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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2007

El enemigo interior en EE.UU.
Buscando a los que asestaron las pualadas por la espalda

William Astore
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de Tom Dispatch: Si perdemos Iraq, la culpa es vuestra

Sabis que hay problemas, cuando te dicen que Iraq, en su condicin actual, representa una buena noticia para la poltica del gobierno de Bush. Mientras varios responsables civiles y militares del Presidente hacia abajo hablan hasta por los codos sobre un supuesto xito en Iraq y llaman en su retrica a la guerra contra Irn, gran parte del resto de la poltica exterior en lo que los neoconservadores solan llamar el arco de la inestabilidad comenz desintegrarse a fondo.

En el Cuerno de frica, tropas etopes respaldadas por EE.UU. estn empantanadas en una desastrosa ocupacin de la capital somal, acosadas por una creciente insurgencia islamista. A pesar de interminables viajes diplomticos de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, la conferencia de paz de Oriente Prximo del gobierno, que debe ser realizada en Annapolis, ya est siendo descartada como un fracaso antes de extender las primeras invitaciones oficiales. Mientras tanto, los turcos distraen al gobierno amenazando con la invasin y la desestabilizacin de la nica parte moderadamente exitosa del nuevo Iraq, su regin kurda (y el gobierno iraqu en Bagdad pide ayuda a Irn para ayudar en la crisis).

El presidente ruso Vladimir Putin aterriz recientemente en Tehern e indic irreverentemente que cualquier ataque de EE.UU. contra Irn sera considerado como un ataque contra Rusia. Luego convoc a una mini-cumbre local y form una alianza regional, basada en el Mar Caspio, con Irn y tres antiguas repblicas de la difunta Unin Sovitica, ricas en energa, dirigida implcitamente contra EE.UU. y sus aliados locales. El da en el que la Secretaria de Estado Rice anunci nuevas y duras sanciones contra los iranes, Putin coment intencionadamente: Por qu empeorar la situacin amenazando con sanciones y llevarla a un punto muerto? No es la mejor manera de resolver la situacin si alguien anda corriendo por ah como un demente con una hoja de afeitar en su mano.

Mientras tanto, en un pas ms al este, el talibn resurgente acaba, contra todas las predicciones, de capturar un tercer distrito en Afganistn Occidental cerca de la frontera iran y, como indica el ms devastador ataque suicida reciente, los ataques se extienden hacia el norte. Y luego, por cierto tenemos al mayor aliado del presidente en el mundo musulmn, el gobernante de Pakistn, Pervez Musharraf.

Recordis el guin de pesadilla de Bush, el que garantizaba un segursimo ataque preventivo de su gobierno; un gobernante autocrtico y opresor con armas de destruccin masiva, especialmente nucleares, presidiendo sobre un pas que prcticamente brinda refugio para terroristas? Bueno, eso es ahora Pakistn, cuyas fuerzas de seguridad estn ocupadsimas encarcelando a cientos de abogados, mientras los talibanes, al Qaeda, e islamistas extremistas, bien armados y respaldados por sus propias estaciones de radio que transmiten llamados a la yihd, salen a combatir de refugios en las reas tribales a lo largo de la frontera afgana y hacia Pakistn propiamente tal. Y no hay esencialmente nada que el gobierno pueda hacer, excepto perogrulladas verbales y hacerse el ciego. Como ha sealado Paul Woodward, del sitio en la red War in Context: Cuando se trata de Irn nuclear y Pakistn nuclear, hemos estado viviendo en un mundo visto a travs de un espejo en el que las armas nucleares que existen son menos peligrosas que las que pueden ser imaginadas. Ahora, no se precisa de demasiada imaginacin.

Aunque parezca mentira, de Etiopa a Pakistn, a pesar de todas las seales, de todas las predicciones, es obvio que el gobierno de Bush no esperaba nada de lo sucedido. Con qu frecuencia pueden sorprenderlo las consecuencias de sus propias decisiones y acciones? Eternamente, al parecer.

El primero que escribi sobre el posible colapso de la poltica exterior del presidente a lo ancho de todo el arco de inestabilidad fue, con su permanente capacidad proftica, Juan Cole en Salon.com. Coment que: como un millonario borracho que pierde una fortuna jugando en un casino en Las Vegas, el gobierno de Bush derroch todos los activos que posea al invadir Iraq y al desencadenar el caos en el Golfo. Y aventur una prediccin: El trueno de la bomba [que estall cuando la ex primera ministro paquistan Benazir Bhutto volvi a casa] en Karachi y los obuses turcos en el Kurdistn iraqu puede haber sido la banda sonora de la prdida de su guerra contra el terror de Bush. En TPM Caf, Todd Gitlin fue el primero que ofreci una sugerencia enconada, aunque sombra, al considerar el fracaso de aplastar a talibn & Ca. de Bush desde Tora Bora 2001 en adelante. Hablando de domins, escribi: Qu les parece una consigna demcrata que diga: Quin perdi a Pakistn?

Mientras el precio del petrleo crudo amenaza con llegar a 100 dlares por barril y los precios en las gasolineras suben a ms de 3 dlares el galn en EE.UU., en las noticias por la noche, los expertos cuchichean sobre petrleo a 150 dlares el barril y la gasolina a 4 dlares el galn para el verano prximo podra estarse preparando una catstrofe. Iraq invadido y ocupado, como una llaga supurante, permanece al centro de este creciente desastre, cuyo fin no se vislumbra por ninguna parte. Las fuerzas armadas de EE.UU., el nico instrumento con el cual los mximos responsables de Bush y sus partidarios neoconservadores imaginaron que podan lanzar sus salidas expedicionarias por todo el globo, como si fueran nuevos imperialistas britnicos del Siglo XIX, han demostrado su incapacidad de reaccionar ante una semejante situacin esencialmente poltica. Tal vez el presidente querra usar un martillo para alejar a los mosquitos. No sorprende, como aclara el teniente coronel en retiro de la Fuerza Area e historiador de Alemania de comienzos del Siglo XX, William Astore: los militares y los polticos derechistas ya preparan sus propias estrategias de escape de lo sucedido utilizando explicaciones que hablan de pualadas por la espalda. Tom


El enemigo interior en EE.UU.
Buscando a los que asestaron las pualadas por la espalda
William J. Astore


Las mejores fuerzas armadas del mundo lanzan un ataque altamente coordinado de choque y pavor con un inmenso progreso inicial. Hablan de que las tropas victoriosas volvern a casa para la Navidad. Pero, inesperadamente, la guerra se prolonga. Mientras los combates persisten hacia un tercer, y luego un cuarto, ao, se oyen voces que piden negociaciones, incluso una paz sin victoria. Rechazando a semejantes apaciguadores y crticos como derrotistas, un rgimen conservador y expansionista dirigido por un mascarn de proa que recurre frecuentemente a consignas simplistas y su maquiavlico amigo que es considerado el cerebro detrs del trono pide una ltima oleada hacia la victoria. No obstante, sin que lo sepa la gente en el frente interior, el do ya tiene preparado un mito seductor y auto-exculpador en caso de que fracase la oleada.

EE.UU. en 2007? No, Alemania del emperador Wilhelm en 1917 y 1918, cuando sus dictadores militares, el mariscal de campo Paul von Hindenburg y su leal segundo, el general Erich Ludendorff, empujaron a Alemania hacia la derrota y la revolucin en su busca implacable de la victoria en la Primera Guerra Mundial. Despus de fracasar con su estrategia de la oleada en el Frente Occidental en 1918, tuvieron sin embargo xito en el despliegue de un mito de la pualada por la espalda, o Dolchstolegende, que transfiri la culpa por la derrota de s mismos y de los polticos derechistas a los socialdemcratas y a otros supuestos responsables por la prdida de la guerra porque no apoyaron a las tropas en el interior del pas.

El ejrcito alemn saba que haba sido derrotado en 1918. Pero era una verdad inconveniente para Hindenburg y la derecha, as que crearon una nueva verdad: que las tropas no fueron vencidas en el campo de batalla. Esas palabras llegaron a ser tan poderosas que fueron grabadas en piedra en numerosos monumentos a la guerra en Alemania.

Es un mito que nosotros mismos conocemos bien. Cuando Sudvietnam se estaba derrumbando en 1975, el coronel del Ejrcito, Harry G. Summers, Jr., hablando con un homlogo norvietnamita, afirm que los militares de EE.UU. no haban perdido ni una sola batalla en Vietnam. Tal vez sea as, replic el coronel del NVA, pero tambin es irrelevante. Summers narra su conversacin positivamente, sin irona, en su libro On Strategy: A Critical Analysis of the Vietnam War. Para l, incluso si perdi la guerra, nuestro Ejrcito demostr ser invencible.

Aunque la premisa de Summers fue y sigue siendo peligrosamente engaosa, reconfort a los verdaderos creyentes que dirigan, y siguen dirigiendo, las fuerzas armadas de EE.UU. Los militares que estaban menos convencidos de nuestra condicin invencible tendan a guardarse sus pensamientos. Su autocensura, combinada con un autoengao institucional ms amplio, abri efectivamente la puerta a los mitos exculpadores.

Una nueva pualada por la espalda estadounidense?

Podr parecer que las advertencias sobre un nuevo mito de la pualada por la espalda sean prematuras o exageradas en este momento de la Guerra de Iraq. No obstante, si la historia de la versin original de este mito ha de servir como algn tipo de gua, vale lo contrario. Las advertencia son oportunas precisamente porque la Dolchstolegende no fue una invencin de posguerra, sino una explicacin urdida de modo artero, incluso cnico, por derechistas en Alemania antes de que el fracaso de la desesperada ofensiva de la victoria final de 1918 fuera totalmente evidente. Aunque el dramtico testimonio de Hindenburg en noviembre de 1919 todo un ao despus de que el armisticio terminara la guerra populariz el mito en Alemania, tom fuego precisamente porque haban puesto a secar la lea dos aos antes.

Podr parecer que la comparacin de una dictadura militar prusiana y sus mentiras interesadas con el actual gobierno de Bush ser algo exagerada. Pero no soy el primero que expresa su preocupacin por la emergencia de nuestra propia Dolchstolegende iraqu. Ya en 2004, Matthew Yglesias mencion esa posibilidad. El ao pasado, en Harper's Magazine, Kevin Baker detall la historia de la pualada por la espalda, sugiriendo que la versin iraqu de Bush ya comenz a germinar a comienzos de 2005, cuando las noticias desde Iraq comenzaron a ponerse definitivamente feas. Y en octubre de este ao, en The Nation, Eric Alterman advirti que el gobierno de Bush ya se ocupa de sembrar las semillas de este mito. Otros rastreadores del mito iraqu han incluido a Gary Kamiya en Salon.com, y a Jeremy Brecher y Brendan Smith en Commondreams.org. Precisamente en agosto pasado, Thomas Ricks, columnista del Washington Post, y autor del bestseller Fiasco, se preocup en pblico sobre si los propios militares no abrazan ya elementos del mito cuyos traidores especficos incluiran a polticos hurones (hay alguna otra clase?) y medios que nos debilitan al concentrarse en lo negativo.

Ser que realmente emerge una versin estadounidense de este mito? Escuchemos una reciente entrevista de Jim Lehrer con el senador John McCain, quien, aunque estaba oficialmente convencido de que el plan de la oleada del presidente est dando resultados, pareca no poder dejar de hablar sobre cmo podramos perder a pesar de todo. Sus observaciones tomaron rpidamente un giro inquietante cuando seal que nuestro taln de Aquiles en Iraq son... bueno, nosotros la gente en EE.UU. y nuestra creciente impaciencia con la guerra. Y la analoga histrica que emple fue Vietnam, el catalizador para el uso de la anterior Dolchstolegende estadounidense.

Aunque la Guerra de Vietnam fue desastrosa, admiti McCain, nuestros militares haban arguy logrado un cambio despus de la ofensiva del Tet del enemigo en 1968 y del reemplazo del general William Westmoreland por el general Creighton Abrams como comandante de nuestras fuerzas en ese pas. Precisamente en ese momento de cambio, insisti, el pueblo estadounidense, por haber agotado su paciencia, perdi la voluntad de vencer. Para McCain, realmente se vea la luz al final del tnel vietnamita los militares la vean, sin embargo el pueblo estadounidense, cegado por las malas noticias, nunca lo hizo.

En Iraq actual de nuevo la versin de McCain el general David Petraeus es el nuevo Abrams, por fin un general adecuado para la tarea. Y su nueva tctica de proteger al pueblo iraqu, ganando con ello sus corazones y mentes, est funcionando. La victoria espera al final del largo, duro camino (que evidentemente ha reemplazado al tnel vietnamita), a menos que al pueblo estadounidense se le acabe la paciencia, como sucedi a fines de los aos sesenta.

McCain no es ningn Hindenburg. Pero su desplazamiento casi automtico de la responsabilidad en ltima instancia del gobierno de Bush y de los militares hacia el pueblo estadounidense indica la fuerza que el mito de la pualada por la espalda ha llegado a tener en la poltica dominante. Por el momento, con la esperanza de algn tipo de victoria, sea cual sea la definicin de sta, que an no ha desaparecido en los crculos oficiales, nuestro ltimo mito de la pualada espera en su vaina, todava no ha desplegado su poder asesino.

Pero en todo caso, tal vez no haya llegado todava su hora, a pesar de todo. En El imperio contraataca, el joven Luke Skywalker pregunta a Yoda, su marchito Maestro Jedi, si el lado oscuro de la Fuerza es ms fuerte que el bueno. No, responde Yoda, slo ms fcil, ms rpido, ms seductor una descripcin exacta del poder oscuro del mito de la pualada por la espalda. Los polticos sienten su poder futuro y modifican correspondientemente sus posiciones. Por ejemplo, ningn candidato presidencial importante, republicano o demcrata, se atreve a ser calificado de derrotista al pedir una retirada importante de tropas de EE.UU. en 2008. Excepciones como Ron Paul, Dennis Kucinich, o incluso Bill Richardson slo confirman la regla con un apoyo en los sondeos de cifras de un solo dgito, arriesgan poco al rebelarse contra las probabilidades.

Por temor a ser calificados de enemigo interior ya redisean en silencio nuestra poltica cuando incluso veteranos de guerra condecorados como el congresista (y coronel del Cuerpo de Marines en retiro) John Murtha no son inmunes a ser calumniados por criticar la guerra del presidente. Los polticos reconocen que, en una campaa electoral, es casi imposible superar acusaciones de debilidad y pusilanimidad. La senadora Hillary Clinton siente que podra ser inelegible a menos que argumente a favor de que continuemos combatiendo en nuestra buena lucha en Iraq, pero de un modo ms inteligente. De hecho, si buscas cambios significativos en la cantidad de soldados o en la estrategia en ese pas, ms vale que te acuclilles y esperes el Da de Inauguracin de 2009 y despus, preprate para lo que venga.

De mitos y responsabilizacin

Los comentarios de McCain se hicieron eco de una verdad de Clausewitz. En la guerra, la voluntad de la gente es un componente indispensable de la trinidad de una nacin en guerra (que tambin incluye al gobierno y a las fuerzas armadas). Es demasiado difcil prevalecer en una guerra importante, si una pierna de esta triada cojea. Al decidirse a no movilizar la voluntad del pueblo, al decirnos que continuemos con nuestras vidas normales mientras otros combaten y mueren en nuestro nombre, el gobierno de Bush realmente perjudic sus propios esfuerzos a largo plazo. Ahora, se preparan para decir que todo es culpa nuestra. Fuimos los que perdimos la paciencia y la voluntad para la victoria. Es como el chico que mat a su padre y a su madre, slo para pedir la compasin del tribunal por ser hurfano.

En 2002 y 2003, con fuerzas armadas compuestas enteramente de voluntarios, una nueva estrategia de Blitzkrief [guerra relmpago], y creyendo que Dios estaba de su parte, parece que Bush y Compaa supusieron inicialmente que llamados ms amplios pidiendo apoyo y sacrificio eran innecesarios desde el punto de vista militar e innecesariamente peligrosos desde el punto de vista poltico. Ahora, a pesar de dramticos reveses durante los ltimos cuatro aos, siguen negndose a movilizar nuestra voluntad nacional. Su negativa me recuerda el eslogan de esos viejos spots publicitarios de la cerveza Miller Lite: Todo lo que siempre quisiste en una guerra, y con menos como en menos (o incluso ningunos) sacrificios.

As que quiero ser claro. Si perdemos en Iraq, no podrn culpar al pueblo estadounidense. No nos pueden acusar de carecer de una voluntad que, para comenzar, nunca fue deseada o a la que nunca se apel. Pero el mito de la pualada por la espalda gana en credibilidad precisamente porque tan poca gente de alto nivel en el gobierno o en las fuerzas armadas es responsabilizada por los fracasos en Iraq.

En la Segunda Guerra Mundial, nos recuerda Thomas Ricks, nuestras fuerzas armadas destituyeron a diecisiete comandantes de divisin y a cuatro comandantes de cuerpo. Con la posible excepcin de la general de brigada Janice Karpinski, de triste fama por Abu Ghraib, han destituido a algn alto oficial por una causa justificada en Iraq? Ya que al parecer no ha sucedido, ser que, a diferencia del invertebrado pueblo estadounidense, todos se han desempeado bien?

Para citar slo un caso tpico, el general de divisin Kenneth Hunzeker sirvi en Iraq como el general en comando del Equipo de Entrenamiento de Asistencia a la Polica Civil, de octubre de 2006 a julio de 2007. Seguramente fue una tarea dura especialmente para un hombre sin conocimientos de rabe. Sin embargo, desde todo punto de vista, las unidades de la polica iraqu siguen hasta la fecha siendo notablemente corruptas, repletas de milicias, y poco confiables. Significa que Hunzeker fracas? Al parecer no, ya que fue ascendido a teniente general y recibi un codiciado comando de cuerpo. Es interesante que su ms reciente biografa oficial no mencione su paso por Iraq dirigiendo el equipo de ayuda a la polica. Incluso si Hunzeker hubiese sido definitivamente el mejor hombre para la tarea, qu clase de progreso puede haber sido posible con una estada de diez meses? Cuando Hunzeker haba tenido suficiente tiempo para aprender un par de dolorosas lecciones, ya iba en jet a Alemania y hacia el comando del Cuerpo V.

Si no responsabilizan a nadie por polticas fracasadas, si, en los hechos, los ms cercanos a los fracasados son inundados de honores como lo fue, por ejemplo, L. Paul Bremer III, quien dirigi la Autoridad Provisional de la Coalicin en Bagdad para el presidente de mayo de 2003 a junio de 204 se hace ms fcil traspasar la culpa a cualquiera (o a todos). Aqu, los precedentes alemanes vuelven a ser convincentes. Como nunca dijeron al pueblo alemn que estaban perdiendo la Primera Guerra Mundial, incluso cuando su ejrcito se desmoronaba en julio y agosto de 1918, no estaba preparado para el golpe psicolgico de la derrota y por lo tanto, estuvo tanto ms dispuesto a aceptar la mentira de que el colapso se deba al enemigo interior.

Eso no quiere decir que los militares de nuestros das hayan guardado silencio. Para citar tres ejemplos: el teniente general en retiro del Ejrcito, Ricardo Snchez, critic recientemente la estrategia de la oleada y llam la guerra de Iraq una pesadilla sin fin a la vista- Otra perspectiva provino de 12 capitanes del Ejrcito previamente estacionados en Iraq quienes, escribiendo en el Washington Post, tambin criticaron la oleada y llamaron a un rpido retiro como la mejor de una serie de opciones malas. Finalmente, siete suboficiales de la elitista 82 Divisin Aerotransportada (y que siguen en Iraq) ofrecieron ilustraciones grficas (en la pgina de opinin editorial del New York Times) de la naturaleza de un paso adelante, dos pasos atrs, del progreso en el terreno en Iraq.

Hay que considerar estos ejemplos como tres perspectivas militares sobre una guerra desastrosa. Pero incluso slo pueden servir como un antdoto parcial para un mito de que algn tipo de victoria sera inevitable mientras nosotros, el pueblo estadounidense, apoyamos indolentemente la poltica del gobierno.

Culpndoos

Si estn dadas las condiciones adecuadas en la posguerra, el mito de la pualada por la espalda puede facilitar el ascenso de regmenes reaccionarios y el arreglo de cuentas mediante cuchillos largos basta con preguntar a los alemanes bajo Hitler en 1934. Tambin sirve para exonerar a las fuerzas armadas de sus errores y puntos dbiles, empoderndolas, y a sus comandantes, para lanzar aventuras redentoras, expansionistas, que terminen por ser desastrosas precisamente porque nunca aprendieron, an menos absorbieron o compartieron, las lecciones de otras derrotas anteriores.

Por lo tanto, el colapso militar de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el mito de la Dolchsto que la sigui posibilitaron el desastre an mayor de la Segunda Guerra Mundial. Es posible que nuestra propia versin de esto, asociada con Vietnam, haya posibilitado un desastre an mayor en Iraq? Y, si es as, qu puede llegar a provocar la nueva versin de la pualada por la espalda?

Slo el tiempo lo dir. Pero, pero para que los tengis presente: Si perdemos Irak, vosotros seris los culpables.

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William J. Astore, teniente coronel en retiro de la Fuerza Area de EE.UU., obtuvo un doctorado en historia moderna de la Universidad de Oxford en 1996. Ense a cadetes militares en la Academia de la Fuerza Area de EE.UU. y a oficiales en la Escuela Naval de Posgraduados, y ahora ensea en el Colegio de Tecnologa de Pensilvania. Sus libros y artculos tratan sobre todo de historia militar e incluyen: Hindenburg: Icon of German Militarism (Potomac Press, 2005). Para contactos, escriba a: [email protected].

Copyright 2007 William J. Astore

http://www.tomdispatch.com/post/174859/william_astore_if_we_lose_iraq_you_re_to_blame


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