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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2004

Camilo Jos Cela: el rostro oculto de un premio nobel

Cristbal Garca Vera
Rebelin


Tras la muerte de Camilo Jos Cela, el 17 de enero del ao 2002, los medios de comunicacin espaoles reprodujeron y ampliaron una autntica avalancha de elogios sobre la obra y la vida del acadmico de la lengua y premio Nobel de literatura. No poda ser de otro modo. Es una vieja tradicin espaola demostrar el respeto por los difuntos - o al menos por algunos- resaltando sus bondades e intentando olvidar sus defectos. An as, resulta especialmente reveladora la amnesia colectiva que afect a polticos, periodistas, eclesisticos, escritores y editores a la hora de enjuiciar la trayectoria del escritor gallego. Entre sus colegas - con algunas excepciones como la del cataln Juan Mars - los reconocimientos fueron generales.

En el rea editorial esta unnime devocin fue rota tan solo por la aparicin de una biografa que bajo el ttulo "Desmontando a Cela"(Ediciones Libertarias) vino a constituir un solitario contrapunto en ese bosque de cumplidos y bombos mutuos en el que, a menudo, se convierte la investigacin periodstica espaola. Tomas Garca Yebra, el autor de este magnfico trabajo, traza una semblanza de Cela en la que se ponen al descubierto facetas de su recorrido personal y literario que haban permanecido oportunamente encubiertas tras el brillo de los premios y los honores institucionales.

Y es que, Don Camilo fue lo que suele reconocerse en nuestra sociedad como un "hombre de xito": prestigioso y cotizadsimo novelista, articulista sin precio y dueo de un millonario patrimonio. Frecuent a ministros - Federico Trillo fue el padrino en su boda con la periodista Marina Castao- e incluso lleg a ejercer brevemente como senador gracias al democrtico dedo de Juan Carlos I. Sin duda, esta consagrada posicin social influy decisivamente en la edulcorada imagen que se fabric de l para su consumo popular: La de un genial escritor, ntegro aunque algo mal hablado y con un carcter difcil.

As pues, no es extrao que los ltimos descubrimientos sobre el personaje hayan sido acogidos por muchos con cierta sorpresa. Muy recientemente, el diario londinense The Guardian acusaba a Cela - basndose en unos documentos descubiertos por el historiador Pere Yss- de haber sido espa de la dictadura franquista y delator de otros escritores e intelectuales durante la dcada de los sesenta. Un viejo informe del Ministerio de Informacin ha desvelado que Camilo Jos Cela no se conformaba con denunciar a sus compaeros; sino que se permita sugerir a los jerarcas del rgimen - en ese caso concreto a Manuel Fraga- que utilizaran el soborno como procedimiento para "recuperar" a los intelectuales disidentes con convicciones menos arraigadas. En realidad, esta sucia y hasta ahora ignorada historia encaja a la perfeccin con la calidad humana del difunto marqus. Nos brinda, por tanto, una magnfica oportunidad para recordar quin fue realmente este aclamado "prohombre" al que,
an hoy, recuerdan con veneracin en ciertos crculos supuestamente progresistas.


LOS BUENOS "OFICIOS" DE DON CAMILO DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA

Aunque en cierta ocasin Cela lleg a expresar solemnemente "es muy amargo, ms que triste, que los hombres se denuncien los unos a los otros para seguir viviendo. Se puede vivir sin caer en la delacin"; el insigne escritor no se caracteriz, precisamente, por asumir los consejos que ofreca a los dems.

En 1938 - cuando los ya victoriosos ejrcitos de Franco imponan el terror y la venganza sobre la Espaa derrotada- Camilo Jos Cela enviaba una solicitud al Comisario General de Investigacin y Vigilancia ofreciendo sus servicios como delator.

"Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid" -expresaba el escritor- "y que por lo mismo cree conocer la actuacin de determinados individuos cree poder prestar datos sobre personas y conductas que pudieran ser de utilidad"

El autor de "La Colmena" pretenda sacar buen provecho de su conocimiento de los ambientes literarios del Madrid republicano contribuyendo a la caza de los "intelectuales rojos y aptridas", como entonces se les llamaba. Para poder calibrar con exactitud el significado de su ofrecimiento es preciso recordar que en aquellos aos ser acusado de "rojo" conduca, en muchos casos, a los paredones de fusilamiento. No sabemos cual fue la suerte que corri su solicitud pero entre 1943 y 1944 -quien muchos aos despus ostentara el ttulo de Marques de Iria Flavia- se encontraba instalado en las oficinas de la Seccin de Informacin y Censura del Glorioso Movimiento Nacional, trabajando como censor bajo las rdenes del idelogo falangista Juan Aparicio.

Aunque han transcurrido muchos aos desde entonces, las indiscretas hemerotecas an conservan algunos de sus escritos de esta poca. Como el poema publicado en el libro Laureados (Ediciones Fermina Bonilla. Madrid, 1940) que comienza:

"Mussolini nos dijo que - la historia se mueve con la rueda de la sangre..." para terminar reclamando "la bendicin de Dios - Para Francisco Franco, nuestro Caudillo y Padre".

O el artculo publicado en el diario "El Alczar" en 1949 con el ttulo "A pie y sin dinero" (Loa del Arma de Infantera en el da de su patrona). He aqu algunos interesantes extractos de las reflexiones con las que el joven Cela comenzaba su carrera como brillante articulista:

"La guerra no es triste porque da salud- que no se me lleven las manos a la cabeza los timoratos-la guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos ensea que fuera de la bandera, nada, ni an la vida, importa"


Don Camilo dedicaba estas patriticas lneas a "mi coronel, el general Milln Astray". Y, a tenor de su contenido, muy bien podra haber concluido el intelectual de Iria Flavia con la famosa frase de su admirado coronel "Viva la muerte! Muera la inteligencia!"

Expresaban estos escritos un sentimiento genuino o tan solo la genuina intencin de medrar a cualquier costa? Sea como fuere, durante la dictadura franquista - que conden al exilio o al ostracismo a lo ms valioso de la intelectualidad espaola- Cela public sus mejores novelas, escriba asiduamente en la prensa, recibi mltiples premios e ingres por la puerta grande en la Real Academia de la Lengua.


ODIO ETERNO A CRTICOS Y DETRACTORES


Tambin en los avatares de su ascenso hacia la posicin de escritor consagrado dej Camilo Jos Cela buenas muestras de su calidad humana. Segn declaraciones de su propio hijo y de uno de sus bigrafos, Mariano Tudela, el escritor gallego jams perdon a los acadmicos que se haban opuesto a su entrada en la Real Academia de la Lengua y conserv hasta el final de sus das sus nombres en una peculiar "lista negra". Tampoco perdon a los crticos que osaron cuestionar alguna de sus obras. En la medida de sus posibilidades intent siempre que el peso de su venganza cayera implacable sobre la cabeza de los que consideraba sus "enemigos".

Un buen ejemplo de esta cristiana actitud nos lo ofrece la historia de "La catira", una novela escrita por encargo por la que recibi la entonces fabulosa suma de tres millones de pesetas del dictador venezolano Marcos Prez Jimnez. Por esta obra le otorgaron adems el "Premio de la Crtica", aunque no con la unanimidad de todo el jurado. Eusebio Garca Luengo, un conocido y consecuente escritor republicano, fue uno de los que se atrevi a votar en contra de "La catira". Cela lo descubri e intent vengarse del agravio escribiendo una carta al director de la revista "ndice", en la que trabajaba Garca Luengo, con la intencin de que lo despidieran. "Ese es un rojo de mierda", escribi, intentando aportar razones de peso para avalar su peticin. El director de la revista no solo no accedi a sus pretensiones sino que puso al corriente al novelista extremeo de la tropela que Cela haba intentado cometer. Idntica reaccin tuvo contra el escritor Leopoldo Azancot, qui
en en los aos setenta realiz una crtica negativa de su obra "Oficio de tinieblas 5". En esa ocasin, Cela aliment pacientemente su resentimiento durante veinte aos; hasta que, ya en la dcada de los noventa, se le present una ocasin propicia para castigar la terrible ofensa. Por aquel entonces Azancot ejerca la crtica literaria y tambin escriba una columna de opinin en "El Independiente". Cela no dud en llamar a su director, Pablo Sebastin, para exigirle que despidiese a su empleado. Solo a medias consigui sus objetivos, ya que Sebastin mantuvo a su crtico con la condicin de que ste evitara mentar al insigne Nobel aunque, eso s, le retir su columna de opinin.


LA DECADENCIA INTELECTUAL: DE ESCRITOR A COMERCIANTE DE FERIA

Acaso haya quien considere que en nada afecta la oculta biografa de Camilo Jos Cela a la calidad de su obra literaria y que, en cualquier caso, se trata de dos aspectos que deben analizarse por separado. Nosotros mantenemos, por el contrario, que enjuiciar cualquier obra de arte partiendo de una arbitraria divisin entre esttica y tica o entre su contenido y su forma, impide aprehenderla en su totalidad y que, por lo tanto, este procedimiento se convierte en una pobre herramienta para desarrollar una crtica aceptable. Pero tampoco nos parece necesario justificar tericamente esta concepcin, seguramente ser mucho ms ilustrativo mostrar alguna de las maneras en las que la personalidad de nuestro distinguido novelista afect a su produccin intelectual.


Muy posiblemente, si Cela se hubiera limitado a escribir "La familia de Pascual Duarte" (1942), "Viaje a la Alcarria" (1948) y "la Colmena" (Buenos Aires, 1951), esta aportacin hubiera resultado ms que suficiente para otorgarle un lugar destacado dentro de la literatura en lengua castellana. Tambin es cierto que la desgarrada historia de Pascual Duarte difcilmente hubiera visto la luz sin el padrinazgo de su protector, Juan Aparicio, Delegado Nacional de Prensa y poderoso jerarca en el control del pensamiento durante una buena parte de la dictadura. Por supuesto, esta circunstancia no resta un pice a la indudable calidad de la novela aunque s nos hace reflexionar sobre la cantidad de escritos que, seguramente, no llegaron a conocerse jams debido a que sus autores no "disfrutaban" de tan buenas relaciones con los funcionarios de la dictadura franquista.

En cualquier caso, en estas tres obras alcanz Cela la cumbre de su produccin artstica. Nada de cuanto alumbr ms tarde conseguira igualar la fuerza transmitida en La Familia de Pascual Duarte o la maestra con la que retrat el Madrid de la posguerra en La Colmena.

En los aos sesenta intent abandonar el "realismo" para ofrecer una literatura de "vanguardia", con obras como la ya mencionada Oficio de tinieblas 5. En nuestra opinin su tentativa de evolucin alcanz unos pobres resultados. Posteriormente su prosa se hizo cada vez ms retrica, ms vaca. Tal vez no tena ya historias que contar o quiz le faltaba la necesidad de expresarse, la emocin necesaria para convertir en arte las vivencias ms cotidianas. En cualquier caso, tambin durante esta etapa fueron mayoritarios los halagos y las crticas elogiosas y, por supuesto, continu acumulando galardones. Entre sus mltiples condecoraciones cabe destacar el premio "Prncipe de Asturias de las Letras" (1987), el "Cervantes" (1995) y, por encima de todos, el anhelado Nobel de literatura (1989), con el que logr consagrarse internacionalmente.

Muy pocos autores han sabido rentabilizar mejor la ciega admiracin y los privilegios que lleva aparejada la posesin de este premio. En realidad, Cela siempre fue un maestro de la autopromocin y a menudo consigui mantener su popularidad gracias a sus extravagancias y sus truculentas salidas de tono. Pero llegada esta etapa de su vida el escritor fue eclipsado por el comerciante y dedic buena parte de sus esfuerzos a vender el prestigio de su pluma y de su imagen a todo aquel que pudiera permitirse pagar su nada menguado cach. Cela cobraba absolutamente por todo, conferencias, entrevistas, apariciones televisivas, prlogos para libros, asistencias a actos pblicos o meras exhibiciones. Un artculo firmado por el maestro, 250.000 pesetas, publicidad de la Gua Campsa, unos cuantos millones para el maestro la lista sera interminable.

Don Camilo tuvo la fortuna de encontrar una emprendedora apoderada para sus negocios en su segunda esposa, Marina Castao, una periodista treintaera que alegr los ltimos aos de su vida y que a cambio recibira, a la muerte del escritor, una suculenta fortuna. A Charo Conde, la que haba sido su mujer durante ms de cuarenta aos; la madre de su nico hijo; la transcriptora de sus manuscritos; la que en su da evit que los pliegos de La Colmena se consumieran entre las llamas de la chimenea en la que los haba arrojado el impulsivo gallego; el millonario marqus de Iria Flavia ni siquiera le pagaba la msera cantidad de 100.000 pesetas a la que sus caros abogados haban conseguido reducir la pensin de mantenimiento.

Dentro del impresionante tinglado comercial que concienzudamente fue construyendo el empresario - escritor merece una mencin especial la Fundacin Cela. Esta entidad cultural recibi -desde su aparicin en 1986 hasta el ao 2000- 1138 millones de pesetas en subvenciones, de los cuales aproximadamente la mitad procedan del dinero pblico. De este extraordinario baile de millones se hizo eco la revista gallega, Tempos Novos, que denunci una supuesta desviacin de fondos efectuada a travs de sociedades interpuestas y de la que, presuntamente, se beneficiaban Cela y Marina Castao. Una historia ms que qued convenientemente olvidada.

En cuanto a la produccin literaria de Don Camilo, en las ltimas dcadas de su existencia lo cierto es que sta fue ms bien escasa y, todo hay que decirlo, de muy dudosa autora. En las tertulias literarias y entre ciertos periodistas al parecer se hablaba de los numerosos "negros" que utiliz Cela a lo largo de su peculiar andadura como comerciante de las letras. Existen al menos dudas razonables que permiten cuestionar la originalidad de obras como Mazurca para dos muertos, ambientada en una regin de Ourense desconocida por Cela, o de su ltima e indigesta novela, Madera de Boj.

EL ESCNDALO DEL PLAGIO

Sin embargo, el gran escndalo - tan grande que fue imposible evitar que trascendiera a la opinin pblica- tuvo lugar cuando una desconocida escritora gallega denunci que Cela haba plagiado una obra suya para escribir La cruz de San Andrs, ganadora del Premio Planeta en 1994. Sucedi que la seora Mara del Carmen Formoso, que as se llama la damnificada - ignorando que la Editorial Planeta tiene decidido con meses de antelacin quien ser el beneficiario de su premio - envi su primera novela larga, Carmen, Carmela, Carmia, al amaado certamen. En esta ocasin el suculento premio haba sido concedido al insigne Nobel que, sin embargo, no tena ninguna obra para presentar. Los responsables de Planeta no tuvieron ningn pudor en resolver el problema robando el texto de Carmen Formoso que, ambientado en Galicia, era un material adecuado para que Cela o sus escribanos lo rehicieran convenientemente. Al menos la escritora gallega tuvo la precaucin de inscribir su obra
en el registro de la propiedad intelectual, de manera que fue posible cotejar ambos textos, operacin que demuestra, sin lugar a dudas, la existencia del plagio. Idntico argumento y estructura, parecidos personajes e incluso frases enteras reproducidas textualmente lo atestiguan.

No tardaron mucho en salir en defensa de Cela escritores y periodistas de diferente calaa, como Ral del Pozo, Juan Manuel de Prada, Jaime Campmany o Francisco Umbral. Desde sus tribunas de los rotativos de la derecha estos mercenarios de la pluma hicieron causa comn con "el maestro". El singular "izquierdista" de tertulia y columnista de El Mundo, Ral del Pozo, achacaba a la sempiterna envidia espaola lo que para l era una acusacin tan injustificable como el intento de rescatar, de entre los viejos documentos, el pasado de Don Camilo. No disponemos de los datos necesarios para poder juzgar si su aversin contra la memoria histrica es general o si se manifiesta tan solo cuando la porquera amenaza con salpicar a sus escritores ms dilectos.

Francisco Umbral, ntimo amigo del aristcrata de Iria Flavia, no contento con proteger el honor del Marqus, decidi aprovechar tambin su habitual columna en El Mundo para ensaarse con Carmen Formoso a la que se refiri como "Una seora de Santiago o as" o "esa concursante de embarazo literario tardo". En opinin de Umbral, solamente la pataleta de la derrota poda explicar una acusacin tan descabellada. Segn su reputado criterio, "los nicos paralelismos de ambas novelas consisten en el tema", y "donde la concursante se muestra prosaica, vulgar, annima, Cela se muestra una vez ms creador, poeta, transfigurador de realidades y sueos".

Aunque cada uno con su peculiar estilo, las loas que Jaime Campmany y Juan Manuel de Prada le dedicaron a Cela desde la pginas del monrquico ABC vinieron tambin a reforzar esta alianza de la intelectualidad establecida contra las osadas pretensiones de justicia de la escritora gallega. Al fin y al cabo, y segn las palabras del propio Umbral: "la concursante debe estar agradecida, porque el Nobel la ha mejorado".


MUERTE Y FUNERAL DEL PROHOMBRE

De esta forma, arropado por el incondicional apoyo de stos y otros ilustres caballeros, bien instalado en su silln de acadmico de la lengua, y sin tener que malgastar su genio escribiendo para ganarse la vida, lleg don Camilo hasta los 85 aos de edad. La muerte lo encontr en compaa de su querida Marina Castao, que se encargara desde entonces de gestionar en solitario el Emporio Cela. El funeral del ilustre Marqus no careci de toda la pompa oficial que exige el protocolo. Como corresponda, la misa fue convenientemente santificada con la participacin de Antonio Mara Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal. Acudieron los entonces ministros Federico Trillo y Francisco lvarez Cascos; la esposa del presidente del gobierno, Ana Botella; el director de la Real Academia Espaola, Vctor Garca de la Concha; los periodistas Jaime Campmany, Fernando Onega y Pedro J. Ramrez; el defensor del pueblo, Enrique Mjica; el alcalde de Madrid, Jos Mara lvarez del Manzano; entre otras personalidades. Menos nutrida fue la asistencia entre los familiares del finado. No se presentaron al solemne acto tres de sus cinco hermanos vivos y tampoco lo hizo su hijo, Camilo Jos Cela Conde, a quien el Nobel dej por toda herencia un cuadro de Mir (que en su momento trat de recuperar desesperadamente). Tampoco puede decirse que el gremio de los escritores acudiera masivamente a rendir postrero homenaje al maestro. De hecho, no apareci por San Jernimo del Real ms que un solitario Juan Manuel de Prada que, a la salida del funeral, ensalz la calidad literaria de la obra del difunto; al tiempo que se permita realizar una leve crtica sobre su comportamiento tras la concesin del premio Nobel.

EL NEGOCIO DEBE CONTINUAR

Pocos meses despus de su terrible prdida, Marina Castao, protagonizaba la presentacin de "Cuaderno de El espinar". Una supuesta obra pstuma de Cela compuesta por doce pequeos textos y trece grabados. Se prepar una cuidada y elitista edicin de 300 ejemplares, cada uno de los cuales se vendi por la respetable suma de 400.000 pesetas. Debi de pensar Marina que bien poda la figura de su difunto esposo emular las gestas del legendario Cid y vencer algunas batallas pecuniarias incluso desde la tumba. Quiz estas filantrpicas aportaciones a la cultura, la Presidencia de la Fundacin Cela, o sus colaboraciones periodsticas consigan llenar el inmenso vaco que, sin duda, an hoy debe sentir la desconsolada viuda.

Tampoco Francisco Umbral quiso desaprovechar la ocasin para rendir su sincero homenaje al camarada desaparecido y se dio buena prisa en publicar un libro titulado "Cela, un cadver exquisito". Sin el ms mnimo escrpulo, el escritor madrileo se dispuso a rentabilizar el morbo del momento aireando algunos chimes o retratando a una Marina Castao "rapaz de lujos, vestidos, champn y fama social... o nueva rica". Pero el aporte ms significativo de este libro de Umbral - por lo que contiene de autorretrato- es su increble reconocimiento del famoso plagio de Cela: "Luego, el argumento lo denunci una concursante tambin galaica, que era quien haba escrito la historia. La haban tomado el libro para pasarlo por la mquina estilstica de Cela". Algo de carnaza haba que ofrecer para fabricar un betseller y seguramente Umbral no encontr mejor manera de seguir sacando provecho de su vieja amistad.

Al fin y al cabo, las exequias de Cela se convirtieron en un expresivo reflejo de lo que haba sido su propia vida: un lucrativo negocio en el que, esta vez, l no pudo participar.








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