiva despus de haber ocurrido (240-241). Teniendo esto en cuenta, se puede concluir que el significado propio de la consiliencia de Whewell no puede extenderse a las humanidades (257 y 263) por la sencilla razn de que los asuntos de las materias que tradicionalmente han ocupado a las humanidades (desde la tica a la esttica y la religin) no pueden abordarse ni resolverse mediante los mtodos de la investigacin cientfica, ya sean de tipo reduccionista o de otro tipo (280).

Gould aclara su punto de vista afirmando que la informacin objetiva procedente de la ciencia ser, sin duda, muy provechosa y relevante para la discusin de cualquier cuestin importante en materias no cientficas, propias de las humanidades, la tica y la religin; de manera que cualquier humanista que rechazara esta ayuda o esta servicial mano amistosa tiene que ser considerado un pedante o un necio. Pero aade que, an as, la colaboracin til entre entidades o saberes bsicamente diferentes con fuertes intereses comunes no tiene por qu implicar la fusin bajo una jerarqua bsicamente lineal de estructura comn. La idea de Gould es que las cuestiones bsicas, definitivas y no objetivas, propias de los campos de las artes y de la tica, no pueden, en principio, ser respondidas mediante los potentes mtodos que nos proporciona el magisterio de la ciencia y que, por tanto, las ciencias y las humanidades no pueden alcanzar ni buscar con provecho el tipo de conciliencia que propone Wilson (284).

Esta idea la desarrolla abordando dos ejemplos concretos de los que se ocupa el propio Wilson, relativos al mbito de las artes y de la tica. En el campo de las artes aduce Gould que la consiliencia reduccionista de Wilson para localizar las sensibilidades artsticas generales en reglas epigenticas conducira, a lo sumo, a una psicologa de la esttica, la cual puede ser fascinante, pero no convertira las artes, y en particular la prctica artstica, en una rama superior de las ciencias naturales, porque el arte (el juicio artstico, el gusto y la prctica del arte) es algo complemente distinto de comprender la base objetiva de las preferencias y de los sentimientos estticos, algo que no puede reducirse al ms completo anlisis neurolgico: La conexin que Wilson establece entre teora no comprobada para el origen de las preferencias estticas y su aplicacin actual al juicio artstico no puede sostenerse ni siquiera en el mbito legtimamente cientfico que denomin psicologa de la esttica. Es, adems, una falacia, pasar desde una teora cientfica acerca del origen de las preferencias estticas a validar criterios para la verdad y la belleza en el arte. Esta ltima es una cuestin que puede discutirse de forma apasionada e inteligente, pero que no se resuelve nunca en los trminos clsicos de la ciencia (286-287).

En lo que hace a la tica, Gould discute, recordando el punto de vista de Hume y de Moore sobre la falacia naturalista, la pretensin de Wilson en el sentido de que se puede pasar del es al debe y que hay un puente fcil que conduce de la antropologa de la moral (la pregunta acerca de cmo acta cada uno de nosotros) a la moralidad de la moral (la pregunta acerca de cmo deberamos comportarnos). Para ello se detiene a comentar un paso en el que Wilson, que se denomina a s mismo empirista, defiende la subsuncin de la tica en las ciencias naturales replanteando el viejo asunto del paso del es al debe para aducir que, desde la perspectiva consiliente de las ciencias naturales, debe es slo la taquigrafa de un tipo de afirmacin objetiva, una palabra que denota lo que la sociedad eligi hacer (o fue obligada a hacer) y que despus codific; el producto, por tanto, de un proceso material.

Gould se pregunta, en este contexto polmico, cmo podemos definir en trminos empricos bien comn para decirnos, a continuacin, que no cree que, en esta cuestin en la que no cabe otro argumento que el plausible, se pueda ir ms all de la afirmacin de que la antropologa emprica de la moral llev a la mayora de las sociedades a un conjunto de preceptos con orgenes evolutivos, que quiz antao tuvieron un sentido en trminos de supervivencia darwiniana, pero que, mira por dnde, la mayora de la gente ha decidido con posterioridad que una mejor moralidad nos llevara a comportamientos exactamente opuestos (295). Y concluye, en la lnea del viejo Hume, que aunque rechaza la posibilidad de deducir principios morales del estudio emprico de la naturaleza y la evolucin humanas, tampoco l considera que la divisoria entre es y debe sea tan absolutamente impermeable en el sentido de estar diciendo que los hechos no pueden tener relevancia para el pensamiento moral, por lo que su diferencia con Wilson est en que ste parece creer todava que si puede especificar de forma emprica el origen histrico de la tica habr resuelto el problema bsico de la moralidad y habr establecido una base para la reduccin de la filosofa moral a las ciencias naturales dentro de su gran cadena de conciliencia (296).

As pues, frente a la consiliencia por subsuncin reductiva, Gould acaba proponiendo lo que llama consiliencia de igual atencin para diferencias intrnsecas pero complementarias (297 y ss.). Defiende que este es el sentido en que puede ampliarse, sin tergiversarlo, el trmino empleado por Whewell, que en su momento fue desarrollado como una estrategia para trazar teoras generales de un tipo muy caracterstico de ciencias, aquellas ciencias difciles, de sistemas complejos, que tienden a ser ricas en datos y pobres en teora. La belleza intelectual de la consiliencia de Whewell en tanto que saltar juntos residira, para Gould, en la emocin que proporciona el eureka o el aj, o sea, la conversin sbita de la confusin en orden, pero no a travs de secuencias deductivas sistemticas, sino mediante una intuicin inmediata que sera equivalente a una explicacin terica, y slo una, la cual dispondr todo el conjunto en un orden sensato y que, en el mejor de los casos, producir asimismo una teora fascinante e iconoclasta:

Las ciencias y las humanidades tienen todo que ganar (y nada que perder) de una consiliencia que respeta las diferencias ricas, inevitables y a apreciables, pero que tambin busca definir las propiedades ms amplias compartidas por cualquier actividad intelectual creativa, pero que han sido desalentadas y con frecuencia obligadas a la invisibilidad por nuestra clasificacin insensible (o al menos muy contingente) de las disciplinas acadmicas [...] Tambin yo busco una consiliencia, un saltar juntos de la ciencia y las humanidades en contacto y coherencia mucho mayores y ms fecundos; pero una consiliencia de igual atencin que respete las diferencias inherentes, reconozca el mrito comparable pero distinto, comprenda la necesidad absoluta de ambos mbitos para cualquier vida que se considere intelectual y espiritualmente plena y busque resaltar y alimentar las numerosas regiones de superposicin real y preocupacin comn (311-312).

En varios pasos del libro Gould reitera la naturaleza idiosincrsica de su argumentacin sobre la consiliencia de igual atencin y reivindica la posibilidad, y hasta la necesidad, de una lectura propia del concepto acuado por Whewell fuera del mbito cientfico para el que fue propuesto. Y, ciertamente, la naturaleza idiosincrsica de su propuesta es evidente, pues nada se parece ms a la consiliencia de igual atencin que lo que el propio Gould vena haciendo desde aos atrs en sus libros ms conocidos y apreciados. Quien haya ledo libros anteriores de Gould, y en particular la modesta proposicin con que empieza The Spread of Excellence from Plato to Darwin (traducido al castellano como La grandeza de la vida), entender enseguida esa declaracin y el nfasis que pone al identificar la consilience de Whewell con lo que l mismo suele practicar en la exposicin de sus descubrimientos.

En una nota con la que concluye prcticamente su libro, la nota 6 del captulo 9, Gould se refiere precisamente al mrito comparable pero distinto de las ciencias y las humanidades. Dice Gould, en esa nota, que la ciencia no tiene nada que temer de las humanidades; que la agresividad inicial de la ciencia moderna en el siglo XVII, por justificada que estuviera en su momento, ha creado hbitos lamentables; que la sospecha de algunos humanistas modernos sobre el poder de la ciencia tiene una base razonable; y que para cada ventaja de la ciencia se puede citar otra ventaja comparable de las humanidades. La ciencia puede alegar un mtodo capaz de averiguar la verdad objetiva mientras que el debate tico en las humanidades no puede aspirar a alcanzar el mismo tipo de confianza, pero aunque el discurso tico ha de sacrificar este summum bonum, quin podra negar que las cuestiones bsicas acerca de los deberes de una vida tica son mucho ms importantes para nuestro propsito y nuestro ser? De modo que trocamos la certeza por la prominencia.

A los que aman por igual la ciencia y la literatura --y, sin duda, algunas personas as hay-- esta nota final de Gould les traer tal vez a la memoria la reflexin de Milton en uno de los libros clave del Paraso perdido, cuando el ngel dialoga con Adn acerca de la verdad y la importancia de la nueva ciencia copernicano-galileana para el ser humano. Que es un libro, dicho sea de paso, para empezar a dialogar entre cientficos y humanistas acerca de la consiliencia de igual atencin. As que, una vez ms, el cientfico que se despide andaba a hombros de gigantes.

i STEPHEN JAY GOULD, rase una vez el zorro y el erizo. Las humanidades y la ciencia en el tercer milenio. Traduccin castellana de Joandomnec Ros , Editorial Crtica, col. Drakontos, Barcelona, 2004.


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