Portada :: Mundo :: Chechenia, la guerra ignorada
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2004

El laberinto caucasiano

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Para Rusia hay, a partir de este momento, un antes y un despus de Besln. Como lo ha habido, para Estados Unidos, un antes y un despus del 11 de septiembre. La masiva toma de rehenes civiles, el 3 de septiembre ltimo, ha llevado a la angustia y a la masacre de unas 370 personas y de ellas 160 nios. Esta nueva masacre de inocentes ha dejado helado de horror al mundo que por otra parte ha asistido, con estupor, a la intervencin confusa y brutal de las fuerzas del orden rusas.

Por el increble fracaso del aparato de seguridad y por la dimensin delirante de la violencia de la que hicieron prueba los raptores, Besln marca sin duda, en las guerras del Cucaso, un giro (leer el artculo de Jean Radvanyi, pginas 4 y 5). Es la crisis de mayor magnitud que afronta Vladimir Putin desde que es presidente. Pero no es cierto que haya calculado, con exactitud, su impacto. No ha declarado, al da siguiente de la carnicera Es necesario admitir que no hemos comprendido la complejidad y el peligro de los procesos que sobrevenan en nuestro propio pas y en el mundo? Una manera de afirmar que Rusia, como otros Estados del planeta, est enfrentada a un adversario comn, el terrorismo internacional dicho de otra manera: el islamismo radical o lo que algunos llaman la yihad islmica mundial.

Es un error trgico de la misma naturaleza que el cometido por el presidente de Estados Unidos George W. Bush, en marzo de 2003, cuando decidi invadir Irak bajo el pretexto de combatir el terrorismo de Al Qaeda. A su vez, Rusia se declara en guerra, evoca el regreso a un Estado fuerte, se apresta a cambiar profundamente el sistema poltico (1), a reforzar los recursos del ejrcito y de los servicios secretos, y habla incluso de ataques preventivos para liquidar las bases terroristas en cualquier regin del mundo (2).

Las autoridades rusas rechazan admitir que el terrorismo y el islamismo a los que estn enfrentados hoy en el Cucaso no son ms que instrumentos, siendo el nacionalismo su problema principal en esta regin.

De todas las energas polticas, el nacionalismo aparece como la ms poderosa, la ms resistente. Es sin duda la fuerza ms importante de la historia moderna: la resistencia de los palestinos da testimonio de ello. Ni el colonialismo, ni el imperialismo, ni los totalitarismos se han desembarazado de l. Es una corriente que no vacila en establecer las alianzas ms dispares para alcanzar sus fines. Buena prueba de ello en la actualidad son, por ejemplo, Afganistn e Irak dnde nacionalismo e islamismo radical se asocian para dirigir, por medio de nuevas formas particularmente odiosas de terrorismo, una lucha de liberacin nacional.

Lo mismo sucede en Chechenia. Nadie se ha resistido tanto a la conquista del Cucaso por los Rusos como los Chechenos. Desde 1818, ellos se oponen con coraje. Y durante la implosin de Rusia, en 1991, se han autoproclamado independientes. Esto condujo a una primera guerra con Rusia que concluy, en agosto de 1996, con la victoria de una Chechenia exange.

En octubre de 1999 como represalia de una ola de atentados el ejrcito ruso ha atacado de nuevo a Chechenia. Este segundo conflicto ha acabado de arruinar a un pas devastado. Mosc ha organizado elecciones locales y ha situado en los puestos clave a personalidades vinculadas a su poltica. Pero la resistencia chechena no cede, los atentados prosiguen y la represin rusa persiste feroz (3).

El contexto geopoltico no favorece las cosas. Las autoridades rusas estn exasperadas por las relaciones cada vez ms estrechas econmicas e incluso militares que se establecen entre los Estados Unidos y los dos Estados de la Transcaucasia, Georgia y Azerbaiyn, en la fronteras de Chechenia. Ambos Estados establecen una correlacin con la reciente decisin del presidente George W. Bush de reestructurar las fuerzas armadas de Estados Unidos sacndolas de Alemania para desplegarlas ms cerca de Rusia, en Bulgaria, Rumania, Polonia y Hungra. Esto refuerza, en Mosc, el sentimiento de ser una potencia asediada.

Como respuesta, Putin mantiene, contra el deseo de los gobiernos locales, sus bases militares en Georgia y en Azerbaiyn, refuerza su alianza con Armenia que ocupa todava ilegalmente territorios azerbaiyanos, y apoya los separatismos en Abjazia y en Osetia del Sur.

Los rusos, incapaces de vencer en terreno de Chechenia, quieren mostrar que, en el conjunto del Cucaso, nada se puede hacer sin contar con ellos. Siguen obsesionados por el espectro de un segundo Afganistn. Una nueva debacle militar frente a la nebulosa islamista en Chechenia sera todava ms humillante dado que los chechenos son menos de un milln; podra prender el polvorn del Cucaso y traducirse en un nuevo desmantelamiento territorial. De ah el rechazo a toda negociacin, a todo reconocimiento del derecho a la autodeterminacin. Y la brutalidad de una represin que fabrica, como recompensa, terroristas prestos a todas las locuras criminales.

NOTAS:

(1) Putin ha anunciado la supresin de la eleccin por sufragio universal de los gobernadores de 89 regiones de la Federacin Rusa; ellos sern en el futuro designados por los Parlamentos locales a propuesta del presidente federal.
(2) International Herald Tribune, 9 septiembre 2004-09-25.
(3) Leer Anna Politkovskaia, Tchetchenia, le deshonneur russe, Buchet-Chastel, Paris,2004.




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