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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2007

Da de la Raza y la Hispanidad
12 de Octubre de 1936

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Como recordaba el gran socilogo barcelons Esteban Pinilla de las Heras1, el trmino raza no tuvo en los aos veinte del pasado siglo la significacin zoolgica-biologista que pas a tener tras su uso por nazis, pre-nazis y sus seguidores e imitadores. En Espaa, durante los aos de la dictadura del general Primo de Rivera, el trmino, usado ya entonces, no designaba ninguna hipottica raza espaola.

El da de la Raza haba sido instaurado en 1917 por el presidente argentino Hiplito Yrigoyen, l mismo de ascendencia vasca e indgena. Dirigente del Partido Radical2, haba llegado al poder en 1916. La raza del presidente Irigoyen no slo eran las comunidades provenientes de la ascendencia espaola sino la resultante del mestizaje entre descendientes de personas originarias de la Pennsula ibrica, de toda la pennsula, y los descendientes de los antiguos pobladores de Amrica.

Fue posteriormente, durante los primeros aos de la dictadura del general golpista Franco, cuando el 12 de octubre, el da de la Raza, luego llamado da de la Hispanidad, recibi la significacin imperial que en absoluto haba estado presente en el nimo e intencionalidad del presidente argentino Yrigoyen.

Curiosamente, Manuel Sacristn, al resear para Laye un ensayo introductorio de Jean Wahl 3 , haba sugerido a principios de los cincuenta una singular definicin de Hispanidad:

Las personas propensas a creer que la Hispanidad no pasa de ser un pretexto para la retrica gruesa deben considerar la riqueza literaria que nos llega de la Amrica espaola. Entonces descubrirn -por ejemplo- que Hispanidad es, cuando menos, eso que nos permite leer La Colmena.

Los Breviarios del FCE son tal vez los ms sorprendentes de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son en principio, manualitos divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas pginas producen sorpresas de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de Wahl.

(...) Quedamos, pues, en que, por el momento, la Hispanidad es eso que nos permite leer La Colmena de Cela y la Introduccin a la Filosofa de Jean Wahl.

*

Sea como fuere, la historia espaola de esa celebracin tiene un momento altamente significativo. El 12 de octubre de 1936 haba sido declarado por el fascismo espaol como da de la Raza y la Hispanidad. Cuatro das antes, el da 8, Miguel de Unamuno haba publicado en los peridicos de Salamanca el Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades del mundo, y al da siguiente empez la preparacin editorial de la Fiesta de la raza en los peridicos, con un vibrante suelto, empedrado de tpicos y exaltacin patritica4.. El da 11 la prensa de los alzados en armas inici la publicacin de la carta-pastoral de Enrique Pl y Daniel, a la sazn arzobispo de Salamanca. Fechada el 30 de septiembre de 1936, la pastoral llevaba por ttulo Las dos ciudades. En el ndice de la primera entrega periodstica se sealaba: Ao 1936, piedra miliar en la historia de Espaa. Revolucin y Contrarrevolucin. Los dos amores que las engendraron y con ellas a las dos ciudades. Frente al vandalismo de los hijos de Can, el herosmo y el sublime y fructfero martirio de los hijos de Dios.

El da 12, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, se organiz un acto de exaltacin hispnica y racial que se convirti en un aquelarre de simbolismos y gritos rituales fascistas5. Miguel de Unamuno, rector de la Universidad, presida la mesa. El general Franco le haba cedido su representacin en el acto acadmico6. Era la primera ocasin para que los militares amigos de Hitler y Mussolini, alzados contra la II Repblica espaola, pudieran exaltar abiertamente los valores por los que se haban sublevado y por los que estaban llenando de sangre los campos y las ciudades de Espaa7.

El estallido de la guerra haba pillado al autor de La agona del cristianismo en Salamanca, ciudad que, junto con Burgos, funcionaba como capital de facto de los facciosos antirrepublicanos. En aquellas primeras semanas, el pensador vasco mostr un apoyo expectante hacia los sublevados contra la legalidad republicana y el nmero de sus disparates polticos no es un cardinal menor. Su extravo ideolgico y su confusin poltica no fueron, se miren como se quieran mirar, una simple y breve nota a pie de pgina8.

En la mesa del acto, adems del propio Unamuno, figuraban el cardenal Enrique Pl y Daniel, de origen cataln; el fundador de la Legin, el general Milln Astray, con sus armas en la mano; Carmen Polo, la esposa del general golpista, con sus escoltas personales

La puesta en escena sigui el siguiente desarrollo. Intervinieron, en primer lugar, Jos Mara Ramos Loscertales, catedrtico de Historia, un ex liberal converso de ltima hora, que habl del imperio espaol y de las esencias histricas de la raza; el dominico P. Beltrn de Heredia, tambin historiador de la Universidad de Salamanca, el ms comedido de los participantes, quien hizo referencia a los maestros de la vieja Universidad, y a su humanstica y humanitaria preocupacin por los modos de la colonizacin americana, en especial su compaero de Orden, el P. Vitoria, burgals, creador del derecho de gentes9 y coartada de los supuestos valores espirituales que los levantados en armas contra la Constitucin republicana decan defender10. Francisco Maldonado de Guevara, catedrtico de literatura de la Facultad de Filosofa, habl del caudillo, de las maldades de la URSS y de la necesidad de exterminar a la anti-Espaa. Jos Mara Pemn habl a continuacin y sugiri que cada uno, que cada espaol en su pecho construyera un Alczar de Toledo.

El legionario Milln Astray, falto de un brazo, un ojo cubierto, cojeando de una pierna11, habl a continuacin.

Astray: Catalunya y el Pas Vasco son cnceres en el cuerpo de la nacin. El fascismo, remedio de Espaa, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un fro bistur. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejrcito arrancarn a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional Cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros (sic), que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos espaoles... Porque dan la vida por la sagrada religin de Espaa, escoltan a nuestro Caudillo12.

Astray, junto con el auditorio exaltado: Viva la muerte!

Astray (con gritos muy varoniles): Espaa! Una! Espaa! Grande! Espaa! Libre!

Unamuno, que entonces tena 72 aos respondi a continuacin: Todos estis pendientes de mis palabras y todos me conocis y me sabis incapaz de callar. Callar significa a veces mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podra sobrevivir a un divorcio entre mi consciencia y mi palabra. Ser breve y la verdad es ms verdad cuando se expone desnuda.

Quisiera, pues, comentar el discurso, por llamarlo de algn modo, del general Milln Astray Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosin de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nac en Bilbao, en medio de los bombarderos de la segunda guerra carlista. Luego me cas con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero jams he olvidado mi ciudad natal. El obispo [Unamuno seal al cardenal Pl y Daniel] quiralo o no, es cataln, nacido en Barcelona Acabo de or el grito necrfilo y carente de sentido de Viva la muerte! Me suena lo mismo que Muera la vida! Y yo, que he pasado la vida creando paradojas, he de deciros, como autoridad en la materia, que esa ridcula paradoja me repugna

El general Milln Astray es un invlido. No es preciso decirlo en tono ms bajo. Es un invlido de guerra. Tambin lo fue Cervantes. Desgraciadamente hay hoy demasiados invlidos en Espaa. Y pronto habr muchos ms. Me aterra penar que el general Milln Astray pueda dictar normas de psicologa de masas. Un invlido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era simplemente un hombre, y no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un invlido, como digo, que carezca de esa superioridad de espritu, suele sentirse aliviado viendo como se multiplica el nmero de mutilados alrededor de l.

Milln Astray, sentado en el extremo de la mesa presidencial que haba golpeado repetidamente con su nica mano, y que se haba alzado y haba interrumpido a Unamuno, grit: Mueran los intelectuales! Viva la muerte!

Auditorio, como coro fascista: Mueran los intelectuales! Viva la muerte!

Jos Mara Pemn [ahora entre el pblico]: No! Abajo los falsos intelectuales! Traidores!

Unamuno (concluyendo el acto): Estamos en el templo de la inteligencia y yo soy aqu su sumo sacerdote. Vosotros estis profanando un sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio pas. Y ahora os digo: venceris pero no convenceris, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitis algo que os falta: razn y el derecho en la lucha. Me parece intil deciros que pensis en Espaa. He dicho.

Hubo riesgo de linchamiento. Carmen Polo, el cardenal Pl y otro general franquista presente en el acto condujeron a Unamuno fuera del paraninfo y lo metieron en un automvil. Unamuno tropez, al salir, en la puerta de la Universidad. Una multitud de brazos en alto y de gritos patritico-fascistas rode el coche. El general legionario se enfrent todava con el viejo rector con un gesto de desafo, junto al estribo mismo del coche de Carmen Polo. Dejando la multitud atnita y exaltada, Unamuno fue conducido por a calle de la Ra a su domicilio. Poco a poco fue recuperando la normalidad.

Los peridicos del da siguiente, 13 de octubre, abrieron la primera pgina con los siguientes titulares: La fiesta de la Raza se celebro este ao en Salamanca con excepcional y magnfica solemnidad.

Desde luego: no hubo referencia alguna al incidente entre Unamuno y el general golpista Milln Astray.

*

Destituido del rectorado, arrestado en su domicilio, Unamuno muri pocos meses ms tarde, el 31 de diciembre de 1936.

Durante este perodo de arresto se arrepinti mil veces de haber contemporizado con los sublevados. En una carta de este perodo, dirigida a un periodista francs, Unamuno pronosticaba que

En esta guerra que se libra en Espaa morirn cientos de miles de personas y miles de otras debern marchar al exilio y jams podrn volver Porque la dictadura que se avecina en Espaa ser la ms brutal que hayan conocido los tiempos. Se nutrir del maridaje entre la sacrista y el cuartel

El tiempo no fals sus palabras. Aos ms tarde, enero de 1957, se incluyeron en el ndice de libros prohibidos dos de sus obras. Una de ellas, La agona del cristianismo, porque el censor dedujo por el ttulo que el ensayo abonaba el final de la cristiandad.

La Iglesia catlica, apostlica y romana, vrtice indiscutido del rgimen franquista, uno de sus intelectuales orgnicos con mayor influencia y larga sombra, redact una larga nota para justificar el atropello que fue publicada por la prensa en los primeros das de febrero de 195713. No tiene desperdicio:

La Iglesia no se mueve en un campo de inters humano ni tampoco en su cometido el de sealar los valores humanos en el mundo de la cultura. Consciente de su misin sobrenatural se mueve con la ms amplia libertad en los lmites de su competencia, subordinando a dicha misin sobrenatural todo motivo de orden terreno. Don Miguel de Unamuno ha sido ensalzado por mucho tiempo un escritor de rara fuerza, como un rebelde, y su actitud ante los grandes movimientos literarios y polticos le ha valido la adoracin de cuantos aman la libertad de pensamiento como el valor supremo del hombre y la sociedad. La Iglesia, al condenar las dos obras del rector de Salamanca y al amonestar a los catlicos contra los peligros doctrinales y morales de otras obras de Miguel de Unamuno, no expresa un juicio sobre el valor literario o filosfico y mucho menos sobre la intencin del autor. Condena la negacin del dogma y la ignorancia de la verdad [] Esto no es una novedad ni un retorno a la Edad Media. Es, simplemente, la posicin lgica de quien tiene absoluta consciencia de su sobrenatural misin [] Y es precisamente esa actitud la que libra a la Iglesia de todo compromiso con un opinin pblica.

Esta Iglesia era la abanderada del nacional-catolicismo que, bien mirado, y para hablar en sus trminos, tena poco de nacional: expulsaba fuera de ella no slo a Unamuno sino incluso a Ortega y Gasset.

El mismo Pinilla de las Heras apuntaba una reflexin, obvia por conocida, refirindose al poder de la Iglesia romana14:

En mi experiencia iberoamericana ulterior, aos ms tarde, he comprobado que la Iglesia reclama la libertad y trabaja por la libertad de la mayora, cuando ella est en minora. Pero en cuanto tiene poder suficiente y consigue la subordinacin del poder poltico, tiende a transformar a este en brazo armado que implemente sus decisiones. Y esto, tanto antes como despus del Concilio Vaticano II.

*

Como otros smbolos e instituciones asociados al franquismo la bandera bicolor, el himno patachn-patachn15, la Iglesia catlica, las familias de siempre, la Justicia, el Ejrcito, la misma Monarqua- la transicin tambin intent dulcificar aristas, alejar aceleradamente el tiempo pasado y girar o alterar significados en sentido democrtico. El da de la raza sera el da de Espaa, el da de la nacin. No se escogi el 6 de diciembre, da de la Constitucin, acaso ms consistente con ese objetivo, ni desde luego, el 14 de abril, el 16 de febrero o el 1 de Mayo, pongamos por caso.

No es necesario hacer consideraciones o valoraciones polticas. De manera realista, estratgicamente, acaso calcularon que una o dos generaciones, sectores de ellas cuanto menos, no iban a poder identificarse con esas celebraciones ni con esos iconos. Era de hecho un aspiracin quimrica. Era imposible que determinadas gentes pudieran sentirse prximas a todo ello: a la bandera, al da de la Raza, a la Monarqua borbonada. Haba que tragar mucha quina y el cuerpo, como el alma, tiene sus lmites. El estmago no poda soportar tanta acidez.

Pero al paso que van -el tiempo no acua en bronce los pactos puntuales-, basta detenerse un momento en lo anunciado para este 12 de octubre de 2007 y su nueva reconversin en da de exaltacin patritica y de concursos que prueben y demuestren quien es ms espaol(gol), es posible que el desencuentro entre los smbolos de la Espaa oficial y los sentimientos de la ciudadana real que exige aire trece veces por minuto, se extienda a sectores ciudadanos ms jvenes, mucho ms jvenes. En beneficio de todos, y de la memoria democrtica no entregada, que as sea!

(No lo tomen como un exabrupto final pero, sinceramente, me sale de dentro: Que les den!. Dijo el poeta y nos lo cantaba Paco Ibaez: Hasta enterrarlos en el mar!. Pues eso).


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1 Esteban Pinillas de las Heras, En menos de la libertad. Dimensiones polticas del grupo Laye en Barcelona y en Espaa. Anthripos, Barcelona, 1989, p. 83.

2 Pinilla de las Heras seala que la presidencia de Irigoyen abra la posibilidad por vez primera de un gobierno popular que no fuera conservador ni estuviera a los dictados de la oligarqua terrateniente.

3 Resea de Jean Wahl, Introduccin a la Filosofa. M. Sacristn, Papeles de filosofa. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 483 y 486.

4 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936. Barcelona, Tusquests, 2006, p. 138.

5 Bernat Muniesa, Dictadura y Transicin. La Espaa lampedusiana. Vol I. La dictadura franquista 1919-1975. Publicacions i edicions de la UB, Barcelona, 2005, pp. 55-58.

6 Recurdese que el dictador Francisco Franco, con el seudnimo de Juan de Andrade, escribi el guin de Raza, pelcula dirigida en 1941 por Jos Luis Senz de Heredia, familiar de Jos Antonio Primo de Rivera.

7 Luciano G. Egido, Agonizar en Salamanca, op cit, p. 139.

8 Vase, por ejemplo, Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936, ob cit. Sin embargo, aos despus, la obra de Unamuno (o parte de ella) influy en un sector crtico de jvenes falangistas que fueron rompiendo paulatinamente con el franquismo y con la misma Falange. Indicios de ello pueden verse en Estilo, Qvadrante y Laye. Vanse a este respecto las declaraciones de Juan-Carlos Garca Borrn, Josep M Castellet y Jess Nez, Pocholo, en Xavier Juncosa, Integral Sacristn, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

9 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca, op. cit, p. 144.

10 Pedro J. Ramrez, el director de El Mundo que cultiva muy bien la figura del clsico seorito espaol, aseguraba en una tertulia de la COPE del da 9 de octubre que el actual borrador de la ley de la Memoria histrica deforma los hechos, dado que el franquismo haba sido una respuesta legtima a los excesos, abusos y crmenes de la Segunda Repblica espaola. Las mscaras, muy gastadas, caen y el rostro aparece con las antiguas y conocidas arrugas que desde hace dcadas ha ocultado a quien acaso no ha querido ver o no se ha esforzado lo suficiente..

11 La Vanguardia, 17 de agosto de 2004, Barcelona. Grandes discursos del siglo XX. Egido da una versin algo diferente (op. cit, pp. 151-153).

12 Las versiones que he manejado no coinciden exactamente en cuanto a las palabras de Milln Asttray. Sea como fuere, alguno de las personas que intervinieron habl en ese lnea.

13 Esteban Pinilla de las Heras, op. cit, p. 46.

14 Ibidem, p. 47.

15 Mi padre, un obrero derrotado, un ex-campesino que nunca dej de serlo que haba perdido su hermano de 20 aos en la batalla del Ebro, cuando yo era joven, me sola cantar una versin del himno franquista llena de palabras fuertes que evito reproducir pero que, en esencia, en muchas de sus afirmaciones, era semnticamente verdadera, y si nos ponemos rigurosos y nos adentramos en el mbito de las lgicas multivaloradas, incluso infinitamente valoradas, verdadera-verdadera, sin sombra del valor falsedad.




 



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