Portada :: Cultura :: Eva Forest, in memorian
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2007

Resea del libro Una extraa aventura
Eva

Mikel Arizaleta
Rebelin


Una llamada nocturna desde la comisara. Se me requera como traductor. Y entre aquellas dos plazas de Munich, la Mnaco de Baviera, entre la Karlsplatz y Marienplatz, siendo alcalde de la ciudad Georg Kronawitter, me adentr en un antro policial y presenci la bota de aquel armario alemn contra el cuerpo de un puto negro. Y en aquella noche de otoo entend qu son determinadas personas respetables, que caminan a nuestro lado por la calle, y qu determinadas instituciones de esta Europa criminal, tan amante de derechos humanos.

Una extraa aventura. Dice Eva que tena que contar. Mi tortura era precisamente sta: estar viendo. No poda callarme. Yo era como un gran ojo observante, un Polifemo atado all y mi ojo ciclpeo recoga continuamente... Por eso he querido hablar, decir mi nombre y mis seas. Poner la mano, si es preciso, y decir juro, lo he visto, soy testigo. Ocurri en nuestro pueblo, Donostia... Esto es lo que hay, no lo crean si quieren, pero yo soy testigo y muchos otros tambin: fue en la primavera de 1976, primero de la monarqua, en transicin dicen, en los meses de abril y mayo, para ser ms precisos...

Confiesa Eva, hace das que no duermo, obsesionada con esto, me preocupa la imposibilidad de contarlo, esa impotencia, la falta de recursos para recopilar el fenmeno y transmitirlo como ocurri... Me da miedo, el mo y el de los dems. Ese miedo que se arranca de la duda, que todo lo conmueve races y principios-, que se crece en terror y se descontrola y ya no se sabe. Lo repito: me da miedo el miedo. Son instantes en que dudo del hombre, me tenis que perdonar... Llegu a sospechar cosas muy terribles de gente muy querida... Pero me da miedo el miedo, mucho miedo el miedo. Horror me da el miedo... Descomponerse por miedo, perder la dignidad, descender, llegar tan bajo. Hundirse, degradarse, perder incluso el elemental decoro, el respeto debido al compaero...Me estaba descomponiendo de terror, era un huir por huir... Porque la baera no es nada comparada con el miedo a la baera, con el miedo a lo posible ignorado... Mi compaero lleg a dudar de su mejor compaero... Decir, sin rubor: Lo importante soy Yo y nadie ms que Yo, y el otro que se pudra.

Una extraa aventura. 133 pginas de DGS y comisara, de antros de horror, de descuartizamiento humano y de teatro de la crueldad, redactadas, diseadas y servidas por la gran escritora Eva Forest. Aventura que estremece y da miedo la gran inhumanidad encerrada en ella. Es una historia de personas humanas y no de hroes. El hombre lloraba suplicando, que no quera ser llevado a la baera... Un amor infinito me llev a odiar por primera vez a los responsables de tanta vejacin... Como si hubiera visto claro al enemigo, llegado a su fondo, comprendido muchas cosas de la lucha que no haba entendido antes.

Hay una huella que se me ha quedado... Es un momento, no s cuando, en que alguien a quien estaban torturando grit: Socorro! Fue un solo grito que atron en la carpintera, una concentracin titnica de fuerza, un intento final previo a la muerte. Un instante terrible, desde luego. La soledad del que pide auxilio sin un amigo que le oiga. Y ellos se rean a carcajadas . Pide, pide socorro. Que vengan los de ETA ahora a salvarte. Aquel socorro tan intil, sin eco, en el vaco... Tambin Pertur gritara as, con esa desolacin? Socorro, gritaba tambin el cura de Zaldibia. Yo estaba en el pasillo, esposada, viendo la rendija de luz debajo de la puerta, siguiendo el calvario del hombre en la carpintera...

Eva Forest, nuestra gran Eva, nacida en 1928 en Barcelona, muri el 19 de mayo de 2007 en Hondarribia junto a su editorial Hiru, las de tres mujeres, que hoy nos ha legado por unos euros esta Extraa aventura, obra de vida y arte, pellizco de humanidad y esperanza, denuncia cida: Yo creo que haba que contar todo esto... Es el relato de diez das que conmovieron un mundo... Es lo peor que te puede pasar en la vida: volverte lo contrario de lo que eres. Yo no era yo. O era que con el miedo me sala la otra parte de m, la que llevo oculta y menos enseo? Lleg un momento en el que estaba dispuesta a firmar lo que me trajeran, no tena escrpulos en decir que haba matado a dos, a tres, si eso era lo que queran...

Lo habris odo. Dicen que las mantas de la DGS son lgubres y sucias, malolientes siempre. Que apestan a sudor, a baba seca y a todo tipo de excrecencia humana. Que entre sus speros pelos tan oscuros pululan abundantes parsitos al acecho de morada ms viviente y apropiada. Que invisibles, millones de grmenes, portadores de los ms terribles y ancestrales peligros, de enfermedades malditas nombradas ya en la Biblia, yacen en espera de frtiles mucosas. Y que, por encima de todo, tapando la trama de la basta tela, brillan el moco amarillo, la baba y el sanguinolento esputo, los residuos del grano que revienta y la legaa y toda secrecin que el cuerpo humano expulsa y tambin el gonorreico flujo de la puta callejera... Todo el mundo lo dice. Y, pensndolo bien, con objetividad, desde el conocimiento cientfico con nfasis tantas veces apelado, es posible que sea as. No lo s... Pero discrepo. Son cosas raras que le ocurren a uno, cosas muy raras... Veris. A m me bajaban de madrugada, esposada an, el cuerpo dolorido, y al entrar all en aquel calabozo casi cueva y ver en el suelo esta manta criticada tan dispuesta all, esperando... No s. Eran momentos un poco especiales, andaba una muy quebrada... -No creo haberlo comentado nunca, me ha venido ahora con lo tuyo-. Entraba all, liberadas ya las manos del grillete. Miraba alrededor buscando algo en aquel mundo tan feroz, tan agreste y complicado, perdida en aquella desolacin csmica del ser acorralado, y me tenda despacio sobre el suelo y me enrollaba con gusto en esa manta y senta, al hacerlo, un agradecimiento infinito de aquella compaa. Yo no s, pero discrepo de la opinin general. Son cosas raras, sentimientos que se le fijan a uno. Yo me tumbaba all, me daba media vuelta, sin asco alguno, os lo juro, sin notar en absoluto esa aspereza. Todo era por fin suave, protector, clido...

Son muchos los torturados y torturadas del mundo que en su vida de oprobio y desnimo conocieron a Eva, a Eva Forest. Y aquel da encontraron la salvacin y el nimo. Eva les relat una historia de vida, de su vida, esta Extraa aventura, y en ellos surgi y prendi de nuevo la esperanza. "...Y un da, compaera, volveremos triunfantes al espacio habitado que jams era nuestro". Con beso clido y de recuerdo agradecido a Eva en las jornadas de ASKE, organizadas en su memoria.



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