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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2007

La excusa ideolgica de la capitalidad

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


La infamia republicana como historia.-

Sucre, la ciudad smbolo de la colonia a travs del funcionamiento de la audiencia de Charcas, se convirti con la fundacin de la Repblica  en la capital de los poderes constituidos en tanto eran los criollos los que fundaban su repblica y hacan gala de su origen colonial en el marco de la independencia del nuevo Estado a lo largo del siglo XIX hasta 1899,  los grupos oligrquicos enriquecidos por el auge de la plata residan en Sucre, sin embargo el centro poltico estaba en La Paz pues el funcionamiento de los poderes se realiz en esa ciudad as como su residencia real. Entonces, slo el 5% de la poblacin tena ciudadana reconocida, como expresin del Estado republicano-colonial, que se constituy encima de los pueblos indgenas y originarios.

Las transformaciones del mercado mundial a fines de siglo XIX, empezaron a dar lugar a un nuevo mineral, el estao, que increment el papel econmico de la ciudad de La Paz a travs de su relacin los centros mineros de Oruro. Adems este movimiento econmico tuvo connotaciones polticas, pues los polticos conservadores se atrincheraron  en Sucre y el creciente movimiento liberal estableci su centro en la ciudad de La Paz. Este conflicto republicano deriv en la guerra federal de 1899 que tuvo como eje a estos dos centros determinantes de la economa y la poltica nacional.

La victoria de los liberales al mando de Pando fue posible con la alianza realizada con los lderes indgenas aymaras a la cabeza de Zarate Willka, con los que derrocaron a las fuerzas conservadoras de Alonso sin embargo luego de la victoria, Pando y los liberales, frente a la reivindicacin indgena de ser parte del nuevo Estado, optaron por una alianza con los conservadores vencidos, asesinando a los lderes indgenas y negociando para que el poder judicial se mantuviera en Sucre a pesar de la victoria liberal, dejando adems olvidada la proclama federal de los liberales; pues ambos bandos entendieron que el enemigo comn era el indio insurrecto que demandaba ser parte de este pas.

Capitalidad, una historia que se repite?.-

En el marco de la Asamblea Constituyente en Bolivia, como demanda esencial de los pueblos y naciones indgenas y originarias, se reinicia el debate histrico que en apariencia enfrenta los intereses de dos departamentos. Se interpela histricamente el centralismo ejercido por La Paz y se demanda la devolucin de los poderes constituidos a Sucre; buscado redituar los argumentos utilizados hace ms de un siglo, no slo en cuanto a la reivindicacin regional sino sobre todo en el de la exclusin indgena y del conjunto del pas

El punto central se remite al traslado del centralismo de un departamento a otro, no significa otra cosa la demanda de devolucin de los poderes, por encima de las demandas del  pas que ha luchado contra ese centralismo pero tambin contra una forma de Estado engendrado por un sistema que ha excluido no slo a los sectores indgenas y empobrecidos sino a departamentos y regiones.

No podra entenderse de otra manera el que las supuestas razones histricas de la capitalidad, pongan un velo sobre las razones econmicas y sociales del pueblo boliviano que ha apostado a un proceso de cambio que no pasa por un traslado de la

 Sede de los poderes sino por la transformacin revolucionaria de las condiciones de vida de la mayora de los bolivianos, as como en su participacin en el proceso de construccin de la democracia.

El orgullo colonial frustrado.-

La tradicional Charcas, ha concentrado en su vida republicana, las frustraciones no slo de un sistema centralista que con la mayora de los departamentos del pas, se ha quedado al margen del proceso de desarrollo, concentrando la pobreza principalmente a nivel rural donde los hacendados han sido poco afectados en su propiedad y poder; expresin de ello es que todava hoy existen en territorio chuquisaqueo comunidades guaranes cautivas sometidas a un rgimen de semiesclavitud.

En la ciudad se ha generado un orgullo secular de los orgenes coloniales representados no slo en las construcciones sino tambin en el simbolismo esgrimido en la bandera y escudo departamental donde se expone la cruz de las carabelas  y la corona espaola. Pero es todava ms complicado cuando esta reivindicacin simblica es parte del imaginario ciudadano de la escasa clase media que justifica y reivindica  la mentalidad colonial y excluyente incubada en la frustracin, por cuanto estos sectores no hallaron otra manera de reivindicar una identidad sino en la negacin del indio excluido en su propio territorio.

No representa otra cosa las expresiones de asedio y ataque que en este ltimo tiempo han sufrido los constituyentes originarios y campesinos, que fueron agredidos, insultados y golpeados por las hordas urbanas que una vez ms identificaron su reivindicacin departamental con la negacin  de la presencia indgena y de su proyecto.

 De esta manera, en los das de conflicto fue comn escuchar entre los sectores urbanos movilizados por la capitalidad, el insulto al presidente de la republica Evo Morales y a la presidenta de la Asamblea Silvia Lazarte, como indios que no tienen el derecho a atribuirse el poder en este pas. En los medios de comunicacin fueron objeto de escarnio pblico, desde un discurso poltico que en su confrontacin est cruzado de racismo y que entrelineas dice que si un presidente blanco reprime como el caso de Snchez de Lozada, fue un presidente en desgracia y obligado por las circunstancias; si es un indio como Evo Morales, es un dictador que no sabe gobernar

Esta carga racista no es circunstancial y cruza el conjunto del conflicto estructural que vivimos como pas, por cuanto lo que est de por medio no es tan solo un cambio institucional sino una perspectiva histrica de transformacin social en el pas basada en la inclusin y la democracia.

El racismo como discurso organizador.-

Por eso, este proceso de enfrentamiento con los sectores ms conservadores y reaccionarios con la perspectiva de construccin del nuevo acuerdo nacional, gener un alineamiento de las diversas fuerzas opositoras, de esta manera, encontramos como los comits cvicos de la media luna rpidamente tomaron partido en la perspectiva de la capitalidad. No era la primera vez que lo hacan pues en la perspectiva de la reconstitucin hegemnica de los sectores de poder regional, haban avanzado en los temores de las clases medias y del proceso de enfrentamiento no slo en el Oriente y Tarija sino tambin en Cochabamba donde se alent el enfrentamiento en Enero del pasado ao.

En Sucre, no slo existi por tanto un apoyo militante e interesado de la demanda por capitalidad, sino la intervencin directa de este bloque conservador en recomposicin a travs de la activa participacin de la juventud cruceista que dirigi los procesos de enfrentamiento y agresin en la ciudad. Todava ms esta constatacin se visibiliza cuando una  parte de los estudiantes universitarios movilizados traan consigo el cintillo azul de la Falange Socialista Boliviana (Partido de tradicin fascista, prcticamente desaparecido pero ahora reivindicado en Sucre y Santa Cruz, con jvenes militantes que a manera de paramilitares plantean abiertamente el odio al presidente indio y al fracaso de la Asamblea Constituyente).

Los liderazgos locales urbanos son parte de la comprensin del conflicto, por cuanto ms all de la reivindicacin departamental, se encuentra en proceso un reciclaje de polticos de diversos partidos que haban cado en desgracia y hoy se presentan como irreductibles defensores de la capitala, y han contribuido a construir el discurso regional y el enganche con los grupos de poder de la media luna.

Estos liderazgos son los que han bloqueado la posibilidad del dilogo y alentado la accin violenta de los universitarios sobre la institucionalidad de la Asamblea Constituyente, buscando reconstituir cierta hegemona conservadora en un espacio poltico que haba sido ganado en las elecciones pasadas por el MAS en el gobierno nacional y la prefectura departamental; entendible en el departamento por el gran apoyo campesino e indgena al cambio en el rea rural, y en la ciudad por el gran flujo migratorio existente junto al temor de los sectores medios a quedarse fuera del proceso de transformacin.

Manipulacin informativa y legalidad.-

Ahora bien, este proceso de movilizacin urbana que ha convocado a diversos sectores populares bajo la perspectiva de la mejoras de la condicin de vida con la capitalidad, poco tiene que ver con los argumentos histricos que las elites dirigenciales manejan. Sin embargo, el bloqueo informativo adems de la manipulacin de los mas media en torno a este discurso han hecho visible no slo el discurso racista que se enarbola, sino tambin la impostura poltico-ideolgica del  "mandato" recibido por los dirigentes para no  ceder en nada la demanda de la capitalidad, an a costa de la propia Asamblea Constituyente.

La legalidad es el nuevo argumento en el que se amparan estas posiciones conservadoras, como si "oportunamente", el poder judicial, opositor a los cambios y al gobierno, hubiera podido fallar en justicia en un conflicto de ndole poltica. Pero adems se pretende que este Poder Legislativo, constituido por cuotas de los partidos neoliberales de anteriores gobiernos,  dirima jurdicamente un conflicto histrico que implica no slo a dos departamentos sino que hipoteca la propia concepcin del nuevo Estado descentralizado por aprobarse en el nuevo texto constitucional.

Por tanto, el conflicto no puede ser visto tan slo desde una perspectiva tcnico-jurdica, ni tan siquiera de una correlacin de fuerzas favorables para tratar la temtica an a travs de la forma referndum que termine dividiendo al pas, que es parte de la estrategia de la oposicin. Debemos asumir que con estas banderas regionales que buscan el entrabamiento fatal de la Asamblea Constituyente, se adelanta el enfrentamiento poltico entre los bloques en pugna por transformar la visin de Estado.

Proceso Constituyente y descolonizacin.-

Cabe reflexionar sobre la estrategia poltica que sigue en medio de este catico panorama de realineamiento de las fuerzas. Est claro que la de la oposicin es la de

hacer una poltica del conflicto, que les permita adems articular  miedos y temores, juntar y confundir los intereses de los poderes regionales con los de las clases medias y algunos sectores populares manipulables; utilizar como amplificacin y "generalizacin" del supuesto descontento a los medios de comunicacin, y en definitiva crear frentes ficticios o sobornables de conflicto que permitan un proceso de desgaste poltico. Las arremetidas de la oposicin buscan patear el tablero y provocar el enfrentamiento entre bolivianos frente a su carencia de argumentos y liderazgos que le permitan realizar una oposicin democrtica y propositiva. Bajo estos argumentos en el tema de la Asamblea Constituyente  se pretende mostrar el fracaso no slo de una forma de ponerse de acuerdo en Democracia, sino del gobierno que lo ha promovido.

Lo que no contempla esta estrategia colonial es que la apuesta histrica por la Constituyente es un proceso de transformacin y no precisamente una definicin jurdica. Es decir que desde la perspectiva neoliberal el fracaso se lee por la no conclusin o entrega del texto constitucional o de la incoherencia del contenido del mismo; desde una perspectiva de memoria larga de los pueblos indgenas y originarios, sin embargo, el proceso constituyente es un camino en el que por primera vez participamos en una legtima representacin del pas, aprendimos a lo largo de ms de un ao que los cdigos y formas jurdicas impuestas por una forma de hacer Estado han pesado mucho para entender lo que no queremos en el nuevo pas, a pesar de que algunos han sucumbido a los discursos y seducciones de la oposicin.

Todava ms hemos logrado tener un texto constitucional en mayora, como fruto de nuestros aportes y discusiones, junto a los aportes recibidos en los foros circunscripcionales. Este trabajo refleja justamente la etapa de transicin en la que transcurrimos, desde una perspectiva liberal que incluya de forma sustancial a las identidades que conforman este pas, para hacer una democracia de participacin y construccin desde el protagonismo social de los ms olvidados; ya que todo nuestro pasado anterior es la historia del fracaso de los sectores enriquecidos para hacer un pas incluyente y con equidad.

La estrategia poltica fundamental de la mayora es por tanto asumir que estamos en un proceso constituyente por sobre los plazos jurdicamente establecidos. Que es deseable en trminos de la construccin de consensos el que se creen espacios institucionales para trabajar los temas que no son de la competencia de la Asamblea Constituyente y que sern de resolucin posterior; en definitiva que se de lugar a que la Asamblea Constituyente termine formalmente su trabajo es una pretensin de la mayora a pesar de la estrategia del fracaso de la minora.

Sin embargo, la estrategia mayor pasa por asumir que el proceso constituyente es un camino descolonizador de largo aliento, en el que aprendemos como mayora  a valorar lo que somos y queremos en lo que hemos definido como Estado plurinacional, al mismo tiempo que nos vamos deshaciendo de esas coagulaciones institucionales y mentalidades en las que el viejo Estado ha encarnado su poder para asumirse como perenne.

Por eso, ms all de la resolucin tcnica de la Asamblea, nuestra estrategia est definida por la revolucin posible como camino, que transite en esta Democracia pero que vaya ms all de la formalidad y legalidad liberal, construyendo espacios alternativos, democrticos y deliberativos con el conjunto de la sociedad civil que sean el soporte central del sentido de la transformacin y institucionalicen nuestras formas de convivencia y participacin en el marco del Estado Plurinacional Comunitario.

El autor es Coordinador Nacional de Deliberacin Pblica - Repac


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