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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2007

El Che toda la vida

Ignacio Vidaurrzaga Manrquez
Rebelin


A nuestra generacin Ernesto Guevara nos ha acompaado todo lo que tenemos de vida.

An nios-jvenes lo conocimos en malas copias en blanco y negro, plagadas de cortes e imperfecciones. Se nos presento como gigante en una sala estrecha atestada de material propagandstico que oliendo a tinta fresca llegaba a raudales desde la naciente revolucin. Iba arriba de camiones o cargaba sacos a pecho descubierto, estaba en la zafra con un machete en la mano o fustigaba a los yanquis en Naciones Unidas, tratndolos de bestias por sus intervenciones en Argelia y Vietnam. l, fue para nosotros ms que el Zorro y muchsimo ms que el Llanero Solitario.

Esos eran tiempos en que la prctica era el motor ms esencial de los aprendizajes y en medio de esos trabajos voluntarios al borde del Ro Itata cuando bajo la entonces Federacin de Estudiantes de Santiago nos movamos a trabajar con esos campesinos pobres calzados con hojotas, nuestra boina representaba al Che que ya no estaba en alguna tarea urgente en cualquier lugar del mundo. Hay que volver a escribirlo: tuvimos poco tiempo al Che vivo. Por eso, con el transcurso de los aos tendramos que descubrirlo, l siempre gallardo y hermoso, mientras a nosotros se nos caa el pelo o ya comenzbamos a encanecer.

El Che de brazo en cabestrillo y un imprescindible librillo titulado El socialismo y el hombre, inspirando incentivos ticos e inmateriales, barbaridad para estos tiempos de endeudamiento y tarjeta plstica.

El Che de la comuna de San Miguel y su estatua descabezada. El mismo de la pelcula de los rangers que salimos a boicotear de mltiples formas cuando un libretista gringo crey posible caricaturizarlo en el origen de su leyenda. El Che, transformado en icono popular y luego en mercanca adaptable a cuanto objeto existiese. Sin embargo, la publicidad y el consumo fue quedando tensionado con el otro Che, el que dondequiera estuviese estara significando rebelda, opcin por los desposedos, y lucha radical contra los amos del mundo. As, el Che comenz una larga marcha por las calles y campos del mundo, significando la capacidad de sorprenderse, de sentir en carne propia cualquier indignidad. El Che fue Mandela, luego se hizo tupamaro y acompao a Roberto Santucho y Miguel Enrquez. Fue Allende ese da. Hoy, posiblemente sera inmigrante y escuchara a Manu Chao, apoyara a los okupas y estara en la Intifada palestina reiterando quizs esa frase que torea a la muerte, dndole con desparpajo una sobria bienvenida.

Ms adelante, vendra Bolivia con todos sus detalles narrados por sus compaeros sobrevivientes. Los rescatados por Allende y los otros. Todo cruzado por sospechas y sinuosas dudas sobre su relacin con Fidel y la calidad de la retaguardia desde la Cuba revolucionaria. Recordar al Che desde su carta de despedida, aquella que aprendimos a recitar de memoria al calor de nuestras fogatas de jvenes estudiantes en medio de la reproduccin incesante de la organizacin campesina de esos aos. Ese texto ltimo que recuerda la casa de Mara Antonia y toda la tensin de los preparativos. Esa despedida serena y dramtica. Ese adis a la familia inmediata y tambin a la grande. Esa confianza absoluta en no requerir heredar sino ejemplos y obras colectivas a sus hijos. Sus palabras todava resuenan como eco infinito desde la excepcionalidad de la situacin. Adems, desde la vivencia de los rigores que luego planteara la clandestinidad y la separacin de los ms nuestros.

El Che despedazado desde sus viajeras manos y su bitcora de guerrillero. El Che y la foto de Korda. Tambin desde ese gigantesco Che colgado en la Plaza de la Revolucin como ttem vigilando consecuencias. Y ms que eso, verlo desde los testimonios directos de sus compaeros de guerra en frica. Recordando que la ancdota del ministro cubano con los calcetines rotos previo a descender de un avin en Mosc era absolutamente real. Que este personaje de campamento permanente, que llevaba su casa como caracol en cada nueva misin era ms que un retrato o una imagen de bandera, que haba existido y que ellos daban fehaciente testimonio de ello. Que es mito entre otras cosas porque escapo a las conductas comunes y habituales respecto al poder y sus comodidades, a la acomodaticia lejana entre lo que se dice y lo que se hace. Y por ello, esos ojos de cubanos combatientes de Angola hablando del Che ayudaban a fortalecer las particularidades de este asmtico crnico, voluntarista y voluntarioso. De este hombre fraterno y duro. Asceta e invencible. Dbil de salud y crtico de pluma.

Cuba lo venera en museos como el comandante de la Columna nmero cinco, el jefe del Vaquerito, el creador de esos toscos vehculos blindados con planchas metlicas. Pero, tambin lo guardan los cubanos y cubanas en estampitas puestas detrs de las puertas, confundiendo su rostro entre sus fotos caseras y familiares. Es San Ernesto, es el Comandante, es el guerrillero heroico, es simplemente el Che el de ayer y el de Jael Garca. El rostro en el brazo del dios-Maradona y la ruta turstica en Bolivia.

El Che reproducido y portado en la pechera de miles de personas. El lector inagotable que Piglia reconoce. El poeta o el tmido enamorado, como muy recientemente revelara la mujer que amo y que lo hizo padre, por ms ausente fuera.

El de t querida presencia y tantas expresiones. Porque en tiempos planos y grises parecen ser ms urgentes las vidas trascendentes. Porque antes de la globalizacin de los mercados, el Che ya una continentes, transgrediendo fronteras y chovinismos primarios. Fue argentino y cubano, con la misma propiedad que africano y boliviano.

Luego, vendran las mltiples biografas. Kilos de papeles y pelculas. Los textos de Anderson y Pacho O Donell, pero muy particularmente la hermosa obra de Paco Ignacio Taibo II (que alguien an no me ha devuelto luego de un ya muy generoso y extendido prstamo, que insisto debe finalizar).

Los cuadernos de Praga y todo lo que de ao en ao se suma en torno a la vida del Che. El Che rescatado en sus aciertos y atenuado en sus errores y voluntarismos. El Che sin conocer el destino transitorio de los socialismos de Europa del este. El Che que no poda adivinar las mariposas de La Habana que canta Silvio Rodrguez, ni al turismo como salvavidas, mientras simultneamente estara orgulloso de los mdicos del mundo formados en Cuba y de esos ndices de educacin y salud que silenciosos se imponen en tanta cita de expertos y tecncratas.

Y Bolivia fue su ltimo cielo.

Y tras todo ello y lo biogrfico de este Che que tenemos repetido en postales y textos y que nos acompaa cotidianamente en nuestra mesa de trabajo recordndonos que esos nios pobres an existen. Y que la hora de los hornos no ha pasado. Porque esos nios consumidos por hambre o droga an pueblan Amrica Latina y el mundo. Y urgente se requieren voluntades firmes y sabias, desprovistas del mareo y la comodidad del poder y que ms all del M1 o el Garand como instrumentos, este mundo no es ms justo para este abuelo de mas de 70 aos que posiblemente seguira voluntariosamente activo.

Como invitado imperdible el Che-bandera tambin nos acompao en el adis de nuestra hija. Porque esencialmente es parte de esos pasos redentorios y progresivos de la Humanidad toda, ms all de todos sus errores y de las desafecciones y dudas acumuladas en la historia larga. Porque el Che es Serrat, la Violeta y Mafalda. Ese torrente de significados que se colaron en nuestras vidas, caminan con nosotros, los conocen nuestros hijos resignificndolos en un espiral de aliento y brisa fresca en el tiempo del capitalismo exitoso. Recordando a trocha y mocha que nunca el hombre (y la mujer) estn vencidos y que la derrota es siempre breve, aunque les toque a otros ya no como hijos, sino como sus legtimos e inquietos nietos.

40 aos despus, otros jvenes adolescentes vuelven a descubrir esas malas copias en blanco y negro. No nos sorprenda que maana llegue a nuestra mesa un abuelo de barba blanca y rala, estacione su mula e ingrese a buscar abrigo con sus bototos embarrados. Luego con voz ronca nos recuerde la dignidad de la especie acicateando esa capacidad de ponerse en el lugar de los otros, de mirar para el lado, de salir del ensimismamiento de moda sobre lo bello, privado y joven. Porque al final y ms all de espejuelos, la marcha camino al futuro continua y este amigo reconocible ronda con ternura de hombre justo y pretensin de hombre nuevo.





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