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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2007

Quin teme a la renta bsica de ciudadana?

Antoni Domnech y Daniel Ravents
El Pas



El sueldo del mendigo y del banquero, as titulaba El Pas el pasado 3 de octubre su crnica del debate parlamentario del da anterior sobre la propuesta de ley de ERC e IU-ICV para crear una renta bsica de ciudadana (RB). Destacadas, las estlidas palabras del representante del PNV: Quieren crear el derecho a no trabajar? Es diablico! La derecha toda (PP, PNV y CiU) estuvo completamente de acuerdo. El partido del gobierno, que cuenta entre sus diputados con veteranos partidarios de la idea (por ejemplo, el ex-ministro Jordi Sevilla), aparentemente, dej caer la propuesta.

Quien se tome la molestia de leer el diario de sesiones de las Cortes, fcilmente advertir un vivo contraste, de forma y de fondo, en los argumentos cruzados. Joan Tard (ERC) y Carme Garca (IU-ICV) expusieron con solidez y sobriedad algunas de las razones que en los ltimos 20 aos se han ido debatiendo en distintos medios acadmicos y en muchos foros sociales. Del otro lado, y como si no hubiera tenido lugar esa amplia discusin internacional (con la participacin, entre muchos otros, de algunos premios Nbel de economa y de reconocidos filsofos), piruetas verbales escurriles y pseudocrticas que no se avilanta a esgrimir ya nadie que conserve intacto el sentido del autorrespeto intelectual. Principalmente, sta: la gente no trabajara!.

Como si no hubiera ya en la sociedad actual gentes que viven opparamente de renta, sin que a los esforzados paladines del sudor en la frente les entre el menor arrebato justiciero! Y como si en la distribucin funcional de los ingresos en el Reino de Espaa la parte de la masa salarial no hubiera retrocedido, ao tras ao, en el producto social global, mientras la parte de las rentas y los beneficios empresariales no dejaba de crecer!

Por lo dems, trabajo asalariado no es coextensivo con trabajo. Existen otros dos tipos de trabajo: el domstico y el voluntario. Se calla por sabido que esos trabajos no remunerados son importantsimos en la creacin de riqueza y bienestar social, queden o no registrados en el PIB.

Yendo al trabajo remunerado, hay muchas razones para suponer que una RB no provocara una secessio plebis, una retirada masiva del mercado laboral. Por lo pronto, lo que los ms buscan en el trabajo es, junto a ciertos ingresos, reconocimiento social; sentirse til, incluso cierta autorrealizacin. Y aun si la gente no persiguiera sino remuneracin, el deseo de obtener mayores ingresos deriva de muchos factores de ndole social y cultural; que no se extinga ese deseo ni con salarios altos, permite suponer su persistencia bajo una RB que, aun garantizando una existencia digna, quedara muy lejos del lujo. Adems, el mercado laboral de calidad es hoy cada vez ms raqutico, y por lo mismo, excluye a buena parte de la poblacin. Que algunas personas abandonaran sus empleos-basura para dedicar unos aos a formarse, a colaborar con organizaciones dedicadas a la solidaridad o a emprender algn proyecto personal, no debera verse como algo a priori preocupante. Al contrario: liberara a mucha gente de la presin de encontrar una ocupacin a cualquier precio, lo que obligara a los empresarios a ofrecer condiciones ms atractivas para algunos empleos.

La realizacin de horas extraordinarias por parte de muchos trabajadores y el desempeo de actividades remuneradas por parte de personas jubiladas anticipadamente son dos contundentes realidades que destruyen la presuncin de que la RB traera consigo la drstica contraccin de la oferta de trabajo asalariado. Son legin los trabajadores que, habiendo aceptado las jubilaciones anticipadas ofrecidas por muchas grandes empresas para reducir plantilla, realizan, pese a contar a veces con buenos ingresos, trabajos remunerados. Si, pues, muchos trabajadores hacen horas extraordinarias y buena parte de los (pre)jubilados siguen desempeando tareas remuneradas en el mercado laboral, nada invita a pensar que con una RB ocurrira lo contrario.

Varios estudios empricos y de simulacin arrojan alguna luz sobre el asunto. Algunos modelos de simulacin (presentados en distintos congresos de la Basic Income Earth Network) predicen slo una pequea retirada del mercado de trabajo por parte de algunos trabajadores con empleos mal pagados y desagradables. (Material interesante al respecto, en www.redrentabasica.org). Otros muestran que el estmulo para aceptar un empleo por parte de quienes hoy cobran prestaciones sociales sera mucho mayor con una RB. Los temores catastrofistas ante una sociedad de vagos y ociosos, pues, no encuentran apoyo en lo que hoy se sabe y se puede razonablemente conjeturar.

Otra objecin apuntaba a los terribles costos de la RB. Si, como el terrateniente que ante el debate sobre la reforma agraria de la Segunda Repblica dijo castizamente: estoy de acuerdo con esta reforma, porque entre lo que tengo y lo que me van a dar, se pensara que en la RB todo suma, resultara hasta inteligible la protesta farisaica ante los terribles costos de su implantacin Un banquero recibira la RB igual que un mendigo, en efecto. Mas el banquero, en todo modelo de financiacin serio, pagara mucho ms de lo que recibira como RB. En un estudio economtrico que tambin se mencion en el debate parlamentario (La Renda Bsica de Ciutadania. Una proposta viable per a Catalunya, Fundaci Jaume Bofill, 2005) se muestra que es perfectamente posible financiar una RB de 5.414 euros anuales para los adultos y de 2.707 para los menores mediante una reforma a fondo del IRPF.

La RB tiene unos rasgos formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad idnticos a los del sufragio universal democrtico. Como ocurre con el voto, se tendra derecho a la RB por el solo hecho de existir como ciudadano o residente acreditado, independientemente del sexo, de la etnia, del nivel de ingresos (los ricos tambin votan!), de la opcin sexual o de la confesin religiosa (si alguna). Algo de tan elemental justicia, resulta al parecer amedrentante. Las luchas por el sufragio universal para todos los hombres, ricos y pobres, y despus para todas las mujeres, tambin parecieron locura diablica a muchos que consideraban el sufragio censitario el no va ms del orden social. No es imposible que en unas dcadas todos se escandalicen de los argumentos de quienes hoy se rasgan las vestiduras ante una medida que promovera diablicamente la vagancia. Como ahora nos escandalizan los argumentos de quienes no hace tanto el Vaticano no levant para los catlicos la prohibicin de votar hasta 1919! se rasgaban las vestiduras ante la sola idea de que pudieran votar todos, tambin los pobres, tambin las mujeres, tambin, por qu no?, los vagos, y aun los (pobres) diablos.

* Antoni Domnech es catedrtico de Filosofa Moral en la Facultad de Ciencias Econmicas de la UB. Daniel Ravents es presidente de la Red Renta Bsica y autor de Las condiciones materiales de la libertad (El Viejo Topo, 2007). Ambos son cofundadores de la revista poltica internacional SinPermiso (www.sinpermiso.info).


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