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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2007

Guevara en Bolivia
Cuarenta aos despus

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


Una de las cosas curiosas de eso que llamamos Historia es la de vueltas que da sin que quienes la vivimos, pensando en ella, acabemos de darnos cuenta de en qu giro de la noria nos hallamos. Digo esto a propsito de la fortuna de Ernesto Guevara de la Serna, por todos conocido como el Che. Y no tanto a propsito del mito o la leyenda, que eso es algo universalmente reconocido, sino ms bien pensando en sus ideas sobre el socialismo.

Hace diez aos, cuando se cumplan treinta de la muerte del Che en Bolivia, los maestros del pensar en la Academia se hacan una composicin de lugar ms o menos como esta que sigue. Guevara fue parte de una historia finiquitada, la de la ilusin del socialismo marxista que atrajo a tantos all por la dcada de los sesenta. Y si algo queda de l --se deca entonces-- es, en el mejor de los casos, el espritu utpico, el idealismo, el romanticismo, el espritu aventurero, aquel espritu crtico tan suyo que le llev a alejarse del poder y a denunciar dogmatismos y ortodoxias.

Vivamos entonces una poca en que la mayora de los filsofos europeos haban decretado el fin de las utopas y por lo general (siempre hay excepciones, claro est) de las ideas del Che slo se hablaba o se escriba con una sonrisa misericordiosa, la que se suele poner al hablar o escribir de las personas que, habindose equivocado en todo (o casi todo), muestran con su propia vida que son mejores que nosotros: ms libres, ms crticos de la realidad existente, ms valientes.

Eso, y no las hagiografas hechas por encargo, es la base espiritual (porque tambin hay bases espirituales, y el joven Marx lo saba) de la universalizacin de la leyenda del Che. Eso, el que fuera ms libre, ms crtico y ms valiente en los aos que a l le toc vivir, es lo que explica algo que siempre se suele presentar como contradictorio: el que un marxista-leninista (vade retro!) aparezca como icono en las camisetas en serie de jvenes que se supone que no tienen ni idea de la cosa y que se cruzan sin reconocerse con otros (pocos) para quienes el Che es un smbolo de la revolucin.

Han pasado otros diez aos y ah sigue, por supuesto, el mito, el icono, la leyenda. Lo que era sorprendente en 1997 despus de todos las tentativas desmitificadoras realizadas en nombre de todas las banderas de los poderosos es hoy objeto de sesudas investigaciones sociolgicas ya no sobre los desvaros del hroe de ayer sino sobre los desvaros de los jvenes de hoy, tan despolitizados y desideologizados, que se dice. Pero eso no es nuevo: es parte del mismo giro de la noria de siempre.

Lo nuevo, el chorrito de agua que sale de los cangilones y que ahora brota de la noria de siempre, movida por los asnos que somos, ay, nosotros, debemos buscarlo en otra parte. Y qu es lo nuevo, por lo que hace al Che, en 2007? Algo tan elemental como que su leyenda vuelva a vincularse, en algunos pases y lugares, al socialismo. Algo tan elemental como que vuelva a hablarse no slo de su figura sino de sus ideas en relacin con lo que podra ser el socialismo del siglo XXI. Nadie sabe a ciencia cierta qu puede ser eso. Pero quienes hacen el esfuerzo de saberlo intuyen, creo que con razn, que lo que pueda llegar a ser el socialismo del siglo XXI tiene mucho que ver con lo que dijo, escribi e hizo Ernesto Guevara.

Lo nuevo, y llamativo, para los aficionados a la historia de las ideas y para los amantes de las utopas (en el mejor sentido de la palabra) es que hoy se hable y se escriba sobre Guevara y la construccin del socialismo precisamente en el pas (no slo en l, pero sobre todo l) en el que Guevara fue derrotado y muri: Bolivia. Y que hablen y escriban sobre l, no como sobre un icono sino como de alguien cuyas ideas hay que volver a tener en cuenta, personas que no eran ni fueron nunca guevaristas, aunque s socialistas.

Digo que eso es llamativo y se puede argumentar en una frase: nadie que leyera el Diario del Che en Bolivia cuando ste fue publicado, ni siquiera quien lo leyera treinta aos despus de su muerte, poda imaginar que all, justamente all, donde Ernesto Guevara debi sentirse tan solo y aislado, su ideario volvera a reaparecer aos ms tarde. Parece una paradoja histrica. Y, sin embargo, no es tan rara. De las (buenas) utopas, como de las profecas, se puede decir que, con el tiempo, acaban cuajando en un lugar distinto y muy alejado de aquel para el que fueron pensadas. Ya pas eso con la primera utopa moderna, la de Thomas More, que fue pensada para la Inglaterra de la poca y acab cuajando, dcadas despus, en Michoacn, Mxico de la mano de Vasco de Quiroga. Pas tambin con algunos de los falansterios socialistas inicialmente imaginados, en el siglo XIX, para Francia o Gran Bretaa y que migraron a Amrica.

Si eso ocurri, qu de extrao tendra el que una utopa de la que casi todo el mundo dijo en su momento que haba elegido para su realizacin el lugar equivocado acabara cuajando precisamente en el lugar equivocado? No estoy diciendo, por supuesto, que si hay socialismo en el siglo XXI en Bolivia ese socialismo vaya a ser un calco de lo que Guevara intuy equivocndose en vida. Lejos de mi semejante concepcin aseadilla de la historia. Lo que quiero sugerir, modestamente, es que en este giro de la historia hay algo nuevo, a lo que se ha prestado poca atencin hasta ahora. Y que, si se la prestamos, tal vez an estamos a tiempo los marxistas (guevaristas o no) de aprender algo de los procesos reales de la historia, tan sorprendente, tan inesperados, ms all del viejo cuento aquel que el poeta satiriz recordando el recurrente y ocioso "mi Marx tira de la barba a tu Marx y el tuyo de la barba al mo".



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