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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2004

Al-Qaeda forever

Juanlu Gonzlez
Bits RojiVerdes


Todo lo relacionado con al-Qaeda est relacionado con algo ms que morbo o misterio. Un velo de dudas, de desinformacin, de ignorancia y de manipulacin parece ocultar la realidad de manera intencionada. Y no, no se trata de apoyar quien sabe qu maniobras conspirativas o paranoides, pero es que la cosa no es para menos. Ya Descartes plante en su Discurso del Mtodo el uso de la duda como medio para alcanzar un conocimiento riguroso de la realidad. Y en los tiempos que corren, no hay nada mejor.

Partiendo de la base de que EEUU cre un organismo para intoxicar en su favor, mintiendo a las opiniones pblicas del mundo para que apoyaran sus polticas en el exterior, slo hace falta hilar las informaciones oficiales, analizndolas con sentido crtico, para elaborar conclusiones propias muy diferentes a las oficiales. Los medios de informacin han sido engaados una y otra vez por los gabinetes de prensa de los gobiernos. Los mea culpa han sido entonados en numerosas ocasiones pero, a pesar de ello, no parece que haya sntomas de que hayan variado el rumbo. Siguen siendo las correas de transmisin de la propaganda gubernamental sin colocar apenas los filtros intelectuales ms simples. No en vano los estados suelen ser las fuentes ms profusas de noticias y buena parte de los ingresos derivados de la publicidad.

El caso de al-Zarqawi en Irak es paradigmtico de todo lo antedicho. Basta echar un vistazo a los comunicados de las principales agencias de informacin para darse cuenta de que no tienen idea fundada alguna de lo que transmiten o de que al menos las argumentaciones en las que se apoyan estn llenas de lagunas y contradicciones.

Hace pocos das poda leerse que uno de los atentados que se haba producido en Irak se atribuan a "alguno de los grupos terroristas de al-Zarqawi", quien debera ser el slo el propietario exclusivo de la franquicia de al-Qaeda en el pas con mltiples ramificaciones de nombres diferentes. Sobre los mismos das, una prestigiosa multinacional de la comunicacin deca que el jordano "reivindicaba presuntamente" varios atentados en cadena. Europa Press se haca eco a finales de septiembre de que la "CIA est casi segura" de la autenticidad de una cinta en la que decan que parecan haber reconocido la voz del terrorista. Las similitudes con las inculpaciones de Bin Laden son sospechosamente coincidentes. An no conocemos las pruebas concluyentes que relacionen al saud con el 11S, a pesar de que ya nadie ni lo cuestione ni lo demande.

Pero lo que es indudable es que resulta tremendamente til para EEUU y sus cruzados para justificar la ocupacin ilegal y las atrocidades que diariamente siguen perpetrando, como los bombardeos indiscriminados contra la poblacin civil de ese 25% de Irak donde han cedido el control a la resistencia, verdaderos crmenes de guerra o actos de terrorismo cometidos por estados presuntamente democrticos.

El ejemplo de Faluya es el ms conocido, aunque no el nico. EEUU afirma que Zarqawi se encuentra huido all, y es el argumento que esgrime tras cada castigo areo en el que mueren peligrosos ancianos o nios terroristas. La oficialidad lo considera como simples daos colaterales, un pequeo precio que hay que pagar dentro de la guerra global contra el terrorismo. As se tranquilizan las conciencias de los ultraconservadores cristianos que son la base del apoyo de los republicanos y se manipula a los ms crdulos e ignorantes votantes de los estados de la Amrica profunda.

A pesar de lo machacn del argumento, la resistencia no cesa de afirmar que el jordano no se encuentra en la ciudad, hay quien afirma que hace poco ms de un ao que muri en el kurdistn iraqu. De lo que no cabe duda, ni siquiera metdica, es que la agitacin del fantasma del jordano favorece nicamente a los intereses de los invasores. Como Laden, la escuela de Zarqaui fue la guerra contra los soviticos en Afganistn, financiada con dinero saud y norteamericano. Hace no demasiado fue un buen aliado de Washington, ahora directa o indirectamente lo sigue siendo. Cuando menos no se puede decir que las evidencias apuntan a un nico camino inequvoco: el trazado por una oficialidad con intereses bastardos y con medios impropios de cualquier democracia. Djennos al menos que podamos ejercer el derecho a una razonable duda, las relaciones inconfesables entre al-Qaeda y la poltica exterior norteamericana, quiz de subordinacin o pura instrumentalizacin, quiz de mutua necesidad.

Sea como fuere, es hora de pedirle a los medios de comunicacin un poco de seriedad. Las disculpas a posteriori sirven para poco si no sirven para adoptar una postura mucho ms comprometida con la verdad. Y lo cierto es que continan siendo simples voceros, tontos instrumentos tiles para generar la ceremonia de la confusin necesaria para jugar con las cartas marcadas en el brutal juego del apoyo a los invasores y sus continuados crmenes contra la Humanidad.



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