Portada :: Espaa :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2007

A vueltas con el tipo nico

Ricardo Rodrguez
Rebelin



Hay artculos de opinin que son mucho ms que meros artculos de opinin. Quiero decir que los simples mortales si acaso expresamos lo que pensamos y nada ms que a nosotros mismos comprometemos con nuestros juicios, pero hay opinantes que duermen tan a la sombra del poder que cuando opinan vaticinan tiempos venideros con muy escasa posibilidad de equivocarse. A stos en Estados Unidos se les llama los intelectuales mandarines. No digo yo que contemos entre nuestros compatriotas con verdaderos mandarines; los nuestros son ms bien diligentes encargados, pero el efecto es muy parecido.

Pondr un ejemplo muy cercano para que sepan ustedes a qu me refiero.

El sbado 3 de noviembre, Miguel Sebastin, infausto candidato del PSOE a la alcalda de Madrid en los ltimos comicios municipales, public en El Pas un artculo de pgina completa titulado El tipo nico es ms justo y eficiente. Todo el mundo sabe que Miguel Sebastin fue el director de la Oficina Econmica del Gobierno de Zapatero y tambin todo el mundo conoce la cercana del diario El Pas a un determinado sector del partido socialista.

Pues bien, el lunes 5 de noviembre, slo dos das ms tarde, un nuevo artculo a pgina completa, en esta ocasin en el peridico Pblico, vuelve a defender la aplicacin del tipo nico en el IRPF. Este artculo lo firma Amparo Estrada y se titula, con mayor desenfado, o ms desfachatez, Nos merecemos un tipo nico, como si anunciase las rebajas de unos grandes almacenes o reclamara un osito de peluche en una caseta de feria. Tal vez Amparo Estrada sea menos conocida por el ciudadano medio que Miguel Sebastin, pero no es ni mucho menos una indocumentada. Se trata de la responsable del rea econmica de Pblico, fue redactora de Cinco Das y Expansin, y hasta el mes de julio directora de comunicacin de la Agencia Tributaria. Lo que s sabe ya mucha gente es que Pblico es el diario prximo al otro sector del PSOE, los del fuego amigo que deca Felipe Gonzlez. Est claro que cuando hay que hablar de negocios en serio dejan de dispararse.

Verdad que no puede ser casualidad? A que adivinan ustedes qu propuesta est madurando el PSOE para una futura reforma fiscal? S, lo han adivinado: la aplicacin del tipo nico en el IRPF. Y es que son como nios; se les ve venir a la legua cuando urden una trastada.

Y ser el tercer o cuarto intento de vender la burra coja. Naturalmente, con los mismos argumentos de siempre, que no sabe uno si aburren por repetidos, indignan por desvergonzados o dan pena por idiotas. Yo dira que sobre todo lo primero y lo segundo, porque por idiotas nos toman a los dems.

En primer lugar, aunque no se trate propiamente de un argumento, est el romanticismo que toda innovacin incomprendida por el rebao de los insensibles atesora. Amparo Estrada, gastando sus buenas dosis de lirismo juvenil, califica nada menos que de revolucionaria la propuesta de tipo nico que en su da lanzara Jordi Sevilla. En aquel entonces, antes incluso de que el PSOE llegara al poder, solamente el miedo y la pereza mental o la ira de la vieja guardia socialista impidieron que se siguiera adelante con ella, nos dice. Ah tienen ustedes, pues, a un valiente Jordi Sevilla enfrentndose, cual Darwin resucitado, a los ancestrales prejuicios izquierdistas. Amparo Estrada, bien consciente de que la ltima reforma fiscal auspiciada por Pedro Solbes, como todas las anteriores tanto del PSOE como del PP, caminan poco a poco pero con firmeza a la destruccin de la progresividad del Impuesto de la Renta, acaba su artculo con un llamamiento a la audacia: Haremos el camino a paso cansino o a zancadas? Enternecedor!

Va resultando ya irritante que ciertos sectores de la que se tiene por izquierda intenten pasar de contrabando ideolgico, como si de grandes innovaciones se tratara, propuestas de la derecha de toda la vida, y ltimamente provenientes por completo del neoliberalismo fundado por la Escuela de Chicago, de la que tan bien aprendi la leccin Pinochet, antes que los mismsimos Ronald Reagan y Margaret Thatcher. El discurso es montono y machacn: bajar impuestos es de izquierdas, privatizar servicios pblicos puede ser de izquierdas, no hay que hacer un dogma de la gestin pblica, etc. Acabarn queriendo demostrarnos que la esclavitud es de izquierdas porque fomenta la creacin de riqueza -otra expresin fetiche-, y, dado el nivel de algunos salarios, no les queda mucho. En este terreno, como en tantos otros de la vida, sucede lo que deca Antonio Machado, que los novedosos apedrean a los originales. Mientras, los de derechas de siempre supongo que unas veces quedarn perplejos y otras se troncharn de la risa.

Hemos de reconocer que, en lo que se refiere a tono pico, Miguel Sebastin, en coherencia con su temperamento circunspecto, es bastante ms discreto que Amparo Estrada. Se limita a dolerse de que algunos sectores de la izquierda se opongan al tipo nico, lo que se le antoja incomprensible. Pero tampoco ha de descorazonarse; con seguridad obtendr el estmulo de los banqueros y los grandes capitalistas del pas, y ste abriga mucho ms que el de cuatro rojos desarrapados o la vieja guardia socialista. Pero mucho ms, dnde va a parar.

En el captulo de los argumentos serios, o por lo menos no literarios, tambin se vuelve a las andadas.

Se dice que un Impuesto de la Renta con un tipo nico sera ms sencillo para los ciudadanos, y esta nocin de la sencillez constituye un misterio. Afirma Amparo Estrada que el conjunto de nuestro sistema fiscal es en exceso complejo, lo cual genera incluso un vicio de la democracia, en la medida que no slo se dificulta a la ciudadana el cumplimiento de sus obligaciones tributarias, sino incluso la comprensin de cul es la carga fiscal que ha de soportar. Y en esto tiene razn, sin duda. Pero es que aqu no hablamos del conjunto del sistema fiscal, sino de si es o no ms sencillo el sistema de tipo nico en el IRPF que el de varios tipos en una tarifa progresiva. As que no nos vayamos por las ramas. Por qu ha de ser ms sencillo? Por muchos tipos que haya, a cada ciudadano con su concreto nivel de renta le corresponde slo uno, y nada le aade o le quita de complicacin que el resto de contribuyentes tributen por el mismo o por distinto tipo.

En todo caso, un sistema como el propuesto de tipo nico con un mnimo exento es algo ms complejo. Lo ms sencillo para garantizar una determinada progresividad en lo que se paga es aplicar el tipo correspondiente a cada nivel de renta de forma directa. Sin que cada ciudadano tenga que hacer la operacin de aplicar el tipo nico a la parte no exenta de su renta y luego calcular qu porcentaje del total supone lo que paga para saber cul es su grado de tributacin. An as, como nosotros confiamos bastante ms que Amparo Estrada en la inteligencia de nuestros conciudadanos, estamos absolutamente convencidos de que la inmensa mayora sabe realizar una operacin tan simple, y desde luego todos entienden una tabla de tipos impositivos distintos para cada volumen de renta: quien gana ms un tipo ms alto, quien menos, ms bajo. Muy fcil, verdad? Las complicaciones vienen usualmente por otros lados. Incluso podramos aadir que parte de la complejidad del sistema actual reside en que es una mezcla del progresivo puro y del de tipo nico, encontrndose ms cerca de ste de aqul.

Aparte de esta nocin vaga de la simplicidad, nos asegura Amparo Estrada que, en contra de lo que aducen los izquierdistas llenos de prejuicios, el tipo nico con un mnimo exento mantendra la progresividad de la tarifa del IRPF. Y, para demostrarlo, nos reproduce una tabla en la que se realiza una simulacin de los porcentajes de impuesto que habran de pagar ciudadanos con distintos ingresos para el caso de que el tipo nico se fijara en el 30 % con un mnimo exento de 12.000 euros, que fueron las cifras que en su da manej la Oficina Econmica de Moncloa. He aqu:

El efecto progresivo del tipo nico

Ingresos

Base Imponible

(Ingresos menos mnimos

exentos de 12.000 euros)

A pagar

(Tipo nico del 30%)

% que representa

lo que paga sobre

su renta total

12.000

0

0

0,0%

18.000

6.000

1.800

10,0%

25.000

13.000

3.900

15,6%

35.000

23.000

6.900

19,7%

50.000

38.000

11.400

22,8%

60.000

48.000

14.400

24,0%

80.000

68.000

20.400

25,5%

100.000

88.000

26.400

26,4%

150.000

138.000

41.400

27,6%

A poco que uno reflexione se dar cuenta de que aqu hay gato encerrado. Si se limitara el objetivo a que se recaudasen en cada nivel de renta los porcentajes fijados en la ltima columna, no sera ms sencillo aplicar directamente tales porcentajes como tipo impositivo? Es natural que Amparo Estrada, que cree que los ciudadanos somos tan zopencos que no entendemos lo que es un porcentaje, confe en que no vayamos a fijarnos en las cantidades que escribe. Pero es ah donde est la trampa. Quien se moleste en comparar los porcentajes con los volmenes de pago del actual IRPF (ya muy aguada su progresividad tras sucesivas reformas fiscales, la ltima de las cuales redujo los tramos a cuatro, con un mnimo exento de 9.000 euros, y volvi a bajar el tipo marginal ms alto), ver que el porcentaje de pago es inferior en todos los volmenes de ingreso. Pero sobre todo muy inferior en los casos de rentas ms elevadas, para las que la ley actual fija un tipo marginal mximo del 43%, y que quedara en un porcentaje de pago sobre la renta del 27,6%. Y hablamos de 150.000 euros de ingresos al ao, ms de dos millones de pesetas mensuales!

Amparo Estrada se apresura a aclararnos que se podra aumentar o reducir la progresividad del impuesto tanto como se quisiera jugando con variaciones del tipo nico o del mnimo exento. Es una excusa bastante pobre. Si en su da la Oficina Econmica del Gobierno manej unas determinadas cifras fue porque persegua un cierto nivel de recaudacin, salvo que se crea que lo sustancial del sistema no es lo que se paga de impuestos y lo que se recauda, sino cmo se hacen las cuentas. Y el mito de la sencillez ya ha quedado descartado. Pero hagmosle caso y llevemos a cabo un par de simulaciones nosotros, que aun no alcanzando las vertiginosas cumbres intelectuales de Amparo Estrada tambin sabemos hacer nuestras sumas y restas.

Imaginemos que, manteniendo el tipo nico del 30%, hacemos descender el mnimo exento a 5.000 euros en un caso o lo incrementamos hasta 20.000 euros en otro. Me doy cuenta de que se trata de variaciones demasiado bruscas y poco previsibles en una futura reforma fiscal real. La idea, no obstante, es que observemos con mayor nitidez las tendencias que aparecen:

Tipo nico de 30% y mnimo exento de 5.000 euros

Ingresos

Base Imponible

(Ingresos menos mnimos

exentos de 5.000 euros)

A pagar

(Tipo nico del 30%)

% que representa

lo que paga sobre

su renta total

12.000

7.000

2.100

17,5%

18.000

13.000

3.900

21,6%

25.000

20.000

6.000

24.0%

35.000

30.000

9.000

25,7%

50.000

45.000

13.500

27,0%

60.000

55.000

16.500

27,5%

80.000

75.000

22.500

28,1%

100.000

95.000

28.500

28,5%

150.000

145.000

43.500

29,0%

Tipo nico de 30% y mnimo exento de 20.000 euros

Ingresos

Base Imponible

(Ingresos menos mnimos

exentos de 20.000 euros)

A pagar

(Tipo nico del 30%)

% que representa

lo que paga sobre

su renta total

12.000

0

0

0,0%

18.000

0

0

0,0%

25.000

5.000

1.500

6,0%

35.000

15.000

4.500

12,8%

50.000

30.000

9.000

18,0%

60.000

40.000

12.000

20,0%

80.000

60.000

18.000

22,5%

100.000

80.000

24.000

24,0%

150.000

130.000

39.000

26,0%

Si ahora comparamos las tres tablas, detenindonos en la ltima columna de cada una de ellas, vamos a descubrir varios detalles de inters. Cuando aumentamos el mnimo exento, se incrementa la progresividad del impuesto, es decir, las diferencias porcentuales entre lo que pagan los distintos niveles de renta. Ahora bien, el incremento es ms bien modesto y a partir de los 50.000 euros de ingresos prcticamente inexistente. Sin embargo, s que se produce otro efecto notable, que es el lgico y muy significativo descenso de la recaudacin: se paga menos en todos los niveles de renta. Aparte de que, desde luego, una reforma que eximiera del pago los ingresos hasta 20.000 euros, cantidad bajo la que se sitan la abrumadora mayora de salarios de nuestro pas, provocara un brutal desplome de lo recaudado. De hecho, el mnimo exento con el que en su momento se especul de 12.000 euros ya es notablemente generoso, como tambin entonces se dijo. Y ste es el secreto que Amparo Estrada, que nos tiene por cndidos, pensaba que no bamos a desvelar. No se puede alegar que cabe variar el lmite exento para elevar la progresividad del impuesto cuanto se quiera, porque ya se estaba fijando en el friso a partir del cual la reforma fiscal resultara inviable.

Si, por el contrario, bajamos el mnimo exento, el efecto es, por supuesto, el opuesto: se recorta drsticamente la progresividad. Fjese el lector en que en el caso de un mnimo de 5.000 euros apenas hay una diferencia de 12,5 puntos porcentuales entre lo pagado por el primer y el ltimo nivel de renta, existiendo en cambio una distancia de ingresos de 138.000 euros! Y en los ltimos tramos apenas muda el porcentaje impositivo en dcimas. An ms, para los ingresos ms bajos, que no alcanzan ni a mileuristas, el impuesto se convierte en abiertamente confiscatorio. Es el modelo feudal (o revolucionario, segn el peculiar lenguaje de Amparo Estrada): pagan impuestos solamente los pobres.

No vamos a ir casilla por casilla; el lector puede distraerse en realizar sus comparaciones. Nosotros s que, a diferencia de la autora, confiamos en su talento para hacerlo. Finalmente alcanzar otra conclusin importante: desciende mucho ms la recaudacin de lo que aumenta la progresividad del impuesto al subir el mnimo exento y, a la inversa, asciende sensiblemente menos la recaudacin de lo que cae la progresividad al bajar el mnimo exento. Qu quiere decir esto? Que la tendencia de un sistema de tipo nico ser siempre a cargar los aumentos de recaudacin del Estado sobre los ms pobres y a premiar con los descensos sobre todo a los ms ricos, con la consecuencia previsible, en el ltimo caso, de empeoramiento de servicios pblicos por carencia de financiacin. Para ser todava ms claros: que paguen ms los ms pobres y menos los ms ricos y de paso desaparezcan recursos econmicos para sostener los servicios pblicos, lo que abre va libre para ms privatizaciones. Ser capaz de entenderlo Amparo Estrada, o habrn de explicrselo con mayor detenimiento los ciudadanos corrientes?

Dems est aadir que las tendencias descritas sern idnticas fuere cual fuese el tipo nico elegido, porque en su naturaleza est ser, cabalmente, nico. Ello sin perjuicio de que, desde luego, tampoco el tipo es una variable con la que jugar con total libertad. Por lo menos en una economa de verdad, o sea fuera de la original imaginacin de Amparo Estrada.

Pero es que la prdida de progresividad del IRPF con un tipo nico estaba clara para todo el mundo. Quiz por ello Miguel Sebastin no intenta demostrar en su artculo lo indemostrable. S adujo esa supuesta progresividad hace aos, al unsono con Jordi Sevilla, pero parece que ahora ha decidido no intentar atracar a los nios a la salida del colegio, como lo hace Amparo Estrada. Las razones de Miguel Sebastin son de bastante ms peso, al tiempo que extraordinariamente ms estremecedoras, sobre todo si uno se figura que es mucho figurarse- que Miguel Sebastin es de izquierdas.

En primer lugar, recurre a la jeremiada que tambin emple Jordi Sevilla, con un tono indecentemente populista (ste s que es populismo del malo y no lo de Hugo Chvez), de quejarse de que el IRPF grave esencialmente las rentas del trabajo en relacin de clara desventaja con las rentas del capital. Le parece al antiguo asesor del BBVA desorbitado que se considere ricos al diez por ciento de contribuyentes que declaran ganar ms de 3.250 euros brutos al mes en el IRPF, y aberrante que se vean como muy ricos a quienes integran el uno por ciento que declaran alcanzar los 8.250 euros brutos al mes. Conozco a muchas personas en ese tramo de renta dice- y les puedo asegurar que ninguno de ellos tiene un yate ni un chal de lujo. Quienes tienen yates y chals de lujo, denuncia, no declaran ni mucho menos obtener ese volumen de ingresos. Con lo que se produce la visible injusticia de que la mayor carga fiscal del IRPF recaiga sobre la clase media asalariada (los de 8.250 euros brutos al mes, por poner un ejemplo).

Se nos ocurre que a Miguel Sebastin le podra convenir ampliar su crculo de amistades. Porque cerca de veinte millones de personas en este pas no llegan a ganar 1.000 euros mensuales, y tener tantos conocidos entre los de ms de un quilo al mes podra distorsionar su visin de la realidad. Pero sin duda es cierto que la tributacin de las rentas del capital es mucho ms ventajosa que la de las rentas del trabajo y constituye una sima por la que se cuelan miles de millones de euros al margen del fisco. Lo que no nos aclara Miguel Sebastin es por qu esto es as ni de qu manera podra eliminar esa injusticia el tipo nico en el IRPF. Sin embargo, el economista Juan Francisco Martn Seco se lo record a Jordi Sevilla en su momento (El Mundo, 13/06/2001). El origen del mal se halla en la reforma fiscal que casualmente el PSOE puso en marcha en 1988 y tambin en la de 1991, concediendo un trato de favor a las plusvalas, que el PP complet en 1997 nada ms llegar al poder y que el posterior gobierno de Rodrguez Zapatero no slo no ha corregido sino que ha afianzado. La ltima reforma de Pedro Solbes da un paso ms en el proceso de crear un Impuesto de la Renta dual, con una tarifa cada vez menos progresiva para las rentas del trabajo y un tipo proporcional mucho ms bajo para las rentas del capital, las llamadas rentas derivadas del ahorro, esto es, desde los dividendos empresariales o los beneficios accionariales hasta los planes de pensiones, la vivienda o la cuenta corriente (Juan Francisco Martn Seco, Estrella Digital, 02/02/2006). Si la injusticia es sta, por qu no suprimir los privilegios de la tributacin de las rentas del capital y crear un impuesto que grave por igual todos los ingresos de forma progresiva, independientemente de su origen, o incluso beneficiando a los procedentes del trabajo? No sera esto ms sencillo, con lo cual lograramos adems la calurosa felicitacin de Amparo Estrada, tan amante ella de lo fcil? Pues no, de esto no se habla.

Y aun tendramos que considerar el conjunto del sistema fiscal, sin quedarnos solamente en el IRPF, para determinar al completo su justicia o injusticia. As lo hace Miguel Sebastin en el primer prrafo de su artculo, atrevindose a realizar una afirmacin que compartimos de todo corazn: Nuestro sistema fiscal no es progresivo asegura gallardamente-, es decir, no es cierto que paguen una mayor proporcin de su renta los que ms ganan. De hecho, es proporcional o ligeramente regresivo. Ms que ligeramente, querramos matizar. Pero bstenos con lo dicho, que ya es mucho.

Despus de semejante declaracin, si fusemos tan ingenuos como nos presume Amparo Estrada, podramos esperar que el autor se desmelenase por fin y confesara las injusticias ms fragrantes del sistema: las rebajas incesantes del Impuesto de Sociedades, es decir, de la tributacin de las empresas, en las que compiten el PSOE y el PP en una carrera inmoral para ver quin concede ms prebendas fiscales a los capitalistas (tngase presente que la constitucin de falsas sociedades para ocultar las grandes fortunas es uno de los ms espectaculares agujeros de fraude fiscal de nuestro pas); la profusin de impuestos indirectos, los que pagamos todos por igual, en detrimento de los directos, as como de impuestos al consumo como al tabaco o al alcohol amparados en sedicentes objetivos de cuidado de la salud pblica; las reducciones constantes del Impuesto de Patrimonio, ahora en manos de las comunidades autnomas, que han iniciado, empezando por la de Madrid, la subasta a la baja, exactamente igual que con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones... En fin, tajo para empezar a acabar con las injusticias del sistema fiscal espaol es lo que no falta. Pues tampoco, de tales injusticias, de las que son responsables casi a partes iguales el PSOE y el PP, que en materia fiscal se parecen como dos gotas de agua, ni una palabra. Lo que a Miguel Sebastin se le aparece como apremiante necesidad es crear un tipo nico para el IRPF. Ahora bien, el motivo por el que destruir los ltimos rastros de progresividad del Impuesto de la Renta va a hacer que la totalidad del sistema fiscal sea ms progresivo habr de formar parte de los secretos de la Virgen de Ftima. Es como un diabtico que intentase paliar una subida de azcar devorando una bandeja de pasteles de nata.

Pero realmente es objetivo de las propuestas de Miguel Sebastin que se logre un sistema fiscal progresivo, lo que por cierto es un mandato del artculo 31 de la Constitucin de 1978, descaradamente incumplido como tantos otros? La intencin no deja de declararla, pero cuesta creer que esa sea su fundamental preocupacin, cuando su nica sugerencia, la del tipo nico, tiene el efecto contrario, y ms an cuando hacia la mitad del artculo inopinadamente niega que los impuestos deban tener como meta la redistribucin de la riqueza. Con lo que suponemos que Keynes se habr removido en su tumba (de Marx, despus de lo llovido, mejor no hablamos).

Y aqu habamos de acabar; sta es la madre del cordero. Miguel Sebastin, repitiendo por lo dems una idea que ya expuso al poco de entrar a asesorar a Rodrguez Zapatero en materia econmica, considera que los tributos no deben perseguir ni pueden lograr ninguna redistribucin de las rentas. Es el gasto pblico y no los ingresos el que redistribuye la renta, dice. Aqu est el meollo. De esta forma derriba el pilar central de constitucin del Estado de Bienestar social, que se basaba adems en un principio esencial de la socialdemocracia.

Que la opinin de Miguel Sebastin sea revolucionaria, en el significado delirante que Amparo Estrada da a esta palabra, no sabremos decirlo nosotros. De lo que no cabe duda es de que la originalidad no es su virtud. Si acudimos a la lectura de la obra clsica del neoliberalismo Libertad de elegir, de Milton y Rose Friedman (RBA Editores, 2004), publicada por primera vez hace ya casi treinta aos, nos sorprendern las coincidencias. Tambin los Friedman negaban la capacidad redistribuidora de la riqueza del Impuesto sobre la Renta y su progresividad. La ley tiene tantas vas de evasin, tiene tantos privilegios especiales, que los tipos altos son prcticamente como simples adornos, aseguraban. Miguel Sebastin nos dira hoy que los tipos altos acaban pagndolos solamente sus amigos con salarios superiores a 8.250 euros mensuales. Y qu proponen los Friedman para atajar ese mal del impuesto?, acaso perseguir con mayor eficacia la evasin fiscal y suprimir los privilegios especiales? En absoluto. Un tipo bajo nico menos de un 20%- sobre todos los ingresos por encima de las exenciones personales (lase hoy aqu mnimo exento), sin deducciones excepto para los estrictos gastos profesionales. Aqu tenemos en esencia el tipo nico con un mnimo exento presentado por los padres del neoliberalismo hace treinta aos. Incluso en la virtud de la simplicidad repararon ellos. Los nicos perdedores seran los abogados, los contables, los funcionarios y los legisladores, que deberan dedicarse a actividades ms productivas que la cumplimentacin de los formularios de declaracin, ironizaban.

Pero es que adems los Friedman exponan como anexo de su libro el programa del partido socialista (la vieja guardia socialista?) al que ellos se enfrentaban por considerarlo catastrfico para la economa. Cul era la propuesta central del programa fiscal socialista? A saber: Aumento de la presin fiscal en los niveles de rentas elevados, las rentas de las sociedades y sobre las herencias, emplendose los ingresos obtenidos en pensiones a la vejez y en otras formas de seguridad social.

En qu consiste, pues, la revolucin de Amparo Estrada y Miguel Sebastin? Ni ms ni menos que en abandonar la poltica fiscal socialdemcrata y aceptar como propia la del neoliberalismo, la poltica que inspir los gobiernos de Ronald Reagan y sus sucesivas contrarreformas fiscales, as como las emprendidas por el gobierno actual de George W. Bush, y desde luego la poltica de capitalismo popular de Margaret Thatcher. Es algo que ya sabamos de nuestros ultraliberales del PSOE, pero que en esta ocasin podemos demostrar de una forma asombrosamente concreta.

Atendiendo a este hecho se comprende el verdadero sentido del principio terico enunciado por Miguel Sebastin de buscar la redistribucin de la riqueza por el gasto pblico y no por los impuestos (esa vieja pretensin de la izquierda que ahora l sustituye por otra vieja pretensin, pero de la derecha).

Pero cmo redistribuyen la renta los gastos pblicos sin un sistema fiscal progresivo y a su vez redistribuidor? Miguel Sebastin hace una mencin de pasada a los derechos universales de educacin, sanidad, pensiones y otros, y aprovecha la ocasin para atribuir el mrito de tales logros sociales a los gobiernos de Felipe Gonzlez de los aos ochenta. Tales derechos, dice, mejoran tanto la igualdad de oportunidades como la movilidad social, sin perjuicio para la eficiencia econmica y el crecimiento.

Aqu, sin embargo, nos intenta hacer una trampa argumental un tanto desvergonzada. Podramos admitir que en la primera mitad de la dcada de los ochenta se empezaron a sentar las bases de una trama de servicios pblicos esenciales para la comunidad como la educacin o la sanidad. Atribuya Miguel Sebastin si quiere el mrito de lo poco o mucho conseguido nosotros pensamos que ms bien escaso- a su partido poltico. Pero el asentamiento de tales servicios pblicos fue posible porque simultneamente se comenz a crear un sistema fiscal redistribuidor, cuyo eje era un Impuesto de la Renta con una tarifa fuertemente progresiva, y se aument de forma sustancial la presin fiscal y con ella el volumen de ingresos pblicos. Cuando, a finales de los aos ochenta, sin haber alcanzado ni de lejos nuestro pas el grado de bienestar social propio de un Estado moderno, el mismo PSOE se aplica a desmantelar lo poco hecho y a privatizar los servicios pblicos, tambin inicia el proceso de sucesivas reformas fiscales que suprimen los elementos de progresividad que se haban instaurado hasta ese momento. Es decir, que la experiencia de nuestro pas demuestra que un sistema fiscal fuertemente progresivo orientado a la finalidad de redistribuir la riqueza es inseparable de la existencia de unos servicios pblicos universales y de calidad. Y, a la inversa, la renuncia a la redistribucin de la riqueza por medio de los impuestos lleva aparejada necesariamente la destruccin de los servicios pblicos. En realidad, la redistribucin de la riqueza es el efecto combinado de garantizar los derechos econmicos y sociales elementales a toda la ciudadana por los poderes pblicos, financindolos con un sistema tributario que haga pagar principalmente a quienes disponen de mayores ingresos. Es el efecto combinado, pues, de ingresos y gastos pblicos. Segregar ambos es una argucia reaccionaria, impropia incluso de un socialdemcrata. Miguel Sebastin no explica en ningn lado de dnde han de salir mgicamente los recursos para esos gastos que paliaran las diferencias de riqueza de la sociedad.

Ms adelante averiguamos el motivo. Y aqu llega el momento estelar del artculo. Cuando Miguel Sebastin se refera a los gastos pblicos, no estaba pensando en realidad en servicios pblicos universales y de calidad, sino en ayudas directas, esto es, el pago de dinero en efectivo a los ciudadanos. Pero si esto es el sistema de bonos propuesto por Milton y Rose Friedman hace tres dcadas! Llegaremos a la propuesta del Impuesto negativo sobre la Renta ofrecida como novsima panacea?

El ejemplo escogido por el autor merece premio al ingenio, o al humor. Las ayudas directas son, de hecho nos dice-, mucho ms redistributivas que los impuestos. El cheque-beb de 2.500 euros impulsado por el presidente del Gobierno estara en esta categora. Es progresivo porque 2.500 euros para una familia millonaria apenas supone nada, pero s es mucho para una familia que gane 2.000 euros al mes. S, s, yo tambin tuve que leerlo cinco veces para crermelo, pero les aseguro que es esto lo escrito por el profesor Miguel Sebastin.

Es decir, que renunciamos a reducir las diferencias de riqueza existentes en nuestro pas por medio de un sistema fiscal progresivo, luego pagamos la misma cantidad por nacimiento de hijo a todas las familias que lo tengan, sean ricos o pobres, y la renta quedar milagrosamente redistribuida. No porque se acorte de verdad la diferencia de riqueza, naturalmente, ya que les estamos dando la misma cantidad independientemente de sus ingresos, sino porque al millonario le parecer una nadera y al pobre de solemnidad un Potos. Miguel Sebastin debera reconocer que no busca la redistribucin de la renta, sino la simple sensacin subjetiva de salir de la miseria. Y redondeara brillantemente su exposicin aadiendo aquello de que los pobres con poca cosa se conforman.

Y ya enfilados por la senda de la reforma audaz, por qu no globalizamos la iniciativa? Qu mejor forma de acabar con el hambre en el mundo? Dmosle a todas y cada una de las personas de la Tierra un bocadillo de longaniza del mismo tamao, igual a un nio a punto de perecer de inanicin que al multimillonario George Soros. ste ltimo tirar el bocadillo con desdn al cubo de la basura, pero para el nio hambriento ser un manjar nunca visto. El problema, claro, es que seguramente tendr tan daado el estmago que no podr ni masticarlo. Y, de la misma forma, de poco le servirn los 2.500 euros a unos padres de escasos recursos si no existen guarderas pblicas a las que llevar a sus hijos y tienen en cambio que trabajar los dos durante todo el da para poder llegar a fin de mes, si no pueden facilitarle a su vstago una educacin de calidad debido al proceso vertiginoso de privatizacin de la enseanza, si no disponen de sanidad pblica o no hay un parque de vivienda pblica de alquiler que les asegure un alojamiento digno. Todos aquellos servicios pblicos que solamente son posibles financiados con impuestos progresivos, con un sistema fiscal basado en el principio de redistribucin de la renta. Y as volvemos al principio.

En fin, bien podramos decir que si sta defendida por Miguel Sebastin fuera a ser la poltica econmica de un futuro gobierno socialista tras las prximas elecciones generales, y un trabajador de izquierdas se viera forzado a elegir entre el PSOE y el PP la opcin que mejor representara sus ideas y aspiraciones, tendra que jugrselo al cinquillo.

Ms nos vale que llegue a organizarse, cuanto antes mejor, una verdadera alternativa de izquierdas a ambos.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter