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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2007

La Iglesia valenciana fue indiferente a la tragedia de su sacerdote en Chile
Antonio Llid: el ominoso silencio del Arzobispado de Valencia

Mario Amors
Levante


Estbamos preocupados por l, sabamos que estaba detenido, que seguramente sera fuertemente torturado, recuerda el obispo Carlos Camus, secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile en octubre de 1974, cuando el sacerdote valenciano Antonio Llid fue secuestrado, torturado de manera brutal y asesinado por agentes de la siniestra Direccin de Inteligencia Nacional (DINA). El 17 de octubre su familia conoci la detencin por una misiva que les remiti Jorge Donoso, su compaero en la clandestinidad, y de inmediato se dirigieron al Ministerio de Asuntos Exteriores, el Arzobispado de Valencia, la Nunciatura Apostlica, Naciones Unidas, Amnista Internacional y la Cruz Roja al objeto de lograr su liberacin. Aquel da Llid permaneca en la celda 13 de Cuatro lamos y all estuvo al menos una semana ms, hasta que alrededor del 25 de octubre fue sacado por la DINA junto con otros desaparecidos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) con destino desconocido.

Los responsables de los archivos de la Conferencia Episcopal Espaola (en el que se almacena documentacin sobre los curas enviados a Amrica) y del Arzobispado de Valencia rechazaron nuestra peticin de consultar la informacin que conservan sobre Llid hasta que hayan transcurrido cien y cincuenta aos de los hechos, respectivamente. Asimismo, solicitamos una entrevista a Agustn Garca-Gasco, arzobispo de Valencia, mediante una carta fechada el 26 de julio de 2004 para averiguar si su institucin intent ayudar a salvar la vida de este cura de Xbia, pero la nica respuesta fue el silencio.

En mayo de 1972 monseor Jos Gea (entonces obispo auxiliar de Valencia) viaj a Chile para asistir a la consagracin episcopal de su condiscpulo Juan Luis Ysern y se reuni en la ciudad de Quillota con Llid, quien acababa de ser suspendido de sus funciones como sacerdote en la dicesis de Valparaso por el obispo Emilio Tagle e invitado a regresar a Espaa. Como respuesta a nuestro inters por entrevistarle, Gea nos remiti una breve carta en la que afirma: Inform a mi vuelta al Sr. Arzobispo y ya no supimos ms de l; slo noticias no confirmadas despus del golpe de Pinochet (). Es lo nico que le puedo informar sobre Llid.

Por su parte, el entonces arzobispo de Valencia, Jos Mara Garca Lahiguera (ya fallecido), lleg a Chile en diciembre de 1973 en el curso de su viaje por Amrica para visitar a los 25 sacerdotes de la dicesis que ejercan all su ministerio. Durante su estancia ignor la situacin de Enrique Cogollos, preso y torturado desde el 8 de septiembre de aquel ao. Cogollos se haba secularizado en 1971 al contraer matrimonio con una joven chilena, pero se form en el seminario de Moncada y sirvi como cura durante varios aos al Arzobispado. Los obispos chilenos Enrique Alvear y Carlos Camus s intercedieron por l ante la dictadura y el 1 de enero de 1975 fue expulsado del pas junto con otro ciudadano espaol.

Garca Lahiguera exhibi aquella misma indiferencia a finales de 1974 ante la desaparicin de Llid. ngel Navarro, responsable entre 1968 y 1979 de la delegacin diocesana de la Organizacin de Cooperacin Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA, el organismo que entonces enviaba a los curas espaoles a Amrica), evoca a Llid como un sacerdote muy valioso y comprometido con los pobres, pero slo recuerda los comentarios informales y los rumores que origin su desaparicin, pues escuch muchas alabanzas, pero tambin sentencias lapidarias del tipo: Se lo ha estado buscando. Navarro seala que Garca Lahiguera entr a fondo en el caso a travs de las conferencias episcopales de ambos pases y del Ministerio de Asuntos Exteriores: El Arzobispo tena muy buena relacin con Franco, si le hubiese pedido algo Pero seguramente vieron que no habra rastro de Antonio, que no se poda hacer nada.

Sin embargo, en la voluminosa documentacin que hemos consultado en el archivo de la Asociacin Cultural Antonio Llid, en el sumario abierto contra Pinochet en la Audiencia Nacional (contiene numerosos documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Embajada de Espaa sobre el caso) y en las ms de mil pginas del proceso judicial que se instruye en Chile desde 1992 por la desaparicin de este cura no hemos hallado un solo papel que contradiga nuestra tesis: el Arzobispado de Valencia fue y sigue siendo indiferente a la tragedia de este sacerdote. As lo corroboran estas palabras de Carlos Camus, quien conoca bien esta dicesis ya que vino en 1969 como prelado de Copiap para solicitar curas en virtud de la estrecha colaboracin que ambas provincias eclesisticas mantenan en aquellos aos: No recuerdo haber recibido directa y oficialmente ninguna peticin del Arzobispado de Valencia.

Antonio Llid fue detenido por la DINA el 1 de octubre de 1974 por su condicin de dirigente del MIR en la clandestinidad, pero tambin fue sacerdote hasta el ltimo da de su vida. Despus de ser sancionado por el obispo de Valparaso en abril de 1972 continu ejerciendo como tal en el seno de la Comunidad Quillotana de Cristianos por el Socialismo y en la casa de la calle Jos Domingo Caas 1.367 de Santiago (convertida en una prisin secreta de la DINA) tambin entreg a sus compaeros las cualidades humanas que le han convertido en un ser humano inolvidable para quienes le conocieron.

En este sentido, el testimonio de Edmundo Lebrecht filmado por Andreu Zurriaga para su documental Queridos todos es conmovedor. Durante varios das, con las manos amarradas y los ojos vendados, hacinados junto a otras personas en un espacio mnimo, hablando entre susurros despus de haber sido torturados, Lebrecht y Llid conversaron sobre los aspectos medulares de la fe cristiana: En esas circunstancias extremas tener la capacidad de llevar su Evangelio... subraya Lebrecht- () Pienso que los cristianos, sobre todo los catlicos, debieran llevar como ejemplo y hablar de esta actitud, que es la de los cristianos en la poca de las catacumbas Cmo se puede sancionar a un sacerdote as! Yo viv en Alemania. La historia sabe de sacerdotes sancionados que murieron en los campos de concentracin nazis y que hoy da han sido reivindicados y son un ejemplo para la Iglesia Evanglica en Alemania () Es fundamental que la Iglesia reivindique estas demostraciones que hizo de difundir el cristianismo en estas situaciones, en las que el cristianismo era una cosa objetivamente reconfortante, tanto como un plato de comida.

Incluso el domingo 20 de octubre de 1974 Antonio Llid celebr su ltima misa con sus compaeros de Cuatro lamos despus de obtener un poco de vino. All, tras recuperarse en parte de las torturas sufridas, organiz un coro, cant, bail y dio clases de francs para combatir la angustia que les atenazaba. Adems, segn el testimonio de Herman Schwember: En su condicin de sacerdote, Antonio era buscado por todos aquellos presos que queran ayuda para reflexionar sobre su propia situacin.

Tres semanas despus los obispos Fernando Arizta (catlico) y Helmut Frenz (luterano) se entrevistaron con Pinochet y le mostraron una fotografa de Llid. Fue entonces cuando el dictador pronunci sus conocidas palabras: se no es un cura, es un terrorista, un marxista, hay que torturarlo porque de otra manera no cantan. Frenz, quien hace cuatro aos declar ante el juez chileno Jorge Zepeda en la causa por la desaparicin de Llid, ensalza la memoria de este sacerdote: Soy un convencido de que el padre Antonio fue hasta su ltimo aliento un cura autntico, un seguidor fiel de Jesucristo. Lo admiro profundamente.

Ya han transcurrido casi 33 aos desde el asesinato de Antonio Llid. En Chile algunos de los principales agentes de la DINA estn procesados y pueden ser condenados en firme pronto, como les ha sucedido a los verdugos de otros dos jvenes militantes detenidos desaparecidos del MIR: Miguel ngel Sandoval y Diana Arn. Las falsedades que sectores conservadores de Espaa y Chile vertieron despus de su desaparicin se han derrumbado y su trabajo como sacerdote obrero, en la pedagoga popular con los jvenes o junto con los obreros y los campesinos, as como su compromiso con la construccin de un socialismo democrtico y revolucionario y su inmensa humanidad en las crceles secretas de Pinochet nos ofrecen un legado que sus familiares y amigos han mantenido vivo.

Tan slo persiste el silencio ominoso del Arzobispado de Valencia, que en todo este tiempo no ha tenido ni una sola palabra de reconocimiento hacia el martirio de un sacerdote ejemplar.

- Mario Amors es doctor en Historia y autor de Antonio Llid, un sacerdote revolucionario (Publicacions de la Universitat de Valncia, 2007).



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