Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2007

Cronopiando
En defensa del rey

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


Parece mentira que algunos medios de comunicacin y periodistas que se pasan la vida reprochando en el monarca espaol sus reales duermevelas y furtivos bostezos ante cualquier discurso que se extienda ms all de cinco minutos, que han censurado en el rey de Espaa sus supuestas carencias intelectuales para sobrevivir ileso a un pensamiento, o que han hecho mofa, incluso, de sus alegadas dificultades para hilvanar una sola frase sin que medie el auxilio de un guin, coincidan ahora en criticar al monarca, precisamente, por todo lo contrario.

Hace falta ser mezquino para, de entrada, no reconocer el sacrificio del rey, forzado a abandonar por unos das sus regias obligaciones en regatas baleares o en pistas de esqu alpinas, por la exigencia de una de esas soporferas cumbres llenas de porcentajes y discursos que reclamaba su augusta presencia.

Para atender semejante solicitud debi, tambin, el monarca espaol alterar su propia agenda familiar, trasladando la fecha de dos nobles bautizos y tres puestas de largo, amn de suspender sus tradicionales caceras de osos borrachos, sus pblicos nimos a selecciones deportivas y la entrega de algn que otro principesco premio, ocupaciones todas ellas, junto a los surtidos brindis, en las que el rey invierte sus mejores afanes.

Al monarca espaol le esperaba en Santiago de Chile una nueva cumbre americana con la particularidad de que, cada vez ms, estos encuentros continentales se van llenando paulatinamente de incontrolados populistas, de lderes rencorosos e indgenas ingratos, macacos todos. Ni siquiera cuando asista Fidel eran las cumbres tan imprevisibles, que, al fin y al cabo, Fidel estaba solo. Pero de un tiempo a esta parte, ahora que ya ni Fidel asiste, las cumbres dejan or otras voces destempladas y groseras que, de improviso, son capaces de interrumpir con sus denuestos la borbnica sonnolencia e, incluso, provocar la abrupta salida del monarca.

No fue fcil para Juan Carlos I sustraerse a sus obligaciones reales y sentarse a escuchar improperios y descalificaciones en relacin al papel de Jos Mara Aznar, como si el hecho de ser un criminal de guerra inhabilitara al ex presidente de defensa alguna como espaol.

Y tampoco es necesario ser nacionalista para salir en defensa de un delincuente como Aznar aunque la nica apelacin posible en su defensa se base, precisamente, en la condicin de compatriota de sus defensores, el rey y Rodrguez Zapatero.

Pero mantuvo el rey de Espaa su debida compostura, sus comedidas formas y habitual tolerancia y respeto a la opinin ajena hasta que Chvez volvi a reiterar la cantinela y a repetir insultos y descalificaciones.

 

Y qu hizo entonces el monarca espaol?

 

Simplemente, llevado tal vez de su curiosidad, inquirir por la razn que motivaba la intervencin del presidente venezolano. Por qu no te callas? Frase que analizada al margen de las pasiones polticas, en su escueta semblanza, es slo la demanda de un espritu juicioso que no renuncia al conocimiento, a su sed de saber.

Cierto es que si el monarca espaol adems de escuchar hubiera odo, no habra tenido necesidad de preguntar nada. Y es que Venezuela, como Nicaragua, Bolivia, Ecuador o Cuba, ya no son colonias, ni dependen de la venia de monarca alguno, ni tienen que confiar su palabra a la sentencia de un rey. El problema consiste en que tras silencios tan prolongados como los habidos, ahora se amontonan los agravios, los viejos y los nuevos, y no hay discurso por extenso e incisivo que sea que d abasto a tantas deudas pendientes, cuentas por saldar y crmenes impunes. Demasiada memoria acumulada para un solo rey y una sola cumbre.

Y, sin embargo, en su fulgurante intervencin, el rey sigui manifestando su dominio de la situacin y su egregia compostura, porque bien pudo el monarca haberle hecho a Chvez el gesto con que obsequiara no hace ni un ao a los familiares de presos vascos que le saludaran la familia en la calle, enarbolando por todo argumento su dedo corazn con el puo cerrado; bien pudo haberle preguntado al mandatario venezolano por qu no te marchas a los Crpatos a matar osos borrachos?... pero no, quiso el rey apelar a una pregunta breve y concisa, casi aristotlica, y formularla con inusual sobriedad, sin mayores aspavientos.

Claro que, hasta la paciencia real tiene sus lmites y cuando el siguiente orador en intervenir en la Cumbre, el presidente nicaragense Ortega, arremeti contra el papel que juegan las multinacionales espaolas en Amrica y se atrevi a definir a Unin Fenosa como una compaa mafiosa, el rey, en su real derecho, se levanto por si solo de su asiento y abandon indignado el lugar.

No es ya que como espaol se sienta el rey de Espaa en el deber de defender la honorabilidad de esa compaa, es que, adems, y tal vez Daniel Ortega lo ignoraba, el propio monarca es socio de esa firma, y tiene valores en la mafia que controla el negocio de la electricidad en varios pases latinoamericanos, en todos, por cierto, con la misma historia, fama y consecuencias.

Y es que, una cosa es que al rey se le critiquen sus veleidades licoreras, sus aportes a la extincin de osos ebrios o se le mencione la catadura fascista de sus presidentes de gobierno, y otra bien diferente que se le censure la amplitud de sus negocios. Hasta ah podamos llegar.



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